El baloncesto mundial pasa por una locura colectiva de la que tampoco son ajenos ni en la NBA, y la temporada 2026-2027 vendrá marcada para el equipo angelino por un nuevo reinicio después de una cambio de cromos masivo que implicó la salida de ocho jugadores y la llegada de otros tantos.
Ahora los proyectos no son siquiera a medio plazo y solo se piensa en el presente, cuando la historia reconoce que la formación de un bloque sólido ofrece más posibilidades de hacer una buena temporada para aspirar a grandes cotas deportivas, y eso debería pasar por continuidad y pequeños ajustes curso a curso. Pero esa mentalidad ya pasó en la mayoría de los equipos sino para todos.
Dos preguntas sobrevuelan siempre a un equipo que tiene tantos movimientos antes de empezar un nuevo curso: ¿Mejoraran los fichajes a las salidas? ¿Conseguirá el entrenador dar con la tecla que conjunte todas sus piezas en apenas un mes de pretemporada?
Adiós LeBron
Si una salida del equipo merece atención es la de LeBron James. No solo por la dimensión del personaje, también porque quizás sea el movimiento más sorprendente de su extensa carrera. Y es que ahora en el ocaso de la misma, aunque este es capaz de jugar hasta los 50 a gran nivel, L.A. parecía su mejor opción como segunda o tercera espada con menos responsabilidad junto a una superestrella como Luka Doncic y un buen lugarteniente como Austin Reaves.
Incluso el bagaje de la última temporada con esa especie de adaptación hacia un menor protagonismo funcionó bien, al menos mientras duró la salud de los citados Doncic y Reaves, y esto hacía presagiar la posibilidad de que siguiera en Los Ángeles, gran mercado no solo por el baloncesto, con una renovación a la baja para permitir la opción de reforzar al equipo y seguir aspirando a estar entre los mejores.
Sin embargo, cambió de rumbo hacia la conferencia este, reconociendo tal vez que la posibilidad de derrotar a San Antonio y Oklahoma en el oeste sea casi imposible, y buscando más opciones de alcanzar el último escalón de la final y aprovechar el desgaste de esos equipos antes de llegar a ella. Siendo este pensamiento lógico, este viaje tampoco garantiza nada, y en cualquier caso habrá que ver también como se conjuntan los Sixers.
Resto de salidas
Las salidas más llamativas tras James fueron las de Rui Hachimura y DeAndre Ayton. Y sin duda aquí estamos ante las dos piedras de toque más importantes para valorar si quienes llegan serán capaces de hacer sobre la pista lo mismo… o más que ellos.
Sorprende en el caso del japonés que siendo un jugador quizás demasiado frío, no se haya tenido en cuenta su tiro de tres puntos, mejorando curso a curso, para hacer más de un 41% durante toda su estancia angelina, y terminando con más del 44% en la última temporada. Y, sí, es verdad que no tiraba mucho según los cánones de la NBA de hoy (4 intentos por partido), pero teniendo en cuenta que no era ni la primera, ni la segunda ni la tercera opción ofensiva del equipo… bastante es. Y todo apunta a que su no renovación fue sólo una cuestión económica porque al final se cambio de acera para ir a jugar a los vecinos Clippers.
En cuanto a Ayton, desde el principio de su carrera tuvo que cargar con las expectativas de su elección como número 1 del draft, ojo, de un draft del que salieron jugadores como Doncic o Trae Young, y si bien es verdad que nunca estuvo a la altura, su experiencia como finalista de la NBA con Phoenix y sobre todo un rendimiento por momentos más que notable, hará difícil que su nivel sea superado por su sustituto… que no olvidemos que va a cobrar casi cuatro veces el salario del bahameño.
Y del resto de salidas hay que destacar a los secundarios Luke Kennard y Jaxson Hayes. ¿Mejorarán los sustitutos el acierto triple del primero? Lo dudo (45% el curso pasado). Y en cuanto al segundo, ¿no le gusta jugar a Luka con interiores a los que lanzar la pelota arriba para que machaquen? Pues este entraba en esa categoría dentro de un rol secundario necesario en cada equipo. Y no le parecería tan mal a Doncic cuando Hayes fue elegido como futuro “extranjero” de la selección eslovena.
Nuevas caras en L.A.
La reconstrucción angelina pasará por nueve caras nuevas (entre paréntesis su procedencia): Walker Kessler (Jazz), Cameron Carr (24 del draft), Quentin Grimes (Sixers), Collin Sexton (Hornets), Sandro Mamukelashvili (Raptors), Jaden Hardy (Wizards), Kevon Looney (Warriors), Matisse Thybulle (Blazers) y Ziaire Williams (Nets).
Como se dijo, la clave pasará por cómo sea capaz de encajar todos estos jugadores el entrenador J.J. Redick en su filosofía… que pasa por lo que hagan o dejen de hacer Doncic y Reaves. Muchísimas dudas al respecto, pero siempre con el beneficio de la duda, y, sobre todo, el buen hacer del entrenador en sus dos temporadas de experiencia. Y es que se nos olvida el mérito que tiene empezar una carrera profesional como entrenador en una franquicia como los Lakers y no morir en el intento.
