martes, 23 de mayo de 2017

Historias de un Aficionado (4): una temporada de BA-LON-CES-TO en la grada

Por Jorge

Este curso baloncestístico tuve la oportunidad de disfrutar de la experiencia del baloncesto desde la grada como abonado de un club de la liga ACB. Sin duda fue un privilegio disfrutar del deporte de elite, pero también pude observar algunos comportamientos que me preocupan.

No mencionaré al equipo para que no se ofenda su afición, que por supuesto no tiene porqué verse reflejada por el comportamiento de una minoría, para no sembrar ninguna polémica. Sólo aprovecho aquí para dar fe de algunas situaciones tal vez anecdóticas en algún caso, pero perjudiciales en otras por la influencia negativa que pueden tener en los aficionados más jóvenes.

En primer lugar me referiré al poco conocimiento que algunos espectadores tenían de los jugadores, especialmente en los equipos visitantes (recuerdo en otra ocasión a unos aficionados que no reconocían a ¡Felipe Reyes!), y así fue llamativo escuchar en un partido como un seguidor local se preguntaba “¿quién es ese tío?”, para referirse al jugador del equipo contrario que anotaba algún que otro canastón, y se quejaba así como dando a entender que no era nadie, sólo un “paquete” con suerte. Y en ese caso, ese “tío” jugó en la NBA, de manera testimonial, todo hay que decirlo, pero también es internacional con la selección de su país. Y sí, es verdad que no se tiene porqué conocer a todo el mundo, y menos ahora que los jugadores cambian de equipo como de chaqueta, pero menospreciar el juego de un jugador que ni se conoce, no habla muy bien de un aficionado.

La afición es soberana, y cada cual tiene sus gustos deportivos, faltaría más, pero también en otro partido asistí atónito a comentarios no muy favorables acerca del juego de un par de jugadores del equipo visitante, uno de ellos muchas veces elegido mejor jugador de la semana tanto en la ACB como en la Euroliga, y otro internacional con la selección española al que supongo que sí aplaudirán cuando juegue con el equipo nacional. Insisto, cada cual puede tener sus preferencias, ahora bien, juzgar con esa severidad a jugadores profesionales cuando quizá el aficionado no sea un virtuoso del juego…

En la misma línea de desconocimiento me llamó la atención la vez que un par de espectadoras que se sentaron a mi lado (al inicio del tercer cuarto se marcharon), y que me costó entender como acabaron allí, dado que una de ellas no parecía ser muy conocedora del juego cuando la amiga tuvo que explicarle que no se podían dar más de dos pasos sin botar…

Ni que decir tiene que los árbitros también generaron comentarios que demostraban un desconocimiento del juego, como por ejemplo cuando un aficionado local se quejaba porque tal árbitro no pitaba (una falta), y la pitaba el que estaba en el otro lado... cuando de lo que no se enteraba ese seguidor es que la falta no era donde se pensaba, sino en otra acción de juego fuera del balón. También este desconocimiento del juego se puede entender, aunque cuesta más hacerlo de alguien que ve partidos habitualmente.

Ya metidos en faena arbitral lo peor no fueron las quejas, sino quién se queja, y cómo se queja. Si sonrojante era asistir al comentario mencionado, lamentable (por no utilizar otro calificativo) fue ver y escuchar a un hombre insultar gravemente al árbitro con un chaval (su hijo imagino) que aparentaba unos 11-12 años a su lado. ¿Era consciente de su comportamiento y de lo que suponía para la educación de ese joven?

Alguien puede pensar que esto es algo aislado, y lo triste es que viví habitualmente los insultos y gestos agresivos y encrespados del público hacia los árbitros por parte de madres-padres (en algún caso me atrevería a decir que por la apariencia de edad algunos eran abuelos), o como en el caso de un energúmeno que vociferaba delante de mí y al que una niña pequeña que estaba junto a su padre (al lado), miraba con cara de a este le falta un tornillo... y razón no le faltaba.

