lunes, 2 de noviembre de 2015

Camino largo y tortuoso para los Lakers

Por Jorge

La dinámica de Los Ángeles Lakers, transcurridos sólo tres partidos oficiales de este curso 2015-2016, no da atisbos de cambios respecto a las últimas temporadas. Los síntomas del equipo enfermo del pasado se mantienen y a priori hace imposible, no ya el acceso a playoffs, sino que el equipo sea mínimamente competitivo: la defensa (su ausencia) y Kobe Bryant.

Antes de pasar a hacer un análisis de cual es la situación actual y algunas de las circunstancias que vive el equipo, conviene que en este punto haga un inciso aclaratorio a posibles lectores no vayan a pensar que quien escribe es un “hater”, que se dice ahora, de Bryant, y que no aguanto tampoco el boato que suele acompañar a los Lakers por ser un equipo de tradición ganadora con multitud de seguidores en todo el mundo. De hecho, si escribo, y seré crítico, es porque servidor es precisamente uno de esos aficionados que ve todos los partidos del equipo angelino, y es seguidor del mismo desde hace algunos lustros, concretamente desde que tuvo conocimiento de la NBA a mediados de la década de los 80.

El draft

Finalizada la penosa temporada 2014-2015 (sólo 21 partidos ganados), el trabajo de pretemporada en los despacho se inicio con el draft 2015 que supuso la adquisición de D´Angelo Russell, Larry Nance jr., y Anthony Brown.


Mi opinión sobre Russell y su elección ya la comenté en la previa de la temporada a la hora de referirme (brevemente) al pasado draft, pero vuelvo a ello porque de momento las circunstancias me dan la razón sin que por ello pueda que al final dejen de dármela.

Russell podrá explotar en el futuro, nunca se sabe, pero a día de hoy es un jugador inferior a muchos que fueron elegidos después como Okafor y Porzingis, jugadores interior y versátil respectivamente, que quizá con menos potencial si parecen elecciones de rendimiento inmediato y seguro mientras que el base zurdo es la incógnita del melón por abrir. Su debut frente a los Wolves confirmó mi opinión: 27 minutos para más pérdidas (3) que asistencias (2). A mi juicio fue una elección errónea, y de momento Marcelinho Huertas (jugador del que puede aprender si quiere ser un buen director de juego) le come la tostada.

Para el resto de selecciones, y reconociendo mi desconocimiento del mercado joven de la NCAA, sólo puedo opinar por lo que les he visto en acción tanto en liga de verano como hasta ahora tanto en pretemporada como en estos tres primeros partidos oficiales. No parecen malas elecciones aunque dudo que disfruten de muchos minutos este curso y veremos en el futuro.

Larry Nance parece una elección demasiado alta (primera ronda) para el tipo de jugador que es. No queda definida cual es su posición: no tiene tiro para jugar por fuera, y aunque físicamente es bueno, no tiene tamaño para jugar por dentro. Su evolución dependerán de su trabajo cuando decida (o decidan por él) de qué quiere jugar. De momento después de este mate en pretemporada, y de sus antecedentes familiares, no extrañaría que fuera candidato a participar en el concurso del “All Star Weekend”.

Lo que he visto de Anthony Brown me gusta, un alero correcto con buena mano que deberá mejorar con el balón en las manos para crearse sus propios tiros, y físicamente para hacer frente a los rigores del baloncesto profesional. Se nota sus cuatro años universitarios, no se vuelve loco, consciente de su virtudes y sus defectos.

El mercado

El trabajo en los despachos continúo con la agencia libre, y la verdad, viniendo de donde viene el equipo, y sabiendo que otros equipos optan a mejores cotas deportivas, hay que reconocer que no se pescó mal en el mercado.


Brandon Bass es un currante del que no se puede esperar grandes acciones pero cumplidor para la tarea menos grata del juego (rebote, defensa, bloqueos…). Imagino que no le faltarían ofertas, pero jugar para una franquicia histórica en una gran ciudad como Los Ángeles también debe ser un buen aliciente para cualquier deportista.

Roy Hibert no es el que fuera hace varias temporadas en Indiana (“All Star” un par de veces), pero es un jugador veterano con cierta habilidad en la zona (buen gancho y hasta a veces movimiento de pies) y aunque nunca fue un intimidador, su tamaño da algo de presencia en la pintura, cosa que no es fácil de conseguir en el baloncesto de hoy en día ante la escasez de jugadores interiores.

Y por último, Lou Williams, actual mejor sexto hombre de la liga, es un jugón de notables condiciones ofensivas que ve el aro como una piscina con una alta capacidad de producción de puntos por minuto de juego. Realmente el fichaje más sorprendente, pues está un escalafón por encima de los anteriores, y bien podría ser pieza cotizada en un equipo con mayores aspiraciones de las que parecen tener ahora los Lakers. Como sorprende que él mismo no hubiese buscado otro destino con mayores posibilidades de pelear por un campeonato.

