lunes, 18 de octubre de 2010

Historias de un Entrenador de Formación (3): una de árbitros

Por Jorge

Los árbitros son muy malos. ¡Qué malos que son todos! Estas son expresiones cotidianas entre algunos, y si bien no soy partidario de generalizar, y que además suelo apoyarles porque su tarea es complicada y llena de obstáculos, a veces no me queda más remedio que dar la razón a quienes las pronuncian aunque no referidas precisamente a actuaciones propiamente sobre el terreno de juego.

Palacio de Vistalegre

Habrá que ir pensando en contratar Vistalegre que los árbitros están de un exigente...

A continuación relato una serie de vicisitudes vividas en primera persona en algún caso, y a través de otro entrenador amigo en otros (espero que no moleste mi “apropiación” de la historia pero es que es de órdago), siempre en categorías de formación. Quiero creer que son casos aislados, pero por su peculiaridad creo que merecen ser comentados.

- El anotador que llega tarde

Partido matutino que con el consentimiento de entrenadores y árbitro se decide jugar con la ayuda de algún familiar o amigo de alguno de los equipos que tiene la bondad de hacer lo mejor que puede el papel de anotador.

Anotador que llega antes de comenzar el segundo cuarto, y que lógicamente teniendo en cuenta que su experiencia en sus labores le permite mayor capacidad que el voluntarioso amigo/familiar que ha echado una manita, acaba el partido.

Entrenador que ante tal circunstancia exige que al dorso del acta se indique lo sucedido, recibe por respuesta que no es necesario.

- Árbitros que llegan tarde

Partido de categoría preferente que implica dos árbitros. Uno no aparece. El tiempo no es eterno y los entrenadores y el árbitro deciden empezar el partido con un único árbitro.

Segundo árbitro que llega más tarde y acaba por incorporarse al partido.

Más de lo mismo. Entrenador que exige que tal circunstancia quede reflejada en el acta, árbitros que deciden que no es necesario.

Otro caso. Árbitros que llegan tarde a un partido vespertino. Nada de madrugones. Según entran por la puerta ya con el silbato en la boca, venga a funcionar que no tenemos todo el día. Anotadores ya han hecho su trabajo, pues nada, poco menos que sin dar las buenas tardes, al tajo.

Estas circunstancias temporales indicadas pueden parecer justificadas porque el tráfico, el transporte público, no conocemos la zona, no encontrábamos la cancha, de repente me he encontrado un amiguete, lo que queráis, pero no pasa nada. Tiramos para delante y como tenemos la sartén cogida por el mango…

Hete aquí que el problema esta en el desagravio comparativo. Pongo dos casos similares. Partido en x sitio, carrera popular de por medio, tráfico cortado, autobús que no llega, llamada a amigo para que te recoja y te lleve deprisa y corriendo. Llegas cinco minutos antes de que empiece el partido, pero los chavales ya han entregado los DNI acreditativos (las fichas las tiene mua) y ha firmado el capitán. No entrenador, usted a la grada. Parece que el rasero no es el mismo.

Sí, ya sé que sin árbitros lo de jugar esta complicado, pero ya me diréis que problema existe en que el entrenador se siente en el banquillo si hablamos de categorías de formación y no estamos haciendo mal a nadie. ¿Queremos ser ejemplarizantes? Vaya, parece que no siempre es así.

Siguiente caso. Inicio de temporada. Las fichas “físicamente” no están, pero los papeles están en regla. Hay que jugar con el DNI. Chaval que se lo olvida, corriendo a por él. Llega tarde. Machote, hoy no se juega. Insisto. Categorías de formación, primer partido del año. Nada de campeonato de España, de playoff, etc. Objetivo del baloncesto de formación: que los chavales aprendan, se lo pasen bien… y sobre todo, que jueguen, demonios. Pues nada, te vuelves por donde viniste, ahora bien, si eres árbitro, tranquilo, no hay problema.

