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miércoles, 11 de febrero de 2026

Miscelánea (8): El mundo está loco, loco, loco, loco

Por Jorge

Pasó tiempo de la última vez que escribí una entrada en esta sección de “Miscelánea”, que poco o nada tiene que ver con el baloncesto, así hago esta advertencia por si llega algún lector nuevo al blog, o por si de los dos o tres que me leen, se sorprende por las palabras que vendrán a continuación.

Por cierto, con el título no me refiero a la conocida (para algunos, supongo), película de Stanley Kramer, clásico del cine y una comedia muy recomendable para olvidarse por dos horas y media… del mundo que nos rodea, que realmente sí, está loco.

La semana pasada todos leímos sorprendidos el siguiente titular referido al mandatario de la máxima potencia mundial:



Si alguien no conoce el medio, “20minutos”, puede pensar en una exageración o que es sensacionalismo, típico de una red social, para ganar lectores. Pero si pinchamos en el enlace, la información, aunque parezca surrealista, es real.

Debería llamar la atención que un dirigente político de ese calado se dedique a publicar un insulto racista sobre un antiguo presidente y su mujer en una red social, y da igual, la vida continúa como si nada.

Si tenemos en cuenta los antecedentes del personaje, si revisamos su “currículum”, realmente se hace difícil entender cómo pudo ser el político más votado, no en una sino en dos elecciones a la presidencia. ¿Perdió el sentido común la sociedad de ese país?

Existe una famosa expresión que dice que “la mujer de César no solo debe ser honrada; además debe parecerlo”, y en este caso, no sé cómo de honrado será, pero parecer, parecer… me abstendré de decir qué parece. Eso sí, en su haber hay que decir que no se esconde. Es lo que se ve… y, sin embargo, gana elecciones, lo cual me parece que no habla muy bien de los votantes de su país.

La política ha derivado en tal circo, que da igual que estemos regidos por tarados o ignorantes (o ambas cosas), y lo peor es que parece que a la sociedad le da igual, allí y en todas partes.

Por ejemplo, y aunque pueda parecer anecdótico, por estos lares tenemos un político que en tres de cada cuatro intervenciones públicas (siendo generoso) se confunde más allá del lapsus, su facilidad de palabra queda en entredicho demostrando dificultades para explicarse, lo que pone en duda que realmente sepa qué está diciendo… pero goza del crédito de buena parte de nuestra sociedad. Y esto, insisto, me parece que no nos deja en muy buen lugar.

Verdad es que entre tanta mediocridad, parece que no haya político bueno, y en todo caso, no nos queda más remedio que conformarnos con el menos malo, ante la indiferencia y la inacción. Estamos tan embotados entre el bombardeo de informaciones sesgadas cuando no de noticias falsas (“fake news”), que unido a la falta de interés por la “educación informativa” nos lleva a “tragarnos” cualquier cosa sin molestarnos en tratar de verificar la realidad, y parecemos ajenos a cuanto sucede en el mundo político como si no fuera con nosotros. Y al final pagaremos las consecuencias.

Termino volviendo al cine con el que empecé, y es para citar una frase que se le suele atribuir al genial Groucho Marx: "Es mejor permanecer callado y parecer tonto, que hablar y despejar las dudas definitivamente". A algunos me parece que les convendría callar, pero afortunadamente hablan. Ahora hace falta que los demás aprendamos a escuchar para evitar este mundo loco, loco, loco, loco, y así recuperar algo de cordura.

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viernes, 11 de octubre de 2024

Miscelánea (7): Idiomas, querido, el perruno también

Por Jorge

Una frase famosa que suele decirse para reconocer las bondades de los perros como animales de compañía es la que se atribuye a Lord Byron y que dice que “cuanto más conozco a las personas, más quiero a mi perro”. Y la verdad es que por mi experiencia no le faltaba razón a este poeta romántico. Reconozco esa aseveración para dejar claro que cuanto digo a continuación en nada tiene que ver con los perros, sino más bien sobre algunos de sus dueños.

Por mi parte, una máxima que intento llevar siempre por delante es la de no molestar. Supongo que no lo consigo siempre porque vivimos en un mundo de gente con la piel muy fina, y ya sea por lo que haces, y también por lo que dejas de hacer, que incluso defendiendo la discreción y tratando de pasar desapercibido, a buen seguro que genero alguna molestia aunque sea trivial.

Mi relación con el mundo perruno nunca fue muy buena, pero tampoco mala. No me disgusta hacer alguna carantoña a ese perro bonachón que se acerca juguetón moviendo el rabo, pero tampoco me lanzo a la búsqueda del primero que se cruza en mi camino para acariciarle como si fuéramos viejos amigos.

