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lunes, 23 de noviembre de 2020

Reglamento de Baloncesto (14): Lucha y salto entre 2

Por Jorge

La regla del salto entre dos es una de esas que no pone de acuerdo a las diferentes competiciones de baloncesto. En la NBA y en la Euroliga cualquier situación de lucha se dirime con salto, en la ACB y en las competiciones FIBA sólo se salta al inicio del partido, y para el resto de casos se aplica la regla de la alternancia de posesión.

Y tampoco pone de acuerdo a los aficionados, porque a unos les parece bien que sólo se salte una vez (quizás para evitar algunos de esos horribles lanzamientos arbitrales), y otros, entre los que me incluyo, abogamos porque siempre haya salto entre dos para incentivar más si cabe la lucha para recuperar la posesión.

Independientemente de las diferencias entre reglamentos y deseos de los aficionados, a mi juicio muchas veces los árbitros se lanzan a pitar lucha (y por tanto salto entre dos) a la mínima sin dejar que realmente se produzca dicha pelea por la pelota.



En los dos primeros ejemplos del vídeo tal vez no hay muchas ganas de pelear la pelota y se puede entender que se quiera pitar rápido; en el tercero cuesta ver una lucha cuando el defensor se limita a tirar del balón que llevaba el atacante; en el cuarto podía darse margen para dejar tirar de una u otra jugadora, y no digamos ya en el quinto ejemplo en el que el jugador defensivo recupera claramente la pelota; y en el último caso se muestra un ejemplo de paciencia arbitral que permite que al final pueda continuar el juego.

La regla (artículo 12 del reglamento FIBA) menciona entre las posibles situaciones de salto cuando se señala un balón retenido, que vendría a ser lo que todos conocemos como lucha. Y el balón retenido es definido en ese artículo así:

“12.1.2 Se produce un balón retenido cuando uno o más jugadores de equipos contrarios tienen una o ambas manos firmemente sobre el balón, de modo que ninguno puede obtener el control del mismo sin emplear una brusquedad excesiva.”


Tal vez haría falta que se explicara lo que quiere decir “brusquedad excesiva”, pero parece que eso queda a interpretación de los árbitros, y curiosamente, en la interpretación oficial del reglamento FIBA no se añade ninguna aclaración en ese sentido.

Cuando era chaval, en el baloncesto de la calle fuera de las competiciones regladas, existía una máxima que era que para decidir lucha y por tanto salto entre dos, la pelea por el balón debía durar al menos 3 segundos. O sea, que realmente tenía que haber una verdadera lucha o pelea por el balón, y no pitar a la mínima.

Y lo cierto es que entonces pensaba que esa “regla” existía como tal en el reglamento arbitral (o al menos en su interpretación), y viendo ahora que eso no es así, tal vez estaría bien que se aplicara en un futuro cambio de reglas, porque entiendo que los árbitros se quieran “lavar las manos” y evitarse “jaleo” pitando al momento, pero es que a veces cuesta ver lucha en algunas acciones como se ha visto con los ejemplos anteriores.

Por último, también recuerdo que como chaval, cuando había una lucha y se metían por medio más de un jugador de un equipo, la posesión automáticamente se la dábamos al equipo del jugador que estaba en desventaja numérica. Hay lo dejo también como posibilidad a debatir y valorar para que algún día se vuelva a luchar de verdad.

Además de hacer esta reivindicación, termino aprovechando esta entrada para hacer un comentario sobre el procedimiento de posesión alterna, y es que lo que hay que tener en cuenta para saber quién gana el salto inicial es el equipo que consigue la pelota, como se dice en el reglamento:

“12.5.2 El equipo que no obtenga el control del balón vivo en el terreno de juego después del salto entre dos tendrá derecho a la primera posesión alterna.”


Conviene hacer esta aclaración porque a veces, sobre todo entre jóvenes jugadores (y algunos aficionados), se produce cierta confusión pensando que el ganador del salto es quien palmea la pelota independientemente del equipo que la recupera.