Y lo más llamativo de algunas protestas es que enlazando con lo ya dicho, demostraban además de poca deportividad, poco respeto incluso por los jugadores de casa, y es que recuerdo algunas ocasiones en las que se pitaba alguna infracción a los jugadores locales, y las protestas eran masivas… pese a que el propio jugador reconocía su error o su falta, o como cuando se le pitó una técnica por protestas y gestos de chulería hacia los colegiados a un jugador, y su propio entrenador le llamaba a capítulo por la “tontería” de ceder un tiro y balón al rival por unas protestas sin sentido que perjudicaban a su equipo… pues nada, todo el mundo quejándose igualmente.

Tampoco se libraban de las protestas y los comentarios injuriosos los rivales, que en su banquillo tenían que aguantar a la gente que se sentaba detrás de ellos que no paraban de proferirles gritos, insultos y gestos como si poco menos que estuviesen en un circo romano a merced del público.

Y lo peor es que veía a algunos de esos “aficionados” alardear de las bajezas que les decían a esos jugadores del equipo adversario, y que incluso se permitían a voz en grito decirles que se sentasen si se levantaban a comentarle algo a un árbitro, que se callase al entrenador que decía algo, y hasta que se atrevían a gritarle al utillero a un par de metros de él… sin saber muy bien con que finalidad.

Me tengo por persona tranquila a la que le gusta el baloncesto, y en este caso además tengo que decir que aplaudía tanto las buenas jugadas del equipo local como del visitante pues a mí lo que me interesaba era ver el mejor juego posible y disfrutarlo. Pero tengo que reconocer que en este ambiente hasta en una ocasión me contagiaron de las protestas continuas hasta el punto que llegué a gritarle a uno de los árbitros para que le pitase técnica a la mesa porque no se enteraba, por supuesto de manera figurada, porque en una jugada el equipo visitante hizo una acción en un saque de fondo que por error de los auxiliares de mesa tuvo que repetirse fastidiando el factor sorpresa de la acción que había preparado su entrenador, y que luego me llevó incluso a dirigirme al par de “voceras” de la grada que se tiraban todos los partidos haciendo comentarios discutibles, para corregirlos porque en este caso no se quejaban de un error que había favorecido a su equipo local.

Por supuesto mi reacción no tiene punto de comparación con lo visto pero me avergüenzo por mi protesta y pequeña discusión, y es que dicho todo esto, independientemente del conocimiento del juego que pueda tener el público, variable y poco importante si lo que realmente se quiere es animar y disfrutar del espectáculo deportivo, lo peor con diferencia fue ese comportamiento “futbolero” (que me perdonen también sus buenos aficionados, que sin embargo estarán conmigo en que la conducta general en su deporte deja mucho que desear) de protestas y menosprecio que hace flaco favor para la educación deportiva de sobre todo la afición más joven, que no sólo ve que esa actitud no recibe castigo, sino que puede llegar a considerarla como normal y hasta divertida.

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martes, 16 de mayo de 2017

Basket Music (17): Linkin Park

Por Jorge

Linkin Park es una banda de rock alternativo californiana que mezcla diferentes estilos en sus canciones (incluido el heavy y el rap) con notable éxito. Y esta semana lanzará al mercado su séptimo disco de estudio, “One more Light”, del que ya se conocen varios singles como “Heavy”.

Recientemente se estrenó el siguiente vídeo musical del tema “Good goodbye” en el que se hace un guiño al baloncesto:


La letra de la canción no hace ninguna referencia al mundo de la canasta, sin embargo en el vídeo inspirado visualmente en un videojuego, el vocalista del grupo (Chester Bennington) participa en un concurso de mates de cuyas puntuaciones depende que salve su vida.

Además en el videoclip aparece un exjugador profesional con larga trayectoria de cameos televisivos y cinematográficos. ¿Reconoces a esa leyenda del baloncesto?

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jueves, 11 de mayo de 2017

Reglamento de Baloncesto (8): Pie

Por Jorge

Conocer el reglamento del baloncesto no es fácil, siempre se dijo en esta sección, por cambios de reglas con el paso del tiempo, diferencias entre distintas competiciones, complejidad e interpretaciones… pero también por falta de ganas de querer conocerlo. Y para eso lo primero es leerse el reglamento.