Últimamente quizás me haya hecho más retraído del mundo perruno, seguramente ayudado por el exceso que hay de ellos (más que niños, por cierto) por las calles, parques y caminos, que lo raro ahora es no cruzarte con una decena de perros de todo tipo de raza mientras das la vuelta a la manzana. El caso es que de un tiempo a esta parte fueron varias las veces que un perro suelto se me acercó con no muy buenas intenciones (aparentemente) cuando ni siquiera era mi objetivo llamar su atención.

Y siempre que pedí a sus dueños que lo llamaran para que se fuera con ellos, pareció molestarles. Como si no fueran responsables de la educación de sus mascotas y los demás tuviéramos que aguantar una situación que no buscamos y de la que desde luego no somos culpables.

Ya no digo si les dices que quizás deberían llevar a su can con correa. Por favor, si te molestan, lárgate tú a otro sitio, que ellos pueden campar a sus anchas (como sus dueños) por donde les plazca, pues no te olvides de que tienen tantos derechos como tú.

La última “aventura” perruna que viví me ocurrió hace varias semanas. Caminaba tranquilamente por el monte cuando de la nada apareció un perro casi tan grande como yo ladrándome con lo que me pareció no muy buenas intenciones, y no sólo eso, sino que salió escopetado hacia mí. Y a él le siguieron a continuación otros dos perros más con la misma actitud. Por supuesto, me asusté, no demasiado, pero lo suficiente como para estar más que incómodo. No hice ningún aspaviento, dije alguna palabra tranquilizadora, y tan sólo agite levemente el palo que llevaba (y que suelo llevar a modo de cayado caminante), sin agresividad, sólo para intentar mantener cierta distancia, cosa que no conseguí porque me rodearon.

La dueña apareció, y otra vez más, cuando le dije que los llamara no fuera que tuviera que hacer uso del palo para defenderme, lejos de pedir perdón, se indignó. Supongo que le habría parecido bien que me dejase avasallar por tres perros ladradores, seguramente poco mordedores como dice otro dicho, pero mejor no arriesgarse a comprobarlo. Menos mal que mi lenguaje corporal era tranquilo, dentro de la tranquilidad que se puede tener en una situación así.

Pero lo más llamativo de todo fue la extraña petición que me hizo: “tienes que hablar con ellos”, literal, y no amenazarles con el palo. Y no sé si es que estoy demasiado fuera de la realidad, que ahora no basta con aprender idiomas para comunicarnos entre nosotros, sino que hay que aprender a hablarles a los animales para que no se acerquen con malas pulgas.

Sorprendido, no pude más que contestarle que prefería hablar con personas, pero debo ser una rara avis. Está visto que la comunicación humana está de capa caída, al menos la interpersonal, y tal vez nos iría mejor si hiciéramos el esfuerzo por ser más empáticos, especialmente con los que se sienten indefensos, o que simplemente como en este caso, no quieren ningún tipo de interacción animal.

Además a su comentario añadió que no hacían nada, algo muy común entre los dueños de perros, lo que no sé es que cómo siendo así todos conozcamos a alguien que fue mordido por alguno, a lo que respondí que no les conocía (ni ganas tenía de hacerlo), y que mejor haría llevándoles atados, a lo que en otro salto mortal, añadió que estaban asegurados. Ya me quedo más tranquilo, añadí.

Puede que mis palabras pueda hacerles parecer que tengo algún tipo de inquina perruna, pero tengo que darle la razón al autor de la frase escrita en el primer párrafo, y añadir que cada vez que hablo con algunos dueños de perros, más estoy del lado de los animales que no tienen culpa del comportamiento de ellos, que mejor harían en educarles para interaccionar con las personas, o por lo menos para dejar en paz a quien nada tiene que ver con ellos.

No pretendo hacer de esta anécdota una generalización, porque sé de muchos (la mayoría) dueños de animales (no sólo perros) que les cuidan y educan, y que se comportan con el civismo que conlleva vivir en sociedad, pero de vez en cuando te encuentras con personajes que reafirman que ellos son el vivo ejemplo de que los perros son mejores que ellos.

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martes, 11 de agosto de 2020

Miscelánea (6): Mascarillas, responsabilidades y baloncesto

Por Jorge

La pandemia del coronavirus continúa, y por desgracia no parece que se haya aprendido mucho de cuanto se pasó porque todo apunta a que volveremos a vivir la misma situación que padecimos al inicio del estado de alarma.



