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domingo, 23 de febrero de 2025

Historias de un Aficionado (7): ¿Por qué no te acercas?

Por Jorge

El baloncesto es un juego de estrategia. En el profesionalismo… o en la calle, cada equipo o cada jugador tienen que jugar sus bazas. Y a continuación voy a contar una historia que me pasó hace mucho tiempo, y que mirado en perspectiva, podríamos decir que fui un “visionario”… sin pretenderlo y a mi pesar.

En otro tiempo, esta explicación va dirigida a los más jóvenes, cuando querías jugar al baloncesto te acercabas a una pista y jugabas. Así de sencillo. Ahora, la mayoría, sólo juega si forma parte de un equipo y va a entrenar o jugar un partido. Fuera de los entrenamientos no es fácil encontrar a nadie jugando, no digamos con regularidad, salvo excepciones que confirman la regla.

Así pues, hecha la explicación, hace mucho mucho tiempo me acerqué a jugar a una pista en la que no había jugado nunca. Allí estaban unos cuantos, y entre a jugar con ellos sin más. Físicamente saltaba a la vista que era peor, menos “saltarín”, menos rápido, y por supuesto menos fuerte, así que la táctica que tenía que aplicar si quería tener alguna opción de meter alguna parecía clara: a la mínima que tuviese espacio y tiempo… a tirar, tirando nunca mejor dicho de mi puntería. Y estuve acertado.

La anécdota es que los chavales con los que jugaba, al final me preguntaron: “¿por qué no te acercas?” Y respondí sorprendido por la pregunta: “¿para qué? Si estoy sólo y las meto de fuera… además el triple vale más, ¿no?”. Mi respuesta no les dejó muy satisfechos y me miraron como si fuera un bicho raro.

Repito que aquello pasó cuando el baloncesto no vivía el “abuso del triple”, y en mi defensa tengo que decir que en realidad la mayoría de los tiros fueron de media distancia más que de tres, pero la “moraleja” viene a ser que eso de acercarse por la zona está bien si tu físico te lo permite o tienes clara ventaja, de lo contrario, tendrás que mejorar tu tiro para poder tirar (y anotar que no es lo mismo tirar que meter) desde fuera.

Insisto. Para poder tirar de fuera hay que mejorar el tiro. Concepto que muchos no parecen entender porque ahora se lleva la estrategia opuesta, es decir, si antes todos iban al aro como locos tuvieran o no ventaja, ahora se tiende a tirar a la mínima, cuanto más lejos mejor. Así la pregunta que habría que hacerle a muchos sería: “¿por qué tiras de fuera si no metes una?” Y cuando muchos se justifican “es que estoy solo”… por algo será.

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jueves, 11 de enero de 2024

Baloncesto al aire libre en peligro de extinción

Por Jorge

La mañana del pasado día de Nochebuena fui a jugar un rato al baloncesto. Nada serio. No estoy para muchos trotes. Sólo tiro, eso sí, una hora de media y larga distancia, entradas y finalizaciones varias, juego de espaldas, etc. Me gusta enchufar algunos tiros.

Juego en un parque que dispone de una pista de esas que tiene porterías de fútbol con una canasta sobre el larguero, en una de esas combinaciones que siempre perjudica a quienes jugamos al baloncesto. Suelo jugar a primera hora para garantizar que no tenga futboleros por allí tocando las narices. Tampoco tengo que madrugar mucho. Algún domingo estoy por allí bien pasadas las once de la mañana, y casi nunca veo a nadie que vaya a jugar más allá del padre e hijo que juguetean un rato al fútbol, o de otros mocosos que están en los columpios que hay por allí.

Aquel día, oh, milagro, cruzó un chaval por delante de mí para ir a la otra canasta con su pelota de baloncesto. Vaya, pensé, todavía hay esperanza. Donde vivo el baloncesto no es una actividad muy ejercitada, más bien todo lo contrario, bueno, en realidad el deporte fuera de clubes, mucho menos al aire libre, es algo muy poco habitual, pero entre los jóvenes ni te cuento.