Dadas las condiciones de las que viene el equipo, la peor temporada de su historia, conseguir estas tres piezas es un éxito al que poder sumar los jóvenes valores que se consiguieron vía draft en años anteriores: Clarkson, Randle y Kelly.

Otras piezas para la reconstrucción

Jordan Clarkson fue probablemente el robo del draft del curso pasado. No todo iba a ser malo, y si la temporada fue desastrosa, al menos hubo margen para que éste tuviera muchos minutos y adquiriese una experiencia muy valiosa que le llevó incluso a formar parte del quinteto ideal de rookies.

No me parece que sea tan excelso como esa premiada inclusión en el quinteto de novatos pueda parecer, siendo un jugador que no termina de quedar definido como escolta o base. No es buen director de juego, ni es un escolta que pueda jugar sin balón. Esa indefinición puede ser virtud o defecto según sea lo que busquen sus entrenadores o en función de los compañeros que tenga en pista, pero sin duda marcha en buena dirección, apoyado en unas muy buenas condiciones físicas.

Julius Randle que por desgracia se lesionó apenas jugados unos minutos de su primer partido oficial parece que ha vuelto mejor preparado. No me convenció entonces y en la liga de verano de este año siguió sin hacerlo, apático, carente de regularidad, muy necesitado de tener el balón en sus manos con poca decisión y habilidad en el juego sin balón. Sin embargo en pretemporada me ha gustado por su agresividad hacia al aro (me recuerda salvando muchísimo las distancias a un joven Barkley recién llegado a Philly) aunque siga pareciéndome una lotería cuando bota el balón en campo abierto además de ser “demasiado zurdo”. Sin duda con mucho recorrido para mejorar.

Seguro que a más de uno habrá sorprendido que haya incluido a Ryan Kelly como jugador a tener en cuenta en la reconstrucción de los Lakers, pero me gusta. Se nota su paso por Duke con buena técnica/táctica individual, es jugador de equipo, y físicamente es mejor de lo que aparenta para su tamaño, pudiendo ayudar por dentro y en el perímetro.

La defensa (su ausencia) y los arreones del ataque

Después de ver la pretemporada y los primeros partidos oficiales, nuevamente como temporadas anteriores, la defensa es el principal problema del equipo. La llegada de Byron Scott, tras el experimento de Mike D´Antoni parecía que podía mejorar esa faceta del juego, pero de momento nada de nada.

No se comprende como en los últimos tres años no se haya corregido el tema defensivo y siempre se hagan los cambios pensando en la ofensiva como si el equipo no tuviera puntos en sus jugadores. El problema no está en ataque, o cuando menos ese apartado es más fácilmente corregible, está en la defensa.

La diferencia entre equipos que aspiran al campeonato, a meterse en playoffs o incluso a ser competitivos está en la defensa, y en los Lakers hace aguas por todas partes. Como aficionado veo que cualquier día se van a encajar 150 puntos en contra sino más después de ver siempre primeros cuartos que no es que estén cercanos a la treintena de puntos del rival sino que lo están más de los cuarenta. Una barbaridad contra la que es imposible competir por bueno que pueda llegar a ser el ataque.

La principal vía de agua de la defensa está dentro de la zona, concediendo demasiados puntos fáciles en la pintura (Sacramento anotó 80 puntos de sus 132), de tal manera que sorprenda la poca o nula utilización de Robert Sacre y Tarik Black en los primeros partidos jugados.

Ninguno de ellos es un excelente defensor, pero son los suficientemente rudos para por energía y algún mandoble que otro mejorar el rebote defensivo y hacerse respetar un poquito más en la zona angelina, donde parece que todo el mundo (grandes y pequeños) pueden entrar a su antojo.

En ataque alucina la diferencia de juego respecto de Oklahoma City Thunder, y no digamos San Antonio Spurs, por citar dos equipos que se enfrentaron recientemente antes de un partido de los Lakers. Ver un partido y luego otro es como ver dos mundos distintos. En esos equipos existe una circulación de balón (pases) y jugadores (juego sin balón) en una casi perfecta sincronía de movimientos fruto del altruismo en el juego que difícil es que consigan unos Lakers que abusan del bote y del tiro a la primera (sólo 18 asistencias en el debut liguero frente a las 14 que consiguió Ricky Rubio él solito).

Así mientras unos saben a lo que juegan, otros como Lakers tiran de arreones que cuando son acertados están bien, pero al final deja el resultado más en el “azar” del acierto que en el propio juego. Y nadie mejor que Kobe Bryant ejemplifica este estilo.

Kobe Bryant

Vista la pretemporada con y sin Bryant, los partidos son totalmente distintos si juega o no. Con él buena parte del juego gira a su alrededor, y aunque se mostrase más comedido en el juego con balón, al final siempre abusa de una selección de tiro en muchos casos discutible. Sin embargo sin él, la circulación del balón mejora, la mayor rotación de jugadores implica a más piezas y todas pueden sumar. Resumiendo, me parece que los Lakers juegan mejor sin Bryant que con Bryant. Hasta ahora en los tres partidos oficiales disputados es el peor jugador del equipo en la famosa estadística más/menos (-8.7) con él en pista.


