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jueves, 23 de mayo de 2024

Futbolización del baloncesto

Por Jorge

La gente del baloncesto tendemos a mirar por encima del hombro al mundo del fútbol por lo que se refiere al comportamiento general de deportistas y aficiones. La tendencia es considerar al baloncesto como el deporte de los inteligentes, de la gente educada, y como siempre que se tiende a la generalización, hay excepciones como vamos a ver hoy con algunos ejemplos.

Peligrosas irregularidades sobre las que hay que poner el foco de vez en cuando para no creemos el ombligo del mundo en el ámbito deportivo, y poder corregirlas para evitar unos comportamientos que se hacen más habituales de lo que creemos.

Baloncesto de formación
Que se den comportamientos execrables en el baloncesto profesional no es aceptable, pero más sangrante es cuando estos se producen en el baloncesto formativo y amateur. Y es que raro es que alguien del mundo del baloncesto no conozca de primera mano alguna situación parecida a las que se van a comentar aquí.

Así, hace algunas semanas “aprendebaloncesto” (@Aprendebalonces) compartía en X el siguiente comentario vivido en un partido de formación:



También, al final del episodio número 22 de la segunda temporada del podcast “"Hoy me sale azul", programa que trata sobre la actualidad de los equipos principales del Estudiantes, Eugenio, su conductor, comenta de manera anecdótica que haciendo de delegado de campo de un partido del Estu sub-22 masculino se montó jaleo y el árbitro le pidió desalojar a la afición rival de la grada. Y al parecer, el entrenador visitante les dijo que no se marcharan, y el árbitro pidió que se llamase a la policía para echar a esa parte del público.

Quien quiera puede escuchar esa parte del podcast para comprobar que se criticó el comportamiento de esa afición y sobre todo la actitud del entrenador, pero con un tono más bien irónico, seguramente por no hacer más sangre sobre un asunto que es más serio de lo que nos creemos.

“Cosillas del deporte”
El exceso de agresividad del público no es algo nuevo, y la verdad es que es demasiado habitual, por desgracia, en muchos deportes, incluido el baloncesto. Y aquí podemos ver un ejemplo ocurrido en el último Baskonia-Breogán de Liga ACB jugado el pasado 14 de abril:



Como se dice en ese tuit, el periodista (y también antiguo entrenador de formación) Fran Fermoso, comentaba en “Overtime”, programa resumen de la jornada ACB, al ver esas imágenes, “cosillas del deporte”, seguramente por no extenderse mucho más, sabiendo que el comportamiento de esos aficionados era deplorable, más si cabe por tratarse de jóvenes que increpan a unos rivales bajo la protección del colectivo.

Y, sí, era un partido de baloncesto, y eso pasa en todas las canchas del baloncesto profesional. No son mayoría, pero raro es no ver una animadversión y agresividad (verbal y gestual) que nunca tiene sentido, pero menos si cabe en el ejemplo que vemos, en el que el jugador del equipo contrario no hace ningún comportamiento antideportivo que merezca recriminación alguna.

Por cierto, me parece notable el comportamiento de Jordan Sakho, que afea la conducta de esos jóvenes aficionados, y es que mirar para otro lado no creo que sea una solución, y de algún modo todos tenemos que contribuir a mejorar la educación deportiva.

Educación mejorable de los jugadores
Comportamiento opuesto al del anterior jugador del Breogán lo tenemos aquí, en un ejemplo vivido en Estambul en los últimos playoffs de la Euroliga:



Entendible es que un jugador con las pulsaciones altas después de ganar un partido sea incapaz de controlarse, pero también habría que hacer una labor importante por mejorar en este tipo de situaciones, pues si bien no es fácil aguantarse jugando frente a un público que a buen seguro insultó y recriminó su juego, aprovechar la victoria para comentarles algo, tampoco le engrandece ni a él ni a nuestro deporte. Y, este tipo de situaciones, me parece que también ocurren más de lo que nos creemos.

Simulación y engaños "futboleros"
En el baloncesto se habla de “flopping” para referirse a la sobreactuación de algunos jugadores al contacto con un contrincante para tratar de engañar al árbitro y lograr que pite una falta. Algo muy común en el ámbito del fútbol, donde un jugador puede “caer redondo al suelo como si le hubiesen pegado un tiro” y al rato, de manera milagrosa, salir corriendo como si no hubiese pasado nada. Actitud poco deportiva y claramente criticable… que, sin embargo, también podemos ver a veces en el baloncesto.



