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miércoles, 23 de septiembre de 2026

Recomendaciones para entrenadores de formación en los partidos

Por Jorge

Si en la anterior entrada se recogían algunas recomendaciones para los entrenamientos, ahora toca referirse a otras cuantas más para los partidos, ahora que queda poco para empezar las competiciones de baloncesto de formación, sino es que comenzaron ya.

Antes de ir con las sugerencias propiamente dicho, la primera idea que hay que destacar y tener muy claro es que el baloncesto de formación no es baloncesto profesional, aunque sus entrenadores tengan que ser muy profesionales a la hora de hacer su trabajo... sin que sus emolumentos se correspondan con esa responsabilidad (y, por desgracia, llevemos “siglos” sin resolver este problema).

Y es que salvo excepciones que se pueden contar con los dedos de las manos, la mayoría de los equipos de formación no tienen los resultados como su principal objetivo… aunque todos queramos ganar, pues ¿acaso alguien juega para perder?

Sólo unas pocas canteras de equipos de élite, y principalmente a partir de cadetes como pronto, basan su trabajo en intentar conseguir jugadoras o jugadores para un primer equipo. El resto intentando la máxima mejora de chicas y chicos, sólo pueden llegar ahí por otros caminos que no tienen que ver del todo con las características propias de la “aristocracia” del baloncesto.

Todo esto relativo a resultados tienen que tenerlo claro, directivas antes y entrenadores después, para que las familias sean consciente de ello. Insisto, siempre se juega a ganar, eso es intrínseco desde niños, pero hay que saber que no se puede ganar de cualquier manera, porque una victoria hoy puede ser una derrota mañana. Mientras que crear unos cimientos sólidos de educación deportiva en los jóvenes siempre tendrá valor a medio y largo plazo.

Ahora sí, toca ir propiamente con las recomendaciones que pueden ayudar a entrenadores más jóvenes o inexpertos que forman parte del baloncesto formativo, y que no olvidemos que es el mayoritario en nuestra sociedad.

Todos juegan
Una chica que no juega o un niño que no pisa la cancha en un partido, especialmente en la iniciación deportiva, son susceptibles de cambiar de deporte buscando eso, jugar. Y no es malo de por sí que eso pase, pero de primeras un entrenador de baloncesto de formación en las primeras etapas, si tanto ama su deporte y si realmente quiere tener éxito, éste pasará por hacer que las niñas o niños que entrena quieran seguir en el baloncesto, y, a su vez, esto pasa por jugar.

El reglamento pasarela (con diferentes matices según la comunidad autónoma, en el caso español) ya se encarga de asegurar que en el minibasket todos jueguen, y sólo el entrenador decidirá quién podrá hacerlo más o menos. Sin embargo, voy más allá, ese “todos juegan”, que aparece encabezando este apartado, lo extendería a todas las categorías de formación independientemente de la edad. Y, sí, sé que esto puede llevar a opiniones enfrentadas y hasta cierta polémica.

Y es que en este punto otros entrenadores podrán decir, sin que les falte parte de razón, que cómo se va a hacer jugar, por ejemplo, a quien falta a entrenamientos en detrimento de otras compañeras o compañeros de equipo que no faltan. Y, ahora viene el matiz, una cosa es que jueguen, y otra que lo hagan por más tiempo que las que sí van a entrenar.

Para un entrenador es muy sencillo dejar sin jugar a quien no va a entrenar. Y así, un quebradero menos de cabeza a la hora de cuadrar rotaciones llegado un partido. Sin embargo, esa o ese que no juega, va al partido, y si esta situación se repite en el tiempo, la probabilidad de que abandone el baloncesto (y hasta puede que el deporte) crece de manera notable. Mientras que si juega aunque sea cinco minutos en la primera parte y otro par en la segunda, seguirá sintiéndose parte del juego, y cuando quiera más minutos, bastará con decir que entonces tendrá que entrenar más días para tener opciones de conseguirlo… sin que ello garantice nada si todas en el equipo van a entrenar, en cuyo caso habrá que valorar otras circunstancias como esfuerzo, compañerismo, deportividad… y en último término, rendimiento.

Cuántas veces un niño falta a un entrenamiento porque su madre no le puede llevar, o porque tiene una cita médica insustituible en tiempos de precariedad sanitaria, o porque tiene que ir a visitar a un abuelo, o ir al cumpleaños de un primo… Y podría citar otros ejemplos en los que quizás él quiera ir al entrenamiento, pero circunstancias ajenas le impiden hacerlo.

Y, por otro lado, cuando se justifican los minutos de juego por la asistencia al entrenamiento, en realidad, muchas veces todos conocemos casos en los que algunos “están de cuerpo presente” pero sus mentes y esfuerzo están muy por debajo de lo deseable. Y quien falta, sin embargo, cuando sí va a entrenar se esfuerza el doble que el resto. ¿No merece entonces jugar?

Además, en ocasiones se da el caso que quienes entrenan toda la semana a gran nivel, luego resulta que se lesionan o surge cualquier circunstancia que les impide ir al partido… y entonces sí, hace necesaria la participación de quienes no queríamos que jugaran. En definitiva, sea como fuere, todos tienen que jugar, otra cosa es que quienes más méritos hayan hecho durante la semana de entrenamientos deban jugar más tiempo. Y es que la única razón válida para mí que debería dejar sin jugar a alguien es la falta de respeto hacia cualquiera del equipo, y ya durante el partido, hacia los árbitros y adversarios.

Un partido dura más de 40 minutos
Al hilo del juego, los entrenadores tienen que enseñar cuanto antes que un partido ni empieza con el salto inicial ni termina cuando suena la bocina o el pitido del árbitro al final. Porque antes hay un calentamiento previo, que, por cierto, en todas las categorías, puede utilizarse casi como un entrenamiento más, que muchos se quejan del poco tiempo que tienen de pista para entrenar, y, sin embargo, luego lo pierden antes de cada partido haciendo una rueda sin sentido como la que hacen los equipos profesionales.

Aprovechemos el calentamiento para repasar detalles trabajados durante la semana, para reforzar conceptos que queremos poner en práctica luego en el partido, incluso para hacer juegos que rebajen la tensión de chicas y chicos antes del partido si fuera necesario. Pero aprovechemos ese tiempo para algo más que “calentarles la oreja” con charlas prepartido impropias no ya de un equipo de minibasket sino hasta de un equipo de élite porque de repente nos creemos que vamos a jugar el partido del siglo.

Igualmente, el descanso es otro buen momento para hacer algún ejercicio diferente, por supuesto, eso sí, igual que en el calentamiento, que no suponga un desgaste excesivo tanto física como cognitivamente, pero que pueda ayudar para cierta mejora concreta.

Y será importante que el entrenador haga hincapié siempre a sus chicos o chicas que ese tiempo de calentamiento o de descanso también forma parte del partido, como también lo es el tiempo que se pasa en el banquillo respecto del tiempo en pista, para que llegado el momento de que llegue alguna queja porque no se jugó o se jugó poco, recordar que al menos todos disponen de ese calentamiento y descanso para jugar.

Autonomía haciendo de todo
En categorías de formación todas las niñas y niños tienen que aprender a hacer de todo y a tener todo tipo de experiencias. No especialicemos a nadie desde el principio indicando quien tiene que marcar a quien, cual es el que saca, quien tiene que subir la pelota o si aquella no puede tirar o solo puede hacerlo desde cerca. Ya llegará en el futuro, si tocan el alto rendimiento, tiempo para que se especialicen en determinadas posiciones o para ejecutar determinados movimientos concretos.

Y relacionado con lo dicho antes, un objetivo fundamental de un entrenador de formación consiste en conseguir que los jóvenes que entrena sean autónomos por sí mismos, es decir, que sean capaces de hacer aquello que entrenan, tomando decisiones por sí mismos sin que nadie tenga que decirles lo que tienen que hacer. Y para conseguir esto, en nada beneficia una práctica habitual en muchas pistas, que es la de “radiar los partidos”. Entrenadores que se dedicar a vocear a cada niño qué tienen que hacer en todo momento: cuando tienen que pasar o tirar, si tienen que salir botando o ir al rebote…

Los partidos no son un videojuego en el que el entrenador puede tocar un botón y hacer que cada jugador haga lo que se debería hacer, porque si se sigue esa “táctica”, cuando no se les diga lo que tienen que hacer… no sabrán hacerlo.

Por cierto, que esa “radio” tampoco provenga de la grada. El entrenador tiene que tener también entre sus objetivos para los partidos, que quienes juegan sólo presten atención a lo que pasa en el partido, y, en todo caso, a lo que les dice él, ignorando los comentarios que puedan llegar desde las gradas. En este punto será importante hacer a ese respecto cierta labor educativa con madres y padres.

Menos palabras y más observación
Relacionado con lo mencionado antes, en ocasiones se ven a entrenadores de formación desgañitándose en la banda para dar instrucciones… que a quienes juegan poco o nada les interesa. Qué quiero decir con esto. Pues que si las chicas o chicos están centrados en el juego, difícilmente van a hacer caso (o al menos no deberían), y las únicas oportunidades para dar alguna instrucción, siempre sencilla, breve y concreta, serán los tiempos muertos o cuando el tiempo de juego esté parado como pueda ser en una situación de tiro libre.