Las principales medidas preventivas del contagio del coronavirus ahora mismo son el lavado frecuente de manos, la distancia social y el uso de mascarilla. Sobre lavarse mucho o poco que cada cual actúe como quiera, pero parece obvio que la mayoría sabe lo que es metro y medio o dos metros, y por supuesto lo que es la mascarilla, y como se debería usar, pero…



Ahora, de momento, en la mayoría del territorio español (en algunas zonas ya hay restricciones) vivimos una normalidad que como intentaron explicarnos es nueva, es decir, no puede ser la vida que llevábamos antes, y es que en el momento en el que se salió del confinamiento muchos parece que dejaron de ser conscientes de que no se puede, todavía, esperemos que en un futuro no muy lejano sí, hacer esa vida de antes de la pandemia. Por eso llama la atención que mucha gente se comporte como si no pasara nada. Y que vaya por la calle sin respetar los espacios y mucho menos sin la mascarilla.

Esas personas que no quieren utilizar la mascarilla, ¿acaso creen que al resto nos encanta ir con ella? Y mira que a los que no somos agraciados nos vino a rescatar este complemento para no asustar a los demás, pero es que los que tienen mucha jeta son esos que se creen que están por encima del resto, y no parece que sean conscientes de que con su uso estamos reduciendo las posibilidades de contagio del virus.

En mi caso, tengo que reconocer que cuando camino por zonas rurales o espacios naturales me quito la mascarilla. Bueno, más bien me la dejo colgando de una oreja mientras con la mano contraria voy agarrando la cinta libre por si fuese necesario volver a ponérmela completa al cruzarme con otra persona, algo poco probable aunque no imposible, en esos entornos que comento. Por supuesto camino prestando atención por donde voy, nada de estar en las musarañas.

Sin embargo en el entorno urbano, especialmente de núcleos de población grande no me queda más remedio que llevarla siempre puesta porque nunca sabes bien cuando te cruzaras con otras personas y si podrás mantener la distancia de seguridad.


Imagino que la mayoría actúa al menos como yo, por eso cuesta entender a esas personas que van con la mascarilla en la muñeca o el codo mientras van caminando mirando su teléfono móvil, por ejemplo. Y esas otras con quienes no te queda más remedio que cruzarte porque tenemos que ir por una acera minúscula, y sin embargo no la llevan puesta. Y encima si se lo reclamas, te afean el gesto. Por cierto, sobre los narcisistas, allá ellos con su belleza, pero ojo con los psicópatas para quienes piden que se pongas la mascarilla, a ver si encima se van a llevar algo más que una mala cara como respuesta.



Responsabilidad individual y política decepcionante


Las autoridades permitieron la desescalada y finalmente la denominada nueva normalidad apelando a la responsabilidad individual para poder convivir con esta pandemia hasta que se dé con una vacuna o un tratamiento eficaz. A mí me pareció un “movimiento” arriesgado, y quizás con él lo que pretendían fue quedar libres de gran parte de la suya.

Durante el confinamiento era habitual ver informaciones sobre el número de multas por saltárselo de manera injustificada, y sin embargo cuesta encontrar ese mismo tipo de información sobre multas por no usar la mascarilla. Y créanme que no hay día que no me cruce con varias personas que no la llevan, y no vivo precisamente en una localidad muy poblada, con que me puedo imaginar la situación en las grandes capitales.

También me llama la atención que se tardara tanto tiempo en hacer alguna campaña publicitaria de concienciación acerca de que hay que tomarse en serio la situación o las consecuencias pueden ser catastróficas. Y es que hasta donde sé, sólo hace unos días salió esta desde la comunidad de Madrid:



Volviendo sobre la responsabilidad de las administraciones es curioso que durante el confinamiento las calles y otros espacios públicos fueran desinfectados regularmente pese a que sólo salíamos para ir a comprar alimentos o medicinas y ahora que circulamos con total libertad, esa práctica cayó en desuso.

Durante el estado de alarma la mayoría fue consciente de que teníamos que aprender la lección y mejorar el sistema sanitario, especialmente la atención primaria, reforzar el sistema educativo para atender a los jóvenes bajo estas nuevas condiciones, y por supuesto invertir en investigación.

Sobre el último punto poco puedo decir, pero en cuanto a la atención sanitaria primaria llevamos semanas en las que sólo existe la atención telefónica (que para según qué dolencias ya me dirán para qué sirve), luego no parece que se haya reforzado, y eso que todavía no estamos en la tantas veces citada segunda ola (incluso cuando estábamos pasando la primera ya se mencionaba), y me temo que colegios, institutos y universidades están igual que antes de que empezara todo este desastre, con el profesorado quejándose porque resulta que se van a tener que encargar de responsabilidades ajenas a su profesión.

¿Tan difícil era que los políticos llegaran a acuerdos para mejorar la situación en sanidad y educación?

Baloncesto amateur y de formación

Como no puede ser de otro modo en un blog de baloncesto, aunque a veces me permita estas licencias con esta sección de “Miscelánea”, no quiero terminar sin referirme a las posibilidades de la vuelta a la actividad en el baloncesto amateur y de formación. O más bien a su no vuelta, porque como comenté en otra entrada del blog, se me antoja que tal y como está la situación es imposible volver a la competición.