De un tiempo a esta parte se persiguen este tipo de acciones y se castigan con cierta severidad, pero no es el caso en el vídeo que vemos porque el jugador que simula no recibió ni siquiera aviso por “flopping” pese a realizar esa acción delante del árbitro. En cualquier caso, habría que insistir especialmente con los más jóvenes acerca de que esa no es una manera deportiva de jugar.

Hace algunos años ya escribí en el blog la opinión que tenía sobre algunos comportamientos vistos en el ámbito del fútbol profesional (que luego se reproducen en el deporte de base), y miro al futuro con cierto temor de que esas conductas sean cada vez más habituales en el baloncesto aunque no queramos verlas. La conclusión es evidente, hay que mejorar la educación general, y la deportiva en particular, especialmente entre los más jóvenes para erradicar esos malos modos, y esto depende de todos: familias, instituciones, clubes, entrenadores y todos aquellos que rodean el deporte.

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domingo, 11 de septiembre de 2022

Ánimo aficionado: otra oportunidad para ser selectivos

Por Jorge

Ahora que está comenzando el curso hay que dar la enhorabuena a todos esos abnegados aficionados que todavía tienen la ilusión de poder seguir toda la temporada baloncestista al día. Unos ilusos, no me digan. Existen tantas competiciones, tantos partidos, que de verdad, es una quimera.

Un ejemplo lo tenemos con el Eurobasket masculino que estamos disfrutando en estos momentos. En España tenemos acceso a todos los partidos gracias a Mediaset, y está genial disponer de la posibilidad de ver cualquiera de ellos en directo o en diferido gracias a internet, pero por mucho que queramos, no podemos verlos todos.

Gracias a internet (con el pago correspondiente de las diferentes plataformas audiovisuales) ahora podemos ver casi cualquier partido que se juegue en el planeta, y se tiene acceso a multitud de información sobre cada una de las competiciones. Sin embargo, la vida no da para seguir al día toda la actualidad baloncestista, o por lo menos para seguirla con la atención que merece. Hay que ser selectivo.

Maldita multitarea
La accesibilidad tecnológica y el querer estar al tanto de la actualidad al detalle nos ha vuelto locos a todos, y el engaño de la multitarea, es decir, de pensar que podemos hacer o atender más de una tarea a la vez, nos lleva a pensar en el caso del baloncesto, que podemos ver varios partidos a la vez con diferentes dispositivos cuando se solapan los horarios, o que ver un partido en diferido a doble velocidad de reproducción o saltándose partes, o mientras estamos haciendo otra cosa, es lo mismo que verlo con todos nuestros sentidos puestos en él. Y no es verdad.

Cada cual tendrá su propia definición de lo que es gozar de una actividad, pero parece evidente que si no prestamos atención de la manera correcta, no se puede sacar todo el jugo a lo que hacemos, y eso vale también para el baloncesto.

Tal vez habría que aplicarse esa filosofía de la lentitud, de “saborear” lo que sea hace, y así poder disfrutar realmente. Y eso sólo es posible aplicando el famoso lema del menos es más, es decir, será mejor ver pocos partidos, seguir sólo algunas competiciones o a unos equipos determinados, y no “amargarse” porque no llegamos a todo pensando que nos vamos a perder otra actuación maravillosa u otro partido del siglo, cuando la realidad es que eso no es así.

En los tiempos que corren parece que todos los partidos son increíbles, al menos en la NBA, porque no hay día que no se produzca una actuación histórica en la que determinado jugador haga unos números magníficos (aunque su equipo pierda de 20), o se esté ante el partido del año o la cita del siglo, pero no es cierto. Ahora se juega mejor baloncesto que en el pasado, y si eres muy aficionado es verdad que no hay partido que no ofrezca detalles de calidad, pero no todo es tan maravilloso y hay que saber elegir.

El aficionado del siglo pasado
El siglo pasado, en la década de los 80, los aficionados todo lo más que podíamos seguir por televisión era un partido de liga ACB en directo, tal vez algún partido de competición europea, en aquellos años al sempiterno Real Madrid de la Copa de Europa, y un partido NBA en diferido. Y a todo eso se podía añadir informaciones radiofónicas, a lo mejor algunos resúmenes televisivos, y las crónicas de los periódicos y los reportajes y entrevistas de las revistas especializadas.

Hay un dicho inglés que dice “ignorance is bliss” (la ignorancia es felicidad) y tal vez entonces ese desconocimiento de mucho de lo que acontecía en el mundo del baloncesto mundial nos permitía ser más felices disfrutando de las oportunidades que teníamos de ver algunos partidos.