Algunos creen que el entrenador que está sentado en el banquillo sin apenas decir nada, observando cómo juegan no está haciendo bien su trabajo, y no estoy de acuerdo, al contrario, creo que esa es la actitud correcta, mirando que hacen para, eso sí, reforzar con gestos y algunas palabras clave puntuales aquello que hacen bien quienes juegan, o para animar cuando se comete un error o se tiene un fallo. Más allá de eso, todo lo demás sobra.

Errores y fallos
La siguiente recomendación es aplicable también a los entrenamientos, y tiene que ver con la necesidad de enseñar a diferenciar entre errores y fallos a quienes entrenamos y dirigimos en los partidos, y especialmente a no penalizarlos para que se atrevan e intenten mejorar, sobre todo cuando se pretende afianzar un gesto técnico o un detalle táctico.

Tenemos que enseñar que nunca habrá partido en el que no se cometa errores o se tengan fallos, pero no por ello hay que dejar de jugar y volver a intentarlo. Otra cosa será que debamos corregir y enseñar la manera correcta de ejecutar o decidir, pero insisto, jamás penalizar de tal manera que los más jóvenes luego no se atrevan a poner en práctica en los partidos aquello que están aprendiendo en los entrenamientos.

Al final… calma y gracias
Como se dijo al principio, siempre se juega para ganar… pero muchas veces se pierde. Incluso a veces se gana… jugando mal, y se pierde jugando bien. En cualquier caso, el entrenador debe ser ejemplo de autocontrol, y al final de los partidos deberá tener la serenidad suficiente como para estrechar la mano de los adversarios, sea cual sea el resultado.

Y ya habrá tiempo de correcciones y valoraciones sobre lo que se hizo en el partido en futuros entrenamientos. Después de un partido, en caliente, conviene, otra vez, ahorrar palabras y mantener la calma, agradecer al equipo su esfuerzo, desear un buen fin de semana o de resto del día, y como mucho recordar el horario y día del próximo entrenamiento.

Esta recomendación no sólo se refiere a la reacción respecto del equipo, sino también a la que pueda venir por alguna interacción de madres y padres al finalizar el partido. Si alguna vez se sufre algún “altercado” con los progenitores o tutores de las chicas o chicos tras terminar un partido, calma, y recordarles que siempre nos tienen a su disposición antes del próximo entrenamiento o después de fijar una reunión junto al director deportivo, por ejemplo. Pero jamás entrar en provocaciones ni responder a comentarios en caliente.

Y una buena idea para no llevarse el partido a casa en la cabeza, y rumiarlo hasta el punto de no dejarnos dormir, anota en una hoja todos aquellos detalles más destacados del partido (buenos y menos buenos), para cuando llegue el momento de analizarlo y evaluar como sigue el rumbo individual y colectivo del equipo, evitar olvidos, pero, sobre todo, permitir que descansemos sin darle vueltas una y otra vez a lo que pasó en el partido.

Confío que las reflexiones recogidas aquí puedan ayudar a algunos entrenadores más inexpertos o, en todo caso, abrir debate si así lo quieren otros, porque estos pensamientos fruto de mi experiencia y conocimiento están abiertos a cambios y mejora continua.

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miércoles, 16 de septiembre de 2026

Recomendaciones para entrenadores de formación en los entrenamientos

Por Jorge

Ahora que empieza la temporada en colegios y clubes de formación es buen momento para hacer algunas recomendaciones para esos entrenadores más jóvenes o inexpertos sobre algunos aspectos importantes a la hora de entrenar a niños y jóvenes.

Estas recomendaciones basadas en mi propia experiencia las dividiré en dos partes, esta primera relativa a los entrenamientos, y otra posterior sobre los partidos para aquellos que compitan. Y las sugerencias referidas a los entrenamientos se harán con una breve reflexión sobre una serie de conceptos: adaptación, conocimiento, comunicación y planificación.

Adaptación

El entrenador tiene que adaptarse al grupo que va a entrenar.

No es lo mismo entrenar a un grupo de niñas de 8 años que llegan de primeras al baloncesto, que hacerlo con unas infantiles que llevan varios años jugando… como tampoco es igual entrenar en el equipo júnior de un colegio o en una cantera de liga femenina. Todos pueden tener algunos puntos en común, pero también muchas diferencias que se tienen que tener en cuenta a la hora de entrenar.

Algunos entrenadores toman como modelo el baloncesto profesional, y el baloncesto de formación no es igual. El curso pasado, regresó al baloncesto ACB un reputado entrenador con la promesa de que a su fichaje también se sumarían la llegada de una serie de jugadores afines a sus necesidades. Es decir, en el baloncesto profesional, en muchas ocasiones, el entrenador tiene una manera de jugar, y los jugadores se tienen que adaptar a él y su “librillo” que diría aquel. En la formación no es así o no debe serlo.

Un punto en común puede ser la exigencia, porque incluso desde pequeños los niños tienen que entender que formar parte de un equipo implica cierta responsabilidad y que no pueden hacer allí lo que les dé la gana, por ejemplo. Lógicamente, esas condiciones tendrán que ajustarse en cada caso.

Igualmente, la adaptación del entrenador no sólo será en función del grupo de entrenamiento, también dependerá de cada niña o niño, pues la heterogeneidad es norma común en cualquier equipo, donde tienen cabida diferentes niveles de atención, juego, desarrollo físico, etc., de tal manera que los juegos, ejercicios o tareas tendrán que ajustarse en la medida de lo posible a cada cual, así como las correcciones y la manera de dirigirnos a cada uno. Y eso nos lleva al siguiente concepto.

Conocimiento

Cuanta más información y conocimientos tenga un entrenador, más posibilidades tendrá de hacer bien su trabajo.

Todos los entrenadores se presupone que salen de los cursos de entrenador con una serie de conocimientos técnicos y tácticos, así como de otras índoles, que les permiten entrenar, y si bien es recomendable no dejar de formarse continuamente a través de charlas, libros o mirando entrenamientos y preguntando a otros entrenadores con más experiencia, por ejemplo, porque uno no deja de aprender y formarse continuamente, el conocimiento que me interesa remarcar aquí es el del equipo. Un entrenador tiene que conocer a las niñas o lo jóvenes que va a entrenar, y no me refiero sólo a cuestiones “deportivas”, sino también personales, porque entrenamos personas.

Por cierto, mucho cuidado con los conocimientos que adquirimos de otros entrenadores, no te olvides que lo que te dice ese entrenador de ACB o NBA en esa magnífica charla en la que todo sale a pedir de boca, y que le funciona en su equipo, para nada tiene que valerte a ti, y en todo caso, nuevamente tendrás que seleccionar y adaptar aquello que pueda servirte para hacer mejores a las chicas o chicos de tu equipo.

Pero volvamos al conocimiento del grupo. Conocer a cada miembro del equipo significa saber qué les gusta, qué estudian, detalles familiares y mucho más, sin extralimitarnos pero facilitando que todos entiendan que nos importan más allá del juego. Por ejemplo, saber que vienen a entrenar en época de exámenes, o que una chica llega enfadada con un amigo, o que discutió con su madre, puede ayudarnos a la hora de gestionar el ambiente y el desarrollo de un entrenamiento mejorando el clima y la confianza dentro del equipo. Y para conocer todo esto pasamos al siguiente concepto.

Comunicación

Saber escuchar y hablar son virtudes que debe hacer por mejorar todo entrenador.

Las vías de comunicación de un entrenador siempre tienen que estar abiertas con todos los miembros de su equipo, y por supuesto también con sus madres y padres.

Como es lógico no se pueden dedicar todos los entrenamientos a charlas individuales continuas para tratar de resolver todas las situaciones… salvo que por su gravedad puedan implicar a todo el grupo y en cuyo caso entonces se necesitará una conversación grupal. Pero antes y después de cada entrenamiento la chica o el chico tienen que saber que disponen de su entrenador para al menos ser escuchados. Igualmente en el caso de madres y padres que tengan dudas o que quieran comentar algo importante. Y esto tiene que quedar claro incluso antes del primer día de entrenamiento.

Y ni que decir tiene que un buen entrenador tiene que tener los ojos y los oídos bien abiertos en todo momento para captar estados de ánimo, para rebajar tensiones si las hubiese con alguna gracia, y en definitiva, para no dejar de saber como “respira” su equipo.

Al inicio de una temporada, especialmente cuando se llega a un equipo nuevo que no se conoce, una opción puede ser la de hacer algún tipo de cuestionario previo a rellenar (adaptado según la edad del grupo) que nos permita conocer algunos detalles de cada componente del equipo. Más adelante también se podrá utilizar otros para evaluar el grado de contento en el equipo, pedirles que hagan sugerencias (que no se tienen porqué tener en cuenta siempre, pero que sí se deben al menos valorar), y en cierto modo, así conocer cuál es su opinión, para que entiendan que nos interesa lo que piensan.