Creo recordar que ya lo comenté en alguna entrada anterior del blog, que la falta de pie suele provocar alguna controversia en las pachangas en cuanto a la voluntariedad del mismo, como de si lo es cuando la pelota golpea en la rodilla o la pierna, y no propiamente en el pie.

El reglamento FIBA dice lo siguiente en su artículo número 13 en lo referente a cómo se juega el balón:

“Durante el partido, el balón solo se juega con la(s) mano(s) y puede pasarse, lanzarse, palmearse, rodarse o botarse en cualquier dirección, sujeto a las restricciones de estas reglas.”

Y se añade que “un jugador no correrá con el balón, ni lo golpeará con el pie ni lo bloqueará con cualquier parte de la pierna intencionadamente, y tampoco lo golpeará con el puño”, indicando además que “contactar o tocar el balón con cualquier parte de la pierna de manera accidental no es una violación”.

Leído este apartado resolvemos alguna discusión, la falta de pie incluye “cualquier parte de la pierna”, luego aquellos que dicen que si les golpea la pelota en el muslo o en la rodilla no es pie, se acabó. Sí lo es, o mejor dicho, puede serlo pues para ello tiene que ser un contacto intencionado y no accidental.

Esa aclaración final ofrece alguna duda por cuanto queda al criterio del árbitro el considerar la voluntariedad o la acción fortuita. Por poner un ejemplo claro en uno y otro sentido, en el baloncesto profesional es menos habitual, pero en el callejero o amateur en ocasiones el jugador con balón intenta hacerle un “caño” a su defensor, es decir, pasarle el balón por la piernas al defensor, bien para continuar luego con el bote o bien al realizar un pase. Y en ocasiones ese defensor intentando evitarlo cierra intencionadamente las piernas provocando la falta de pie. Sin embargo en otras, el atacante es menos hábil en su intento, y el defensor al que le pilla la acción por sorpresa, simplemente recibe el impacto de la pelota, de tal manera que no hizo nada por evitar la jugada, por lo que en esa ocasión, sin existir voluntariedad alguna de cortar la pelota con el pie, no debería de ser sancionado como tal.

Y dejémonos del comentario clásico también en las pachangas de que “corta jugada”, porque ni corta ni deja de cortar. El defensor no se puede apartar para que el atacante juegue a su antojo, y si estando sobre la cancha es golpeado por la pelota… se siente. Que mejore su puntería el atacante a la hora de intentar pasar el balón entre sus piernas.

En este caso, la diferencia con el reglamento de la NBA no existe, pues en éste se dice en su sección relativa al golpeo de la pelota que se incluye en la regla número 10:

“a. A player shall not kick the ball or strike it with the fist.

b. Kicking the ball or striking it with any part of the leg is a violation when it is an intentional act. The ball accidentally striking the foot, the leg or fist is not a violation.”

Por tanto la situación es la misma siempre, sea cual sea la competición que se esté jugando.

En el siguiente vídeo que titulo “¿cuándo es pie?” y que más bien debí titular “cuándo no es pie” se pueden ver ejemplos similares al descrito más arriba, por el que los defensores son golpeados en sus piernas por la pelota y no se pita pie acertadamente. Y también se puede ver una jugada más dudosa y otra en la que el juego con el pie es totalmente intencionado (y se pita). Para terminar con una acción en la que sorprende que un jugador profesional desconozca el reglamento.



Espero ayudar con esta entrada a resolver las dudas que conllevan estas situaciones, al menos en las que parecen evidentes y no interviene la interpretación arbitral, y así evitar discusiones y protestas fuera de lugar.

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martes, 2 de mayo de 2017

El lagunero opina… Balance curso 2016-17 (II): camino hacia la próxima temporada

Por Jorge

Luego de realizar la evaluación del curso 2016-17 de Lakers en la anterior entrada de “El lagunero opina…”, ahora toca el turno de revisar la hoja de ruta del equipo con vistas a progresar en la próxima temporada.

La primera parada será la lotería del draft del 16 de mayo, en la que “Magic” Johnson será el representante del equipo en ese evento.