Y no diré que prefiera aquella época, pero hay que reconocer que en los tiempos de acceso inmediato a todo nos lleva muchas veces a “picotear” de aquí y allá sin prestar la debida atención, y por tanto a no disfrutar del mismo modo o a hacerlo de manera diferente.

Aprovechar las posibilidades
La conclusión parece obvía, aprovecha las posibilidades que ofrece la tecnología, y así, si te pierdes un gran partido o una gran actuación, siempre te queda la opción de ver algún resumen de “highlights” o acudir al “streaming” en diferido para recuperarlo si no eres demasiado exigente en cuanto a conocer el resultado de cada partido, o si eres lo suficientemente hábil a la hora de aislarte de las redes sociales para verlo como si lo vieses en directo.

Pero en cualquier caso, es momento de planificar la temporada y marcar en el calendario los partidos a seguir si tienes acceso a todo, y si no es así, conformarte con lo que te pongan pero disfrutándolo con el máximo de atención.

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lunes, 23 de septiembre de 2019

Baloncesto español de ricos y pobres

Por Jorge

La temporada del baloncesto nacional comienza esta semana, y volveremos a la liga de ricos y pobres, sin que sepamos sacar provecho a los éxitos de las selecciones españolas de este verano.

La ACB será de los ricos, es decir, de los equipos de Euroliga, que pueden permitirse plantillas de 14 ó 15 jugadores para competir al máximo nivel, y el resto competirá por las migajas. Todo lo que no sea ver a Barcelona y Real Madrid en la final, será una sorpresa, y antes de empezar sólo existe interés por conocer quiénes serán sus acompañantes en las semifinales. ¿Para cuándo un límite salarial que iguale al menos la competición nacional?



También será la liga de los ricos porque para poder verla habrá que seguir pagando, y eso sólo se lo pueden permitir algunos aficionados. ¿Le interesa a la ACB que su producto se dirija a tan reducido grupo? No estaría mal conocer el número de abonados a la televisión de pago que realmente ve este baloncesto, pero a juzgar por las audiencias, imagino que será sonrojante. Y la excusa de que el baloncesto no interesa, no cuela. Y así lo demuestran los datos de los partidos de la selección durante el pasado mundial. ¿Por qué no aprovechar ese tirón ahora?

El baloncesto en España es deficitario (para los equipos de élite más) y parece normal que los clubes se “vendan” al mejor postor (como lo ha hecho con el lamentable patrocinio de una casa de apuestas deportivas), pero quizá cabría la posibilidad de ofrecer un partido y un resumen semanal en abierto para no perder afición, ahora que puede repuntar gracias a los éxitos de la selección. Además esa opción podría ser reclamo de compra de todo el paquete baloncestista.

Por cierto, si la ACB quiere mejorar su marca y controlar sus contenidos, ¿para cuándo va a desarrollar su propio canal de distribución televisivo al estilo del “NBA league pass”? Insisto, ver la liga es muy caro si para eso tienes que comprar internet, teléfono y televisión, y no todo el mundo se lo puede permitir. La opción de seguir sólo el baloncesto podría ser una solución para el aficionado de a pie, salvo que la ACB quiera hacer de su producto un artículo de lujo como es ahora.



Tal vez a la ACB sólo le interesa moverse entre el aficionado pudiente y el aficionado joven (y digital) al que le basta con los “highlights” de las redes sociales. Al menos eso se desprende de su política de lavado de imagen manifestada a raíz de su cambio de logo, por cierto, feo para mi gusto y con referencia mínima al baloncesto.



Volviendo al éxito veraniego del baloncesto español, las selecciones masculinas de formación ganaron en los europeos una plata en U20, y los oros en U16 y U18, lo que significa que los jóvenes vienen pisando fuerte, y así lo elogió el presidente de la asociación de clubes de baloncesto, Antonio Martín, durante la presentación de la liga. Ahora bien, ¿qué equipos apostará por esos chavales? Me temo que muy pocos por no decir que ninguno, y ni siquiera tendrán sitio en la LEB Oro, algo que también se debería hacer mirar la federación de baloncesto, que bien podría establecer unos cupos españoles por edad que garantice que sus ligas sean de crecimiento y formación, y no un reducto de mercenarios, “abueletes” y extranjeros.