Aquel mozo tendría 14 ó 15 años, año arriba, año abajo. Se veía a la legua que no era un dechado de virtudes técnicas, pero le ponía interés, aunque sólo tiraba a canasta desde dentro de la zona, imagino que para no alejarse demasiado y así tener más opciones de encestar. Tampoco tenía mucha puntería por lo que pude ver, aunque repito, le ponía ganas… pero no durante demasiado tiempo. No llegó a veinte minutos en pista. No le dio tiempo a sudar la gota gorda, eso sí, en ese tiempo pudo parar para mirar su teléfono móvil no menos de tres veces. ¿Es este el futuro del deporte libre entre la mayoría de los jóvenes? O lo que es peor, ¿es este ya nuestro presente?

No soy optimista. No me cabe duda que tiene que haber excepciones, y que lo que veo donde vivo es sólo circunstancial, pero me temo que no es así. Si algún lector quiere ser tan amable de decidme en los comentarios lo que vive cerca de él, le leeré con agrado.

A mí me parece que vivimos tiempos de excesiva comodidad, y el deporte se convirtió para muchos en una especie de castigo, de actividad necesaria para mantener unos mínimos de salud, y no para disfrutarla como una manera de socializar, de poner a pruebas habilidades físicas, técnicas y diría que hasta mentales, al aire libre, con indiferencia de la época del año, no sólo cuando hace buen tiempo, aunque es verdad que es cuando mejor se puede hacer.

Una pena. Por mi parte no dejaré de hacer proselitismo del baloncesto al aire libre entre la chavalada que tengo la suerte de entrenar y entre todo el mundo en general. Y que mejor manera de hacerlo que con el ejemplo. Mientras pueda, no dejaré de jugar.

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martes, 11 de junio de 2019

Historias de un Aficionado (6): tapón por detrás

Por Jorge

Los aficionados de larga duración tenemos anécdotas y chascarrillos vividos en las pistas para dar y regalar. Y un ejemplo es el que sigue…

Ahora no sé si sigue ocurriendo, pero antes en la canchas un clásico era considerar como falta el tapón por detrás. Y cuando preguntabas por qué, la respuesta tampoco tenía desperdicio: “es que por detrás siempre es falta”. Y cuando argumentabas que habías tocado sólo balón, iban un poco más allá en su argumentación, añadiendo que era falta “porque bajabas el brazo”.

Y no es que pusiera muchos tapones así, más bien pocos, pero a los míos se sumaban otros que veía mientras jugábamos, y ese tipo de respuestas llegaba a un punto que nos dejaba estupefactos y movíamos la cabeza a uno y otro lado sin dar crédito, sin protestar para dejar que el juego continuara sin entrar en discusiones.

En el siguiente "pantallazo" extraído del foro de la ACB podéis ver como se hablaba de esta "polémica" en 2007, y se mencionaba esa "confusión" de considerar todos los tapones por detrás como falta, y la aclaración de que si no tocas al tirador no es así.


Aquí un ejemplo de tapón por detrás más que limpio y sobre el que por supuesto no se señaló falta:


¿Viviste este tipo de situaciones en una cancha? ¿Se siguen pitando estas acciones en vuestras pachangas?

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lunes, 2 de octubre de 2017

Historias de un Aficionado (5): sonrojos en una grada ACB

Por Jorge

La temporada en la ACB comenzó el fin de semana, y es buen momento para compartir algunas situaciones que viví desde la grada en el curso baloncestístico pasado como abonado de un club que jugó en esta liga. Sin duda fue un privilegio disfrutar del deporte de elite, pero también pude observar algunos comportamientos en la grada que me preocupan.