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lunes, 16 de noviembre de 2020

Por la izquierda se tira con la izquierda… a veces

Por Jorge

Que me perdonen los zurdos, pero los que lean esto, obviamente para ellos es igual pero por la derecha. La mayoría de los que juegan al baloncesto son diestros, y los zurdos porque en la vida (y en el baloncesto) todo está predispuesto para diestros, desde temprano suelen tener más habilidad con su mano no dominante. Un buen ejemplo en el baloncesto actual lo tenemos con Ben Simmons, que juega con la izquierda y sin embargo domina las finalizaciones con la derecha de maravilla, hasta el punto que es más común que termine con esa mano y no con su zurda, como se puede ver en algunas de sus mejores jugadas de la pasada temporada:



El entrenador de formación lidia desde las edades más tempranas con un caballo de batalla que consiste en convencer a los jóvenes jugadores de porqué se tiene que hacer determinados ejercicios en los entrenamientos. Y una de esas primeras batallas está en el uso de la mano izquierda cuando se tira haciendo una entrada por la izquierda.



¿Cuántos entrenadores no habremos insistido que por la izquierda hay que tirar con la izquierda? Así tiene que ser al principio para dotar a la jugadora de una habilidad que le será muy útil en el futuro. Y ojo, porque ese gesto técnico sólo estará afianzado no ya cuando lo haga en situaciones de entrenamiento sin defensa, sino que durante el juego real y con defensa sean capaces de atreverse a finalizar con la izquierda… porque la situación así lo hace necesario.



El siguiente paso se produce cuando esos jóvenes van creciendo y ya saben usar esa mano en sus entradas y en los tiros bajo el aro por la izquierda, y tenemos que enseñar que por la izquierda se tira con la izquierda… pero no siempre. Y entonces toca demostrar con ejemplos que a veces conviene finalizar con la derecha aunque se vaya por la izquierda (y viceversa). La defensa será quien determine la mejor mano para finalizar cuando se va al aro. Aquí tenemos un ejemplo en el que un jugador va a canasta en bote desde su derecha para buscar el aro por la izquierda, y llevando el balón con la izquierda al final cambia para tirar con la derecha… por el lado izquierdo. Sólo de esa manera evita la defensa y consigue la canasta.



Sin embargo en la siguiente acción, muy similar, el jugador no cambia de mano y la defensa que va por detrás buscando su izquierda la encuentra para conseguir un tapón y evitar una canasta que probablemente sí habría conseguido de haber finalizado con la derecha… por el lado izquierdo.



También hay que comprender y aceptar que una vez la jugadora sea capaz de utilizar su mano izquierda por la izquierda, utilice la derecha si es su mano dominante y por tanto se siente más segura con esa ejecución si va sola al aro, como en el siguiente ejemplo, porque de ese modo “asegura” la canasta:



Volviendo a la entrada con la izquierda por la izquierda, hace algunas temporadas entrené un equipo infantil (la mayoría de segundo año) cuyo uso de esa mano izquierda (y en general de su lado no dominante: para salidas, desmarques, recepciones…) era mínimo por no decir nulo, hasta el punto de que incluso teniendo la defensa por su lado derecho, insistían queriendo finalizar con la derecha con el riesgo de sufrir un tapón o la molestia suficiente como para no anotar.

Así que desde el principio uno de los objetivos de la temporada fue evidente. Aprender a finalizar por la izquierda y saber aplicarlo al juego. Y la verdad es que los chavales se esforzaron y terminaron por asumir esa opción. Y cuando subían a jugar con el equipo cadete, era un orgullo ver como aplicaban esa enseñanza mientras los mayores apenas si utilizaban la izquierda (ni para botar).