Por otro lado, la liga DIA, máxima competición del baloncesto femenino, es por contraste la liga de los pobres. Presupuestos de subsistencia en la mayoría de los casos, y también con notables diferencias entre los dos “superequipos” que aglutinan a las mejores jugadoras, Spar CityLift Girona y Perfumerías Avenida de Salamanca, y el resto, que bastante tienen con mantenerse en la competición y soñar a lo sumo con alcanzar las semifinales. Y lo peor de todo es que en ese panorama muchas jugadoras y entrenadores dedican su tiempo como profesionales, pero luego cobran como si jugasen una competición amateur.

La federación hizo un buen trabajo reflotando la competición en los últimos años (muy interesante la experiencia del “Open Day” que se volverá a vivir este curso en Zaragoza), pero hace falta más, como mejorar toda la infraestructura que rodea a la liga con mayor inversión y mejorando las condiciones económicas y su profesionalización (por ejemplo, los datos y contenido en general de la web de la liga son muy mejorables). Y es que a veces da bastante pena ver algún partido donde el banquillo visitante está compuesto por el número justo de jugadoras, y también un equipo técnico reducido, para bajar costes de desplazamiento.

También las selecciones femeninas cosecharon muchos éxitos este verano, revalidando el oro europeo en la máxima categoría (también con récord de audiencia), y añadiendo después otro par de medallas: bronce en el mundial U19, y otro bronce en el europeo U16. Y si bien las plantillas de la liga a diferencia de la ACB, si incluyen jóvenes jugadoras, también hay pegas, y es que la mayoría lo hacen poco más o menos que para completar entrenamientos y ser las jugadoras número diez, once o doce con un protagonismo casi nulo en el juego. Y por eso algunas emigran al extranjero, como la mayoría de las jugadoras consagradas de la selección, y optan por terminar su formación en universidades estadounidenses donde pueden compaginar estudios y deporte.

¿Para cuándo una liga universitaria potente y bien organizada? Otro paso a dar por parte de las instituciones del baloncesto para completar la formación académica de los jóvenes deportistas, y evitar algunos “estropicios” que se producen por el camino.



Aparte del juego de los dos grandes equipos, el interés deportivo estará en seguir la evolución de algunas grandes jugadoras como Sonja Petrovic (Girona), y sobre todo de las internacionales españolas (Palau, Domínguez, Romero, Abalde, Gil, Araujo…), pero en especial, a Maite Cazorla, que jugó la última “final four” de la NCAA, y hace su debut como profesional en España, una vez que jugó este verano con las Atlanta Dream de la WNBA. Y por supuesto también estará comprobar si Valencia Basket, con el respaldo de la estructura del equipo ACB, da un paso adelante, pues equipo tiene para ello.

Al menos el aficionado tendrá más suerte para seguir el baloncesto femenino y así poder disfrutar de su crecimiento técnico y táctico, ya que Teledeporte emitirá un partido cada jornada. Y el inicio será a lo grande el próximo fin de semana con dos partidazos a las 13.15h, uno el sábado: Spar CityLift Girona - Valencia Basket, y otro el domingo: Perfumerías Avenida Salamanca - Mann-Filter Zaragoza.

Que cada cual disfrute como pueda a la espera de que el baloncesto español de ricos y pobres despeje las nubes que tiene en el horizonte, y es que no es oro todo lo que reluce pese a los éxitos de las selecciones.

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lunes, 2 de octubre de 2017

Historias de un Aficionado (5): sonrojos en una grada ACB

Por Jorge

La temporada en la ACB comenzó el fin de semana, y es buen momento para compartir algunas situaciones que viví desde la grada en el curso baloncestístico pasado como abonado de un club que jugó en esta liga. Sin duda fue un privilegio disfrutar del deporte de elite, pero también pude observar algunos comportamientos en la grada que me preocupan.

No mencionaré al equipo para que no se ofenda su afición, que por supuesto no tiene porqué verse reflejada por el comportamiento de una minoría, para no sembrar ninguna polémica. Sólo aprovecho aquí para dar fe de algunas situaciones tal vez anecdóticas en algún caso, pero perjudiciales en otras por la influencia negativa que pueden tener en los aficionados más jóvenes.

En primer lugar me referiré al poco conocimiento que algunos espectadores tenían de los jugadores, especialmente en los equipos visitantes (recuerdo como en otra ocasión unos aficionados que no reconocían a ¡Felipe Reyes!), y así fue sonrojante escuchar en un partido como un seguidor local a mi espalda se preguntaba “¿quién es ese tío?”, para referirse al jugador del equipo contrario que anotaba algún que otro canastón, y se quejaba así como dando a entender que no era nadie, sólo un “paquete” con suerte. Y en ese caso, ese “tío” jugó en la NBA, de manera testimonial, todo hay que decirlo, pero también es internacional con la selección de su país. Y sí, es verdad que no se tiene porqué conocer a todo el mundo, y menos ahora que los jugadores cambian de equipo como de chaqueta, pero menospreciar el juego de un jugador que ni se conoce no habla muy bien de un aficionado.