Entiendo la queja de los entrenadores y demás gentes del baloncesto amateur que ven por las calles las terrazas y otros establecimientos de ocio llenos, y en algunos casos sin seguir medidas de seguridad, y sobre una actividad, sí, de contacto pero que puede ser reglada y mejor controlada como el baloncesto, todavía no existan más que restricciones. Sin embargo la realidad es que si tenemos que mantener distancia de seguridad y usar mascarilla cuando no se pueda, no podemos entrenar y jugar al baloncesto como a ningún otro deporte de equipo y/o de contacto. Y que en otros sectores se lo salten a la torera, eso sí, bajo el paraguas del permiso de la administración, a mi juicio no deja de ser un error. Si ellos se equivocan no queramos equivocarnos nosotros también.

Ya sé que es muy duro pensar en otra temporada incompleta o en blanco, pero el baloncesto amateur no se puede permitir una burbuja sanitaria como la ACB o la NBA, y ahora mismo la prioridad es la seguridad sanitaria, y por tanto ser responsables y tomar las medidas preventivas adecuadas.

Y para quienes hablan de la posibilidad de otra temporada perdida, eso dependerá de cómo seamos capaces de aprovechar este tiempo durante el que sí es posible el entrenamiento individual (aunque se rumorea que no habrá actividades extraescolares). La mejora en el tiro, el juego de pies, el bote y demás detalles de la técnica individual si es posible, así como en enseñanzas que tienen que ver con el conocimiento del juego como la simple observación del juego (uso del vídeo) para aprender algunos detalles. Ahora tocará a los entrenadores motivar a los jóvenes que sólo tienen en su horizonte como objetivo los partidos, y retarles a mejorar.

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sábado, 16 de mayo de 2020

Miscelánea (5): Oportunidades por el coronavirus

Por Jorge

Una crisis es una oportunidad para mejorar. Ahora que vivimos la pandemia del coronavirus es un buen momento para analizar cómo estábamos antes de esta situación, y cómo queremos estar después si queremos adaptarnos y estar mejor preparados para afrontar momentos similares en el futuro.

La denominada desescalada y la movilidad por franjas horarias están haciendo que en ciudades muy pobladas (y también en otras localidades que no lo están tanto) se haga difícil pasear y hacer deporte manteniendo la distancia social preventiva. Eso lleva a que en algunas se haya decidido peatonalizar algunas calles. La mayoría de las localidades viven bajo la “dictadura” del coche y debería darse prioridad a las personas, y si además queda demostrado que la contaminación bajó notablemente en estas circunstancias, tal vez se debería mantenerse esa peatonalización en el tiempo.

Relacionado con la movilidad y más allá de la repercusión que tuvo el uso del transporte público en la distribución del virus, ¿por qué no ampliar los servicios y las opciones para usar medios alternativos en las ciudades como la bicicleta? Ya de paso tampoco estaría de más aprovechar para reforzar el transporte interurbano, aumentando frecuencias de paso (de trenes y autobuses), extendiendo y mejorando esa red también por localidades que apenas disfrutan de opciones de transporte público con el consiguiente beneficio medioambiental.

Muchos de los que utilizan ese transporte público están teletrabajando. ¿Continuará el teletrabajo una vez superada la pandemia? Ojalá que sí para poder conciliar vida laboral y familiar. Otra cosa es que aquí también se puede mejorar. ¿Cómo? Optimizando los servicios de telecomunicación, de tal manera que las conexiones a internet mejoren y además bajen sus precios, que aquí en España se pagan a precio de oro una conexión que en muchos casos es deficiente. Además hay que mejorar la gestión del teletrabajo en la medida que ahora muchos trabajan más horas en sus casas que si fueran a su puesto de trabajo, y en ese sentido se hace necesario regular el derecho a la desconexión.

También a raíz de esta pandemia se demostró que la sanidad pública es un bien más que necesario, y pese a recortes y mala organización, sus profesionales demostraron que su trabajo es, nunca mejor dicho, vital. Una muestra de que la gestión es mejorable está en la existencia de diecisiete sanidades distintas, una por comunidad autónoma, de tal manera que hay dificultades para contabilizar datos sobre la enfermedad porque se siguen métodos distintos de recogida de información, y algunas regiones siguen sus propios protocolos.

Desconozco los motivos, más allá de los políticos, que llevan a la administración central a ceder las competencias sanitarias a las comunidades autónomas, pero la situación que se vive ahora demuestran a mi juicio que se hace necesaria una sanidad regida por una administración única y central, más allá de que se puedan tener en cuenta algunas particularidades para determinadas regiones.