Una de las culminaciones de aquel trabajo estuvo cuando uno de los infantiles fue capaz de finalizar con la izquierda en una acción rápida en carrera tras pase (muy similar al siguiente vídeo), como debía ser por la situación defensiva y del juego, para anotar una canasta decisiva para ganar un partido. Por supuesto entonces reforcé esa acción para él y para todos sus compañeros… independientemente del resultado de la acción. La jugada requería esa finalización si se quería anotar, y su elección y ejecución fue correcta.



Los pequeños detalles son los que hacen mejorar a un jugador, y ver como se produce esa mejora es una de las mayores satisfacciones para un entrenador.

Recuperando el titular de este artículo, actualmente gracias a la regla del paso 0 las opciones para finalizar en carrera (por cualquier lado) son tan amplias disociando pies y manos, que la clave estará en entrenar cuanto antes la coordinación y el equilibrio para que los jugadores puedan añadir un mayor abanico de opciones cuando van al aro, de tal manera que las entradas por la izquierda serán con la izquierda… a veces.

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miércoles, 11 de noviembre de 2020

Basket Music (22): Bailando sobre el parqué

Por Jorge

Si bien esta sección suele hace referencia a un personaje que relaciona música y baloncesto, esta vez toca presentar un libro que recoge muchas historias que ejemplifican esa relación: “Bailando sobre el parqué. El apasionante partido baloncesto vs. música” de Óscar Quant.

El autor jugó al baloncesto en sus años mozos, y ahora es músico y lidera una banda, “SkyhookS”, que él mismo define como “un grupo de música pop en el que todas nuestras canciones giran alrededor del mundo del baloncesto”.

El libro comienza con un bonito recuerdo de los dos narradores de baloncesto NBA por excelencia en España, Ramón Trecet (en la frase que abre el libro) y Andrés Montes (en los agradecimientos). Y el prólogo corre a cargo de Raúl López, legendario del baloncesto español, que habla de su relación con la música y la importancia que ésta tuvo en su carrera y en su vida. Y lo cierra con el epílogo Loquillo, músico que también tuvo su etapa baloncestística en la mocedad.

Su lectura se hace amena y fácil porque se distribuye en muchos capítulos corto (separados en cuatro partes a modo de cuatro cuartos), y dejando un espacio para el descanso con fotografías de imágenes sorprendentes de baloncesto y música donde se puede ver por ejemplo a la extraordinaria jugadora australiana Liz Cambage pinchando en un festival de música, o la portada de algunos discos.

Las anécdotas y los datos curiosos sobre baloncesto y música se suceden a lo largo de todas sus páginas, haciendo especial mención a la relación de las grandes estrellas del baloncesto NBA con la música: Bill Walton, “Magic” Johnson, Kareem Abdul-Jabbar, Pete Maravich, Michael Jordan, Dennis Rodman, Shaquille O´Neal, Kobe Bryant, LeBron James… y también a músicos de renombre como Grateful Dead, Michael Jackson, Whitney Houston, Red Hot Chili Peppers, Prince, Pearl Jam, Mick Jagger…

El libro permite conocer los pinitos que hizo Kobe Bryant en la música, llegando a hacer un disco cuya edición fue cancelada por la discográfica. O también la existencia de unas escenas de baloncesto de un partido entre grandes filósofos y jugadores de los Knicks que se eliminaron del montaje final de “Annie Hall”, película de Woody Allen, gran aficionado a la música y el baloncesto, y de quien se incluye alguna que otra frase de esas que no nos puede dejar indiferentes: “Créanlo, incluso para ser así de malo, debo ensayar todos los días”, refiriéndose a sus habilidades con el clarinete, instrumento que toca en la “New Orleans Jazz Band”.

También hay capítulos que relatan la obra y milagros de determinados jugadores (Manute Bol, Nate Davis, Wilt Chamberlain) bajo la excusa de que el grupo del autor hizo una canción sobre ellos, pero no por ello dejan de ser interesantes por las historias que se cuentan.

Y como no podía ser de otro modo, el libro tiene un capítulo sobre la relación de Kareem Abdul-Jabbar con el jazz, en el que se incluye la traducción de un texto del propio Jabbar en el que reflexiona sobre lo que supone esta música para él, y se remata con una lista de sus discos favoritos.