También dentro del apartado de la comunicación, ésta es fundamental a la hora de hacer explicaciones y correcciones en un entrenamiento. Hay que ser breve y utilizar un lenguaje sencillo que sea fácil de entender, utilizar palabras clave de fácil entendimiento, y dejar claro en todo caso, que si no se entiende algo, que se diga para poder insistir y explicarse mejor.

Y para terminar, toda niña o niño se tiene que ir a casa con un refuerzo positivo como mínimo, porque por mal que lo hagan en un entrenamiento, seguro que todos dan algún motivo para mejorar su confianza y su autoestima con un refuerzo que afiance aquel gesto técnico, comportamiento o actitud que queremos que desarrollen.

Planificación

Un entrenador no puede hacer entrenamientos sin seguir un orden y con unos objetivos muy claros.

La planificación por muy pensada que esté sobre el papel (que lo aguanta todo pero luego la realidad es la que es), tiene que ser flexible y desarrollarla una vez que conozcamos al equipo. Sin olvidar que más vale que aprendan poco pero bien, que mucho… pero no tan bien. Así que paciencia.

Desde el punto de vista técnico y táctico, y me atrevería también a decir que a nivel de comportamiento, mi recomendación cuando se llega a un equipo de nuevas es hacer varios entrenamientos para conocer a las chicas o chicos por nosotros mismos, sin recibir prejuicios previos de otros entrenadores. Y es que es típico que con el ánimo de ayudar, cuando uno llega como nuevo a un club, algún entrenador o el director deportivo quiera decirnos que tal chaval, ojo que siempre se queja mucho, que tal otro es el mejor del equipo, que aquel juega bien pero es un vago… cuidado con las etiquetas que les pusieron otros.

Mejor será que nos hagamos por nosotros mismos nuestra composición de lugar, y luego ya si tenemos alguna duda o necesitamos ayuda, conocer la opinión de otros. Y es que a veces lo que nos dicen algunos, no se corresponde necesariamente con lo que luego vemos, más allá de que sí pueda convenir conocer detalles importantes referidos a lesiones o enfermedades.

Si algún joven o inexperto entrenador llegó a este texto con la idea de encontrar trucos infalibles para entrenar como si del mago Tamariz me tratase, tal vez se haya decepcionado, pero es que entrenar no es una ciencia exacta, y conlleva reflexionar y darle vueltas a las ideas una y otra vez con el ánimo de ayudar lo mejor posible a los más jóvenes.

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martes, 23 de junio de 2026

Mejorar las condiciones laborales de los entrenadores de base (IV)

Por Jorge

Cuarta entrega de la reivindicación acerca de las necesarias mejoras de las condiciones laborales de los entrenadores de base porque… y la vida sigue igual, que diría aquel. Ya que los entrenadores de formación siguen sin ver reconocida su valía a nivel económico a pesar de que son la mayoría dentro del ámbito deportivo.

Y no me refiero a entrenadores de grandes clubes, por ejemplo, los de equipos infantiles o júnior del Barcelona, por citar un club profesional de baloncesto que se entiende que tiene una estructura de base fuerte con la idea de ganar y de formar jugadores que puedan alcanzar el primer equipo, y que suelen tener una alta consideración como para cobrar como se merecen todos los demás… aunque en las canteras de muchos clubes profesionales también existen excepciones sangrantes.

En realidad la queja hace referencia a la mayoría de entrenadores de base de colegios y equipos de barrio o clubes cuya labor es fundamental para el desarrollo deportivo de una sociedad, inculcando hábitos saludables y formativos que incluso van más allá del deporte. Y, sin embargo, no son reconocidos económicamente, sin contrato (la mayoría) o con él, pese a la alta exigencia que tienen sobre sus espaldas, pues en muchos casos se les pide unos éxitos en forma de victorias, que en realidad, no es su principal cometido, como si sus equipos estuvieran disputando una competición profesional.

Si queremos un deporte (no solo el baloncesto) de sólida base desde la que luego sacar deportistas de élite pero también aficionados que continúen con la tradición deportiva, habrá que contar con los entrenadores, y más allá del reconocimiento de las buenas palabras (que se las lleva el viento), habrá que crear una estructura basada también en un reconocimiento económico mínimo que incluya contratos, cotizaciones a la seguridad social y salarios acorde con el buen trabajo realizado.

Una vez más, termina una temporada, y las federaciones, las asociaciones de entrenadores y la administración (Consejo Superior de Deportes) no consiguen regular adecuadamente la homologación de titulaciones federativas de entrenadores, para que todos se equiparen a los nuevos estudios, tal vez más completos y exigentes, pero que parecen destinadas más a una recaudación económica de la administración que al posterior reconocimiento económico del propio entrenador. Y no olvidemos que esa acreditación educativa no reemplaza la notable experiencia de aquellos entrenadores que llevan muchos años entrenando bajo la titulación federativa, y que reclaman una “justicia” que debería ir acompañada luego del reconocimiento económico que merece su trabajo.

La desgracia de esta situación está en la falta de reivindicación por parte, no ya de las asociaciones de entrenadores que deberían trabajar para ello, sino de muchos entrenadores de formación que pese a que hacen un gran trabajo para sus clubes, miran para otro lado a la hora de reclamar mejoras contractuales y salariales porque ellos tienen un trabajo “principal” bien remunerado, y les favorece que el baloncesto sea un “segundo sueldo extra” que no se vea perjudicado bajo ciertos subterfugios (legales o no). Y los clubes y la administración también miran para otro lado porque la situación les favorece a costa de un sistema que está cogido con alfileres.

Y de este modo, sin la unión de todos los entrenadores, sea cual sea la categoría, porque a los profesionales quizás tampoco les convenga la “profesionalización” de unos entrenadores que hacen un trabajo tan profesional como el suyo (o tal vez más), y que solo se quedan en las buenas palabras de algunos de ellos, que repito nuevamente, se las lleva el viento, faltan acciones, presión púbica, manifestaciones… y hasta, porque no, huelgas para fomentar una reflexión encaminada a solucionar esta situación que se arrastra desde tiempos inmemoriales. ¿Alguien se imagina lo que pasaría si todos los entrenadores de base del país decidieran parar su actividad? ¿Qué sería de los casi dos millones de jóvenes que hacen deporte regularmente?

Como podrá comprobar el lector, la idea no difiere respecto de los anteriores textos reivindicativos que se escribieron en este blog:

Mejorar las condiciones laborales de los entrenadores de base
Mejorar las condiciones laborales de los entrenadores de base (II)
Mejorar las condiciones laborales de los entrenadores de base (III)

En cualquier caso, nuevamente, ahora que termina la temporada de BA-LON-CES-TO, quede constancia una vez más de esta reivindicación y sirvan estas palabras para la reflexión en esa búsqueda de mejoras que permitan un avance laboral de los entrenadores de base.

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miércoles, 11 de marzo de 2026

¿Qué BA-LON-CES-TO ves?

Por Jorge

La experiencia de varias décadas como aficionado y entrenador me permite deducir que, pese a que ahora gozamos de las mayores posibilidades de ver baloncesto, la mayoría de los jóvenes (y no tan jóvenes) apenas ven partidos regularmente, por no decir que solo ven “highlights” (que no está mal… si tuvieran la visión completa que dan los partidos).

Incluso un jugador profesional decía antes de llegar al profesionalismo que no veía ni le interesaba mucho el baloncesto. Y si hiciéramos una encuesta entre jugadoras y jugadores de la máxima categoría del baloncesto español, a riesgo de equivocarme (¡ójala!), creo que los resultados podrían ser descorazonadores.

El aprendizaje del baloncesto depende básicamente de jugar y de ver baloncesto. Entendiendo por jugar, tanto entrenar como jugar por libre fuera de los entrenamientos (algo que también se perdió), y ver baloncesto, no sólo baloncesto profesional por televisión o internet, también el baloncesto de formación y el que se juega en la calle o el patio del colegio, porque siempre hay que estar abierto a aprender de todos. Por cierto, cuando digo ver, en verdad hay que decir que me refiero a mirar, es decir, a ver con atención, matiz este muy importante.

Cuando quiero comentarles algún detalle o se lo muestro con un corte de vídeo a chicas y chicos que entreno, y les pregunto: “¿qué ves?”, la mayoría ve muchas cosas… pero no van a lo que quiero que vean, al detalle sobre el que me gustaría que tomaran nota. Y ese es un riesgo que también se corre cuando miran esos vídeos virales que circulan por las redes.



Si preguntamos a uno de los chicos que entreno sobre que ven en el anterior vídeo, puede que alguno diga que ve un saque de fondo que termina con una acción de aro pasado. Y no estaría faltando a la verdad. Pero pocos verían, por ejemplo, la pésima defensa del defensor del sacador. Defensa que permite un pase simple a la zona para una canasta “fácil” del equipo contrario.

Ojo, puede que las normas defensivas de ese equipo no digan nada sobre evitar pases a la pintura en un saque de fondo. En cuyo caso, nada hay que objetar a esa defensa. Pero este corte de vídeo puede ser una manera de advertir a un jugador de formación que la posición defensiva de ese defensor del sacador debería haber sido en otro ángulo de tal manera que su cuerpo hubiese cerrado esa posibilidad de pase a la zona para evitar recibir una canasta sencilla.