No mencionaré al equipo para que no se ofenda su afición, que por supuesto no tiene porqué verse reflejada por el comportamiento de una minoría, para no sembrar ninguna polémica. Sólo aprovecho aquí para dar fe de algunas situaciones tal vez anecdóticas en algún caso, pero perjudiciales en otras por la influencia negativa que pueden tener en los aficionados más jóvenes.

En primer lugar me referiré al poco conocimiento que algunos espectadores tenían de los jugadores, especialmente en los equipos visitantes (recuerdo como en otra ocasión unos aficionados que no reconocían a ¡Felipe Reyes!), y así fue sonrojante escuchar en un partido como un seguidor local a mi espalda se preguntaba “¿quién es ese tío?”, para referirse al jugador del equipo contrario que anotaba algún que otro canastón, y se quejaba así como dando a entender que no era nadie, sólo un “paquete” con suerte. Y en ese caso, ese “tío” jugó en la NBA, de manera testimonial, todo hay que decirlo, pero también es internacional con la selección de su país. Y sí, es verdad que no se tiene porqué conocer a todo el mundo, y menos ahora que los jugadores cambian de equipo como de chaqueta, pero menospreciar el juego de un jugador que ni se conoce no habla muy bien de un aficionado.

La afición es soberana, y cada cual tiene sus gustos deportivos, faltaría más, pero también en otro partido asistí atónito a comentarios no muy favorables acerca del juego de un par de jugadores del equipo visitante, uno de ellos muchas veces elegido mejor jugador de la semana tanto en la ACB como en la Euroliga, y otro internacional con la selección española al que supongo que sí aplaudirán cuando juegue con el equipo nacional. Insisto, cada cual puede tener sus preferencias, ahora bien, juzgar con esa severidad a jugadores profesionales cuando quizá el aficionado no sea un virtuoso del juego…

En la misma línea de desconocimiento me llamó la atención la vez que un par de espectadoras que se sentaron a mi lado (y que al inicio del tercer cuarto ¡se marcharon!), y que me costó entender como acabaron allí, ya que al menos una de ellas no parecía ser muy conocedora del juego cuando la amiga tuvo que explicarle que no se podían dar más de dos pasos sin botar…

Ni que decir tiene que los árbitros también generaron comentarios que demostraban un desconocimiento del juego, como por ejemplo cuando un aficionado local se quejaba porque tal árbitro no pitaba (una falta), y la pitaba el que estaba en el otro lado... cuando de lo que no se enteraba ese seguidor es que la falta no era donde se pensaba, sino en otra acción de juego fuera del balón. También este desconocimiento del juego se puede entender, aunque cuesta más hacerlo de alguien que ve partidos habitualmente.

Ya metidos en faena arbitral lo peor no fueron las quejas, sino quién se queja, y cómo se queja. Si llamativo era asistir al comentario mencionado, lamentable (por no utilizar otro calificativo) fue ver y escuchar a un hombre insultar gravemente al árbitro con un chaval (su hijo imagino) que aparentaba unos 11-12 años a su lado. ¿Era consciente de su comportamiento y de lo que suponía para la educación de ese joven?

Alguien puede pensar que esto es algo aislado, y lo triste es que viví habitualmente los insultos y gestos agresivos y encrespados del público hacia los árbitros por parte de madres-padres (en algún caso me atrevería a decir que por la apariencia de edad algunos eran abuelos), o como en el caso de un energúmeno que vociferaba delante de mí y al que una niña pequeña que estaba junto a su padre (al lado), miraba con cara de a éste le falta un tornillo, y razón no le faltaba…

Y lo más llamativo de algunas protestas es que enlazando con lo ya dicho, demostraban además de poca deportividad, poco respeto incluso por los jugadores de casa, y es que recuerdo algunas ocasiones en las que se pitaba alguna infracción a los jugadores locales, y las protestas eran masivas… pese a que el propio jugador reconocía su error o su falta, o como cuando se le pitó una técnica por protestas y gestos de chulería hacia los colegiados a un jugador, y su propio entrenador le llamaba a capítulo por la “tontería” de ceder un tiro y balón al rival por unas protestas sin sentido que perjudicaban a su equipo… pues nada, todo el mundo quejándose igualmente.

