Por Jorge
A lo largo de la historia se vivieron diferentes curiosidades alrededor de estos premios, y polémicas sobre algunas de las elecciones. Ahora la controversia está centrada en la regla de los 65 partidos jugados para poder optar a los principales galardones.
65 partidos
La NBA llegó a un acuerdo con la NBPA (asociación de jugadores) en 2023 por el que a partir de la temporada 2023-2024, se exigía jugar un mínimo de 65 partidos de temporada regular para poder optar al premio de MVP, jugador con mayor progresión, jugador defensivo del año, y también para formar parte de los mejores quintetos del curso.
La medida de la NBA iba encaminada a evitar los partidos de descanso que se tomaban las estrellas para regular esfuerzos, y que iban en perjuicio de televisiones, aficionados y patrocinadores.
Ahora que las exigencias físicas (y la mala gestión de los entrenadores, de la que habría que hablar) hacen que muchas grandes estrellas no cumplan ese requisito por lesión, y se alzan voces críticas abogando por modificar esa medida cambiando ese número mínimo de partidos, o para establecer algún tipo de excepcionalidad para casos determinados. Por ejemplo, Luka Doncic, se perdió esta temporada varios partidos para ir a su país natal, Eslovenia, a seguir el nacimiento de una de sus hijas. Circunstancia que para nada tiene que ver con descanso pactado para el jugador, y sí con una situación personal ajena al juego. Por eso, cuando el esloveno se quedó fuera para el resto de temporada por una lesión a un partido de esa mágica cifra de los 65, algunos exjugadores de la liga pensaron que ese motivo personal no debería descartarle de la carrera para conseguir algún premio esta temporada.
Fijar un número mínimo de partidos de juego puede generar polémica, pero lo cierto es que esa condición se conoce al inicio de la temporada y es la misma para todos. Y las lesiones forman parte del juego, y unas veces les toca a unos y otras veces a otros. Cuestión diferente es que tal vez ese límite de partidos pudiera bajar para quedar, por ejemplo, en jugar más de la mitad de la temporada, es decir, 42 partidos. También, otra opción podría ser tomar como referencia el número mínimo de partidos que jugó un premiado en el pasado, y se me viene a la memoria que Bill Walton (Blazers) jugó 58 partidos cuando ganó el MVP en 1978, o los 50 que jugó Pat Ewing (Knicks) cuando ganó el premio al novato del año en 1986.
Sistema de votación
El premio al mejor jugador de la temporada (MVP) se estableció por primera vez en la temporada 1955-1956, con Bob Pettit (Hawks) como su primer ganador. Entonces este galardón se decidía a partir de los votos de todos los jugadores de la liga. Y así sería hasta el curso 1980-1981 en el que se cambió el sistema de votación, pasando la responsabilidad de elegir los premiados a un panel de 100 periodistas especializados que siguen la liga.
Los periodistas tienen que proponer cinco nombres para el premio. Los situados en la posición 1 obtienen 10 puntos. En la posición 2, siete. El tercero obtiene cinco puntos. El cuarto obtiene tres puntos, mientras que el quinto sólo uno. Al final, se hace la suma de cada jugador y quien reciba el mayor número de puntos se lleva el trofeo.
Tal vez se podría discutir los méritos de esos periodistas votantes, pero más allá de eso, sus elecciones son las de unos especialistas que se guían por sus preferencias personales, más allá de estadísticas individuales o número de victorias. En definitiva, vendrían a ser como aficionados que sí tienen derecho de voto, de tal manera que siempre pueden existir diferencias entre ellos, y también con el resto de aficionados, pero eso no quiere decir ni que sus elecciones sean injustas o que otros jugadores también puedan merecer el premio.
Los seguidores de la liga pueden mostrar su disconformidad o estar de acuerdo con los premios otorgados, así fue y así será siempre. Más ahora que tiene acceso a información en forma de estadísticas, partidos y “highlights” como nunca lo tuvieron antes, y que además pueden expresar su opinión a través de las redes sociales. Y seguro que la NBA está encantada de que esto sea así y que se genere debate y hasta polémica. Cuanto más se hable de la liga, mejor para sus intereses.
Por ejemplo, visto ahora con perspectiva, a muchos aficionados les llama la atención que Kobe Bryant sólo ganara un premio de MVP a lo largo de su carrera, igual que Shaquille O´Neal, quien tuvo una etapa de dominio en los Lakers, y, sin embargo, Tim Duncan y Steve Nash, coetáneos de ambos, ganaron dos. ¿Merecieron Kobe y Shaq más premios? Tal vez. ¿Fue injusto que ganaran más Duncan y Nash? Seguro que no. Todos ellos hicieron méritos para ganar.
Situaciones curiosas
Si nos remontamos más atrás en el tiempo, al siglo pasado, seguro que también se vivieron premios más o menos discutidos... que igualmente seguro que fueron merecidos, pero que dejan alguna circunstancia llamativa que merece ser comentada.