La afición es soberana, y cada cual tiene sus gustos deportivos, faltaría más, pero también en otro partido asistí atónito a comentarios no muy favorables acerca del juego de un par de jugadores del equipo visitante, uno de ellos muchas veces elegido mejor jugador de la semana tanto en la ACB como en la Euroliga, y otro internacional con la selección española al que supongo que sí aplaudirán cuando juegue con el equipo nacional. Insisto, cada cual puede tener sus preferencias, ahora bien, juzgar con esa severidad a jugadores profesionales cuando quizá el aficionado no sea un virtuoso del juego…

En la misma línea de desconocimiento me llamó la atención la vez que un par de espectadoras que se sentaron a mi lado (y que al inicio del tercer cuarto ¡se marcharon!), y que me costó entender como acabaron allí, ya que al menos una de ellas no parecía ser muy conocedora del juego cuando la amiga tuvo que explicarle que no se podían dar más de dos pasos sin botar…

Ni que decir tiene que los árbitros también generaron comentarios que demostraban un desconocimiento del juego, como por ejemplo cuando un aficionado local se quejaba porque tal árbitro no pitaba (una falta), y la pitaba el que estaba en el otro lado... cuando de lo que no se enteraba ese seguidor es que la falta no era donde se pensaba, sino en otra acción de juego fuera del balón. También este desconocimiento del juego se puede entender, aunque cuesta más hacerlo de alguien que ve partidos habitualmente.

Ya metidos en faena arbitral lo peor no fueron las quejas, sino quién se queja, y cómo se queja. Si llamativo era asistir al comentario mencionado, lamentable (por no utilizar otro calificativo) fue ver y escuchar a un hombre insultar gravemente al árbitro con un chaval (su hijo imagino) que aparentaba unos 11-12 años a su lado. ¿Era consciente de su comportamiento y de lo que suponía para la educación de ese joven?

Alguien puede pensar que esto es algo aislado, y lo triste es que viví habitualmente los insultos y gestos agresivos y encrespados del público hacia los árbitros por parte de madres-padres (en algún caso me atrevería a decir que por la apariencia de edad algunos eran abuelos), o como en el caso de un energúmeno que vociferaba delante de mí y al que una niña pequeña que estaba junto a su padre (al lado), miraba con cara de a éste le falta un tornillo, y razón no le faltaba…

Y lo más llamativo de algunas protestas es que enlazando con lo ya dicho, demostraban además de poca deportividad, poco respeto incluso por los jugadores de casa, y es que recuerdo algunas ocasiones en las que se pitaba alguna infracción a los jugadores locales, y las protestas eran masivas… pese a que el propio jugador reconocía su error o su falta, o como cuando se le pitó una técnica por protestas y gestos de chulería hacia los colegiados a un jugador, y su propio entrenador le llamaba a capítulo por la “tontería” de ceder un tiro y balón al rival por unas protestas sin sentido que perjudicaban a su equipo… pues nada, todo el mundo quejándose igualmente.

Tampoco se libraban de las protestas y los comentarios injuriosos los rivales, que en su banquillo tenían que aguantar a la gente que se sentaba detrás de ellos que no paraban de proferirles gritos, insultos y gestos como si poco menos que estuviesen en un circo romano a merced del público.

Y lo peor es que veía a algunos de esos “aficionados” alardear de las bajezas que les decían a esos jugadores del equipo adversario, y que incluso se permitían a voz en grito decirles que se sentasen si se levantaban a comentarle algo a un árbitro, que se callase al entrenador que decía algo, y hasta que se atrevían a gritarle al utillero a un par de metros de él… sin que uno sepa muy bien con que finalidad.

Me tengo por persona tranquila a la que le gusta el baloncesto, y así tengo que decir que aplaudí tanto las buenas jugadas del equipo local como del visitante pues a mí lo que me interesaba era ver el mejor juego posible y disfrutarlo. Pero tengo que reconocer que en este ambiente hasta en una ocasión me contagiaron de las protestas continuas hasta el punto que llegué a gritarle a uno de los árbitros para que le pitase técnica a “la mesa” porque no se enteraba, por supuesto de manera figurada, porque en una jugada el equipo visitante hizo una acción en un saque de fondo que por error de los auxiliares de mesa tuvo que repetirse fastidiando el factor sorpresa de la acción que había preparado su entrenador, y que luego me llevó incluso a dirigirme al par de “voceras” de la grada que se tiraban todos los partidos haciendo comentarios discutibles, para corregirles porque en este caso no se quejaban de un error que había favorecido a su equipo local.