El veterano Looney y el novato Carr parece que serían los que tendrían mejor encaje. El primero porque viene de ejercer un papel secundario, pero vital incluso en equipos campeones, toda su carrera, y el segundo porque no creo que vaya a tener más que un papel residual en su primer año como profesional.
El resto, veremos. La mayoría si bien demostró momentos de calidad en sus cortas carreras, vienen de contextos poco competitivos en los últimos años, y en L.A. la exigencia será alta. Particularmente todos los ojos estarán puestos en Kessler, “tercera espada” del equipo, al menos por salario, y que tendrá que ser el ancla defensiva del equipo en la pintura… si la salud se lo permite (sólo jugó 5 partidos el curso pasado por problemas en un hombro, que se terminó operando).
A juzgar por el vídeo que colgaron los Lakers en su canal oficial de Youtube, las expectativas son altas, y desde luego que si el rendimiento es incluso la mitad de lo que ofrecen sus “highlights” con los Jazz, ya se daría por una buena inversión:
Cualquier especulación sobre el resto de llegadas carece de sentido y sólo a medida que vaya transcurriendo la temporada se podrá saber si cumplen o no con el papel que se les asigne. Quizás por la importancia de la parcela defensiva para cualquier aspirante a grandes resultados, el “tapado” de estos fichajes podría ser Thybulle. Los datos juegan a favor del australiano…
Matisse Thybulle:
— 1st in STL/MIN among active players
— 1st in SPG among active bench players
— 5th in SPG among active players
— 3rd in 4Q STL in the 2020s
He's a Laker. https://t.co/bRNgotWjhu
… si juega (15 y 30 partidos disputados respectivamente en sus dos últimas temporadas).
En manos de Luka… y Reaves
Sea como fuere el rendimiento de los nuevos, el equipo estará en manos de Doncic en el curso que será el año I de Luka como “jefe” indiscutible de la franquicia angelina tras la marcha de LeBron, responsabilidad para la que parece más que preparado, como demostró este verano ejerciendo de líder para reunir a sus compañeros en una “concentración” informal en Eslovenia.
Luka Doncic in 8 seasons:
— 29.2 PPG (3rd all-time)
— 8.5 RPG (1st by a guard)
— 8.2 APG (12th all-time)
— 6x All-Star
— 6x 1st Team All-NBA
— 2x Scoring Champ
— 7th in triple-doubles
— 3rd in 30-point triple-doubles
What will he average in Year 9? https://t.co/LVCVH11liD
Una temporada de MVP se hará imprescindible para llegar lejos en playoffs… y eso pasará también por saber dosificarle. ¿Estarán él y Reaves más cerca de los 40 que de los 30 minutos de juego por partido?
Otro punto clave será la necesaria confianza en los secundarios. Si desde el principio se vuelve a una rotación de nueve jugadores en temporada regular, será difícil que lleguen las victorias sin un sobreesfuerzo de Doncic.
Además el banquillo será vital para mejorar en rebote (cuarto peor equipo de la liga en ese apartado el curso pasado), y la defensa (a la cola de la liga, número 20, también en ese capítulo del juego), aspectos determinantes para ganar partidos.
Jugar a adivino después de tantos cambios es arriesgado. Como aficionado angelino estaría contento si al menos se llegase a la final de conferencia. Pero siendo realista eso se antoja ahora mismo con tantas incógnitas toda una quimera. Eso sí, todo lo que no sea superar la primera ronda de playoffs sería un fracaso. Veremos.
Noticias veraniegas relacionadas con los Lakers
Lakers es un equipo que incluso entre temporadas genera todo tipo de informaciones, y la más importante de este verano fue el nuevo cambio en la propiedad de la franquicia. Si Mark Walter había comprado el control del equipo a la familia Buss a finales de 2025, el pasado agosto vendió su participación a los empresarios Josh Kushner (fundador de Thrive Capital) y Bob Iger (CEO de Disney). Quedando dicha venta pendiente de la aprobación definitiva de la junta de propietarios del resto de equipos de la NBA. Nuevo cambio de manos que habrá que ver si afecta de algún modo al devenir deportivo del equipo.
La noticia luctuosa sería el fallecimiento de la voz angelina durante los últimos 43 años. Esa voz grave que anunciaba los quintetos iniciales en la presentación del equipo, y que daba cuenta para los espectadores locales de las vicisitudes que se iban produciendo en cada partido. No será fácil la labor de quien tenga que sustituir a tal leyenda.
Lawrence Tanter, forever in our hearts as a member of the Lakers family 💜 https://t.co/IOmRECqu8m
No sería de extrañar que Lawrence Tanter además de recibir su merecido homenaje a lo largo de este curso, acabara por formar parte del recuerdo eterno mediante un banderín de reconocimiento colgado de la pared de la pista angelina, o quién sabe si con una estatua en los exteriores de la cancha, honor que recibió hace unas semanas una leyenda de Los Angeles Sparks (equipo femenino con vinculación histórica con los Lakers): Lisa Leslie.
Forever a part of the game. Now forever a part of Los Angeles. 💜
Lisa Leslie, immortalized. https://t.co/uNlG1Yj5jP
Quien recibirá seguro ese agasajo de ver expuesta una estatua en los exteriores del Crypto Arena para reconocer su trayectoria en los Lakers será Phil Jackson, quien verá cumplido tal honor el próximo 9 de abril.