Continuando con esa administración única, y sin menoscabo del buen trabajo que hicieron muchos docentes para intentar continuar con sus labores educativas durante el confinamiento, también me parece que esta crisis demostró que eso de que cada comunidad autónoma decida por su cuenta en materia educativa tampoco parece una buena idea. Y sin meterme con los contenidos y la baja exigencia académica que las sucesivas leyes y administraciones han supuesto, tal vez habría que darle una vuelta al sistema educativo, pues se demostró durante el confinamiento que cuestiones como la inteligencia emocional y la empatía, fundamentales para las relaciones interpersonales, así como la actividad deportiva y creativa (escritura, música, baile, etc.) que tan necesarias e importantes se han considerado durante el confinamiento, luego no tienen esa importancia en el día a día educativo. A todo ello súmenle que los recursos y formación del profesorado también es más que mejorable, y sin duda se tendrá que invertir y mejorar mucho si se decide aplicar para el próximo curso una enseñanza mixta: presencial y online.

Ya que me refiero a la educación, no quiero dejar de mencionar que cuando era más joven me parece que el respeto que se tenía por los mayores era notable, y ahora esta crisis demostró que ya no es igual hasta el punto de que muchos se tomaron a la ligera (y algunos siguen haciéndolo) esta crisis sanitaria porque afecta más a este grupo de la sociedad. Ojalá esta situación sirva para que muchos reflexionen y se den cuenta del valor de nuestros mayores, aprendan a respetarlos y a prestarles la atención que merecen, que no quiere decir que haya que estar de acuerdo con sus ideas, pero si a valorarles por tener la experiencia que no tenemos los demás.

Para terminar, la crisis trajo la recomendación de los especialistas de evitar la sobreinformación para mantener la calma ante la avalancha de informaciones que en muchos casos demostraban muy poco conocimiento de la situación, tan poco como que hasta médicos y científicos desconocen mucho sobre este nuevo virus, y había más sensacionalismo que información incluso en el uso de determinados datos por parte de los medios de comunicación.

Llevamos varios lustros hablando de la necesidad de reinventarse de los medios de comunicación tradicionales debido a internet, y ahora que toca la etapa de las suscripciones y muros de pago será difícil que sean rentables si no van acompañados de periodismo de calidad. Y es que una buena parte de la población se informa (o cree informarse) a través del batiburrillo (bulos incluidos) que circula por las redes sociales en internet, y es el momento de que los medios se alejen de la tiranía del clic y sean capaces de ofrecer informaciones contrastadas y reflexiones que ayuden a comprender el mundo en el que vivimos más allá de que luego cada uno desarrolle su espíritu crítico para acabar de formar su propia opinión.

Seguro que hay más aspectos de la vida cotidiana que pueden mejorar, sólo presenté algunas parcelas importantes, pero la conclusión es clara, hay que aprender de este proceso para que la denominada como nueva normalidad acabe siendo mejor que la que había antes de esta crisis, y eso depende de nosotros y de las decisiones que se tomen ahora pensando a medio y largo plazo.

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jueves, 2 de noviembre de 2017

Miscelánea (4): mucho coche

Por Jorge

Para quien haya leído ese encabezado y piense que voy a soltar una retahíla sobre el último modelo de no sé que coche, tuneo u otras zarandajas ya pueden volver por donde vino. No van por ahí los tiros. Más bien al contrario.

El otro día caminando por mi pueblo, como me gusta llamarlo a mí, aunque no sea tal por número de habitantes, y me veía rodeado de coches por todas partes, aparcados bien, mal o regular, invadiendo aceras y espacios en otro tiempo del individuo de a pie, coches en movimiento, ruidosos, peligrosos, contaminantes… se me vino a la cabeza una idea, que a buen seguro ya pensaron otros, para reducir el número de coches al menos en las grandes ciudades.

¿Por qué no limitar el número de coches de una familia a uno por domicilio? Tal vez sea una idea tonta de alguien que tiene poco conocimiento de la materia, o a lo mejor ya se estudió pero las ventajas que se ven por un lado se tornan inconvenientes por otro. Sin duda muy popular no parece que sería esta medida.

Como habrá adivinado el lector que haya llegado hasta aquí, no soy conductor, y no por eso dejo de reconocer la utilidad del coche… en determinadas circunstancias, que son muy pocas en el caso de las grandes ciudades que disfrutan de un sistema de transporte público más que aceptable. Otra cosa es en aquellos pueblos perdidos de la mano de dios en los que ver llegar un tren o un autobús es poco menos que un milagro.