Así con esta idea nace esta nueva sección del blog para “ayudar” al aficionado, al entrenador y al jugador (sobre todo de formación) a mejorar su visión y conocimiento del baloncesto. La dinámica será la de incrustar en el blog el vídeo de un corte de juego de un partido y explicar qué se puede ver en esa jugada (bienvenidos serán también los comentarios de quienes se pasen por aquí). Por supuesto, que nadie espere sesudos estudios, simplemente se hará un breve análisis para destacar uno o varios detalles.

Para terminar, tengo que aclarar que no pretendo atribuirme una catedra que no tengo con los vídeos y las reflexiones que se deduzcan de ellos, pues además de que ni conozco todo el baloncesto, estoy abierto a aprender de los demás para mejorar. Veremos que continuidad tendrá esta sección, pero espero que sirva a los demás como lo hace conmigo para seguir prestando atención a los detalles de nuestro juego favorito.

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lunes, 23 de febrero de 2026

Concentración, divino tesoro

Por Jorge

El baloncesto es un juego complejo que requiere de unos niveles de concentración importantes para poder jugar mejor… como en realidad pasa para hacer cualquier actividad, o al menos, se necesita una concentración mínima para hacerlo bien.

Y, aquí, en el siguiente vídeo de un partido NBA del año pasado, veremos un ejemplo “sangrante” de pérdida de concentración que pasa más de lo que se cree en el baloncesto profesional, y del que debería tomar nota muchos entrenadores de formación para reflexionar y tomarse un poco más a la ligera algunos errores de concentración de los niños o las jóvenes que entrenan, pues a fin de cuentas ellos están aprendiendo.



¿Cómo puede ser que un jugador empiece un partido sin saber en qué canasta ataca? Como siempre podemos acudir a la “presunción de inocencia”… si lo sabía, ¿por qué no fue al aro para meter canasta? En ese caso, entonces hablaríamos de mala decisión… que también son más frecuentes de lo que creemos en el baloncesto de alto nivel, y si eso pasa ahí y siguiendo con la comparativa, qué podemos esperar en la formación… pues eso, muchas malas decisiones que con entrenamiento y partidos deberían ir menguando.

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martes, 16 de septiembre de 2025

Menos es más (III): Juego libre

Por Jorge

Una queja habitual entre los entrenadores más veteranos del baloncesto de formación es que a los jóvenes de ahora les falta el desparpajo y la picardía que se ganaba jugando en las canchas de barrio o en el patio del colegio, es decir, por libre. Con diferentes espacios y fuera de las reglas sistemáticas propias de entrenamientos y partidos de cualquier club.

No sé si antes se jugaba tanto fuera de las horas de entrenamiento habituales como creemos o es mera nostalgia romántica, pero si parece claro que si nos damos una vuelta por pistas de cualquier ciudad o pueblo, día sí y día también, cuesta ver jugar a alguien “a su bola” que no tenga menos de veinte años (siendo generoso). ¿De quién es la culpa? ¿Qué podemos hacer?

Seguramente sean muchas las causas de esa “dejadez”. Los tiempos cambian y los hábitos de ocio son otros, la oferta es tan amplia que el esfuerzo que conlleva la actividad deportiva no es para todos. Y si a eso añadimos las comodidades que facilitan las familias, la falta de espacios para jugar, y el número de horas de entrenamiento, que para los entrenadores siempre son pocas, pero que me parece que son demasiadas (exceso de profesionalización), entonces el cóctel ya está servido.

¿Qué podemos hacer los entrenadores para recuperar ese juego libre? Aquí va una sencilla propuesta. Reservar un espacio de cada entrenamiento para él. Menos quejas porque ya no existe y más dedicar aunque sea diez o quince minutos en cada entrenamiento para que las chicas y chicos jueguen de “manera distinta” a como luego lo harán en los partidos de competición. A su aire, creando esas “burbujas” los jóvenes se pueden “oxigenar” un poco, jugar de otra manera, y quien sabe, lo mismo contribuimos a que luego quieran continuar con ese tipo de juego fuera de los entrenamientos.

Otra vez, menos es más. ¿Dejarán de ser grandes tiradores los chavales que tiren quince minutos menos en cada entrenamiento por hacer un juego libre? No creo. Y, sin embargo, seguro que se gana en diversión y en otros detalles de técnica y táctica individual que serán positivos en su crecimiento deportivo.

Y continuando con esa idea de menos es más, ¿cuándo empezó ese “boom” entre los equipos de formación por empezar antes las pretemporadas? ¿Por qué se tienen que parecer a las que realizan los equipos profesionales? ¿Es necesario que chavales de 11 años jueguen dos torneos y varios amistosos más antes de empezar la competición oficial? Ahora raros son los equipos de formación que no empiezan a mediados o finales de agosto, que si por algunos fuera, no habría ni postemporada ni pretemporada. Que todo fuera un continuo non-stop. Luego querremos que los chavales jueguen también en las pistas de su barrio. Y qué más.

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jueves, 11 de septiembre de 2025

Menos es más (II): Baloncesto de base

Por Jorge

La Federación Española de Baloncesto está de enhorabuena. A las selecciones de base les fue, como casi siempre, más que bien este verano, especialmente en el femenino, con un triple oro europeo en U16, U18 y U20, éxitos a los que sumar la medalla de bronce mundialista de la U19, y el oro masculino de la U18 después de una épica remontada en la final.



Ni que decir tiene que como aficionado, aunque mi seguimiento fue esporádico mirando sólo algunos partidos, se tiene un cierto orgullo al ver la competitividad de los equipos españoles. Sin embargo, la pregunta que me planteo es: ¿son necesarios este tipo de torneos a edades tan tempranas?

Y con esas edades me refiero sobre todo desde la categoría U18 para abajo, pues entiendo que las selecciones U19 y U20 están formadas por una élite que juega en universidades americanas o que van haciendo sus primeros pasos en el baloncesto sénior, y para quienes estos torneos son una continuidad camino de su etapa profesional.

Por supuesto, no puedo obviar en esta reflexión algunos argumentos evidentes a favor de este tipo de campeonatos:

1) Quienes participan ganan otra experiencia más en su desarrollo competitivo.

2) Los partidos les permiten evaluar su nivel respecto de los mejores de otras latitudes continentales o mundiales.

3) Compartir entrenamientos con las mejores jugadoras o jugadores de su edad pueden ser otro punto a favor para su evolución técnica y táctica...

...aunque me temo que esa parte es mínima, pues se tratan de equipos de rendimiento, y cuyo objetivo en la cúspide de su planificación es ganar y ganar para conseguir el mejor puesto posible. Y ganar es una aspiración lógica (siempre se juega para ganar), pero en estos casos la formación entendida como algo más amplio y completo queda para el trabajo que realizan los clubes en los que juegan sus integrantes, razón por la que las llame selecciones de base y no de formación.

Así la mayor sombra que me hace dudar sobre la idoneidad de estos torneos está en la temprana “profesionalización” de jóvenes que realizan concentraciones y viven una experiencia como la de una selección absoluta (con atención a los medios de comunicación incluida), insisto, especialmente desde U18 para abajo, y que puede “quemarlos” antes de tiempo.



Y es que el tute que se meten estos jóvenes deportistas con entrenamientos y partidos continuos (amistosos, ligas, campeonatos de España autonómicos, de clubes, etc.) es notable y exigente hasta el punto que no podemos olvidar que para quienes destacan desde bien pronto, pueden encadenar competiciones desde los 14 años (y antes) hasta los 18, con todos los veranos “ocupados”. Y a la larga eso puede pasar factura.

Este verano hemos asistido a la temprana retirada de Álex Abrines (31 años) y aunque no sabemos las razones exactas, y seguro que son varias (familiares, profesionales, de salud, etc.), algo me dice que el desgaste puede ser otra de ellas, como quedó claro en su carta de despedida de la afición culé cuando dijo haber “quemado etapas muy deprisa”.

También Ricky Rubio, aunque volverá a jugar este curso, dejó claro en algunas intervenciones públicas que una exigencia excesiva a edades tempranas puede ser contraproducente. Y estos dos son casos conocidos, pero cuántos ocurren entre quienes no llegan al profesionalismo y que no conocemos… ¿Para qué tanta prisa y tanto ajetreo?

Las exigencias del baloncesto del mejor nivel son muy altas, pero los excesos se pueden pagar, y quizás sería mejor reducir entrenamientos, y sobre todo, partidos y campeonatos, especialmente a edades tempranas. Menos es más, y aunque luego tengamos ejemplos de gente que echa horas como si no hubiese un mañana, y a quienes les “sale bien” o eso parece, algo me dice que son excepciones que confirman la regla.