El autor considera el baloncesto el quinto elemento del hip-hop (junto al breakdance, los grafittis, el rap y los DJ´s) y aprovecha para relacionar las zapatillas Air Jordan con esta cultura, y apunta detalles sorprendentes sobre la influencia de la música en el diseño de algunos de sus modelos. Y posiblemente el capítulo más amplio es el dedicado al streetball para comentar sus orígenes, míticos jugadores de la calle en New York, la cancha más famosa, y hasta mencionar lugares de juego en España.

Es tal la cantidad de temas musicales con el baloncesto como protagonista que aparecen en el libro (como anécdota hay un listado de hasta 36 canciones que mencionan a “Magic” Johnson) que con su permiso me serviré de él para ir desgranando algunos de ellos en esta sección de “Basket Music”. Y aquí dejo una lista de reproducción de Youtube del autor que incluye muchos de los temas tratados en él:



Como en todo libro que incluye una cantidad notable de datos, existe el riesgo de cometer algún error, y en este caso no es una excepción. Así el autor coloca el “All Star” de 1989 en Dallas en vez de Houston, que es donde se jugó. Y menciona “Juego mortal” como el título de la película “Juego con la muerte” (“Game of death”) de Bruce Lee en la que aparece Abdul-Jabbar. Y cuando cita que Wilt Chamberlain es el único jugador de la historia que fue nombrado novato del año y MVP de la NBA en la misma temporada, también se equivoca, pues Wes Unseld también lo fue en 1969.

Luego en una mención al legendario entrenador de los Celtics, “Red” Auerbach, se añade una nota al pie de página donde se indica que ganó dieciséis títulos con Boston. Tal vez convendría aclarar que de ellos “sólo” nueve lo fueron como entrenador, y los otros siete los hizo en calidad de ejecutivo del equipo. Y si se cita a Al Attles, compañero de Wilt Chamberlain en Philadelphia, como posterior mánager general de los Golden State Warriors, cosa que es cierta, la verdad es que su posterior papel más relevante después de colgar las botas fue como entrenador de ese equipo cuando fueron campeones en 1975.

El autor también confiesa sus predilecciones y gustos baloncestísticos y musicales a lo largo del libro, en los que se puede coincidir o no, eso es lo de menos, pero también hace algún comentario que quizá no se ajuste demasiado a la realidad, como cuando al acercarse a los devaneos musicales de Lonzo Ball, denomina a éste como un “base anotador”, e incluso el recuerdo le juega una mala pasada al confundir el homenaje que recibió Michael Jordan en el “All Star Game” de 2003 cuando en el descanso de ese partido Mariah Carey cantó en su honor, cosa que hizo enfundada en una camiseta-vestido con el número 23 de los Wizards, equipo en el que jugaba por entonces Jordan, y no en una camiseta vintage de los Bulls como menciona él.



En cualquier caso, si la música y el baloncesto son tus aficiones, y te gustan las historias que relacionan ambas disciplinas, este libro tiene que estar en la estantería de tu particular biblioteca.

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lunes, 2 de noviembre de 2020

Mejora tu juego (19): Uso del tablero

Por Jorge

El baloncesto vive el boom del triple hasta el punto de que en las ligas profesionales, especialmente en la NBA, se intenta jugar sólo para el tiro de tres y las opciones dentro de la zona. Hasta el punto de que en ocasiones se renuncia a tiros de media distancia en posiciones que podemos entender como “cómodas” para jugadores profesionales.

Por imitación, en la formación, y no me refiero sólo a la de élite, sino que también ocurre en la del baloncesto que vivimos día a día la mayoría, vemos a jóvenes que abusan del triple, y de ir “a la guerra” sin aprovechar esas opciones que ofrece la media distancia. Y dentro de esta se encuentra el tiro a tablero.