Movimientos anteriores de la franquicia limitan las posibilidades, pues si la elección no está entre las tres primeras, el equipo que toma los derechos serán los Sixers tras un acuerdo con Phoenix Suns, equipo al que correspondía fruto del fichaje de Steve Nash en 2012. Otro lastre más de la mala gestión de los últimos años.

La posición de la temporada, antepenúltimo equipo de la liga en número de victorias, otorga un buen número de bolas para el sorteo, con casi un 47% de probabilidades de obtener una de esas tres primeras posiciones. Así que habrá que ser optimista.

Ahora bien, casi tan importante como conseguir esa opción es saber que hacer con ella. Dos posibilidades serían: conseguir el mejor jugador joven posible, o cederla mediante traspaso a otro equipo por un jugador veterano más fiable a corto plazo (incluyendo o no en el “paquete” a alguno de sus jóvenes o veteranos en función de cual sea el nivel de ese jugador).

A continuación de la lotería llegará el draft el 22 de junio. Un nombre que suena como futurible para Lakers, si se escoge arriba claro, es Lonzo Ball de UCLA, que en el siguiente vídeo se ve que no lo hace mal (recuerden los que se vienen arriba que juega contra universitarios tan imberbes como él), pero parece ser que es más conocido por el comportamiento y palabras de su padre que por su juego.


Me parece que con todos los jugadores jóvenes que tiene el equipo, parece que mejor opción sería ceder su posición en el draft por un jugador veterano de garantías, y no digamos si se mete en un paquete por una estrella de la liga.

A mi juicio pasadas elecciones del equipo fueron erróneas, especialmente en el caso particular por el que fue elegido D´Angelo Russell por delante de Kristaps Porzingis. De momento el letón es mejor jugador que el base, y la evolución hace presagiar que lo seguirá siendo en el futuro. Ahora que el responsable de la elección de uno en detrimento del otro ya no forma parte del club, Mitch Kupchak, tal vez sería un buen momento para preguntarle los motivos que le llevaron a meter la pata hasta el fondo en ese caso.

Nunca podré entender cómo se prefiere a un jugador con escasa formación procedente del baloncesto universitario, cuyo nivel baja a marchas forzadas, por delante de jugadores también jóvenes, pero con mejor formación y en algunos casos como en el del exjugador de la ACB, que tienen a sus espaldas el bagaje de unos cuantos años como profesional. Es decir, que juegan (y entrenan, ojo) con jugadores hechos y derechos cada semana.

La preferencia por los universitarios sólo la puedo entender en aquellos casos excepcionales, léase LeBron, Iverson o incluso el reciente Towns, a quienes se ve talento y condiciones muy por encima de las normales.

Así que miedo me da la decisión que pueda tomar “Magic” y el manager general Rob Pelinka con la elección angelina. Veremos.

Eso sí, ya que mencioné la “cagada” de Kupchak con las primeras elecciones, también es de justicia reconocer que en las segundas rondas su ojo estuvo más fino, y así Nance, Clarkson o Zubac son aciertos que ayudaron y pueden seguir haciéndolo en la configuración del equipo. Y habrá que ver si los nuevos responsables del equipo tienen ese mismo olfato para las últimas elecciones del próximo draft.

Por último la ruta del club previo inicio de la siguiente temporada estará en el verano con la ligas veraniegas (comienzan el 7 de julio) en las que ver como evolucionan los jóvenes, y tal vez se pueda “cazar” algún jugador no drafteado de este u otros años.

Ahora bien, el momento decisivo estará en el mercado de fichajes de agentes libres. Si bien la opción de conseguir a algún primer espada de la liga se antoja complicada si no se produce una carambola a varias bandas, y siempre que alguna de esas estrellas quiera ir a L.A., algo que por historia deportiva y mercado podría ser, pero más complicado está para quienes quieran formar ya parte de un equipo ganador con aspiraciones al título.

Por supuesto en ese mercadeo importante es conseguir jugadores que se amolden al estilo que pretende establecer el entrenador Luke Walton, estilo de juego que no me gusta como fui diciendo una y otra vez durante la pasada temporada, y que quizá no sea tampoco del gusto de los jugadores más veteranos.