Ahora mismo estamos viviendo unos niveles de contaminación en las grandes ciudades que alarman a las autoridades pero que debió hacerlo mucho antes, y me llama la atención que en las políticas que dichas metrópolis estiman para luchar contra este peligro se habla mucho del control del tráfico y sus restricciones, pero poco de la inversión en transporte público y en reducir con ello el uso del vehículo privado (¿y por qué no limitar su compra?).

Ya me imagino que la fuerza de la industria automovilística es tal que a ver quien se atreve a hacer frente a la principal fuente de contaminación, no sólo sobre el aire que respiramos, sino también desde el punto de vista acústico, por no hablar de su incidencia en la salud a otros niveles (el estrés que genera por ejemplo).

No sé si habrá estudios al respecto, pero basta con quedarse un rato mirando algunas de las carreteras de mayor tránsito para fijarse y ver que la mita de los coches sino más viajan con un solo ocupante. Tampoco sé si habrá estudios sobre los recorridos medios que hacen muchos de esos vehículos, pero hay gente muy perezosa, y siendo algo exagerado, que poco menos que va a comprar el pan a la vuelta a la esquina en su coche.

Por cierto, la bicicleta es un buen método alternativo para según que desplazamientos, pero las ciudades no están preparadas para ello, y seguramente la educación vial tampoco, y es que el conductor sigue considerándose el rey del mambo en las grandes urbes, con el riesgo que eso supone en muchos casos para quienes montan en bici.

Limitar el número de coches tal vez sería una opción si se invierte más y mejor en el transporte público, que si las arcas públicas tienen para salvar bancos, tampoco estaría mal dedicar un buen pellizco para la concienciación/educación vial y sobre todo para el transporte, en grandes ciudades, pero también en las pequeñas, que sonrojante es el aislamiento en el que viven algunos pueblos (me ha tocado y me toca vivirlo) porque a quien corresponde no piensa en sus gentes y mira el bien general desde un punto de vista capitalista/privado, y no pensando en el interés de quienes realmente lo necesitan.

Todavía recuerdo el tiempo en el que podías cruzar las calles del barrio y apenas si tenías que mirar a uno y otro lado porque solo pasaba algún coche de vez en cuando, cuando aparcar no era un via crucis para los conductores porque siempre había sitio, cuando te podías mover en bicicleta y monopatín sin ningún problema incluso haciendo un poco el burro. Ahora me temo que también eso sólo es posible en algunos pueblos.

Y no quiero terminar sin dejar claro a aquellos que contribuyen con su mal uso del vehículo privado, a ver si se les remueve un poco la conciencia...


No aguanto la "cultura del coche", y ni mucho menos esa sensación que tienen muchos (los jóvenes desde bien temprano) de que el coche parece una panacea de libertad, que sin coche no son nadie, y lo sé, soy un bicho raro por moverme en transporte público y simplemente a pie en los tiempos que corren, por lo que tampoco creo que pueda convencer a nadie, así que perdonen queridos lectores habituados a pasarse por aquí para leer algunas líneas sobre baloncesto, y hoy se encontraron con esta diatriba, sólo quería dar mi opinión y desahogarme un poco.

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sábado, 23 de septiembre de 2017

Miscelánea (3): desconectarse para conectar

Por Jorge

El pasado verano fui protagonista de un hecho anecdótico para mí, que sin embargo quiero compartir porque me parece que muestra un comportamiento que a muchos nos parece poco menos que una pérdida de tiempo demasiado cotidiana.

Por una circunstancia que no viene al caso tuve que hacer una gestión, para lo que acudí al lugar oportuno donde se guardaba turno de tal manera que había que pedir la vez para saber cuando te correspondía acceder al puesto en el que resolver tal gestión.

Después de pedir la vez y recibirla, al poco rato fue a mí a quien tocó dar la vez, y por supuesto respondí, tras lo cual me dediqué a esperar mi turno leyendo un libro.

Más tarde una señora entró en la sala pidiendo la vez y al no recibir respuesta tras dos intentos, uno de ellos mientras estaba junto a la persona a la que yo se la había dado, no tuve más remedio que poner fin al silencio incomprensible que respondía a las palabras de aquella mujer. Y así le dije que era ella, aquella joven que no respondía y estaba enfrascada mirando algo en su teléfono móvil (y así continuaría después), quien tenía que darle la vez.

Mis palabras poco más o menos fueron “es ella (señalándola) que parece que no se entera”, a lo que acabó por dar la vez, para después quejarse a mí por haberla llamado la atención. No era mi intención ofenderla, tal y como le dije, aunque es verdad que el “parece que no se entera” lo dije con algo de retranca.

Los tiempos cambian y hoy en día estamos (en general) permanentemente conectados a Internet por los diferentes dispositivos que lo permiten. No negaré que en mi caso también ocurre así a veces, aunque procuro establecer amplios momentos de desconexión para prestar atención a lo que me parece que puede ser más importante para mí, y que afortunadamente no tiene que ver con Internet.

