Por Jorge
Antes de ir con las sugerencias propiamente dicho, la primera idea que hay que destacar y tener muy claro es que el baloncesto de formación no es baloncesto profesional, aunque sus entrenadores tengan que ser muy profesionales a la hora de hacer su trabajo... sin que sus emolumentos se correspondan con esa responsabilidad (y, por desgracia, llevemos “siglos” sin resolver este problema).
Y es que salvo excepciones que se pueden contar con los dedos de las manos, la mayoría de los equipos de formación no tienen los resultados como su principal objetivo… aunque todos queramos ganar, pues ¿acaso alguien juega para perder?
Sólo unas pocas canteras de equipos de élite, y principalmente a partir de cadetes como pronto, basan su trabajo en intentar conseguir jugadoras o jugadores para un primer equipo. El resto intentando la máxima mejora de chicas y chicos, sólo pueden llegar ahí por otros caminos que no tienen que ver del todo con las características propias de la “aristocracia” del baloncesto.
Todo esto relativo a resultados tienen que tenerlo claro, directivas antes y entrenadores después, para que las familias sean consciente de ello. Insisto, siempre se juega a ganar, eso es intrínseco desde niños, pero hay que saber que no se puede ganar de cualquier manera, porque una victoria hoy puede ser una derrota mañana. Mientras que crear unos cimientos sólidos de educación deportiva en los jóvenes siempre tendrá valor a medio y largo plazo.
Ahora sí, toca ir propiamente con las recomendaciones que pueden ayudar a entrenadores más jóvenes o inexpertos que forman parte del baloncesto formativo, y que no olvidemos que es el mayoritario en nuestra sociedad.
Todos juegan
Una chica que no juega o un niño que no pisa la cancha en un partido, especialmente en la iniciación deportiva, son susceptibles de cambiar de deporte buscando eso, jugar. Y no es malo de por sí que eso pase, pero de primeras un entrenador de baloncesto de formación en las primeras etapas, si tanto ama su deporte y si realmente quiere tener éxito, éste pasará por hacer que las niñas o niños que entrena quieran seguir en el baloncesto, y, a su vez, esto pasa por jugar.
El reglamento pasarela (con diferentes matices según la comunidad autónoma, en el caso español) ya se encarga de asegurar que en el minibasket todos jueguen, y sólo el entrenador decidirá quién podrá hacerlo más o menos. Sin embargo, voy más allá, ese “todos juegan”, que aparece encabezando este apartado, lo extendería a todas las categorías de formación independientemente de la edad. Y, sí, sé que esto puede llevar a opiniones enfrentadas y hasta cierta polémica.
Y es que en este punto otros entrenadores podrán decir, sin que les falte parte de razón, que cómo se va a hacer jugar, por ejemplo, a quien falta a entrenamientos en detrimento de otras compañeras o compañeros de equipo que no faltan. Y, ahora viene el matiz, una cosa es que jueguen, y otra que lo hagan por más tiempo que las que sí van a entrenar.
Para un entrenador es muy sencillo dejar sin jugar a quien no va a entrenar. Y así, un quebradero menos de cabeza a la hora de cuadrar rotaciones llegado un partido. Sin embargo, esa o ese que no juega, va al partido, y si esta situación se repite en el tiempo, la probabilidad de que abandone el baloncesto (y hasta puede que el deporte) crece de manera notable. Mientras que si juega aunque sea cinco minutos en la primera parte y otro par en la segunda, seguirá sintiéndose parte del juego, y cuando quiera más minutos, bastará con decir que entonces tendrá que entrenar más días para tener opciones de conseguirlo… sin que ello garantice nada si todas en el equipo van a entrenar, en cuyo caso habrá que valorar otras circunstancias como esfuerzo, compañerismo, deportividad… y en último término, rendimiento.
Cuántas veces un niño falta a un entrenamiento porque su madre no le puede llevar, o porque tiene una cita médica insustituible en tiempos de precariedad sanitaria, o porque tiene que ir a visitar a un abuelo, o ir al cumpleaños de un primo… Y podría citar otros ejemplos en los que quizás él quiera ir al entrenamiento, pero circunstancias ajenas le impiden hacerlo.