La sensación es que muchos no tiran a tablero porque no se entrena, porque el tiempo que se dedica en los entrenamientos al tiro de media distancia, tras pase o bote, en contraataque, o tras una parada, por ejemplo, es muy poco. Incluso diría que entre los jóvenes ese tiro está mal visto por considerar que el tiro bueno es el que entra limpio sin tocar el aro ni el tablero. Tal vez habría que hacer una labor didáctica en ese sentido para que desde muy pequeños se les haga entender que el tablero es su amigo, que a fin de cuentas para eso está, para utilizarse cuando es necesario, y para eso está dibujado ese cuadradito pequeño encima del aro.

En los siguientes cortes de vídeo se pueden ver algunos ejemplos que demuestran que bien ejecutado, el tiro de media distancia a tablero en 45 grados entre los 3 y 5 metros es una muy buena opción para anotar:



Pero el uso del tablero no sólo vale para esos tiros, o para una sencilla entrada a canasta (también a aro pasado), sino que en situaciones en carrera, forzados, con tráfico, y en posiciones frontales o cerca de canasta, apoyarse en el tablero es casi garantía de canasta… si se hace bien, claro. En el siguiente vídeo se pueden ver varios ejemplos:



El entrenamiento de estos tiros es sencillo, basta con dedicar tiempo a la técnica individual y utilizar la finalización a tablero como una opción más en la táctica individual (y en tiempos de coronavirus nadie puede decir que no tiene espacio para este trabajo). Los jóvenes pueden ver vídeos como estos y con sencillos ejercicios y correcciones pueden mejorar su puntería (buscando el punto exacto de contacto con el tablero), su toque (aplicando la fuerza correcta en ese apoyo al tablero), y a barajar otra opción más cuando vayan fuertes a canasta.

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viernes, 23 de octubre de 2020

Impaciencia en el banquillo

Por Jorge

La paciencia es una virtud, dicen, pero el baloncesto profesional no es muy virtuoso, y es que esta semana vivimos otro caso de impaciencia con el trabajo de un entrenador de baloncesto. Paco García, fue destituido en Baloncesto Fuenlabrada después de ¡sólo cinco partidos!

Algo hace pensar, y no es que quiera ser malpensado, que debía haber algún problema en ese vestuario, porque a este despido se sumó una reestructuración del cuerpo técnico y hasta la salida y entrada de jugadores.

La nota informativa que difundió el club fue muy escueta, y por supuesto, en los tiempos políticamente correctos que vivimos, nada decía más que hasta aquí hemos llegado, y si no se ganan partidos a otra cosa mariposa. No sé qué pensarán los aficionados del equipo, pero a lo mejor merecerían alguna explicación más.

Quién sabe, a lo mejor en el futuro, el entrenador dice esta boca es mía, y despotrica de algún jugador o de los gestores. Ahora toca callar y esperar que pase el tiempo para conseguir otra oportunidad y volver a un banquillo.

García llegó a Fuenlabrada el pasado mes de febrero con más de doscientos partidos en la ACB como entrenador principal (muchos más como ayudante), y con la misión de intentar apagar el fuego que por entonces había en el equipo, y que no era otro que el de tratar de salvarse del descenso. La pandemia paró la competición y aunque todavía quedaban partidos para el milagro, la situación salvó al equipo madrileño de una posible bajada de categoría.

La trayectoria de Baloncesto Fuenlabrada en ACB tuvo altibajos a lo largo de su historia, con algunos descensos y ascensos como corresponde a un club modesto que seguro que siempre manejó presupuestos ajustados, con todas las limitaciones que ello supone a la hora de fichar, jugadores y también entrenador, claro. Y siendo así, sorprende una falta de paciencia que desde luego hay que reconocer que no disimuló.