Por supuesto mi reacción no tiene punto de comparación con lo visto pero me avergüenzo por mi protesta y pequeña discusión, y es que dicho todo esto, independientemente del conocimiento del juego que pueda tener el público, es variable y poco importante si lo que realmente se quiere es animar y disfrutar del espectáculo deportivo, y lo peor con diferencia fue ese comportamiento “futbolero” (que me perdonen también sus buenos aficionados, que sin embargo estarán conmigo en que la conducta general en su deporte deja mucho que desear) de protestas y menosprecio que hace flaco favor para la educación deportiva de sobre todo la afición más joven, que no sólo ve que esa actitud no recibe castigo, sino que puede llegar a considerarla como normal y hasta divertida.

Mi conclusión sobre lo que experimenté desde la grada es que me preocupa el forofismo desmedido, la incultura deportiva, y sobre todo la falta de educación general en algunos casos, y es que me temo que siendo minoría este comportamiento, a buen seguro que los ejemplos que viví también se dan en las gradas del resto de clubes, y eso no puede ser más que perjudicial para el baloncesto y su afición.

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martes, 23 de mayo de 2017

Historias de un Aficionado (4): una temporada de BA-LON-CES-TO en la grada

Por Jorge

Este curso baloncestístico tuve la oportunidad de disfrutar de la experiencia del baloncesto desde la grada como abonado de un club de la liga ACB. Sin duda fue un privilegio disfrutar del deporte de elite, pero también pude observar algunos comportamientos que me preocupan.

No mencionaré al equipo para que no se ofenda su afición, que por supuesto no tiene porqué verse reflejada por el comportamiento de una minoría, para no sembrar ninguna polémica. Sólo aprovecho aquí para dar fe de algunas situaciones tal vez anecdóticas en algún caso, pero perjudiciales en otras por la influencia negativa que pueden tener en los aficionados más jóvenes.

En primer lugar me referiré al poco conocimiento que algunos espectadores tenían de los jugadores, especialmente en los equipos visitantes (recuerdo en otra ocasión a unos aficionados que no reconocían a ¡Felipe Reyes!), y así fue llamativo escuchar en un partido como un seguidor local se preguntaba “¿quién es ese tío?”, para referirse al jugador del equipo contrario que anotaba algún que otro canastón, y se quejaba así como dando a entender que no era nadie, sólo un “paquete” con suerte. Y en ese caso, ese “tío” jugó en la NBA, de manera testimonial, todo hay que decirlo, pero también es internacional con la selección de su país. Y sí, es verdad que no se tiene porqué conocer a todo el mundo, y menos ahora que los jugadores cambian de equipo como de chaqueta, pero menospreciar el juego de un jugador que ni se conoce, no habla muy bien de un aficionado.

La afición es soberana, y cada cual tiene sus gustos deportivos, faltaría más, pero también en otro partido asistí atónito a comentarios no muy favorables acerca del juego de un par de jugadores del equipo visitante, uno de ellos muchas veces elegido mejor jugador de la semana tanto en la ACB como en la Euroliga, y otro internacional con la selección española al que supongo que sí aplaudirán cuando juegue con el equipo nacional. Insisto, cada cual puede tener sus preferencias, ahora bien, juzgar con esa severidad a jugadores profesionales cuando quizá el aficionado no sea un virtuoso del juego…

En la misma línea de desconocimiento me llamó la atención la vez que un par de espectadoras que se sentaron a mi lado (al inicio del tercer cuarto se marcharon), y que me costó entender como acabaron allí, dado que una de ellas no parecía ser muy conocedora del juego cuando la amiga tuvo que explicarle que no se podían dar más de dos pasos sin botar…

Ni que decir tiene que los árbitros también generaron comentarios que demostraban un desconocimiento del juego, como por ejemplo cuando un aficionado local se quejaba porque tal árbitro no pitaba (una falta), y la pitaba el que estaba en el otro lado... cuando de lo que no se enteraba ese seguidor es que la falta no era donde se pensaba, sino en otra acción de juego fuera del balón. También este desconocimiento del juego se puede entender, aunque cuesta más hacerlo de alguien que ve partidos habitualmente.