Tampoco se libraban de las protestas y los comentarios injuriosos los rivales, que en su banquillo tenían que aguantar a la gente que se sentaba detrás de ellos que no paraban de proferirles gritos, insultos y gestos como si poco menos que estuviesen en un circo romano a merced del público.

Y lo peor es que veía a algunos de esos “aficionados” alardear de las bajezas que les decían a esos jugadores del equipo adversario, y que incluso se permitían a voz en grito decirles que se sentasen si se levantaban a comentarle algo a un árbitro, que se callase al entrenador que decía algo, y hasta que se atrevían a gritarle al utillero a un par de metros de él… sin que uno sepa muy bien con que finalidad.

Me tengo por persona tranquila a la que le gusta el baloncesto, y así tengo que decir que aplaudí tanto las buenas jugadas del equipo local como del visitante pues a mí lo que me interesaba era ver el mejor juego posible y disfrutarlo. Pero tengo que reconocer que en este ambiente hasta en una ocasión me contagiaron de las protestas continuas hasta el punto que llegué a gritarle a uno de los árbitros para que le pitase técnica a “la mesa” porque no se enteraba, por supuesto de manera figurada, porque en una jugada el equipo visitante hizo una acción en un saque de fondo que por error de los auxiliares de mesa tuvo que repetirse fastidiando el factor sorpresa de la acción que había preparado su entrenador, y que luego me llevó incluso a dirigirme al par de “voceras” de la grada que se tiraban todos los partidos haciendo comentarios discutibles, para corregirles porque en este caso no se quejaban de un error que había favorecido a su equipo local.

Por supuesto mi reacción no tiene punto de comparación con lo visto pero me avergüenzo por mi protesta y pequeña discusión, y es que dicho todo esto, independientemente del conocimiento del juego que pueda tener el público, es variable y poco importante si lo que realmente se quiere es animar y disfrutar del espectáculo deportivo, y lo peor con diferencia fue ese comportamiento “futbolero” (que me perdonen también sus buenos aficionados, que sin embargo estarán conmigo en que la conducta general en su deporte deja mucho que desear) de protestas y menosprecio que hace flaco favor para la educación deportiva de sobre todo la afición más joven, que no sólo ve que esa actitud no recibe castigo, sino que puede llegar a considerarla como normal y hasta divertida.

Mi conclusión sobre lo que experimenté desde la grada es que me preocupa el forofismo desmedido, la incultura deportiva, y sobre todo la falta de educación general en algunos casos, y es que me temo que siendo minoría este comportamiento, a buen seguro que los ejemplos que viví también se dan en las gradas del resto de clubes, y eso no puede ser más que perjudicial para el baloncesto y su afición.

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martes, 23 de mayo de 2017

Historias de un Aficionado (4): una temporada de BA-LON-CES-TO en la grada

Por Jorge

Este curso baloncestístico tuve la oportunidad de disfrutar de la experiencia del baloncesto desde la grada como abonado de un club de la liga ACB. Sin duda fue un privilegio disfrutar del deporte de elite, pero también pude observar algunos comportamientos que me preocupan.

No mencionaré al equipo para que no se ofenda su afición, que por supuesto no tiene porqué verse reflejada por el comportamiento de una minoría, para no sembrar ninguna polémica. Sólo aprovecho aquí para dar fe de algunas situaciones tal vez anecdóticas en algún caso, pero perjudiciales en otras por la influencia negativa que pueden tener en los aficionados más jóvenes.