Y recordemos que el baloncesto de selecciones de base no deja de ser la expresión de la excelencia en cada categoría, pero más allá de otra docena de jugadoras y jugadores de cada edad que rondan esa élite, la mayoría está lejos de ese estadio. Y por lo tanto, estos resultados que para muchos puede ser un barómetro del estado del baloncesto español, cuidado, porque insisto, la mayoría está lejos, y me refiero a quienes forman parte de clubes de colegios, barrios y pequeñas localidades. Y no olvidemos que esta mayoría sí son parte muy importante de la salud de nuestro deporte, pues de ella saldrán aficionados, futuros entrenadores, árbitros, gestores y demás eslabones esenciales para mantener y hacer crecer el baloncesto.

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martes, 2 de septiembre de 2025

Menos es más

Por Jorge

Nueva temporada de BA-LON-CES-TO que inicia curso 2025-2026 haciendo una breve reflexión de presentación sobre el principio del “menos es más”, y que tendrá continuación a lo largo de este mes de septiembre con su relación con el baloncesto y alrededores.

Vivimos en un mundo que desde hace demasiado tiempo ensalza la productividad. Cuanto más, mejor. ¿Qué entrenador no querría disponer de tres días a la semana para entrenar en lugar de dos? ¿Y cuatro en vez de tres? Nunca es suficiente.

Siempre hay que estar haciendo algo porque sino se está perdiendo el tiempo. Y con esa idea en mente, y dado que todas las madres y padres amparados por su natural querencia por darles lo mejor a sus hijos, pues que estos hagan siete actividades extraescolares a la semana: judo, natación, fútbol, pintura, inglés o chino (o ambos), piano o guitarra (o los dos) y teatro, en lugar de dos o tres. Eso sí, pisar la calle, cuanto menos, mejor.

Al cuanto más, mejor, se le suma la falta de paciencia, así que cuanto antes, mejor también. Un aprendizaje es un proceso que debe respetar unos tiempos. Ahora da igual. Así la tendencia es adelantar etapas de la vida de tal manera que los niños dejan de serlo demasiado pronto, o eso quieren (o parece) cuando en muchos casos se les trata como adultos en miniatura.

Algunos equipos de formación son entrenados como si fueran de rendimiento dedicando más tiempo a la táctica que a la técnica porque se quiere ganar partidos cuanto antes, sin entender que hay que perseverar en los fundamentos que serán la base del juego en el futuro. Y así pasa, que a veces se va tan rápido que vemos equipos de adultos que juegan como niños, y equipos de jóvenes que juegan como adultos. El mundo al revés.

Seguro que la inmediatez que genera la conectividad de las ya no tan nuevas tecnologías, estimulan esa impaciencia y esa necesidad de estar al día continuamente porque de lo contrario parece que te quedas desfasado. Todos necesitamos el último modelo de “smartphone”, hay que ver todas las series que están de moda, y si puede ser de una sentada, genial. Por cierto, lo de ver un partido de baloncesto... bueno, ya si eso, con los “highlights” nos llega.

En cualquier caso, el “menos es más” viene a sugerir que podemos reducir ese ajetreo y la acumulación de la vida actual a la sencillez de lo esencial para simplificar nuestro día a día, de tal manera que lejos de la novedad permanente y del exceso de velocidad, podamos reflexionar y profundizar sobre lo que verdaderamente es importante, y pasar por la vida, y no que la vida pase por nosotros.

¿Vamos demasiado deprisa o el ritmo actual está bien? ¿Eres del club de los que “abarcan mucho pero aprietan poco” o prefieres tomártelo con calma e ir poco a poco?

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lunes, 16 de junio de 2025

Mejorar las condiciones laborales de los entrenadores de base (III)

Por Jorge

La noticia del año este curso baloncestista es la “huida” de talento joven al baloncesto universitario estadounidense (NCAA) aprovechando que a la experiencia educativa e idiomática se suma que ahora los jugadores sí pueden cobrar contratos que difícil parangón tendrían en el baloncesto español y europeo. Supongo que el debate que este panorama abre para el baloncesto FIBA obligará a mejorar las consideraciones deportivas y económicas de los jugadores jóvenes.

Sin embargo, los responsables de la afición y crecimiento deportivo de esos jóvenes, los entrenadores de formación, siempre trabajan bajo condiciones muy precarias desde hace décadas… y nadie se rasga las vestiduras por ello. Así que una vez más como se hizo en otras ocasiones, ahora que acaba el curso para BA-LON-CES-TO, volvemos a reclamar sobre la necesidad de mejorar su situación laboral.

No me cansaré de decir que 3 de cada 4 entrenadores (y seguramente me quede corto) no realiza su labor en el baloncesto profesional (y seguro que esto pasa igual en la mayoría de deportes), pero de su trabajo depende mucho tanto la afición de los jóvenes en sus inicios deportivos, como también el posterior desarrollo que luego les llevará a la élite deportiva aunque eso ocurra sólo en contados casos. Sin olvidar de la importancia de su labor educativa creando hábitos que van a suponer mejorar la salud de nuestra sociedad, por no hablar de que esos jóvenes serán la futura base de la afición deportiva.

Hace unos días, el entrenador de balonmano, Juan Antonio García Herrero, autor de notables libros sobre entrenamiento y gestión deportiva, publicaba el siguiente tuit:


Conocedor de las circunstancias que rodean el trabajo de los entrenadores de formación, no se pueden condensar en menos palabras las exigencias que reciben estos entrenadores a cambio de muy poco.

¿Son conscientes las autoridades deportivas de esta situación? Seguro que sí. Hacen algo para mejorarla. Me temo que poco por no decir nada. ¿Cómo puede ser que la estructura del deporte esté sujeto con pinzas y nadie haga nada?

Vuelvo a insistir otra vez: ¿Qué pasaría si todos los entrenadores se plantan y van a una huelga que paralice la actividad deportiva de formación? Los efectos sociales serían tremendos, pero hace falta además de valor para llevar a cabo esa medida de fuerza, la unión de los entrenadores que necesita de una representación real a cargo de sus asociaciones. Y para conseguir todo esto, sin duda haría falta “hacer ruido” a través de los medios de comunicación.

Por ejemplo, el programa radiofónico decano del baloncesto español, dirigido por José Manuel Puertas, es “Tirando a Fallar”. Y llegada la época estival es habitual que realice alguna emisión especial con la entrevista a una figura histórica de nuestro deporte. ¿Por qué no hacer algún monográfico para reivindicar la mejora de esta situación de los entrenadores de formación?

Si de decanos hablamos dentro de la información baloncestística, no podemos dejar de mencionar a la revista “Gigantes del Basket”. ¿Para cuándo un reportaje sobre este tema? Tal vez con el ruido que se pueda generar desde los medios ayude al debate, y, sobre todo, a que los gestores del deporte se preocupen por mejorar la situación de los entrenadores de base del deporte.

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miércoles, 11 de diciembre de 2024

Protestas arbitrales (II): desconocimiento y falta de empatía

Por Jorge

Hace varias semanas ya escribí sobre las protestas arbitrales en una primera entrega en la que ponía por un lado ejemplos que mostraban poca concentración por parte de los jugadores, y por otro situaciones en las que jugadores y entrenadores daban ejemplo de ayudar a la labor arbitral, dada su complejidad, incluso reconociendo el error por protestar.

Y retomo el tema para referirme a la relación del público, poco o muy aficionado al baloncesto, da igual, con el arbitraje. Vaya por delante que el comportamiento de la mayoría es correcto, o que por lo menos muestra cierta indiferencia ante situaciones que en muchos casos son desconocidas para él.

Reglas: esas grandes desconocidas
Una vez más, me refiero al reglamento como ese complejo compendio de puntos y situaciones con una redacción que a veces no ayuda a su entendimiento… ni siquiera para los aficionados más avezados de nuestro deporte. Y es que hasta los propios protagonistas desconocen algunos de sus detalles como mostré en varias entradas anteriores.

Si algunos jugadores y entrenadores demuestran cierta ignorancia con algunas reglas, eso mismo le pasa al público, sin embargo, lejos de reconocerlo, la toman con el arbitraje protestando también sin mucho sentido.

Un ejemplo habitual de ese desconocimiento lo tenemos con el caso del campo atrás, que lleva a muchos a protestar acciones en las que un jugador del equipo atacante recupera la pelota en campo defensivo y sigue el juego, y es que a veces las situaciones de campo atrás no son tan sencillas porque se deben de dar varias circunstancias para ser pitadas.

Y ahora mismo la palma sobre las quejas del público está con la aplicación del paso 0. Una regla que no todo el mundo asimiló y que lleva a ver protestas como sucede en el siguiente vídeo donde un jugador hace, me parece a mí, una parada en 2 tiempos precedida de un paso 0 previo en el agarre de la pelota para acabar tirando. Y se puede ver a un aficionado, varias filas por encima del banquillo, gesticulando pidiendo pasos. Curiosamente, esa protesta sólo se produce después de que haya canasta y no antes:



Por supuesto, esta acción más allá de la duda que puede generar no deja de ser sólo una muestra de que todos, los aficionados también, creemos que siempre tenemos razón, y no es así, y no pasa nada si nos equivocamos, como tampoco debería pasar nada si erran los árbitros.