Kareem Abdul-Jabbar ostenta el récord de ser el jugador que mayor número de veces fue elegido MVP de la temporada regular (6), sin embargo, llama la atención el premio que ganó en 1976, en su primera temporada en Los Ángeles Lakers. Sus promedios estadísticos de aquel curso no ofrecen duda alguna del merecimiento de ese galardón: 27.7 puntos, 16.9 rebotes (líder liga), 5.0 asistencias y 4.1 tapones por partido. Un rendimiento individual espectacular… pero su equipo no se clasificó para los playoffs.
Ese caso de Jabbar de hace medio siglo puede servir para destacar que para recibir un premio individual ahora, además de jugar muy bien, ese juego debe ir acompañado del éxito colectivo, de las victorias del equipo. Ya que aquella fue la primera y única vez que el MVP fue a parar a un jugador que luego no jugaría postemporada.
Otra situación curiosa la protagonizó antes otra leyenda: Bill Russell (Celtics). El pívot de Boston fue elegido MVP de la temporada en 1961 y 1962, y, sin embargo, no fue seleccionado en el mejor quinteto de esos años. Algo llamativo pero que tiene una explicación. El premio al mejor jugador lo votaban los jugadores (como apunté), y los mejores quintetos eran elegidos por los periodistas.
Entonces la rivalidad entre Wilt Chamberlain y Bill Russell estaba en un punto muy alto, y las preferencias entre jugadores y periodistas se repartían entre uno y otro, de ahí esa “extraña anomalía”. Por cierto, Chamberlain promedió 50 puntos y 25 rebotes en 1962… y el MVP fue para Russell. ¿Llamativo? Seguro que sí. ¿Injusto? No lo creo. Los Celtics se convirtieron en el primer equipo que alcanzaba las 60 victorias en una temporada ese curso. Otra ejemplo que demuestra que el rendimiento colectivo puede influir en la decisión para otorgar un premio individual.
Vaticinios de BA-LON-CES-TO
El ramillete de jugadores que aspiran al MVP de este curso es posiblemente más amplio que nunca, y aunque cada uno tiene su favorito, no sería injusto si ese premio lo recibe Nikola Jokic, Shai Gilgeous-Alexander, Victor Wembanyama (si llega a los 65 partidos), Luka Doncic (si finalmente recibe la “bula” de la liga), Jaylen Brown…
Como aficionado al juego de pívot, y aunque en realidad el serbio haga de todo, como tirar de tres (a veces me parece que demasiado), subir la pelota y distribuir juego (líder de la liga en asistencias), y por supuesto jugar en la pintura, si tuviera que votar, mi voto sería para Jokic. Ahora bien, me parece que el premio será para Shai. El escolta de OKC es un ejemplo de eficiencia anotadora en el mejor equipo de la liga.
Para el entrenador del año también hay varios candidatos claros. J.B. Bickerstaff que ha dirigido a los Pistons al número uno del este; Joe Mazulla, que en una supuesta temporada de transición tras cambios y después de la lesión de Jayson Tatum, puso a los Celtics en el camino del título; Darko Rajaković mejoró el récord de Toronto en más de un 50% de victorias respecto al curso anterior, y tampoco se les esperaba en esa posición; Mark Daigneault, entrenador del equipo con el mejor balance de la temporada regular; Mitch Johnson, en su primera temporada como entrenador jefe tras su interinidad, lideró a los Spurs para superar las 60 victorias y casi doblar el registro del equipo respecto del curso anterior.
Mi voto sería para el entrenador de los Celtics, pero creo que la votación periodística otorgará el premio a Mitch Johnson. Será merecido en cualquiera de los casos.
br / El novato del año sólo tiene tres opciones claras, Kon Knueppel (Hornets), Cooper Flagg (Mavs), y VJ Edgecombe (76ers). Las estadísticas no arrojan grandes diferencias entre los dos primeros, y el mérito del tercero es haber destacado en un gran mercado con la presión que ello supone, y compartiendo pista con jugadores de muchos galones como Tyrese Maxey, e incluso Joel Embiid y Paul George, aunque estos últimos no estén en su mejor momento.
Si los votantes se decantan por la individualidad el premio será para Flagg, que parece claro que es el que tendrá mayor recorrido en el futuro, pero si pudiera votar, mi voto sería para Knueppel, por su nivel desde el triple (+42%) y que sus números tienen la valía de hacerlo en un equipo que jugará postemporada.
El defensor del año debería ser Wemby si alcanza el número mínimo de partidos. Vital en ese apartado para el buen rendimiento de su equipo, es alucinante su movilidad para intimidar a sus rivales. Si finalmente no llega a los 65, tal vez Chet Holmgren puede ser el elegido. Otro jugador clave para los Thunder, que son el mejor equipo defensivo de la liga.
Para el sexto hombre de la temporada todo apunta que el premio estará entre Keldon Johnson (Spurs) y Tim Hardaway jr. (Nuggets). Teniendo en cuenta que las estadísticas de uno y otro son muy similares, la mejor temporada de San Antonio debería desequilibrar la balanza del lado del jugador de los Spurs.
Por último, el premio al jugador más mejorado, y siguiendo la estela de los premiados de los últimos cursos, jugadores que alcanzaron el estrellato formando parte del “All Star Game”, Jalen Duren (Pistons) y Deni Avdija (Blazers) parecen los candidatos destacados, y aquí la temporada de Detroit debería desequilibrar la balanza.










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