Apenas llevamos varias semanas de partidos de las diferentes competiciones FIBA y cabe destacar un nuevo cambio en las reglas, que por lo que al juego se refiere tiene que ver con las faltas antideportivas, las faltas técnicas y nuevas consideraciones acerca de las faltas de tiro.
Otra vuelta de tuerca al reglamento que demuestra la capacidad de adaptación del baloncesto a la evolución del juego, pero que también, una vez más, dejó pasar la posibilidad de llegar a unas reglas comunes para todos, y es que esa disparidad seguro que no favorece un mayor acercamiento de nuevos aficionados al baloncesto.
Diferentes faltas antideportivas
La falta antideportiva se divide en dos tipos: falta disruptiva y falta flagrante. La disruptiva sería la que antes era una antideportiva de transición o táctica, es decir, aquellas faltas que por ejemplo se hacían en media pista para cortar un contraataque sin opción de jugar el balón, y sin mediación de contacto violento.
Y la falta flagrante sería aquella que tenga que ver con contactos como un agarrón o cualquier otro que sea excesivo y que no tiene que ver con la disputa normal de un balón, además de los denominados contactos violentos susceptibles de provocar una lesión.
La disruptiva será marcada por el árbitro tal y como se ve en la imagen del inicio, puño arriba como cualquier falta, para luego indicar con los dedos 2. Mientras que la falta flagrante se indica como se hacía hasta ahora con la antideportiva, puño arriba y luego agarrarse la muñeca.
La sanción de estas faltas seguirá siendo la misma en ambos casos, dos tiros libres y posesión, pero sólo la segunda contaría para la posible expulsión de un jugador, es decir, un jugador puede hacer hasta cinco faltas disruptivas, que provocarían su eliminación, pero sólo dos faltas flagrantes le descalificarían del partido.
Faltas técnicas diferentes
En cuanto a las faltas técnicas se distinguen las de tipo 1 o las de tipo 2. Las primeras se refieren a cuestiones conductuales como la protesta por una falta o, por ejemplo, por dirigirse al público o rivales de manera irrespetuosa. Y en ese apartado también se incluirían las técnicas producto de las simulaciones (flopping).
Las segundas se referirían por ejemplo a las derivadas de retrasar un saque rápido, salvo si ese retraso lo provoca cualquier miembro del banquillo (entrenadores, jugadores y demás) en cuyo caso sí serían faltas técnicas de tipo 1, o, por ejemplo, agarrarse excesivamente del aro después de un mate.
Desde el punto de vista de la sanción, todas las faltas técnicas se sancionan con un tiro libre, continuando la posesión para el equipo que la tenía previa a la técnica. Y sólo las técnicas de tipo 1 serán las que pueden provocar una descalificación, es decir, un jugador podría hacer cinco técnicas tipo 2 y sería eliminado del juego por 5 faltas, pero si comete dos técnicas tipo 1 sería descalificado.
Faltas de tiro
Nunca se considerará acción de tiro aquellas situaciones de “pillería”, tan habituales en el pasado, que lleve a un atacante a hacer el gesto de tiro tras un contacto, cuando esta situación se produzca en su pista defensiva (con al menos un pie en ella). Sólo se podrá valorar una acción de tiro en pista propia para acciones de final de cuarto o prórroga.
Luego la consideración de falta de tiro en una penetración sólo será cuando se realiza un movimiento continuo dentro del triple, y cuando el balón está controlado y descansa en una o ambas manos. En el siguiente vídeo se puede ver una explicación de un árbitro de la liga ACB:
Otros cambios “parciales”
Si bien no queda recogido en las reglas FIBA, en la Liga Femenina y en todas las competiciones organizadas por la Federacion Española se instaura desde esta temporada el saque rápido, tal y como ya se hace en la ACB desde el curso 2022-2023.
Esta regla permite sacar rápidamente desde pista defensiva sin la necesidad de que toque la pelota el árbitro, cuando su pitada no implique señalización alguna a la mesa de anotadores: pasos, dobles, fin de posesión, fuera… y no se haya solicitado ningún cambio o tiempo muerto antes, o la pelota haya llegado hasta el público. Y esta opción es válida durante todo el partido excepto en los dos últimos minutos del último cuarto o de una prórroga.
Sin embargo, esta regla no se aplica en Euroliga o Eurocup masculinas, por ejemplo, al igual que éstas competiciones mantienen el salto entre dos que hace tiempo que, por desgracia, desapareció del resto del baloncesto FIBA.
The one free throw rule will be tested at the upcoming NBA summer leagues.
With this rule, any foul that would typically result in one, two or three free throws under standard NBA rules will instead result in a single free throw attempt. That attempt will be worth the same… pic.twitter.com/tFiOpJLnQW
Por último, comentar una regla que se aplicó con carácter experimental en las pasadas ligas de verano de la NBA, por la que cada visita al tiro libre suponía un único lanzamiento que valía 1, 2 o 3 puntos en función de la naturaleza de la falta recibida. Y sólo se volvía al “sistema tradicional” de 1, 2 o 3 tiros para los últimos dos minutos del último cuarto y en las prórrogas.