Hay que reconocer que el hecho de que algunas acciones estén sujetas a la interpretación arbitral y de que el juego cada vez se juegue a mayor velocidad, no facilita el enjuiciamiento de ninguno de los protagonistas del juego (jugadores, entrenadores, árbitros), como tampoco del público. Pero aquí lejos del “calla” si no estás seguro, ante la duda, quéjate y protesta, que así creemos que se puede solucionar todo.

Empatía: convivir con el error o la imperfección
Nunca dejaré de insistir en la necesaria labor didáctica que ayude a reducir protestas o por lo menos a mejorar el conocimiento del reglamento, y que está en mano de todos: árbitros, competiciones, clubes, entrenadores, jugadores…

Así por ejemplo la ACB por la parte que le toca a su competición, muchos años incluyó entre la videoteca de su canal de Youtube ejemplos de situaciones de juego que pueden llevar a confusión para ayudar a entender algunos cambios en el reglamento, o al menos qué sirva para conocer que se va a sancionar.



También hay que hacer notar una campaña que se hizo al inicio de esta temporada con un anuncio protagonizado por el estamento arbitral en el que los propios árbitros ficcionaban un comportamiento deplorable hacia otros profesionales, en este caso de la hostelería, ejemplificando las conductas que tienen que aguantar ellos en cada partido.



No estaría de más repetir una y otra vez este tipo de anuncio antes de cada partido para concienciar al público que protestar por protestar no tiene sentido, y que tratar así de mal al árbitro, lejos de dar razón la quita.

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lunes, 11 de noviembre de 2024

Protestas arbitrales (I): perder el tiempo o ayudar al arbitraje

Por Jorge

El deporte ofrece demasiadas imágenes de protestas a los árbitros. Los jugadores, el público y los entrenadores nunca se equivocan, pero los árbitros son todos muy malos a juzgar por esas imágenes, cuando la realidad es que dada la dificultad de su labor, me parece que demasiado aciertan.

Los lectores habituales del blog saben de la querencia que tengo a defender la labor arbitral, y aunque eso no quiere decir que no haya protestado alguna vez, o que me queje en ocasiones por considerar que se han equivocado, lo que tengo muy claro es que un resultado nunca depende del arbitraje.

A veces un partido de baloncesto se decide por una jugada, por una canasta, por un punto, y si por el camino hubo decisiones arbitrales cuestionables, siempre tenemos la tendencia a considerar que se perdió por culpa del arbitraje. Pero no es verdad. En el baloncesto se dan tal cantidad de decisiones, por parte de jugadores, entrenadores y árbitros, que el resultado no deja de ser una confluencia de aciertos y errores de todos ellos, y si tenemos en cuenta que el juego es de los jugadores, ellos son los máximos responsables de la victoria o la derrota.

Los árbitros no tiran a canasta, no deciden si tienen que pasar o tirar, no tienen que defender a un tirador o hacer una ayuda defensiva desde el lado contrario. Y reducir el resultado a las decisiones arbitrales es una equivocación que seguro que sirve para esconder demasiados errores propios.

No me canso de poner siempre el mismo, y sencillo, ejemplo. ¿Cuántos tiros libres falla un equipo en un partido? ¿Depende eso de los árbitros? Y podríamos poner más ejemplos.

Comer la oreja al árbitro
La ACB suele difundir, en una iniciativa muy interesante, vídeos donde se capta, gracias al uso de micrófonos, los audios de conversaciones entre jugadores o entrenadores y los árbitros durante algunos partidos, y la verdad es que es bastante sonrojante la cantidad de protestas a las que están sometidos, y sobre todo de comentarios que pretenden influir en sus decisiones arbitrales.



Un clásico es el entrenador que, como se dice vulgarmente, le “come la oreja” al árbitro con la peregrina idea de que así puede influir en su labor, como si los árbitros no se dedicaran a pitar o dejar de pitar sencillamente lo que ven o dejan de ver. Y ya el colmo de esta “iniciativa influyente” está en forzar una técnica con esa intención de cambiar la tendencia del arbitraje.

Estaría bien disponer de alguna estadística, ahora que se cuantifica todo, acerca de esa consecuencia de la técnica forzada para ver si realmente se produce algún cambio, o simplemente es poco menos que una especie de superstición sin ningún sentido, que es lo que me parece a mí. Pues uno puede entender que tales giros arbitrales se den en una liga municipal, pero en el baloncesto profesional… suena más a excepción que a una regla no escrita.

Psicología deportiva y concentración
Contrasta entre los jugadores que muchos nunca hacen falta, por clara que sea esta, a juzgar por sus protestas, hasta el punto de que algunos insisten y por sus gestos se puede deducir que su concentración dejó de estar en el juego para centrarse en una especie de rivalidad sin sentido con los árbitros que no deja de ser unn pérdida de tiempo.



El arbitraje deportivo tiene un componente subjetivo inevitable, que tiene que ver con lo que se ve y lo que se aprecia, que no siempre es igual para todos. Por cierto, aunque nos sorprenda cuando vemos las repeticiones en una retransmisión televisiva, la velocidad del juego o un simple despiste, impide que un árbitro vea una acción que parece clarísima, o simplemente puede que la interprete de manera distinta a como cree un jugador o entrenador. Y hay que aceptarlo. Es parte del juego.

Ahora bien, perder el tiempo protestando o perdiendo los papeles no parece la mejor decisión si quieres seguir jugando bien. Y es que ya lo dicen los psicólogos deportivos. Céntrate en aquello que depende de ti. Si el árbitro falla o acierta es cosa suya, el jugador sólo puede jugar, y el entrenador tiene que entrenar, pero protestar, gesticular o hacer aspavientos tiene poco sentido.



Ayudar a los árbitros
El buen deportista debe hacer gala de su deportividad, y en relación con el arbitraje, tanto jugadores como entrenadores deberían ayudar a los árbitros en lugar de complicarles todavía más su tarea.

Ejemplo de ayuda lo tenemos cuando un jugador reconoce rápidamente una falta (incluso cuando no tenga claro que lo sea), y hasta si es relativamente dura, se disculpa con el adversario para evitar cualquier tipo de altercado.



Otro ejemplo que ayuda tiene que ver con algunas declaraciones que hacen los protagonistas defendiendo su labor, como vemos en el siguiente vídeo del jugador de la NBA, Shai Gilgeous-Alexander:



Por último, en las redes sociales suelen incluirse más críticas que alabanzas hacia el trabajo arbitral, pero a veces tenemos excepciones que conviene resaltar, como en el siguiente caso protagonizado por un entrenador de Primera FEB, que después de un partido colgó el vídeo de una jugada que fue objeto de protestas y hasta técnica, y el mismo reconocía el acierto arbitral pidiendo perdón.

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lunes, 23 de septiembre de 2024

Competición en el baloncesto de formación

Por Jorge

Ya falta menos para que comiencen las competiciones en categorías de formación, y muchos equipos están jugando amistosos de tal manera que todos los fines de semana (o casi) de aquí a final de temporada estarán ocupados con partidos, porque no faltarán los torneos que ocupen los parones de los encuentros oficiales.

Con ese panorama a la vista, la primera pregunta que me hago es: ¿Son necesarios tantos partidos en edades de formación?

Multideporte
La ciencia del deporte considera, según se dice en algunos estudios, que a edades tempranas no conviene la especialización deportiva, es decir, que para el mejor desarrollo deportivo de los jóvenes lo mejor es combinar diferentes deportes, tanto individuales como colectivos. Y tiene su lógica, más allá de esos estudios.

Y es que si bien no es fácil que una niña se enganche al baloncesto tan pronto, incluso haciéndolo está bien que experimente con todo tipo de deportes, porque nunca se sabe por dónde tirará al final, y en cualquier caso, todo el rango motriz y experimental que va a recoger de diferentes deportes, siempre le vendrá bien en el futuro. Mientras que quien sólo practica un deporte a priori no tendrá una experiencia más completa. Luego a medida que avance su evolución, habrá tiempo de decantarse definitivamente por un deporte concreto.

Si practicar diferentes deportes es bueno, y a eso se le suman otras actividades extraescolares (música, baile, idiomas, pintura, etc.) más colegio o instituto, ¿de dónde sacarán los jóvenes todo el tiempo necesario? ¿Y si se tiene que competir cada fin de semana en cada uno de esos deportes? Seguro que sobre esto las madres y padres tienen una opinión bastante clara, pues al fin y al cabo son ellos quienes tienen que organizar transporte y logística familiar cada semana. Por no hablar de que ese estrés competitivo tal vez no sea la mejor opción a edades tan tempranas si se quiere evitar que los jóvenes se quemen antes de tiempo.

Competición y formación
Un debate recurrente en categorías de formación es si se puede formar y competir a la vez o son incompatibles. Afortunadamente la mayoría tenemos claro que sí es posible, aunque igualmente tengo dudas de que la mayoría lo haga bien, y lo que es seguro es que muchos pueden hacerlo mejor.

Pocos clubes tienen la mejor organización y los entrenadores más experimentados en la base, requisitos que ayudan a tener las ideas claras para no saltarse pasos imprescindibles en la formación, y es que no vale competir (ganar) de cualquier manera a esas edades, y el partido debe ser visto como otro entrenamiento más en el que poner en práctica la técnica y táctica individual que se fue entrenando durante la semana, siguiendo unas progresiones lógicas y siempre ajustándose al nivel de las niñas o niños.