En cualquier caso para que lleguen jugadores también habrá que hacer hueco. Así de la temporada terminada acaban contrato Thomas Robinson, Tyler Ennis y World Peace. Este último parece que está claro que no continuará, mientras que los otros dos son jugadores que me gustan porque aportan lo que necesita el equipo, energía defensiva desde el banquillo, aunque no sé si habrá interés por renovarles y si ellos querrán hacerlo para tener poco protagonismo.

También hay dos jugadores que no se sabe que pasará con ellos. Nick Young que tiene opción de continuar un año más, y si de él depende está claro que la hará efectiva (otra cosa es que sea utilizado como moneda de cambio para un traspaso), y el otro es David Nwaba, que también me gusta como jugador de segunda unidad, y cuya opción en este caso está en manos del equipo.

Si el equipo hiciera caso de mi idea se quedaría con catorce jugadores a los que añadir los drafteados (o veteranos que vengan en su lugar), con lo que habría que dar salida a varios y a priori los que más papeletas tienen serían Luol Deng, Timofey Mozgov y el mencionado Young.

Como me temo que eso será complicado, casi sería mejor saber aprovecharlos en la cancha, sobre todo al pívot, que para el número de balones que pasaron por sus manos, demasiado bien lo hizo…

El único traspaso realizado por la nueva gerencia no invita del todo al optimismo. No porque no cumpla con lo que pensaban, dotar al equipo de jugadores distintos, cosa que Corey Brewer y Tyler Ennis si aportaron con respecto del traspasado Lou Williams, pero que parecen poco a cambio del que era el mejor jugador del equipo hasta el momento de esta transacción.

Pensando en el futuro, entre los jugadores que se rumorea que podrían estar en la cartera del equipo, el más destacado es Paul George, nativo de L.A., que entra en su último año de contrato en Indiana (luego tiene él opción de otro más), y que tal vez viendo que allí por muy jefe que sea del equipo no parece que tengan un rumbo muy claro, y podría cambiar de conferencia para llevárselo crudo en un nuevo contrato volviendo a casa.

También un río revuelto en el que “pescar” algo pudieran ser los Clippers, recientemente eliminados de playoffs en la que parecía su última oportunidad de acercarse al título en una nueva decepción. Chris Paul y Blake Griffin pueden salir al mercado, y con los movimientos adecuados podrían ser opciones nada desdeñables, sobre todo en el caso del base del que siempre habló bien “Magic” Johnson.

Tampoco sería malo meter mano en los Knicks, aunque allí se hace difícil pensar que fueran a prescindir de su pieza más cotizada, el mencionado Porzingis. Sí, lo sé, soy muy pesado con él, pero es que con su juego y previsible progresión, parece que sólo los ciegos de la anterior gerencia no supieron verlo.

No me extiendo en posibles fichajes porque al fin y al cabo las posibilidades aunque algunos piensen que no son muchas, al final son infinitas con opción de sorpresas y movimientos que al final dependen de las habilidades negociadoras de los dirigentes.

Particularmente mi idea sería, como dije, ceder la elección del draft a cambio de un veterano o incluso añadir algún veterano del equipo como Deng para conseguir un buen jugador experto con cierto recorrido. También meter a Russell en alguna operación con la opción de conseguir un base de nivel (¿Chris Paul?), que a priori es la posición más inestable del equipo, y seguir desarrollando al resto de jóvenes, especialmente a Ingram y Zubac, que deberían ser piezas fundamentales del futuro de la franquicia.

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domingo, 23 de abril de 2017

Libro de Baloncesto: “Historia de una Rivalidad”

Por Jorge

Tradición manda, y en el día del libro BA-LON-CES-TO vuelve a recomendar una lectura de baloncesto con un libro sobre la histórica rivalidad de dos clásicos del baloncesto español: Estudiantes y Real Madrid.

“Historia de una rivalidad” está escrito por Guillermo Ortiz, autor que deja claro en la contraportada que “no es un libro del Estudiantes ni (…) del Real Madrid, sino que es una breve historia, (…) de dos equipos condenados a entenderse y que comparten una pasión común por el baloncesto”.

