Por Jorge
Y no me refiero a entrenadores de grandes clubes, por ejemplo, los de equipos infantiles o júnior del Barcelona, por citar un club profesional de baloncesto que se entiende que tiene una estructura de base fuerte con la idea de ganar y de formar jugadores que puedan alcanzar el primer equipo, y que suelen tener una alta consideración como para cobrar como se merecen todos los demás… aunque en las canteras de muchos clubes profesionales también existen excepciones sangrantes.
En realidad la queja hace referencia a la mayoría de entrenadores de base de colegios y equipos de barrio o clubes cuya labor es fundamental para el desarrollo deportivo de una sociedad, inculcando hábitos saludables y formativos que incluso van más allá del deporte. Y, sin embargo, no son reconocidos económicamente, sin contrato (la mayoría) o con él, pese a la alta exigencia que tienen sobre sus espaldas, pues en muchos casos se les pide unos éxitos en forma de victorias, que en realidad, no es su principal cometido, como si sus equipos estuvieran disputando una competición profesional.
Si queremos un deporte (no solo el baloncesto) de sólida base desde la que luego sacar deportistas de élite pero también aficionados que continúen con la tradición deportiva, habrá que contar con los entrenadores, y más allá del reconocimiento de las buenas palabras (que se las lleva el viento), habrá que crear una estructura basada también en un reconocimiento económico mínimo que incluya contratos, cotizaciones a la seguridad social y salarios acorde con el buen trabajo realizado.
Una vez más, termina una temporada, y las federaciones, las asociaciones de entrenadores y la administración (Consejo Superior de Deportes) no consiguen regular adecuadamente la homologación de titulaciones federativas de entrenadores, para que todos se equiparen a los nuevos estudios, tal vez más completos y exigentes, pero que parecen destinadas más a una recaudación económica de la administración que al posterior reconocimiento económico del propio entrenador. Y no olvidemos que esa acreditación educativa no reemplaza la notable experiencia de aquellos entrenadores que llevan muchos años entrenando bajo la titulación federativa, y que reclaman una “justicia” que debería ir acompañada luego del reconocimiento económico que merece su trabajo.
La desgracia de esta situación está en la falta de reivindicación por parte, no ya de las asociaciones de entrenadores que deberían trabajar para ello, sino de muchos entrenadores de formación que pese a que hacen un gran trabajo para sus clubes, miran para otro lado a la hora de reclamar mejoras contractuales y salariales porque ellos tienen un trabajo “principal” bien remunerado, y les favorece que el baloncesto sea un “segundo sueldo extra” que no se vea perjudicado bajo ciertos subterfugios (legales o no). Y los clubes y la administración también miran para otro lado porque la situación les favorece a costa de un sistema que está cogido con alfileres.
Y de este modo, sin la unión de todos los entrenadores, sea cual sea la categoría, porque a los profesionales quizás tampoco les convenga la “profesionalización” de unos entrenadores que hacen un trabajo tan profesional como el suyo (o tal vez más), y que solo se quedan en las buenas palabras de algunos de ellos, que repito nuevamente, se las lleva el viento, faltan acciones, presión púbica, manifestaciones… y hasta, porque no, huelgas para fomentar una reflexión encaminada a solucionar esta situación que se arrastra desde tiempos inmemoriales. ¿Alguien se imagina lo que pasaría si todos los entrenadores de base del país decidieran parar su actividad? ¿Qué sería de los casi dos millones de jóvenes que hacen deporte regularmente?
Como podrá comprobar el lector, la idea no difiere respecto de los anteriores textos reivindicativos que se escribieron en este blog:
Mejorar las condiciones laborales de los entrenadores de base
Mejorar las condiciones laborales de los entrenadores de base (II)
Mejorar las condiciones laborales de los entrenadores de base (III)
En cualquier caso, nuevamente, ahora que termina la temporada de BA-LON-CES-TO, quede constancia una vez más de esta reivindicación y sirvan estas palabras para la reflexión en esa búsqueda de mejoras que permitan un avance laboral de los entrenadores de base.









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