Por desgracia, todavía quedan demasiados clubes y entrenadores inexpertos que ven en los más pequeños una especie de baloncesto profesional en miniatura, y se cometen algunas barbaridades que dejan atrás demasiado temprano a algunos, especializando antes de tiempo y en definitiva, poniendo por delante victorias y derrotas frente a la enseñanza de las habilidades básicas del baloncesto.

Minibasket: ¿es necesario competir a cualquier edad?
No será la primera ni probablemente la última vez que escriba que a mi juicio en minibasket no es necesaria la competición pura y dura. Al menos en la mayoría de las ocasiones. Y es que no es lo mismo la competición en clubes bien estructurados que llevan una progresión lógica y con mucha experiencia detrás, que para otros cuya creación está cogida con pinzas y para los que el éxito es poder desarrollar esta actividad deportiva sin más.

¿Puede o debe competir cada semana un equipo cuyo nivel es muy bajo? ¿Conviene competir a niñas o jóvenes que empezaron a jugar de manera tardía y sin apenas experiencia? ¿No es perjudicial recibir una paliza tras otra porque el nivel de la competición está muy lejos del nivel de habilidad de los jóvenes deportistas?

Las respuestas parecen evidentes y dado que la realidad de la mayoría de los equipos de formación (puedo estar equivocado) está más cerca del club modesto, de barrio o colegio, cuya pretensión debe ser la formación por encima de la competición, que de los que están muy bien organizados gracias a sus mayores posibilidades (léase canteras de clubes de élite), la competición no debería ser generalizada o igual para todos.

Y, además, si bien para determinados niños o niñas sí se puede adelantar ciertas exigencias, para otros el exceso de competición puede ser contraproducente. Así, para quienes se encuentren en el segundo caso, el entrenamiento y las competiciones que se generan en él (insisto, sobre todo en minibasket) ya me parecen suficientes, y todo lo más sería añadir partidos amistosos de vez en cuando (no cada fin de semana) para conocer la dinámica competitiva futura.

A todos nos gusta jugar, todos preferimos los partidos al entrenamiento, da igual la edad, pero como dijo un famoso entrenador, primero hay que ganar en el entrenamiento para poder ganar el partido. Y tenemos que empezar por hacer atractivos y completos esos entrenamientos para que los jóvenes quieran entrenar tanto como jugar. Ya habrá tiempo de jugar (muchos) partidos. No tengamos prisa.

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lunes, 2 de septiembre de 2024

Resaca olímpica (I): rotaciones y árbitros

Por Jorge
Con el inicio del curso 2024-25, aunque cada vez sea más difícil trazar una línea que separe temporadas por las apreturas del calendario y el continuo competir, vuelve BA-LON-CES-TO para ofrecer información y, sobre todo, opinión, como en este caso para repasar brevemente algunos detalles que dejó el baloncesto de los Juegos Olímpicos de París.

Y aquí se inicia esta serie con el apunte referido a las rotaciones que hicieron algunos entrenadores de sus jugadores durante la competición, y, cómo no, la siempre presente polémica arbitral.

Rotaciones más cortas
La realidad es que el debate sobre las rotaciones tuvo como punto de partida la llamativa nula participación de Jayson Tatum, uno de los referentes de Boston Celtics, vigente campeón NBA, en varios partidos. Y por lo que respecta al aficionado español, destacaron los pocos minutos de algunos jóvenes que cuando jugaron lo hicieron bien, y también la poca participación de alguna jugadora en el equipo femenino, como por ejemplo Leticia Romero, que no olvidemos que fue MVP de la Copa de la Reina.

Algunos entrenadores consideran que no es posible jugar con 12 jugadoras o jugadores un partido. Que no hay minutos para todos. Y si los mejores juegan mucho… alguien se tiene que “sacrificar”. ¿Cuántos? Depende, pero quienes defienden esta gestión no pasan de 8 ó 9 jugadores, y si juega alguien más, lo hará por unos segundos para una eventualidad concreta, o algo más si se produjo una lesión o un problema de faltas personales.

Nada hay que objetar a esa manera de dirigir un partido porque esos entrenadores tienen clara su idea, y seguro que las jugadoras o jugadores conocen su rol antes de empezar el torneo y hasta cada partido… pero, ¿qué pasa si las cosas no van bien? ¿Hay plan B? ¿C? ¿Cómo reaccionará una jugadora o jugador que pasa del ostracismo a tener que ser pieza fundamental del equipo?

El caso más paradigmático de las rotaciones lo tuvimos con la selección estadounidense y los casos de Tyrese Haliburton que sólo jugó en 3 de los 6 partidos de su equipo, Joel Embiid, Derrick White y Jrue Holiday que se quedaron sin jugar un partido, y, principalmente, el mencionado Tatum que “calentó banquillo” en dos partidos… aunque sólo estuvo por detrás de LeBron James, Stephen Curry, Devin Booker, Holiday y Kevin Durant en minutos de juego por partido (17.7). Y no olvidemos que el alero de los Celtics además de ganar el último anillo de campeón, fue elegido para formar parte del mejor quinteto de la NBA. Por cierto, White, también campeón, fue el “descarte” del seleccionador estadounidense, Steve Kerr, para la final olímpica.

En la selección femenina española hubo una situación similar con Leticia Romero, que se quedó sin jugar frente a Serbia, y luego en los cuartos de final frente a Bélgica. Pero aquí podríamos estar ante una variante de esas rotaciones limitadas de algunos entrenadores, que consideran que la tercera base no juega o está para imprevistos… si no fuera porque la ausencia de Silvia Domínguez dejó a las españolas con sólo dos bases, aunque hubiera escoltas capaces de cumplir con esa función. Lo curioso es que Romero venía de una gran temporada en su club y con el premio a la mejor jugadora de la última Copa.

A todo esto, por supuesto, cabe la posibilidad de que la base de Valencia Basket no estuviera en condiciones de jugar por algún problema físico, aunque no lo pareció en los minutos (14 en dos partidos) que pasó en pista en este torneo. Sea como fuere, Miguel Méndez, seleccionador español decidió acumular muchos minutos en unas pocas jugadoras, como por ejemplo en el partido decidido con prórroga frente a China (más de 40 minutos para Leonor Rodríguez y Megan Gustafson), y cuando el resultado final del torneo no es muy bueno todas las miradas (y reproches) van para el entrenador.

Parece claro que si un partido va bien, o va igualado, es normal que un entrenador se mantenga en “sus trece”, y si luego el resultado es adverso, no hay mucho que decir más que fue consecuente con su estilo. Sin embargo, si decides modificar el plan inicial y jugadores de banquillo juegan y lo hacen bien… ¿por qué no pueden mantenerse más tiempo sobre la pista? Y, en ese sentido, eso pudo pasarle en algunos momentos a la selección masculina dirigida por Sergio Scariolo, que contó poco con Jaime Pradilla (no jugó el primer partido) o Darío Brizuela, pero el rendimiento de ambos fue muy bueno por momentos y tal vez tendrían que haber gozado de un poco más de su confianza (en forma de más minutos) en algún partido.

Respetando el estilo de cada entrenador creo que este debe ser capaz de acoplar a sus doce jugadores en un partido, sea con el rol que sea. Y, por supuesto, el jugador tiene que saber adaptar su papel, y estar preparado para jugar 30 minutos cuando toque, o hacerlo sólo unos segundos para una determinada defensa o una jugada de ataque. ¿Es difícil para unos y otros? Sin duda, pero nadie dijo que entrenar y jugar fuera fácil.

Árbitros mejorables
Una queja que dejó entre algunos aficionados el pasado torneo olímpico tuvo a los árbitros como protagonistas. Así el reconocido analista, "Piti" Hurtado, publicaba este tuit el 27 de julio:



Desconozco cuál es el criterio exacto de selección arbitral para este campeonato pero imagino que seguirá directrices similares a las de la clasificación de los países participantes, y que consiste en que sean representados todos los continentes, y eso lleva a que en la cita olímpica sea difícil que estén los mejores árbitros si partimos de la idea de que estos, a priori, serán los que arbitran las competiciones de mayor nivel.

Y la verdad es que algún partido olímpico sacó ciertas “vergüenzas” arbitrales a relucir, pero no olvidemos que ningún resultado se decide nunca por la actuación arbitral, porque sus errores (y aciertos) son una parte más del juego, como los son los errores y aciertos de jugadores y entrenadores. Y en cualquier caso, aunque no le falte razón a “Piti” Hurtado, los árbitros Euroliga también se equivocan, y como habitual seguidor NBA, el nivel arbitral allí está por debajo del europeo en general, y tal vez no mucho más allá que el del resto del mundo.

Esperando que las asperezas FIBA-Euroliga se limen del todo y los árbitros de la segunda puedan pitar competiciones FIBA pronto, no olvidemos que eso tampoco supondrá un cambio tan sustancial en este caso si no se cambian los criterios de representatividad olímpica, que me temo que no cambiarán, y que recordemos que también afecta a las selecciones participantes, dejando fuera a jugadores y equipos notables (La Eslovenia de Luka Doncic o la Lituania de Domantas Sabonis) en beneficio de otros menos potentes.