Dado el continuo aumento de la duración de los partidos debido a las numerosas revisiones arbitrales… y también el excesivo tiempo que se toman los jugadores para tirar los tiros libres, tal vez ese sistema para lanzar las faltas ayudaría a reducir el tiempo y hacer más dinámico el juego, pues rara es la situación de tiros libres que no conlleve menos de un minuto entre que se pita una falta y se saca de fondo o continúa el juego tras el último lanzamiento de libres fallado.
¿Para cuándo reglas comunes para todos?
Al hilo de los tiros libres, las reglas FIBA dejan claro que un jugador tiene 5 segundos para tirar el tiro desde que recibe la pelota del árbitro (casi nunca se cumple), mientras que en la NBA son 10.
Más allá de lo anecdótico de la diferencia anterior, existen otras muchas no ya solo entre baloncesto FIBA y NBA (duración de los partidos aparte), también entre diferentes competiciones FIBA como el citado salto o lucha de la Euroliga, que quizás deberían obligar a una reunión de todas las partes para conseguir que cualquier jugador, entrenador, aficionado, y, sobre todo, posibles nuevos seguidores del baloncesto, no se vuelvan locos a la hora de jugar y ver un partido sea cual sea la competición disputada.
El ejemplo más claro lo tenemos con el citado saque rápido, viendo a jugadores de la ACB locos buscando la pelota en un partido de la Euroliga para sacar rápidamente… cuando no se puede hacer en sus partidos, pero claro a doscientas pulsaciones en plena competición...
No me cabe ninguna duda que el éxito de otros deportes está además de en la simpleza de sus reglas (aquí el baloncesto lo tiene más difícil), en que éstas son las mismas para todos en cualquier parte del mundo, y eso facilita mucho las cosas tanto para quienes juegan como para quienes ven el juego.
Quién sabe, si después de que pasaran casi los 135 años desde el nacimiento del baloncesto, tal vez se pueda conseguir que celebremos los 150 de esa efeméride, sino antes, ya sí con las mismas reglas para todos.
Si en la anterior entrada se recogían algunas recomendaciones para los entrenamientos, ahora toca referirse a otras cuantas más para los partidos, ahora que queda poco para empezar las competiciones de baloncesto de formación, sino es que comenzaron ya.
Antes de ir con las sugerencias propiamente dicho, la primera idea que hay que destacar y tener muy claro es que el baloncesto de formación no es baloncesto profesional, aunque sus entrenadores tengan que ser muy profesionales a la hora de hacer su trabajo... sin que sus emolumentos se correspondan con esa responsabilidad (y, por desgracia, llevemos “siglos” sin resolver este problema).
Y es que salvo excepciones que se pueden contar con los dedos de las manos, la mayoría de los equipos de formación no tienen los resultados como su principal objetivo… aunque todos queramos ganar, pues ¿acaso alguien juega para perder?
Sólo unas pocas canteras de equipos de élite, y principalmente a partir de cadetes como pronto, basan su trabajo en intentar conseguir jugadoras o jugadores para un primer equipo. El resto intentando la máxima mejora de chicas y chicos, sólo pueden llegar ahí por otros caminos que no tienen que ver del todo con las características propias de la “aristocracia” del baloncesto.
Todo esto relativo a resultados tienen que tenerlo claro, directivas antes y entrenadores después, para que las familias sean consciente de ello. Insisto, siempre se juega a ganar, eso es intrínseco desde niños, pero hay que saber que no se puede ganar de cualquier manera, porque una victoria hoy puede ser una derrota mañana. Mientras que crear unos cimientos sólidos de educación deportiva en los jóvenes siempre tendrá valor a medio y largo plazo.
Ahora sí, toca ir propiamente con las recomendaciones que pueden ayudar a entrenadores más jóvenes o inexpertos que forman parte del baloncesto formativo, y que no olvidemos que es el mayoritario en nuestra sociedad.
Todos juegan
Una chica que no juega o un niño que no pisa la cancha en un partido, especialmente en la iniciación deportiva, son susceptibles de cambiar de deporte buscando eso, jugar. Y no es malo de por sí que eso pase, pero de primeras un entrenador de baloncesto de formación en las primeras etapas, si tanto ama su deporte y si realmente quiere tener éxito, éste pasará por hacer que las niñas o niños que entrena quieran seguir en el baloncesto, y, a su vez, esto pasa por jugar.
El reglamento pasarela (con diferentes matices según la comunidad autónoma, en el caso español) ya se encarga de asegurar que en el minibasket todos jueguen, y sólo el entrenador decidirá quién podrá hacerlo más o menos. Sin embargo, voy más allá, ese “todos juegan”, que aparece encabezando este apartado, lo extendería a todas las categorías de formación independientemente de la edad. Y, sí, sé que esto puede llevar a opiniones enfrentadas y hasta cierta polémica.
Y es que en este punto otros entrenadores podrán decir, sin que les falte parte de razón, que cómo se va a hacer jugar, por ejemplo, a quien falta a entrenamientos en detrimento de otras compañeras o compañeros de equipo que no faltan. Y, ahora viene el matiz, una cosa es que jueguen, y otra que lo hagan por más tiempo que las que sí van a entrenar.