Incluso intención tengo, y aquí lo digo públicamente, de intentar desconectarme más si cabe, y eso que observando el comportamiento general de quienes me rodean, mi caso sea el de alguien conectado muy de vez en cuando en comparación con el resto.

Creo recordar que leí o escuché en una ocasión que miramos el teléfono móvil un promedio de 150 veces al día según un estudio. Tremendo si consideramos que en la mayoría de las ocasiones lo hacemos para cosas poco útiles que no sirven más que para despistarnos de lo que realmente puede ser importante.

Ahora que este mes comienza la temporada para multitud de disciplinas deportivas, y en particular para el caso del baloncesto amateur, no pocas veces se ven a entrenadores mirando antes, durante y después de entrenamientos y partidos el teléfono, y no dudo que en ocasiones sea para cuestiones importantes aunque seguro que sean excepción. Igualmente muchos jóvenes apuran sus “miradas telefónicas” antes de comenzar sus entrenamientos para retomarlas inmediatamente después de acabarlos, si no es que durante los mismos suenan molestos pitidos por alguna interacción cibernética.

Así algo muy común hoy día son los grupos de whatsapp de los equipos, y aunque reconozca que en casos extremos pueden ser útiles, no soy nada partidario de ellos. Y mejor sería que los jóvenes prestaran más atención a las palabras de sus entrenadores y compañeros, pues ¿a santo de qué viene tener que estar recordando constantemente la hora de un entrenamiento o partido? ¿Tanto despiste había cuando no existían tales grupos?

Para que veamos que esos grupos no son tan necesarios o reflejan el mismo comportamiento desinteresado también en el ámbito digital. En mi caso una semana fue suficiente para comprobarlo esta temporada. Colocas en el grupo un archivo de texto con los horarios de entrenamiento de las dos primeras semanas… para que luego estén preguntando constantemente por el mismo grupo la hora de tales entrenamientos. ¿Para qué miran tanto el teléfono móvil si luego no leen lo que se les pone? Ya se lo digo yo, para perder el tiempo.

El siguiente spot que curiosamente es de una compañía telefónica, muestra qué nos estamos perdiendo por estar tan pendientes del teléfono móvil:


No sé si mejoraré mi objetivo, pero animo a todos a intentar limitar el uso de Internet a través de los dispositivos móviles (en especial los teléfonos), para desconectarnos de tal manera que podamos conectarnos con lo que nos rodea y que tantas veces nos pasa desapercibido. En el siguiente artículo tal vez puedan encontrar alguna idea para "desengancharse" un poco.

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viernes, 6 de enero de 2017

Miscelánea (2): 15 minutos de fútbol

Por Jorge

Sitúense. Hora de cenar, uno que llega tarde, y se encuentra en la pantalla un partido de fútbol, y de vez en cuando entre bocado y bocado echa un ojo y pone la oreja a ver que se cuece…

El caso es que lo llaman el deporte rey, y mira que hacía siglos que no lo miraba e iluso de mí pensaba que habría mejorado. Sin embargo bastaron quince minutos para hacer que esté más convencido que antes de que es un deporte que jamás recomendaría a nadie, al menos para que se aficione a él, otra cosa para jugarlo… si se juega con deportividad, claro.

Me cuesta comprender que los padres quieran que sus hijos se aficionen al fútbol. Y sé que generalizar no está bien, y que desde luego hay sitios donde se juega respetando unos valores que el fútbol profesional se salta a la torera una y otra vez. Y para más inri se glorifica fomentando una afición que a mi juicio supone más perjuicio que beneficio, porque los comportamientos que se ven dentro del campo (y algunos también fuera) son los que erróneamente imita la chavalería.

Pues como decía, vi quince minutos. En ese tiempo pude ver como un jugador se llevó un golpe, del que luego acusó (de su voluntariedad) a otro, por supuesto con malos modos, y llamándole hijo de tal en su cara. Afortunadamente el acusado reaccionó bien, sin embargo incomprensiblemente el árbitro zanjó la discusión con tarjeta amarilla para uno y otro jugador.

También vi como un jugador recibió un posible penalti, y al no ser señalado, sus compañeros rodearon al árbitro, casi zarandeándolo y gesticulando agresivamente. ¿Es eso lo que quieren los padres que aprendan sus hijos cuando no estén conformes con una decisión arbitral? Generalmente ese tipo de situaciones, incomprensiblemente para mí, terminan con alguna tarjeta amarilla, cuando en verdad creo que se debería sancionar con más dureza esos comportamientos maleducados y antideportivos.

Duele ver algunas caras de chulería y de “perdona vidas” de algunos jugadores de fútbol. Y de verdad, insisto, me cuesta comprender que los padres quieran que sus hijos vean eso y aprendan de ello.