En primer lugar me referiré al poco conocimiento que algunos espectadores tenían de los jugadores, especialmente en los equipos visitantes (recuerdo en otra ocasión a unos aficionados que no reconocían a ¡Felipe Reyes!), y así fue llamativo escuchar en un partido como un seguidor local se preguntaba “¿quién es ese tío?”, para referirse al jugador del equipo contrario que anotaba algún que otro canastón, y se quejaba así como dando a entender que no era nadie, sólo un “paquete” con suerte. Y en ese caso, ese “tío” jugó en la NBA, de manera testimonial, todo hay que decirlo, pero también es internacional con la selección de su país. Y sí, es verdad que no se tiene porqué conocer a todo el mundo, y menos ahora que los jugadores cambian de equipo como de chaqueta, pero menospreciar el juego de un jugador que ni se conoce, no habla muy bien de un aficionado.

La afición es soberana, y cada cual tiene sus gustos deportivos, faltaría más, pero también en otro partido asistí atónito a comentarios no muy favorables acerca del juego de un par de jugadores del equipo visitante, uno de ellos muchas veces elegido mejor jugador de la semana tanto en la ACB como en la Euroliga, y otro internacional con la selección española al que supongo que sí aplaudirán cuando juegue con el equipo nacional. Insisto, cada cual puede tener sus preferencias, ahora bien, juzgar con esa severidad a jugadores profesionales cuando quizá el aficionado no sea un virtuoso del juego…

En la misma línea de desconocimiento me llamó la atención la vez que un par de espectadoras que se sentaron a mi lado (al inicio del tercer cuarto se marcharon), y que me costó entender como acabaron allí, dado que una de ellas no parecía ser muy conocedora del juego cuando la amiga tuvo que explicarle que no se podían dar más de dos pasos sin botar…

Ni que decir tiene que los árbitros también generaron comentarios que demostraban un desconocimiento del juego, como por ejemplo cuando un aficionado local se quejaba porque tal árbitro no pitaba (una falta), y la pitaba el que estaba en el otro lado... cuando de lo que no se enteraba ese seguidor es que la falta no era donde se pensaba, sino en otra acción de juego fuera del balón. También este desconocimiento del juego se puede entender, aunque cuesta más hacerlo de alguien que ve partidos habitualmente.

Ya metidos en faena arbitral lo peor no fueron las quejas, sino quién se queja, y cómo se queja. Si sonrojante era asistir al comentario mencionado, lamentable (por no utilizar otro calificativo) fue ver y escuchar a un hombre insultar gravemente al árbitro con un chaval (su hijo imagino) que aparentaba unos 11-12 años a su lado. ¿Era consciente de su comportamiento y de lo que suponía para la educación de ese joven?

Alguien puede pensar que esto es algo aislado, y lo triste es que viví habitualmente los insultos y gestos agresivos y encrespados del público hacia los árbitros por parte de madres-padres (en algún caso me atrevería a decir que por la apariencia de edad algunos eran abuelos), o como en el caso de un energúmeno que vociferaba delante de mí y al que una niña pequeña que estaba junto a su padre (al lado), miraba con cara de a este le falta un tornillo... y razón no le faltaba.

Y lo más llamativo de algunas protestas es que enlazando con lo ya dicho, demostraban además de poca deportividad, poco respeto incluso por los jugadores de casa, y es que recuerdo algunas ocasiones en las que se pitaba alguna infracción a los jugadores locales, y las protestas eran masivas… pese a que el propio jugador reconocía su error o su falta, o como cuando se le pitó una técnica por protestas y gestos de chulería hacia los colegiados a un jugador, y su propio entrenador le llamaba a capítulo por la “tontería” de ceder un tiro y balón al rival por unas protestas sin sentido que perjudicaban a su equipo… pues nada, todo el mundo quejándose igualmente.

Tampoco se libraban de las protestas y los comentarios injuriosos los rivales, que en su banquillo tenían que aguantar a la gente que se sentaba detrás de ellos que no paraban de proferirles gritos, insultos y gestos como si poco menos que estuviesen en un circo romano a merced del público.