Si bien el libro entreteje capítulo a capítulo detalles de uno y otro equipo, el hilo que une todos ellos es el trasvase de jugadores del Estudiantes al Madrid a lo largo de su historia (aunque también los hubiese a la inversa), y el autor no esconde su predilección por el equipo del Ramiro (aunque reconozca su madridismo en la niñez) cuando todos los capítulos tienen por título el nombre de un jugador estudiantil, contándose sus inicios y desarrollo en el equipo “de patio de colegio” para desgranar después su paso al eterno rival y sus andanzas en él.

El texto contiene multitud de datos y detalles (gusta saber del origen de la conocida Demencia) que agradarán sobre todo a los aficionados de uno y otro equipo, pero también a los seguidores del baloncesto en general, pues no en vano se hace referencia a hechos que forman parte de la historia del baloncesto, como la creación en 1957 de la liga nacional gracias al impulso del directivo del Madrid, Raimundo Saporta, y que contaría con la participación de cuatro equipos catalanes y los dos madrileños, y cuyo primer partido sería curiosamente un enfrentamiento entre madridistas y estudiantiles.


Uno que es madrileño y aficionado de Estudiantes (también de la Penya), aunque no forofo, comparto también con el autor que mi afición por el baloncesto creciera gracias al Madrid de los 80 con Corbalán, Iturriaga, Martín y Wayne Robinson entre otros, y con esta lectura completé con otros detalles algunos momentos de esta rivalidad que ya conocía.

Así sabía por ejemplo de los inicios baloncestísticos del legendario Antonio Díaz-Miguel en Estudiantes, y su posterior paso al Madrid, pero desconocía los curiosos motivos que permitieron que tal pase se retrasara en el tiempo. Y es que el posterior seleccionador nacional, aguantó en Estudiantes pese a la llamada madridista gracias a una beca que le permitiría residir en el internado estudiantil para salvar las necesidades de cama y comida, y gracias también al sueldo que se le pagó como profesor de educación física.

La anterior anécdota ilustra la principal diferencia que desde los orígenes existe entres estos dos equipos: el dinero. Mientras el Real Madrid, aprovechándose de la economía de su equipo de fútbol, podía pagar notables cantidades a los jugadores atrayendo a los mejores nacionales, el Estudiantes nació con clara vocación amateur renunciando a pagar sueldo alguno más allá de primas por desplazamiento o compensaciones de estudios. Sólo después con el tiempo y gracias a los patrocinios, el equipo del Ramiro de Maeztu también se convertiría al profesionalismo desde el punto de vista económico.

El libro fue publicado en 2015, quedándose su texto en enero de ese año, por lo que el lector se quedará con las ganas de leer sobre la temporada apoteósica del Madrid que lo ganó todo en 2015-16, y no “sufrirá” con los últimos vaivenes deportivos y económicos del Estudiantes, que sin embargo ahora parece que mejora al menos en la pista.

Al final el autor se excusa por “el exceso de detalle en algunos momentos y lo rápido que he pasado por encima de otros que usted recuerda con nitidez. Imposible agradar a todos. Yo quería recordar, eso era todo. Recordar lo que no viví, lo que sí viví, con pasión (…)”. Y lo cierto es que con su recuerdo ayudará a descubrir a los más jóvenes, o a rememorar a los aficionados más veteranos, algunos momentos legendarios de nuestro baloncesto.

El próximo fin de semana se jugará otro derbi más entre estos equipos madrileños, en la cancha común que comparten una vez más, pero con los madridistas ejerciendo como locales. Y para quien no lo haya hecho, la lectura amena y entretenida de este libro puede ser un buen preámbulo para ese nuevo capítulo de esta histórica rivalidad.

Por cierto, el libro se completa con el prólogo escrito por Jacobo Rivero, y con el epílogo de Gonzalo Vázquez, ambos autores de otros libros de baloncesto, algunos de los cuales ya pasaron por aquí en anteriores recomendaciones lectoras que podéis revisar en este día del libro.

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