Para un entrenador es muy sencillo dejar sin jugar a quien no va a entrenar. Y así, un quebradero menos de cabeza a la hora de cuadrar rotaciones llegado un partido. Sin embargo, esa o ese que no juega, va al partido, y si esta situación se repite en el tiempo, la probabilidad de que abandone el baloncesto (y hasta puede que el deporte) crece de manera notable. Mientras que si juega aunque sea cinco minutos en la primera parte y otro par en la segunda, seguirá sintiéndose parte del juego, y cuando quiera más minutos, bastará con decir que entonces tendrá que entrenar más días para tener opciones de conseguirlo… sin que ello garantice nada si todas en el equipo van a entrenar, en cuyo caso habrá que valorar otras circunstancias como esfuerzo, compañerismo, deportividad… y en último término, rendimiento.
Cuántas veces un niño falta a un entrenamiento porque su madre no le puede llevar, o porque tiene una cita médica insustituible en tiempos de precariedad sanitaria, o porque tiene que ir a visitar a un abuelo, o ir al cumpleaños de un primo… Y podría citar otros ejemplos en los que quizás él quiera ir al entrenamiento, pero circunstancias ajenas le impiden hacerlo.
Y, por otro lado, cuando se justifican los minutos de juego por la asistencia al entrenamiento, en realidad, muchas veces todos conocemos casos en los que algunos “están de cuerpo presente” pero sus mentes y esfuerzo están muy por debajo de lo deseable. Y quien falta, sin embargo, cuando sí va a entrenar se esfuerza el doble que el resto. ¿No merece entonces jugar?
Además, en ocasiones se da el caso que quienes entrenan toda la semana a gran nivel, luego resulta que se lesionan o surge cualquier circunstancia que les impide ir al partido… y entonces sí, hace necesaria la participación de quienes no queríamos que jugaran. En definitiva, sea como fuere, todos tienen que jugar, otra cosa es que quienes más méritos hayan hecho durante la semana de entrenamientos deban jugar más tiempo. Y es que la única razón válida para mí que debería dejar sin jugar a alguien es la falta de respeto hacia cualquiera del equipo, y ya durante el partido, hacia los árbitros y adversarios.
Un partido dura más de 40 minutos
Al hilo del juego, los entrenadores tienen que enseñar cuanto antes que un partido ni empieza con el salto inicial ni termina cuando suena la bocina o el pitido del árbitro al final. Porque antes hay un calentamiento previo, que, por cierto, en todas las categorías, puede utilizarse casi como un entrenamiento más, que muchos se quejan del poco tiempo que tienen de pista para entrenar, y, sin embargo, luego lo pierden antes de cada partido haciendo una rueda sin sentido como la que hacen los equipos profesionales.
Aprovechemos el calentamiento para repasar detalles trabajados durante la semana, para reforzar conceptos que queremos poner en práctica luego en el partido, incluso para hacer juegos que rebajen la tensión de chicas y chicos antes del partido si fuera necesario. Pero aprovechemos ese tiempo para algo más que “calentarles la oreja” con charlas prepartido impropias no ya de un equipo de minibasket sino hasta de un equipo de élite porque de repente nos creemos que vamos a jugar el partido del siglo.
Igualmente, el descanso es otro buen momento para hacer algún ejercicio diferente, por supuesto, eso sí, igual que en el calentamiento, que no suponga un desgaste excesivo tanto física como cognitivamente, pero que pueda ayudar para cierta mejora concreta.
Y será importante que el entrenador haga hincapié siempre a sus chicos o chicas que ese tiempo de calentamiento o de descanso también forma parte del partido, como también lo es el tiempo que se pasa en el banquillo respecto del tiempo en pista, para que llegado el momento de que llegue alguna queja porque no se jugó o se jugó poco, recordar que al menos todos disponen de ese calentamiento y descanso para jugar.
Autonomía haciendo de todo
En categorías de formación todas las niñas y niños tienen que aprender a hacer de todo y a tener todo tipo de experiencias. No especialicemos a nadie desde el principio indicando quien tiene que marcar a quien, cual es el que saca, quien tiene que subir la pelota o si aquella no puede tirar o solo puede hacerlo desde cerca. Ya llegará en el futuro, si tocan el alto rendimiento, tiempo para que se especialicen en determinadas posiciones o para ejecutar determinados movimientos concretos.
Y relacionado con lo dicho antes, un objetivo fundamental de un entrenador de formación consiste en conseguir que los jóvenes que entrena sean autónomos por sí mismos, es decir, que sean capaces de hacer aquello que entrenan, tomando decisiones por sí mismos sin que nadie tenga que decirles lo que tienen que hacer. Y para conseguir esto, en nada beneficia una práctica habitual en muchas pistas, que es la de “radiar los partidos”. Entrenadores que se dedicar a vocear a cada niño qué tienen que hacer en todo momento: cuando tienen que pasar o tirar, si tienen que salir botando o ir al rebote…
Los partidos no son un videojuego en el que el entrenador puede tocar un botón y hacer que cada jugador haga lo que se debería hacer, porque si se sigue esa “táctica”, cuando no se les diga lo que tienen que hacer… no sabrán hacerlo.
Por cierto, que esa “radio” tampoco provenga de la grada. El entrenador tiene que tener también entre sus objetivos para los partidos, que quienes juegan sólo presten atención a lo que pasa en el partido, y, en todo caso, a lo que les dice él, ignorando los comentarios que puedan llegar desde las gradas. En este punto será importante hacer a ese respecto cierta labor educativa con madres y padres.