Y lo peor es que veía a algunos de esos “aficionados” alardear de las bajezas que les decían a esos jugadores del equipo adversario, y que incluso se permitían a voz en grito decirles que se sentasen si se levantaban a comentarle algo a un árbitro, que se callase al entrenador que decía algo, y hasta que se atrevían a gritarle al utillero a un par de metros de él… sin saber muy bien con que finalidad.

Me tengo por persona tranquila a la que le gusta el baloncesto, y en este caso además tengo que decir que aplaudía tanto las buenas jugadas del equipo local como del visitante pues a mí lo que me interesaba era ver el mejor juego posible y disfrutarlo. Pero tengo que reconocer que en este ambiente hasta en una ocasión me contagiaron de las protestas continuas hasta el punto que llegué a gritarle a uno de los árbitros para que le pitase técnica a la mesa porque no se enteraba, por supuesto de manera figurada, porque en una jugada el equipo visitante hizo una acción en un saque de fondo que por error de los auxiliares de mesa tuvo que repetirse fastidiando el factor sorpresa de la acción que había preparado su entrenador, y que luego me llevó incluso a dirigirme al par de “voceras” de la grada que se tiraban todos los partidos haciendo comentarios discutibles, para corregirlos porque en este caso no se quejaban de un error que había favorecido a su equipo local.

Por supuesto mi reacción no tiene punto de comparación con lo visto pero me avergüenzo por mi protesta y pequeña discusión, y es que dicho todo esto, independientemente del conocimiento del juego que pueda tener el público, variable y poco importante si lo que realmente se quiere es animar y disfrutar del espectáculo deportivo, lo peor con diferencia fue ese comportamiento “futbolero” (que me perdonen también sus buenos aficionados, que sin embargo estarán conmigo en que la conducta general en su deporte deja mucho que desear) de protestas y menosprecio que hace flaco favor para la educación deportiva de sobre todo la afición más joven, que no sólo ve que esa actitud no recibe castigo, sino que puede llegar a considerarla como normal y hasta divertida.

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viernes, 16 de diciembre de 2016

Historias de un Aficionado (3): el exceso de confianza

Por Jorge

A aquellos aficionados que hayan jugado regularmente al baloncesto seguramente les sonara el extraño caso del amigo con exceso de confianza.

Cuando la gente con la que se juega tiene poca experiencia, es decir, poco tiempo de juego, se puede comprender la creencia de que se puede hacer cualquier cosa que se quiera en una pista de baloncesto. Sin embargo, con el tiempo, llama la atención la dificultad que tienen algunos para ser conscientes de sus limitaciones, y distinguir sus virtudes y aprovecharlas (si las tienen), y no estorbar o desaprovechar las que tienen aquellos con quienes juegan.

Recuerdo en mis inicios pachangueros la vergüenza y el temor que me propiciaba entrar a jugar con gente más mayor y experta a la que veía jugar, y que me parecía que lo hacían mejor que yo, o al menos con más soltura. Recreos donde te quedabas mirando como los jugones del instituto jugaban, y te fijabas en los detalles, anhelando el día en que fueras el que estuviese jugando en el patio. Y ese día llegó, te veían mirando, o tal vez estabas en otro aro, sólo, tirando a canasta y faltaba uno para completar equipos…

Y al principio te bastaba con poder jugar, esforzándote a tope, sobre todo en defensa, y pasando, pasando mucho la pelota, para que viesen que no querías protagonismo, que sabías aceptar tu papel de pipiolo hasta que alguien te daba la suficiente confianza para que te atrevieras a tirar a canasta, pero sin abusar, sólo de vez en cuando… hasta que con el paso del tiempo te convertías en el veterano que ya podía actuar a su antojo, y no digamos ya si encima jugabas bien.

Volvamos al comienzo, que me lío, el caso es que no hay pachanga en la que no falten esos que sin ser jugones se apropien de virtudes que no tienen, intentando jugadas que vieron el otro día en los “highlights” que da el telediario, sin darse cuenta que para ellos poder hacerlo sólo es posible con la consola de los videojuegos.