Y, por otro lado, cuando se justifican los minutos de juego por la asistencia al entrenamiento, en realidad, muchas veces todos conocemos casos en los que algunos “están de cuerpo presente” pero sus mentes y esfuerzo están muy por debajo de lo deseable. Y quien falta, sin embargo, cuando sí va a entrenar se esfuerza el doble que el resto. ¿No merece entonces jugar?
Además, en ocasiones se da el caso que quienes entrenan toda la semana a gran nivel, luego resulta que se lesionan o surge cualquier circunstancia que les impide ir al partido… y entonces sí, hace necesaria la participación de quienes no queríamos que jugaran. En definitiva, sea como fuere, todos tienen que jugar, otra cosa es que quienes más méritos hayan hecho durante la semana de entrenamientos deban jugar más tiempo. Y es que la única razón válida para mí que debería dejar sin jugar a alguien es la falta de respeto hacia cualquiera del equipo, y ya durante el partido, hacia los árbitros y adversarios.
Un partido dura más de 40 minutos
Al hilo del juego, los entrenadores tienen que enseñar cuanto antes que un partido ni empieza con el salto inicial ni termina cuando suena la bocina o el pitido del árbitro al final. Porque antes hay un calentamiento previo, que, por cierto, en todas las categorías, puede utilizarse casi como un entrenamiento más, que muchos se quejan del poco tiempo que tienen de pista para entrenar, y, sin embargo, luego lo pierden antes de cada partido haciendo una rueda sin sentido como la que hacen los equipos profesionales.
Aprovechemos el calentamiento para repasar detalles trabajados durante la semana, para reforzar conceptos que queremos poner en práctica luego en el partido, incluso para hacer juegos que rebajen la tensión de chicas y chicos antes del partido si fuera necesario. Pero aprovechemos ese tiempo para algo más que “calentarles la oreja” con charlas prepartido impropias no ya de un equipo de minibasket sino hasta de un equipo de élite porque de repente nos creemos que vamos a jugar el partido del siglo.
Igualmente, el descanso es otro buen momento para hacer algún ejercicio diferente, por supuesto, eso sí, igual que en el calentamiento, que no suponga un desgaste excesivo tanto física como cognitivamente, pero que pueda ayudar para cierta mejora concreta.
Y será importante que el entrenador haga hincapié siempre a sus chicos o chicas que ese tiempo de calentamiento o de descanso también forma parte del partido, como también lo es el tiempo que se pasa en el banquillo respecto del tiempo en pista, para que llegado el momento de que llegue alguna queja porque no se jugó o se jugó poco, recordar que al menos todos disponen de ese calentamiento y descanso para jugar.
Autonomía haciendo de todo
En categorías de formación todas las niñas y niños tienen que aprender a hacer de todo y a tener todo tipo de experiencias. No especialicemos a nadie desde el principio indicando quien tiene que marcar a quien, cual es el que saca, quien tiene que subir la pelota o si aquella no puede tirar o solo puede hacerlo desde cerca. Ya llegará en el futuro, si tocan el alto rendimiento, tiempo para que se especialicen en determinadas posiciones o para ejecutar determinados movimientos concretos.
Y relacionado con lo dicho antes, un objetivo fundamental de un entrenador de formación consiste en conseguir que los jóvenes que entrena sean autónomos por sí mismos, es decir, que sean capaces de hacer aquello que entrenan, tomando decisiones por sí mismos sin que nadie tenga que decirles lo que tienen que hacer. Y para conseguir esto, en nada beneficia una práctica habitual en muchas pistas, que es la de “radiar los partidos”. Entrenadores que se dedicar a vocear a cada niño qué tienen que hacer en todo momento: cuando tienen que pasar o tirar, si tienen que salir botando o ir al rebote…
Los partidos no son un videojuego en el que el entrenador puede tocar un botón y hacer que cada jugador haga lo que se debería hacer, porque si se sigue esa “táctica”, cuando no se les diga lo que tienen que hacer… no sabrán hacerlo.