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martes, 11 de junio de 2024

Mejorar las condiciones laborales de los entrenadores de base (II)

Por Jorge

Última entrada del curso 23-24, y toca volver a reivindicar la figura del entrenador de formación, y la necesidad de tomar medidas para mejorar sus condiciones laborales.

Hace un par de años publiqué un texto sobre este tema, y leído ahora otra vez, me temo, por desgracia, que sigue vigente porque la situación no cambió. Así que animo a volver a leerlo, reflexionar y actuar:

https://ba-lon-ces-to.blogspot.com/2022/06/mejorar-las-condiciones-laborales-de.html

Poco antes de escribir esa entrada tuve un breve diálogo con el entrenador Miguel Panadés, en la red social X (antes Twitter), cuando él reclamaba la necesidad de una mejora económica para los entrenadores de formación. Y cuando le propuse la posibilidad de una huelga, me instó a ir paso a paso… y todo sigue igual.



Y, como entonces, mantengo mi idea, y es que sólo cuando la sociedad (y los gestores políticos) se den por enterados de la importancia del trabajo de los entrenadores de base (de todos los deportes, no sólo de baloncesto), comprenderán la necesidad de mejorar sus condiciones laborales.

Al hilo de esa mejora económica, la Asociación Aragonesa de Entrenadoras/es de Baloncesto (AAEEB) inició el pasado mes de mayo una encuesta para conocer la realidad socio-económica del entrenador de formación:



Animo a participar de ella a todos los entrenadores. Y tengo muchas ganas de conocer el resultado final, aunque me extrañaría que no fuera por los derroteros que todos conocemos.

Esta petición de mejora económica sólo puede pasar por solicitar a las administraciones que permitan que clubes, colegios y demás asociaciones deportivas de base dispongan de un régimen fiscal y un sistema de ayudas especial que les permitan pagar como se merece a sus entrenadores y demás personal: no nos olvidemos del trabajo administrativo que exige el funcionamiento de estas instituciones, ni por supuesto de figuras tan importantes para la actividad deportiva como psicólogos, fisioterapeutas, preparadores físicos, etc.

Y para que la huelga no fuera sólo por una reivindicación económica, también se podría aprovechar para exigir a la administración que reconozca las titulaciones federativas para el ejercicio de la actividad de entrenador, en todos los casos en los que éstas se obtuvieron con anterioridad a los decretos que regulan las titulaciones académicas de técnico deportivo y técnico deportivo superior. Y para los casos en los que convivieron la enseñanza federativa y la reglada, que exista mediante currículum y/o examen (con diferentes convocatorias y facilidades) la opción de adquirir la titulación que permita ejercer como entrenador de formación, y así no dejar fuera a todos aquellos que fueron desarrollando esa labor.

No dudo que sea difícil sacar adelante estas peticiones, y está claro que la huelga es una medida extrema que no es fácil de aceptar, pero recientemente escuché el episodio 67 del podcast “Psych&Roll” (muy recomendable) del psicólogo Javier Hernández, donde el entrenador Antonio Cánovas se refería a la precariedad del entrenador de formación y mencionaba (sorprendentemente para mí) la huelga como una posibilidad, cuando se preguntaba (de manera similar a como escribí hace unos años): ¿qué pasaría si mañana decimos todos los entrenadores de formación que no entrenamos hasta que no tengamos un convenio colectivo? Así que si entre entrenadores “mediáticos” como él se empieza a hablar de esa opción de huelga, quién sabe si ahora con el fin de temporada y la llegada del verano se abra un buen momento para volver a reflexionar sobre esta lamentable situación del entrenador de base, y hacer algo más de fuerza para mejorar sus condiciones laborales, y luchar así por un futuro mejor para el deporte de formación.

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jueves, 23 de mayo de 2024

Futbolización del baloncesto

Por Jorge

La gente del baloncesto tendemos a mirar por encima del hombro al mundo del fútbol por lo que se refiere al comportamiento general de deportistas y aficiones. La tendencia es considerar al baloncesto como el deporte de los inteligentes, de la gente educada, y como siempre que se tiende a la generalización, hay excepciones como vamos a ver hoy con algunos ejemplos.

Peligrosas irregularidades sobre las que hay que poner el foco de vez en cuando para no creemos el ombligo del mundo en el ámbito deportivo, y poder corregirlas para evitar unos comportamientos que se hacen más habituales de lo que creemos.

Baloncesto de formación
Que se den comportamientos execrables en el baloncesto profesional no es aceptable, pero más sangrante es cuando estos se producen en el baloncesto formativo y amateur. Y es que raro es que alguien del mundo del baloncesto no conozca de primera mano alguna situación parecida a las que se van a comentar aquí.

Así, hace algunas semanas “aprendebaloncesto” (@Aprendebalonces) compartía en X el siguiente comentario vivido en un partido de formación:



También, al final del episodio número 22 de la segunda temporada del podcast “"Hoy me sale azul", programa que trata sobre la actualidad de los equipos principales del Estudiantes, Eugenio, su conductor, comenta de manera anecdótica que haciendo de delegado de campo de un partido del Estu sub-22 masculino se montó jaleo y el árbitro le pidió desalojar a la afición rival de la grada. Y al parecer, el entrenador visitante les dijo que no se marcharan, y el árbitro pidió que se llamase a la policía para echar a esa parte del público.

Quien quiera puede escuchar esa parte del podcast para comprobar que se criticó el comportamiento de esa afición y sobre todo la actitud del entrenador, pero con un tono más bien irónico, seguramente por no hacer más sangre sobre un asunto que es más serio de lo que nos creemos.

“Cosillas del deporte”
El exceso de agresividad del público no es algo nuevo, y la verdad es que es demasiado habitual, por desgracia, en muchos deportes, incluido el baloncesto. Y aquí podemos ver un ejemplo ocurrido en el último Baskonia-Breogán de Liga ACB jugado el pasado 14 de abril:



Como se dice en ese tuit, el periodista (y también antiguo entrenador de formación) Fran Fermoso, comentaba en “Overtime”, programa resumen de la jornada ACB, al ver esas imágenes, “cosillas del deporte”, seguramente por no extenderse mucho más, sabiendo que el comportamiento de esos aficionados era deplorable, más si cabe por tratarse de jóvenes que increpan a unos rivales bajo la protección del colectivo.

Y, sí, era un partido de baloncesto, y eso pasa en todas las canchas del baloncesto profesional. No son mayoría, pero raro es no ver una animadversión y agresividad (verbal y gestual) que nunca tiene sentido, pero menos si cabe en el ejemplo que vemos, en el que el jugador del equipo contrario no hace ningún comportamiento antideportivo que merezca recriminación alguna.

Por cierto, me parece notable el comportamiento de Jordan Sakho, que afea la conducta de esos jóvenes aficionados, y es que mirar para otro lado no creo que sea una solución, y de algún modo todos tenemos que contribuir a mejorar la educación deportiva.

Educación mejorable de los jugadores
Comportamiento opuesto al del anterior jugador del Breogán lo tenemos aquí, en un ejemplo vivido en Estambul en los últimos playoffs de la Euroliga:



Entendible es que un jugador con las pulsaciones altas después de ganar un partido sea incapaz de controlarse, pero también habría que hacer una labor importante por mejorar en este tipo de situaciones, pues si bien no es fácil aguantarse jugando frente a un público que a buen seguro insultó y recriminó su juego, aprovechar la victoria para comentarles algo, tampoco le engrandece ni a él ni a nuestro deporte. Y, este tipo de situaciones, me parece que también ocurren más de lo que nos creemos.

Simulación y engaños "futboleros"
En el baloncesto se habla de “flopping” para referirse a la sobreactuación de algunos jugadores al contacto con un contrincante para tratar de engañar al árbitro y lograr que pite una falta. Algo muy común en el ámbito del fútbol, donde un jugador puede “caer redondo al suelo como si le hubiesen pegado un tiro” y al rato, de manera milagrosa, salir corriendo como si no hubiese pasado nada. Actitud poco deportiva y claramente criticable… que, sin embargo, también podemos ver a veces en el baloncesto.



De un tiempo a esta parte se persiguen este tipo de acciones y se castigan con cierta severidad, pero no es el caso en el vídeo que vemos porque el jugador que simula no recibió ni siquiera aviso por “flopping” pese a realizar esa acción delante del árbitro. En cualquier caso, habría que insistir especialmente con los más jóvenes acerca de que esa no es una manera deportiva de jugar.

Hace algunos años ya escribí en el blog la opinión que tenía sobre algunos comportamientos vistos en el ámbito del fútbol profesional (que luego se reproducen en el deporte de base), y miro al futuro con cierto temor de que esas conductas sean cada vez más habituales en el baloncesto aunque no queramos verlas. La conclusión es evidente, hay que mejorar la educación general, y la deportiva en particular, especialmente entre los más jóvenes para erradicar esos malos modos, y esto depende de todos: familias, instituciones, clubes, entrenadores y todos aquellos que rodean el deporte.

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