Por cierto, correo pidiendo explicaciones a la federación para que nos comenten la jugada… y todavía esperando respuesta. ¿Será que se les cae la cara de vergüenza? ¿Habrá que pensar aquello de que el que calla otorga?

- Exquisiteces arbitrales

Árbitros que llegan a un campo. Piden un vestuario. La alcachofa de la ducha no va todo lo bien que les gustaría, la cisterna de váter se puede mejorar…total, por favor, démosles otro vestuario que los reyes del espectáculo no actúan en cualquier plaza. Y esto prácticamente si decir esta boca es mía. Ah, y déjennos unas moneditas que las taquillas son las taquillas y claro, debe ser que no reciben un pavo por su trabajo. Ah, y pónganme un esparadrapo para delimitar la zona de banquillos que claro de aquí a la ACB tan sólo hay un paso. Insisto, todo esto para empezar sin haberse puesto el balón en juego.

Por desgracia el arbitraje luego no estuvo a la altura de tales exigencias. Pero bueno, errores los cometemos todos, pero encima algunos son más chulos que un ocho.

Y ahora la guinda de otro caso. Me lo cuentan y no me lo creo. Árbitros en categoría de formación, no me canso de remarcarlo, pidiendo al delegado de campo agua. Sí, buena gente, en el vestuario sale un chorro estupendo pero si os pilla lejos, tenemos una fuente con unos cuantos caños de los que cae agua riquísima (doy fe de ello). Por favor, donde vamos a parar, esas bocas no pueden mancharse con agua tan poco glamourosa, y aquí viene lo bueno: piden botellas de agua mineral, que ya sólo les falto indicar marca. ¡Estamos locos!

La verdad es que lo ideal es que en todas partes los árbitros, los jugadores, los entrenadores, los familiares, etc., disfrutáramos de unas condiciones maravillosas, pero claro, hay cosas que rozan lo esperpéntico… pero quien sabe, a lo mejor el que se ha vuelto loco es un servidor. Por si acaso, habrá que contratar unos/as masajistas de primera no sea que a los próximos árbitros no les apetezca pitar si antes no han recibido los cuidados de una manos milagrosas.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Jorge, yo fui un jugador egoísta, chupón y maleducado. Dicho esto, padecí a menudo los árbitrajes histriónicos, malos de solemnidad y escasamente pedagógicos desde tiempos de minibasket. Pocos se salvaban. Suma a tu anecdotario el caso de aquella pareja de amigos barbudos, uno árbitro (único, años 80) y el "mesa", a los que los cuatro gatos asistentes aquel sabado al encuentro llamaban "bolcheviques", ocurrencia sin intención política alguna, pues los quinceañeros ocurrentes no es que estuvieran al corriente de la Revolución de Octubre y lo de Lenin les sonaba a marca de sábanas y colchas para el hogar. Pues bien, aquellos bolcheviques casi me parten la cara, media hora después de concluir el encuentro, porque mi hermano, que no llegaba al metro de altura y que tendría por entonces no más de 7 años les recordó su afiliación soviética al grito de "bolcheviques". PAraron el Renault 5 en el que iban con otros dos amigotes y al menda lerenda que esto suscribe -y que bebía sediento de una lata de Coca-Cola- le dijeron: "A que te tragas la lata", a lo que este alero anotador respondió: "¡A qué no!". No llevo un implante de bebida carbonatada de color negro en las encías de milagro. Siempre me he preguntado qué lleva a un ser humano a querer ser árbitro. Será cosa de la ontología, o de la entomología, que es peor.

Abrazos,
Juanjo

Jorge dijo...

Bueno, como en tu caso (¿maleducado?), el tiempo todo lo cura, así que habrá que pensar que el juicio terminó por llegarles a aquellos "bolcheviques".

Gracias Juanjo por aportar tu calidad a este blog desempolvando tan graciosa anécdota que sólo quedó en eso, afortunadamente. Un abrazo.

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