Por cierto, que esa “radio” tampoco provenga de la grada. El entrenador tiene que tener también entre sus objetivos para los partidos, que quienes juegan sólo presten atención a lo que pasa en el partido, y, en todo caso, a lo que les dice él, ignorando los comentarios que puedan llegar desde las gradas. En este punto será importante hacer a ese respecto cierta labor educativa con madres y padres.
Menos palabras y más observación
Relacionado con lo mencionado antes, en ocasiones se ven a entrenadores de formación desgañitándose en la banda para dar instrucciones… que a quienes juegan poco o nada les interesa. Qué quiero decir con esto. Pues que si las chicas o chicos están centrados en el juego, difícilmente van a hacer caso (o al menos no deberían), y las únicas oportunidades para dar alguna instrucción, siempre sencilla, breve y concreta, serán los tiempos muertos o cuando el tiempo de juego esté parado como pueda ser en una situación de tiro libre.
Algunos creen que el entrenador que está sentado en el banquillo sin apenas decir nada, observando cómo juegan no está haciendo bien su trabajo, y no estoy de acuerdo, al contrario, creo que esa es la actitud correcta, mirando que hacen para, eso sí, reforzar con gestos y algunas palabras clave puntuales aquello que hacen bien quienes juegan, o para animar cuando se comete un error o se tiene un fallo. Más allá de eso, todo lo demás sobra.
Errores y fallos
La siguiente recomendación es aplicable también a los entrenamientos, y tiene que ver con la necesidad de enseñar a diferenciar entre errores y fallos a quienes entrenamos y dirigimos en los partidos, y especialmente a no penalizarlos para que se atrevan e intenten mejorar, sobre todo cuando se pretende afianzar un gesto técnico o un detalle táctico.
Tenemos que enseñar que nunca habrá partido en el que no se cometa errores o se tengan fallos, pero no por ello hay que dejar de jugar y volver a intentarlo. Otra cosa será que debamos corregir y enseñar la manera correcta de ejecutar o decidir, pero insisto, jamás penalizar de tal manera que los más jóvenes luego no se atrevan a poner en práctica en los partidos aquello que están aprendiendo en los entrenamientos.
Al final… calma y gracias
Como se dijo al principio, siempre se juega para ganar… pero muchas veces se pierde. Incluso a veces se gana… jugando mal, y se pierde jugando bien. En cualquier caso, el entrenador debe ser ejemplo de autocontrol, y al final de los partidos deberá tener la serenidad suficiente como para estrechar la mano de los adversarios, sea cual sea el resultado.
Y ya habrá tiempo de correcciones y valoraciones sobre lo que se hizo en el partido en futuros entrenamientos. Después de un partido, en caliente, conviene, otra vez, ahorrar palabras y mantener la calma, agradecer al equipo su esfuerzo, desear un buen fin de semana o de resto del día, y como mucho recordar el horario y día del próximo entrenamiento.
Esta recomendación no sólo se refiere a la reacción respecto del equipo, sino también a la que pueda venir por alguna interacción de madres y padres al finalizar el partido. Si alguna vez se sufre algún “altercado” con los progenitores o tutores de las chicas o chicos tras terminar un partido, calma, y recordarles que siempre nos tienen a su disposición antes del próximo entrenamiento o después de fijar una reunión junto al director deportivo, por ejemplo. Pero jamás entrar en provocaciones ni responder a comentarios en caliente.
Y una buena idea para no llevarse el partido a casa en la cabeza, y rumiarlo hasta el punto de no dejarnos dormir, anota en una hoja todos aquellos detalles más destacados del partido (buenos y menos buenos), para cuando llegue el momento de analizarlo y evaluar como sigue el rumbo individual y colectivo del equipo, evitar olvidos, pero, sobre todo, permitir que descansemos sin darle vueltas una y otra vez a lo que pasó en el partido.
Confío que las reflexiones recogidas aquí puedan ayudar a algunos entrenadores más inexpertos o, en todo caso, abrir debate si así lo quieren otros, porque estos pensamientos fruto de mi experiencia y conocimiento están abiertos a cambios y mejora continua.