Lo anterior puede sonar a sacrilegio, pero a estas alturas no se puede depender ya de un jugador de veinte temporadas en la liga. Y no se discute su calidad, que por supuesto sigue atesorándola, simplemente que debe ser dosificado de tal manera que su producción por minuto sea buena sin que por ello limite el crecimiento y aportación de otros jugadores.

Las lesiones y la edad son razón de peso para que Bryant jugase sólo 25-30 minutos por partido, a lo sumo, y según las circunstancias, sin embargo todos sabemos que pase lo que pase tiene licencia para hacer lo que le dé la gana, y la idiosincrasia general de la NBA establece que la estrella jugará pase lo que pase, es decir, esté o no acertado, con la única limitación de las faltas personales, el cansancio o las lesiones.

Nada tan negativo para cualquiera (en cualquier ámbito) existe como no ser conscientes de nuestras limitaciones, y por desgracia Bryant se cree ilimitado, y el paso del tiempo no perdona. ¿Qué mejor final de carrera que legar su habilidad y conocimiento del juego a los jóvenes jugadores que llegan a la liga (a Lakers)? Esa y no otra debería ser ahora su tarea, nada tiene que demostrar, es uno de los mejores jugadores de la historia, su palmarés está ahí, y siempre podrá destapar el tarro de las esencias en momentos puntuales gracias a sus excelentes fundamentos técnicos, sin duda uno de los mejores de todos los tiempos en ese apartado, que le permiten hacer prácticamente lo que quiera en una cancha de baloncesto. Ya en los partidos oficiales parece que por fin Bryant tendrá una limitación de minutos (28 minutos), pero lo cierto es que en su juego sigue pecando de individualista, e incluso ahora parece que se ha convertido en triplista (casi 10 triples por partido), como si cualquiera pudiera ser un Stephen Curry de la vida.

Nadie duda de que el escolta angelino sea capaz de meter de tres, es un anotador, y en racha es capaz de anotar esos tiros (hasta doce hizo hace años), pero lo cierto es que no es un fiable tirador de larga distancia como demuestra el porcentaje de tres puntos de su carrera (33% tirando cuatro por partido), y de ese modo sorprende ese abuso en el que parece metido con muchos de esos lanzamientos en posiciones extremadamente forzadas.

Recuerdo que a lo largo de su carrera tuvo en ocasiones etapas de altruismo en el que se dedicaba a pasar el balón con fluidez, y no deja de sorprender que a estas alturas que no tiene nada que demostrar, se empeñe en acaparar un protagonismo anotador que bien puede quedar cubierto en las posiciones exteriores por dos jugones que ven el aro como una piscina (Lou Williams y Nick Young) y hasta con Jordan Clarkson. Y así circular más la pelota y seleccionar mejor sus tiros. Pero supongo que esto es como la fábula de la tortuga y el escorpión, es su naturaleza jugar así, y pensar que pueda cambiar es poco menos que una quimera.

Al menos el jugador es consciente de su declive y ahora que tiene el porcentaje de tiros de campo más bajo de su carrera (31%) es autocrítico reconociendo su pobre nivel de acierto y juego en sus últimas palabras.

Bryant ya no está para ser la pieza clave de estos Lakers como no lo estuvo ya en las últimas temporadas. La edad y las lesiones no perdonan, y por desgracia no está rodeado de jugadores que puedan aprovecharse de su calidad (y viceversa). ¿A qué me refiero? Salvando épocas y comparaciones, Abdul-Jabbar vivía en los 80 su cuesta abajo fruto del paso del tiempo, pero tuvo la suerte de que llegara a Los Ángeles quien luego sería otra leyenda: “Magic” Johnson, y eso le hizo la vida más fácil a él posibilitando que alargara su carrera aún a buen nivel y añadiera unos cuantos títulos a su currículum, y a su vez que el equipo siguiera beneficiándose de su “skyhook” y su conocimiento del juego.

Si Byron Scott decidiese (y Bryant aceptase) que su rol fuera otro: menos minutos, menos tiros, aprovechar su visión de juego para distribuir el balón, juego al poste, y en general un papel encaminado a ayudar a los jóvenes del equipo a modo de último servicio a club de su vida, seguramente sería más productivo para la franquicia y permitiría ver un final más reposado y acorde con la categoría de esta leyenda, que lo es más allá de que en su última temporada sigan bajando sus números.

La temporada no pinta bien, y puede que por tercer año consecutivo los Lakers no alcancen los playoffs (la franquicia nunca vivió tal sequía jamás), pero sea como fuere y sabiendo que el camino será largo y tortuoso, algunos no dejaremos de seguir y apoyar fielmente (sin dejar de ser críticos también) los designios del equipo de púrpura y oro. Y así para todos ellos dejo el enlace con la guía para este curso 2015-16, y cierro estas palabras con otro a las mejores jugadas de la pretemporada que dejan algún atisbo de esperanza con algunas buenas acciones de las jóvenes promesas del equipo.

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