Menos palabras y más observación
Relacionado con lo mencionado antes, en ocasiones se ven a entrenadores de formación desgañitándose en la banda para dar instrucciones… que a quienes juegan poco o nada les interesa. Qué quiero decir con esto. Pues que si las chicas o chicos están centrados en el juego, difícilmente van a hacer caso (o al menos no deberían), y las únicas oportunidades para dar alguna instrucción, siempre sencilla, breve y concreta, serán los tiempos muertos o cuando el tiempo de juego esté parado como pueda ser en una situación de tiro libre.
Algunos creen que el entrenador que está sentado en el banquillo sin apenas decir nada, observando cómo juegan no está haciendo bien su trabajo, y no estoy de acuerdo, al contrario, creo que esa es la actitud correcta, mirando que hacen para, eso sí, reforzar con gestos y algunas palabras clave puntuales aquello que hacen bien quienes juegan, o para animar cuando se comete un error o se tiene un fallo. Más allá de eso, todo lo demás sobra.
Errores y fallos
La siguiente recomendación es aplicable también a los entrenamientos, y tiene que ver con la necesidad de enseñar a diferenciar entre errores y fallos a quienes entrenamos y dirigimos en los partidos, y especialmente a no penalizarlos para que se atrevan e intenten mejorar, sobre todo cuando se pretende afianzar un gesto técnico o un detalle táctico.
Tenemos que enseñar que nunca habrá partido en el que no se cometa errores o se tengan fallos, pero no por ello hay que dejar de jugar y volver a intentarlo. Otra cosa será que debamos corregir y enseñar la manera correcta de ejecutar o decidir, pero insisto, jamás penalizar de tal manera que los más jóvenes luego no se atrevan a poner en práctica en los partidos aquello que están aprendiendo en los entrenamientos.
Al final… calma y gracias
Como se dijo al principio, siempre se juega para ganar… pero muchas veces se pierde. Incluso a veces se gana… jugando mal, y se pierde jugando bien. En cualquier caso, el entrenador debe ser ejemplo de autocontrol, y al final de los partidos deberá tener la serenidad suficiente como para estrechar la mano de los adversarios, sea cual sea el resultado.
Y ya habrá tiempo de correcciones y valoraciones sobre lo que se hizo en el partido en futuros entrenamientos. Después de un partido, en caliente, conviene, otra vez, ahorrar palabras y mantener la calma, agradecer al equipo su esfuerzo, desear un buen fin de semana o de resto del día, y como mucho recordar el horario y día del próximo entrenamiento.
Esta recomendación no sólo se refiere a la reacción respecto del equipo, sino también a la que pueda venir por alguna interacción de madres y padres al finalizar el partido. Si alguna vez se sufre algún “altercado” con los progenitores o tutores de las chicas o chicos tras terminar un partido, calma, y recordarles que siempre nos tienen a su disposición antes del próximo entrenamiento o después de fijar una reunión junto al director deportivo, por ejemplo. Pero jamás entrar en provocaciones ni responder a comentarios en caliente.
Y una buena idea para no llevarse el partido a casa en la cabeza, y rumiarlo hasta el punto de no dejarnos dormir, anota en una hoja todos aquellos detalles más destacados del partido (buenos y menos buenos), para cuando llegue el momento de analizarlo y evaluar como sigue el rumbo individual y colectivo del equipo, evitar olvidos, pero, sobre todo, permitir que descansemos sin darle vueltas una y otra vez a lo que pasó en el partido.
Confío que las reflexiones recogidas aquí puedan ayudar a algunos entrenadores más inexpertos o, en todo caso, abrir debate si así lo quieren otros, porque estos pensamientos fruto de mi experiencia y conocimiento están abiertos a cambios y mejora continua.
Ahora que empieza la temporada en colegios y clubes de formación es buen momento para hacer algunas recomendaciones para esos entrenadores más jóvenes o inexpertos sobre algunos aspectos importantes a la hora de entrenar a niños y jóvenes.
Estas recomendaciones basadas en mi propia experiencia las dividiré en dos partes, esta primera relativa a los entrenamientos, y otra posterior sobre los partidos para aquellos que compitan. Y las sugerencias referidas a los entrenamientos se harán con una breve reflexión sobre una serie de conceptos: adaptación, conocimiento, comunicación y planificación.
Adaptación
El entrenador tiene que adaptarse al grupo que va a entrenar.
No es lo mismo entrenar a un grupo de niñas de 8 años que llegan de primeras al baloncesto, que hacerlo con unas infantiles que llevan varios años jugando… como tampoco es igual entrenar en el equipo júnior de un colegio o en una cantera de liga femenina. Todos pueden tener algunos puntos en común, pero también muchas diferencias que se tienen que tener en cuenta a la hora de entrenar.
Algunos entrenadores toman como modelo el baloncesto profesional, y el baloncesto de formación no es igual. El curso pasado, regresó al baloncesto ACB un reputado entrenador con la promesa de que a su fichaje también se sumarían la llegada de una serie de jugadores afines a sus necesidades. Es decir, en el baloncesto profesional, en muchas ocasiones, el entrenador tiene una manera de jugar, y los jugadores se tienen que adaptar a él y su “librillo” que diría aquel. En la formación no es así o no debe serlo.