Ya metidos en faena arbitral lo peor no fueron las quejas, sino quién se queja, y cómo se queja. Si sonrojante era asistir al comentario mencionado, lamentable (por no utilizar otro calificativo) fue ver y escuchar a un hombre insultar gravemente al árbitro con un chaval (su hijo imagino) que aparentaba unos 11-12 años a su lado. ¿Era consciente de su comportamiento y de lo que suponía para la educación de ese joven?

Alguien puede pensar que esto es algo aislado, y lo triste es que viví habitualmente los insultos y gestos agresivos y encrespados del público hacia los árbitros por parte de madres-padres (en algún caso me atrevería a decir que por la apariencia de edad algunos eran abuelos), o como en el caso de un energúmeno que vociferaba delante de mí y al que una niña pequeña que estaba junto a su padre (al lado), miraba con cara de a este le falta un tornillo... y razón no le faltaba.

Y lo más llamativo de algunas protestas es que enlazando con lo ya dicho, demostraban además de poca deportividad, poco respeto incluso por los jugadores de casa, y es que recuerdo algunas ocasiones en las que se pitaba alguna infracción a los jugadores locales, y las protestas eran masivas… pese a que el propio jugador reconocía su error o su falta, o como cuando se le pitó una técnica por protestas y gestos de chulería hacia los colegiados a un jugador, y su propio entrenador le llamaba a capítulo por la “tontería” de ceder un tiro y balón al rival por unas protestas sin sentido que perjudicaban a su equipo… pues nada, todo el mundo quejándose igualmente.

Tampoco se libraban de las protestas y los comentarios injuriosos los rivales, que en su banquillo tenían que aguantar a la gente que se sentaba detrás de ellos que no paraban de proferirles gritos, insultos y gestos como si poco menos que estuviesen en un circo romano a merced del público.

Y lo peor es que veía a algunos de esos “aficionados” alardear de las bajezas que les decían a esos jugadores del equipo adversario, y que incluso se permitían a voz en grito decirles que se sentasen si se levantaban a comentarle algo a un árbitro, que se callase al entrenador que decía algo, y hasta que se atrevían a gritarle al utillero a un par de metros de él… sin saber muy bien con que finalidad.

Me tengo por persona tranquila a la que le gusta el baloncesto, y en este caso además tengo que decir que aplaudía tanto las buenas jugadas del equipo local como del visitante pues a mí lo que me interesaba era ver el mejor juego posible y disfrutarlo. Pero tengo que reconocer que en este ambiente hasta en una ocasión me contagiaron de las protestas continuas hasta el punto que llegué a gritarle a uno de los árbitros para que le pitase técnica a la mesa porque no se enteraba, por supuesto de manera figurada, porque en una jugada el equipo visitante hizo una acción en un saque de fondo que por error de los auxiliares de mesa tuvo que repetirse fastidiando el factor sorpresa de la acción que había preparado su entrenador, y que luego me llevó incluso a dirigirme al par de “voceras” de la grada que se tiraban todos los partidos haciendo comentarios discutibles, para corregirlos porque en este caso no se quejaban de un error que había favorecido a su equipo local.

Por supuesto mi reacción no tiene punto de comparación con lo visto pero me avergüenzo por mi protesta y pequeña discusión, y es que dicho todo esto, independientemente del conocimiento del juego que pueda tener el público, variable y poco importante si lo que realmente se quiere es animar y disfrutar del espectáculo deportivo, lo peor con diferencia fue ese comportamiento “futbolero” (que me perdonen también sus buenos aficionados, que sin embargo estarán conmigo en que la conducta general en su deporte deja mucho que desear) de protestas y menosprecio que hace flaco favor para la educación deportiva de sobre todo la afición más joven, que no sólo ve que esa actitud no recibe castigo, sino que puede llegar a considerarla como normal y hasta divertida.

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sábado, 2 de mayo de 2015

La esencia del aficionado al deporte

Por Jorge

Los grandes acontecimientos deportivos, de los que no escapa el baloncesto, por supuesto, son ejemplo en la mayoría de los casos del buen comportamiento que se produce entre aficiones de distintos equipos. Así me viene a la cabeza lo que suele ocurrir durante la celebración de la Copa del Rey que organiza la ACB, donde incluso en ocasiones, desconozco si pasó en la última edición, se realizan torneos entre aficionados de los distintos equipos que participan y donde se da muy buen rollo.

