Por Jorge
Hace varias semanas pudimos ver a un jugador “defendiendo” zapatilla en mano tratando de hacer un tapón:
La acción más propia de una “pachanga” entre amigos que de un partido de baloncesto profesional, conllevó la protesta de jugador y entrenador porque se sancionó con falta técnica al utilizar un elemento ajeno al juego: la zapatilla.
No cabe duda que es elogiable el “esfuerzo defensivo”, aunque más bien habría que pensar que no anda muy bien de la cabeza. Imaginad que otro le pisa su pie descalzo durante esa acción y se lesiona...
Y no es la primera vez que se ve algo así. Para muestra otro par de ejemplos de cursos anteriores...
Ahora bien, más allá de la curiosidad, ¿cómo es posible que pierda la zapatilla sin que nadie le pise? ¿No sabe atarse los cordones? Pero es que incluso en los otros ejemplos tampoco parece que les pisan más que levemente, y pierden la zapatilla, da la impresión, con una facilidad pasmosa, probablemente porque en realidad no las llevan muy bien ajustadas.
No tener las zapatillas bien puestas puede ser un problema que acabe en lesión, y esto también pasa fuera del baloncesto:
Hace casi una década ya escribí sobre la necesidad de enseñar (también) a los jugadores a ponerse las zapatillas y recurrí a una “anécdota” que no lo es tanto, de una leyenda de los banquillos como John Wooden. Nunca está de más volver a recordar enseñanzas de un maestro.










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