Un punto en común puede ser la exigencia, porque incluso desde pequeños los niños tienen que entender que formar parte de un equipo implica cierta responsabilidad y que no pueden hacer allí lo que les dé la gana, por ejemplo. Lógicamente, esas condiciones tendrán que ajustarse en cada caso.
Igualmente, la adaptación del entrenador no sólo será en función del grupo de entrenamiento, también dependerá de cada niña o niño, pues la heterogeneidad es norma común en cualquier equipo, donde tienen cabida diferentes niveles de atención, juego, desarrollo físico, etc., de tal manera que los juegos, ejercicios o tareas tendrán que ajustarse en la medida de lo posible a cada cual, así como las correcciones y la manera de dirigirnos a cada uno. Y eso nos lleva al siguiente concepto.
Conocimiento
Cuanta más información y conocimientos tenga un entrenador, más posibilidades tendrá de hacer bien su trabajo.
Todos los entrenadores se presupone que salen de los cursos de entrenador con una serie de conocimientos técnicos y tácticos, así como de otras índoles, que les permiten entrenar, y si bien es recomendable no dejar de formarse continuamente a través de charlas, libros o mirando entrenamientos y preguntando a otros entrenadores con más experiencia, por ejemplo, porque uno no deja de aprender y formarse continuamente, el conocimiento que me interesa remarcar aquí es el del equipo. Un entrenador tiene que conocer a las niñas o lo jóvenes que va a entrenar, y no me refiero sólo a cuestiones “deportivas”, sino también personales, porque entrenamos personas.
Por cierto, mucho cuidado con los conocimientos que adquirimos de otros entrenadores, no te olvides que lo que te dice ese entrenador de ACB o NBA en esa magnífica charla en la que todo sale a pedir de boca, y que le funciona en su equipo, para nada tiene que valerte a ti, y en todo caso, nuevamente tendrás que seleccionar y adaptar aquello que pueda servirte para hacer mejores a las chicas o chicos de tu equipo.
Pero volvamos al conocimiento del grupo. Conocer a cada miembro del equipo significa saber qué les gusta, qué estudian, detalles familiares y mucho más, sin extralimitarnos pero facilitando que todos entiendan que nos importan más allá del juego. Por ejemplo, saber que vienen a entrenar en época de exámenes, o que una chica llega enfadada con un amigo, o que discutió con su madre, puede ayudarnos a la hora de gestionar el ambiente y el desarrollo de un entrenamiento mejorando el clima y la confianza dentro del equipo. Y para conocer todo esto pasamos al siguiente concepto.
Comunicación
Saber escuchar y hablar son virtudes que debe hacer por mejorar todo entrenador.
Las vías de comunicación de un entrenador siempre tienen que estar abiertas con todos los miembros de su equipo, y por supuesto también con sus madres y padres.
Como es lógico no se pueden dedicar todos los entrenamientos a charlas individuales continuas para tratar de resolver todas las situaciones… salvo que por su gravedad puedan implicar a todo el grupo y en cuyo caso entonces se necesitará una conversación grupal. Pero antes y después de cada entrenamiento la chica o el chico tienen que saber que disponen de su entrenador para al menos ser escuchados. Igualmente en el caso de madres y padres que tengan dudas o que quieran comentar algo importante. Y esto tiene que quedar claro incluso antes del primer día de entrenamiento.
Y ni que decir tiene que un buen entrenador tiene que tener los ojos y los oídos bien abiertos en todo momento para captar estados de ánimo, para rebajar tensiones si las hubiese con alguna gracia, y en definitiva, para no dejar de saber como “respira” su equipo.
Al inicio de una temporada, especialmente cuando se llega a un equipo nuevo que no se conoce, una opción puede ser la de hacer algún tipo de cuestionario previo a rellenar (adaptado según la edad del grupo) que nos permita conocer algunos detalles de cada componente del equipo. Más adelante también se podrá utilizar otros para evaluar el grado de contento en el equipo, pedirles que hagan sugerencias (que no se tienen porqué tener en cuenta siempre, pero que sí se deben al menos valorar), y en cierto modo, así conocer cuál es su opinión, para que entiendan que nos interesa lo que piensan.
También dentro del apartado de la comunicación, ésta es fundamental a la hora de hacer explicaciones y correcciones en un entrenamiento. Hay que ser breve y utilizar un lenguaje sencillo que sea fácil de entender, utilizar palabras clave de fácil entendimiento, y dejar claro en todo caso, que si no se entiende algo, que se diga para poder insistir y explicarse mejor.
Y para terminar, toda niña o niño se tiene que ir a casa con un refuerzo positivo como mínimo, porque por mal que lo hagan en un entrenamiento, seguro que todos dan algún motivo para mejorar su confianza y su autoestima con un refuerzo que afiance aquel gesto técnico, comportamiento o actitud que queremos que desarrollen.
Planificación
Un entrenador no puede hacer entrenamientos sin seguir un orden y con unos objetivos muy claros.
La planificación por muy pensada que esté sobre el papel (que lo aguanta todo pero luego la realidad es la que es), tiene que ser flexible y desarrollarla una vez que conozcamos al equipo. Sin olvidar que más vale que aprendan poco pero bien, que mucho… pero no tan bien. Así que paciencia.