Naturalmente siempre puede haber alguna excepción que como tal debe ser tratada sin que la parte se tome por el todo. Sin embargo si me animo a escribir sobre las aficiones o más bien sobre la afición deportiva, es porque en general también se tiene a mi parecer un concepto equivocado de lo que debe ser una buena afición o al menos para decir a mi juicio en que debería consistir lo más importante para ser aficionado al baloncesto en particular o al deporte en general.

El objetivo que me parece que debería de tener cualquier aficionado es la de apoyar a su equipo/deportista favorito, especialmente cuando le vienen mal dadas que es cuando más ánimo necesita, y disfrutar de su juego y resultados si son positivos pero también cuando no es así.

Sin embargo si uno se para a revisar el comportamiento de la mayoría de las aficiones, a menudo, o será porque unos pocos hacen mucho ruido, gritan y protestan contra los jugadores y entrenadores de su propio equipo cuando consideran que en general tienen un juego errático lleno de fallos, siendo como creo, mejor animar en esos momentos pues hacerlo cuando las cosas van bien es demasiado fácil e innecesario. Y esto que digo nada tiene que ver con estar descontenta, que claro que puede estarlo una afición, sobre todo si la actitud de los deportistas demuestra poco esfuerzo o cierta apatía.

Otro comportamiento que me parece erróneo es cuando se abuchean las buenas acciones de equipos rivales. Creo que algunos aficionados entienden equivocadamente que para apoyar a un equipo se debe desacreditar al adversario, cuando me parece que lo que se debería hacer es disfrutar también del buen juego que realiza el contrario reconociendo su buen hacer con el aplauso deportivo como parte de lo que debe ser entendido como deportividad.

Particularmente cuando tengo la suerte de acudir a una cancha de baloncesto voy con la intención de disfrutar del juego de mi equipo favorito, ahora bien, independientemente de que eso se produzca o no, también disfruto del juego del equipo oponente y sé reconocer su buen hacer. Así aplaudo tanto a uno como a otro, aunque me contente más el buen juego de mi equipo. Y creo que esta debería ser una enseñanza que sobre todo los más mayores, y no digamos padres/madres que llevan a sus hijos a disfrutar del deporte, deberían de esmerarse por transmitir a los más jóvenes.

Tampoco me gusta que a veces, demasiadas, parezca que la diversión sólo es posible si nuestro equipo gana. Entiendo la decepción de la derrota, sobre todo ante grandes partidos, pero eso no debe ir en menosprecio de saber disfrutar y apreciar el juego en sí. Esto último al final también se ve reflejado en el deporte de formación donde los chavales parece que sólo disfrutan si ganan independientemente de lo bien o mal que se juegue influidos seguramente por los conceptos de éxito/fracaso que se les inculca por parte de padres, entrenadores y la sociedad en general. A mí esto me entristece bastante por más que se les trate de animar cuando se pierde o cuando se les trata de hacer ver que aún habiendo ganado eso no debe tapar los muchos errores cometidos sobre los que se deberá seguir entrenando para poder mejorar.

Volviendo al tema de las aficiones, me llama la atención también que a veces se festejan los errores de los deportistas y equipos rivales casi más que los aciertos del equipo propio. Por no hablar claro de insultos u otro tipo de menosprecios ante adversarios (¿qué sentido tiene pitar la salida de un equipo cuando va a hacer el calentamiento previo de un partido?), otras hinchadas y sobre todo contra los árbitros, pobres ellos que se le las llevan de todos los colores lo hagan bien, mal o regular, algo que repruebo sin miramientos.

Suele decirse que el cliente (en este caso el público o la afición) siempre tiene la razón, pero lo dudo. Libre podrá ser de manifestarse, ahora bien, otra cosa será que lo haga adecuadamente. Insisto, la esencia de cualquier afición debe ser esa, disfrutar del juego de uno u otro equipo, mientras se anima a su equipo favorito sin menospreciar a los demás.

¿Es buena afición la que pita acciones del contrario, increpa a los árbitros y también se queja de su equipo en lugar de animarle cuando falla?

No pretendo convencer ni imponer a nadie mi idea sobre lo que debe ser una afición deportiva, y sé que en cierto modo pido un imposible tal y como están las cosas, pero alguien tiene que dejar claro y recordar de vez en cuando, sobre todo para los aficionados más jóvenes, que eso de pitar a los árbitros, abuchear a los adversarios o estar crispados a la mínima que nuestro equipo/deportista favorito falla no es el comportamiento deportivo que deberían aprender, y que la afición al deporte consiste en disfrutar de la esencia del juego por encima incluso de resultados.

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