Cinco derrotas. Primero en Santiago de Compostela, clara, pero jugando bien y compitiendo al menos hasta el tercer cuarto. Luego derrota contra el Baskonia de Euroliga en casa. Después de una jornada de descanso llegó una derrota dolorosa en Fuenlabrada por un punto (81-82) frente a Estudiantes. A continuación también derrota dura por sólo cuatro puntos (81-77) en cancha de Tenerife, por entonces líder invicto. Y finalmente derrota ajustada en casa contra Manresa (100-102).

Cinco derrotas, sí, pero tres de ellas con resultados muy ajustados. Y todo esto, tengo que decir condicionado por la pandemia, porque si el apoyo de la afición para cualquier equipo es genial, el público de Fuenlabrada aprieta como ninguno, doy fe, y me atrevo a decir que en el Fernando Martín su público “suma” algunos puntos en cada partido. En otro tiempo habría alguna victoria en el casillero fuenlabreño, seguro, pero como no es así… a la calle. Una lástima, porque ya me dirán cómo puede un entrenador desarrollar su filosofía de juego con tan poco margen de tiempo. La dictadura del resultado.

Ahora a la llegada de un nuevo entrenador, Javier Juárez, se suma otro ayudante, Salva Guardia, que por cierto fue exjugador de la casa y que ejercía como director de cantera, pero que fuera de la pista sólo tiene experiencia en la gestión como director deportivo en Zaragoza y no en el banquillo. También sale Anna Montañana después de tres años como entrenadora ayudante. ¿Hablará ella de lo que pasaba en ese vestuario? Tal vez otros entrenadores podrían aprender de lo que pasó allí.



Otras veces la solución fue dar salida a algún jugador y traer a otro, como pasó aquí también, y a seguir remando sin romper una línea de trabajo, que si no obtuvo resultados hasta el momento fue por bien poco, señal de que no se estarían haciendo tan mal las cosas.

Javi Juárez, quizá esté ante una última oportunidad de engancharse en la élite. Entrenador de larga trayectoria en los banquillos, tiene poca experiencia en la ACB, de hecho, el también fue otro ejemplo de impaciencia con los entrenadores en su única temporada en la máxima categoría. Cuando entrenó en Murcia fue destituido después de una serie de derrotas en liga, pero ojo, con su equipo liderando la liguilla en la Basketball Champions League. Nada, que lo querían todo… o no sabían lo que querían.

Me pregunto si no había un candidato más cualificado para ocupar ahora el banquillo, porque la papeleta que tiene Juárez es más que complicada. Entiéndaseme, que si lo digo es porque su experiencia no invita al optimismo. Ya puestos a cambiar, ¿por qué no apostar por un entrenador más "consagrado"? Léase, Joan Plaza, por ejemplo.

Ojalá Juárez tenga más suerte esta vez, y sea capaz de reconducir al Fuenlabrada, pero ahora tendrá que establecer sus reglas de juego, de vestuario y demás, vamos, lo que viene a ser un trabajo que se hace en una pretemporada pero que tendrá que hacerlo durante la competición, así que veremos cuanto tiempo de adaptación le permiten, porque como no salgan los resultados…br />
Está claro que los plazos en los que se mueven estos equipos que pelean por salvar la categoría obligan a sus entrenadores a asumir el riesgo de trabajar en el filo, con muy poco margen, y desde luego a muy corto plazo. Y a lo mejor es ese el error, no tener paciencia.

Por cierto, si el entrenador fue el equivocado, ya puestos, ¿por qué no buscar culpables también en los gestores deportivos? Si tienen que rodar cabezas que caigan todas y no sólo la del entrenador, que la gestión implica también otros puestos, pero seguro que este fue el primer despido de un entrenador, espero equivocarme, pero no el último porque lo que pasó en Fuenlabrada es moneda demasiado común.

Sé que es una quimera imposible, pero estaría bien obligar a los clubes a respetar ciertos plazos y verse obligados a que los entrenadores puedan disponer de al menos una temporada completa para dejarles que puedan desarrollar su baloncesto, y aprender de los errores para hacer los ajustes oportunos. ¡Qué iluso! Maldita impaciencia.

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