viernes, 6 de enero de 2017

Miscelánea (2): 15 minutos de fútbol

Por Jorge

Sitúense. Hora de cenar, uno que llega tarde, y se encuentra en la pantalla un partido de fútbol, y de vez en cuando entre bocado y bocado echa un ojo y pone la oreja a ver que se cuece…

El caso es que lo llaman el deporte rey, y mira que hacía siglos que no lo miraba e iluso de mí pensaba que habría mejorado. Sin embargo bastaron quince minutos para hacer que esté más convencido que antes de que es un deporte que jamás recomendaría a nadie, al menos para que se aficione a él, otra cosa para jugarlo… si se juega con deportividad, claro.

Me cuesta comprender que los padres quieran que sus hijos se aficionen al fútbol. Y sé que generalizar no está bien, y que desde luego hay sitios donde se juega respetando unos valores que el fútbol profesional se salta a la torera una y otra vez. Y para más inri se glorifica fomentando una afición que a mi juicio supone más perjuicio que beneficio, porque los comportamientos que se ven dentro del campo (y algunos también fuera) son los que erróneamente imita la chavalería.

Pues como decía, vi quince minutos. En ese tiempo pude ver como un jugador se llevó un golpe, del que luego acusó (de su voluntariedad) a otro, por supuesto con malos modos, y llamándole hijo de tal en su cara. Afortunadamente el acusado reaccionó bien, sin embargo incomprensiblemente el árbitro zanjó la discusión con tarjeta amarilla para uno y otro jugador.

También vi como un jugador recibió un posible penalti, y al no ser señalado, sus compañeros rodearon al árbitro, casi zarandeándolo y gesticulando agresivamente. ¿Es eso lo que quieren los padres que aprendan sus hijos cuando no estén conformes con una decisión arbitral? Generalmente ese tipo de situaciones, incomprensiblemente para mí, terminan con alguna tarjeta amarilla, cuando en verdad creo que se debería sancionar con más dureza esos comportamientos maleducados y antideportivos.

Duele ver algunas caras de chulería y de “perdona vidas” de algunos jugadores de fútbol. Y de verdad, insisto, me cuesta comprender que los padres quieran que sus hijos vean eso y aprendan de ello.

Y ya el colmo es ver como los jugadores hacen del engaño un arte. En concreto en este caso, un gol claro pretendía el portero que no subiese al marcador tratando de convencer al árbitro de que no había entrado la pelota. ¿Ese tipo ve las imágenes televisivas? ¿Se ve a sí mismo protestando intentando engañar al árbitro (y al resto que lo vimos)? Curioso.

Ya que menciono las imágenes televisivas. ¿Por qué se tapan los jugadores la boca cuando hablan (especialmente con los árbitros)? ¿Qué memeces dirán para que no quieran que les lean los labios? Esto también me llama la atención.

Por cierto, las retransmisiones televisivas, igual que las radiofónicas que en algún caso seguí más, también tienen miga. Forofismo a raudales, comentarios de taberna, patadas al diccionario, lenguaje soez en algunos casos… y comentarios sobre fútbol, pocos, casi ninguno.

Concretamente en estos quince minutos vi una jugada en la que participó un jugador considerado, por lo que leo y escucho, de los mejores no ya del mundo, sino incluso de la historia. Sin embargo en esa jugada cometió un error garrafal a mi parecer, la repetición no le hacía ningún favor tampoco, cuando controlando una pelota, en lugar de dirigirse a un lado en el que sólo estaba un defensor, lo hacía al otro ocupado con hasta cinco por no dirigirse hacia el lado de su pierna “mala”. ¿Qué comentaron en la retransmisión? Nada de nada. Ah, perdió la pelota, por supuesto.

Para terminar, ¿alguien me puede explicar por qué hay que estar escupiendo constantemente en el fútbol? Lo había visto habitualmente en los jugadores, pero es que en esta ocasión se lo vi hacer también a uno de los entrenadores desde la banda. Créanme, jugué al fútbol como aficionado durante mi infancia y parte de mi adolescencia, todos los días y durante muchas horas, y no recuerdo que tuviese que escupir una y otra vez. Si alguien le ve la gracia a eso, por favor, que me lo diga.

Que me perdone si me leen los buenos aficionados, y sobre todo los buenos jugadores de fútbol, que seguro que también los hay, aunque me temo que son los que menos, y lo peor, a quienes menos bombo se les da, como si fuese necesario ser un chulo arrogante y maleducado para jugar bien al fútbol. Y por supuesto, repito, estoy generalizando en mis comentarios, afortunadamente hay excepciones.

El caso es que a este paso no sé cuando volveré a ver algo de fútbol, pero me bastaron quince minutos para estar más convencido (y agradecido) de haberlo mandado a paseo para disfrutar cada vez más del baloncesto.

Recuerdo que el anterior presidente de la federación española de baloncesto (que arrastra algunos asuntos turbios, y es que en mi querido deporte no todo es de color de rosa), decía que uno de sus objetivos era que hubiese un balón de baloncesto en cada casa. Hoy que es día de regalos, me temo que la pelota no será la estrella en casa de los jóvenes ahora que se lleva más el mundo digital, pero me gustaría que el balón de baloncesto le ganase la partida a la pelota de fútbol. Por mi parte ya puse mi granito de arena.

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