Y ya el colmo es ver como los jugadores hacen del engaño un arte. En concreto en este caso, un gol claro pretendía el portero que no subiese al marcador tratando de convencer al árbitro de que no había entrado la pelota. ¿Ese tipo ve las imágenes televisivas? ¿Se ve a sí mismo protestando intentando engañar al árbitro (y al resto que lo vimos)? Curioso.

Ya que menciono las imágenes televisivas. ¿Por qué se tapan los jugadores la boca cuando hablan (especialmente con los árbitros)? ¿Qué memeces dirán para que no quieran que les lean los labios? Esto también me llama la atención.

Por cierto, las retransmisiones televisivas, igual que las radiofónicas que en algún caso seguí más, también tienen miga. Forofismo a raudales, comentarios de taberna, patadas al diccionario, lenguaje soez en algunos casos… y comentarios sobre fútbol, pocos, casi ninguno.

Concretamente en estos quince minutos vi una jugada en la que participó un jugador considerado, por lo que leo y escucho, de los mejores no ya del mundo, sino incluso de la historia. Sin embargo en esa jugada cometió un error garrafal a mi parecer, la repetición no le hacía ningún favor tampoco, cuando controlando una pelota, en lugar de dirigirse a un lado en el que sólo estaba un defensor, lo hacía al otro ocupado con hasta cinco por no dirigirse hacia el lado de su pierna “mala”. ¿Qué comentaron en la retransmisión? Nada de nada. Ah, perdió la pelota, por supuesto.

Para terminar, ¿alguien me puede explicar por qué hay que estar escupiendo constantemente en el fútbol? Lo había visto habitualmente en los jugadores, pero es que en esta ocasión se lo vi hacer también a uno de los entrenadores desde la banda. Créanme, jugué al fútbol como aficionado durante mi infancia y parte de mi adolescencia, todos los días y durante muchas horas, y no recuerdo que tuviese que escupir una y otra vez. Si alguien le ve la gracia a eso, por favor, que me lo diga.

Que me perdone si me leen los buenos aficionados, y sobre todo los buenos jugadores de fútbol, que seguro que también los hay, aunque me temo que son los que menos, y lo peor, a quienes menos bombo se les da, como si fuese necesario ser un chulo arrogante y maleducado para jugar bien al fútbol. Y por supuesto, repito, estoy generalizando en mis comentarios, afortunadamente hay excepciones.

El caso es que a este paso no sé cuando volveré a ver algo de fútbol, pero me bastaron quince minutos para estar más convencido (y agradecido) de haberlo mandado a paseo para disfrutar cada vez más del baloncesto.

Recuerdo que el anterior presidente de la federación española de baloncesto (que arrastra algunos asuntos turbios, y es que en mi querido deporte no todo es de color de rosa), decía que uno de sus objetivos era que hubiese un balón de baloncesto en cada casa. Hoy que es día de regalos, me temo que la pelota no será la estrella en casa de los jóvenes ahora que se lleva más el mundo digital, pero me gustaría que el balón de baloncesto le ganase la partida a la pelota de fútbol. Por mi parte ya puse mi granito de arena.

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lunes, 2 de enero de 2017

Miscelánea: 365 días y una fotografía

Por Jorge

El inicio de año es momento de cambios, propósitos, y de plantearse nuevas ideas, y así nace “Miscelánea”, una nueva sección de BA-LON-CES-TO en la que tendrán cabida quien sabe si imágenes, vídeos, opiniones, pensamientos, frases, breves comentarios o sencillas referencias a todo tipo de temas y cuestiones que no tengan que ver de manera directa o tal vez sí, con el baloncesto. En definitiva un batiburrillo de todo un poco, y es que no todo es baloncesto.

“Miscelánea” se estrena con uno de esos proyectos de año nuevo que llevará a cabo mi amigo el fotógrafo Enrique Jurado. En el siguiente vídeo os explica en que consiste:



A mi juicio el desarrollo de esta sencilla idea puede ser interesante, y quizá la tome prestada (con su permiso) a mi manera, para hacer algunas fotografías sobre baloncesto, pero que en mi caso no sé si serán diarias, semanales o mensuales, y cuyo resultado, si finalmente sale adelante, que ese es el mayor problema de las ideas que a veces en vez de convertirse en proyectos son más bien propósitos, y la falta de perseverancia, y sobre todo la pereza, nos ataca sin que podamos llevarlos a buen término. Veremos.

En cualquier caso, en la web de Enrique Jurado podéis ver sus trabajos fotográficos, y allí encontraréis enlaces a sus diferentes redes sociales para poder así seguir día a día cada fotografía de este proyecto.

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