lunes, 8 de diciembre de 2008

Formación deportiva... y personal

Por Jorge

Hoy en día, el número de entrenadores con titulación y sobre todo con preparación para formar crece (lo cual no evita que algunos sigan cometiendo errores de bulto queriendo imitar a los pros y convirtiendo a sus infantiles en “sus” Lakers), con el consiguiente beneficio en la enseñanza para esos jóvenes deportistas que se acercan al baloncesto.

Estos chavales ganaron dentro de la pista, pero también fuera. (foto:gigantes.com)

Con ese beneficio no solo me refiero a la formación deportiva sino también a la personal. Recordemos que el baloncesto es un medio más para la formación integral de los jóvenes (e incluso también para los no tan jóvenes entrenadores).
En España nos jactamos de poder disfrutar ahora de una de las mejores hornadas de baloncesto de nuestra historia, y es así, pero no sólo por las canastas que anotan en los partidos, sino también por el buen trato y la buena educación que demostraron, demuestran y demostrarán en el futuro. ¿Tiene que ver en ello la formación deportiva y personal que recibieron en sus años mozos? Seguro.

Esto puede servir de ejemplo para nuestros jóvenes deportistas (ahora Ricky Rubio es otro excelente ejemplo) que están aprendiendo para que se den cuenta de que las capacidades deportivas no van reñidas de las personales, y sobre todo es un buen ejemplo para aquellos padres que justifican las ausencias a los entrenamientos (por estudios u otras actividades extraescolares), cuando en realidad lo que consiguen con ello es reducir la formación personal de sus hijos.

Valores como el esfuerzo, la solidaridad, el compañerismo, etc. son habituales en nuestro deporte. ¿Qué padre no quiere ver reflejados estos valores en sus hijos?

Igualmente hay ejemplos de entrenadores que lejos de fomentar esos valores, se sitúan en posiciones opuestas a través de su comportamiento: protestas a los árbitros, gritos e incluso insultos a sus jugadores porque no lo hacen bien (o como él cree que se deben hacer), poca paciencia con los chavales menos hábiles, sin mostrar el más mínimo interés por la persona (sí, esos jóvenes no son profesionales adultos, son personas que se están formando), chavales que se van a casa sin jugar (habiéndose perdido igualmente el partido, lo importante no es el resultado), no poniendo atención en la mejora de los jugadores en los entrenamientos, etc.

Desde aquí animo a la reflexión a aquellos padres (espero en otro futuro artículo añadir cómo pueden ayudar a sus hijos), que ven el baloncesto como una actividad más sin ninguna importancia para que pongan mayor interés y se preocupen por ejemplo conociendo al entrenador de turno y saber así sí tienen las cualidades –más allá de un título– necesarias para ayudar a sus hijos.

También espero que los entrenadores recapaciten y sepan entender su papel como formadores, y por supuesto que los jóvenes que se acercan al baloncesto sepan aprovecharse de los conocimientos y el buen hacer de tantos y tantos buenos entrenadores que no salen por la tele pero que son fundamentales..

Recientemente he tenido la oportunidad de visitar un colegio para la disputa de un partido, y ser recibido (bueno en verdad se limitó a abrirnos las puertas) por todo un campeón de Europa y del Mundo junior con la selección española (Carlos Sáinz de Aja). Desconozco el trabajo exacto que hace ahora, pero espero que sea el encargado de formar (aunque sin la repercusión mediática de una selección campeona) a nuevas excelentes personas (y no sólo deportistas) como ya ayudó a otros que todos vemos ahora por la tele, y que demuestran que la excelencia personal no está reñida con la excelencia deportiva.

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