Desde el punto de vista técnico y táctico, y me atrevería también a decir que a nivel de comportamiento, mi recomendación cuando se llega a un equipo de nuevas es hacer varios entrenamientos para conocer a las chicas o chicos por nosotros mismos, sin recibir prejuicios previos de otros entrenadores. Y es que es típico que con el ánimo de ayudar, cuando uno llega como nuevo a un club, algún entrenador o el director deportivo quiera decirnos que tal chaval, ojo que siempre se queja mucho, que tal otro es el mejor del equipo, que aquel juega bien pero es un vago… cuidado con las etiquetas que les pusieron otros.
Mejor será que nos hagamos por nosotros mismos nuestra composición de lugar, y luego ya si tenemos alguna duda o necesitamos ayuda, conocer la opinión de otros. Y es que a veces lo que nos dicen algunos, no se corresponde necesariamente con lo que luego vemos, más allá de que sí pueda convenir conocer detalles importantes referidos a lesiones o enfermedades.
Si algún joven o inexperto entrenador llegó a este texto con la idea de encontrar trucos infalibles para entrenar como si del mago Tamariz me tratase, tal vez se haya decepcionado, pero es que entrenar no es una ciencia exacta, y conlleva reflexionar y darle vueltas a las ideas una y otra vez con el ánimo de ayudar lo mejor posible a los más jóvenes.
Cuando se habla del “boom” del baloncesto español en los 80 siempre acude al imaginario colectivo la medalla de plata que consiguió la selección española en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 1984. Sin embargo, aquello fue un proceso que nació ya con la buena actuación del equipo español en el mundial de 1980 en Cali (quinto puesto y primera victoria oficial frente a Estados Unidos), continuó con la plata europea en 1983, y seguiría después con el crecimiento de la liga ACB. Pero pocos reconocen el evento que para mí fue capital para afianzar la afición al baloncesto en España: el Mundobasket de 1986.
Y desde aquí queremos recordar aquel torneo recuperando algunos vídeos e imágenes con el apoyo siempre de la revista “Gigantes del Basket” y su hemeroteca, cuando se cumple el 40 aniversario de su celebración en tierras españolas, circunstancia que permitió que disfrutáramos del juego de jugadores que serían después míticos de la historia del baloncesto: Drazen Petrovic, Arvydas Sabonis, David Robinson, Tyrone Bogues, y muchos más.
“Gigantes” y el mundial
Aquel campeonato sería el primer gran acontecimiento del baloncesto cubierto por la todavía joven revista “Gigantes del Basket”, que había nacido apenas unos meses antes, y que dedicaría buena parte del contenido de cuatro de sus números semanales a ese mundial que se disputó entre el 5 y el 20 de julio de 1986.
“Gigantes” editó un primer especial (revista nº 35) previo al torneo de 16 páginas con una fotografía de la sonriente selección española en la portada, y unas cuantas páginas más sobre un torneo amistoso premundial y otros contenidos relacionados.
En aquel número se hacía eco de una breve encuesta a diferentes periodistas españoles que seguían por entonces el baloncesto como Siro López (Antena 3 radio), Juan Antonio Casanova (La Vanguardia), José Manuel Fernández (Mundo Deportivo), Martín Tello (As), Manuel Saucedo (Marca), y otros más, que daban como máximos favoritos a Estados Unidos y la URSS, pero a España se la colocaba con el bronce y hasta en algunos casos como finalista.
El caso es que la actuación española acabaría siendo menos buena de lo esperado, pero que el baloncesto aquel verano fuera motivo de conversación por toda la geografía española, significó un impulso increíble para el crecimiento de su afición, cuando apenas se había seguido el baloncesto internacional solo por lo que se refería a la participación española. Y es que aquí, como digo, se pudieron ver partidos y resúmenes televisivos de las diferentes sedes de la competición, y en plenas vacaciones estudiantiles llevaron a muchos jóvenes a vivir aquel campeonato como una gran introducción al baloncesto.
En el siguiente número de la revista ya con el Mundobasket en juego se incluían varias entrevistas con protagonistas como el seleccionador Antonio Díaz-Miguel o jugadores como Drazen Petrovic, Marcel de Souza y Antonello Riva.
El tercer número sobre el mundial sería un extra de 64 páginas donde se daba cuenta del resultado final del torneo, incluyendo una entrevista con gran despliegue fotográfico a Tyrone Bogues, el llamativo, por bajito, jugador de Estados Unidos, del que se habló mucho por su marcaje a Petrovic. También se incluía otra entrevista más breve a su compañero David Robinson, que posaba con una camiseta de Gigantes.
Ya con el mundial terminado harían un último número con un balance más reflexivo sobre lo que había sido la competición en general (se reclamaba menos participantes), y se analizaba la actuación de cada selección con especial interés sobre la española, poniendo nota a los jugadores de la selección y no dejando en muy buen lugar a la organización del torneo.
Partidos para el recuerdo
Al final España acabaría peleando por el quinto puesto frente a Italia...
Mientras que Estados Unidos y Brasil jugarían una semifinal americana resuelta cómodamente para el equipo del norte (96-80), la otra europea entre la URSS y Yugoslavia sería más igualada...
Y el campeonato terminaría con una bonita final protagonizada por el duelo de favoritos,otra oportunidad de ver un baloncesto deotra época... pero de muchos quilates.