Y si traigo a colación esto es porque me acuerdo de un amigo, dudo que me lea pero mejor omitiré su nombre por si se siente ofendido, que siendo capaz de encestar algún triple de vez en cuando, era capaz de jugárselos con tal confianza que uno no acertaba a entender como era posible que no los anotara más a menudo dada esa seguridad en sí mismo. Y así lo sufrí en mis carnes pues compartiendo equipo, daba igual que tuviese a un par de buenos triplistas (triplero me llamaron en mis inicios) a cada lado totalmente abiertos, que se la jugaba irremediablemente en un afán de no sé que protagonismo acabando habitualmente ese tiro en un sonoro clon contra el aro o incluso si tan siquiera tocarlo en alguna ocasión.

Hace poco decía Iturriaga en un artículo sobre la seguridad que tiene en sí mismo Sergio Llull que “la confianza debe tener (…) una buena relación con la realidad. Porque si no, se convierte en temeridad. Nada hay más peligroso para un equipo que un jugador cuya confianza saque unas cuantas cabezas a su talento o porcentajes. Porque esto quizás le haga meterse en berenjenales para los que no está preparado, o para los que hay otros en mejor disposición”.

Afortunadamente el baloncesto es un deporte democrático que si bien favorece a algunos con mejores condiciones físicas, puede ser jugado por cualquiera… aunque no todos puedan hacer las mismas cosas sobre la pista. Así que para aquellos con exceso de confianza, por favor, bajen a la tierra, y dedíquense a hacer lo que mejor saben hacer, y dejen hacer a otros lo que ellos si saben hacer mejor.

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miércoles, 2 de noviembre de 2016

Historias de un Aficionado (2): Gestos en el baloncesto

Por Jorge

La Real Academia de la Lengua Española define gesto en su diccionario como el “movimiento del rostro, de las manos o de otras partes del cuerpo, con que se expresan afectos o se transmiten mensajes”. Y en la segunda acepción añade que es un “movimiento exagerado del rostro por hábito o enfermedad”.

Como en la vida, el lenguaje gestual en los partidos de baloncesto es habitual, en unos casos más llamativo, en otros más discreto. A veces con buenas maneras, otras no tanto. En ocasiones para mostrar solidaridad con el rival, y en otras animadversión.

La noticia más llamativa del inicio de temporada en la NBA durante la pasada semana estuvo en el comportamiento maleducado de un espectador contra Russell Westbrook (OKC) en el partido Philadelphia 76ers-Oklahoma City Thunder:


El jugador de los Thunder lejos de encararse con el “aficionado”, afortunadamente para él (me refiero al aficionado), pidió explicaciones al árbitro, y finalmente el seguidor de los Sixers fue expulsado del partido.

El caso es que el pasado fin de semana pude seguir, como cualquier aficionado, el partido de liga ACB que enfrentaba a Baloncesto Fuenlabrada y Barcelona, y se produjo un hecho similar al ocurrido en la NBA, pero al revés, el “infractor” era un jugador, y los agraviados los espectadores. Por supuesto sin llegar al grado de mala educación que mostró el asistente al partido Sixers-Thunder.

El protagonista de la acción fue Joey Dorsey (Barcelona), que realizó un gesto desaprobatorio a la grada alzando su mano, cansado seguramente de la brasa que le estaban dando, y que visto por el árbitro principal, Pérez Pizarro, le pitó técnica por considerarlo como un menosprecio hacia el público.


A mi juicio, como se ve en el vídeo, el gesto de Dorsey siendo visible no parece exagerado, ni mucho menos similar al del seguidor de la NBA, ahora bien, el jugador del Barcelona no destaca por sus “luces” precisamente, y a partir de ese momento no paró de gesticular, reír y hablar en muchos casos consigo mismo, acercándose con ello más a la segunda que a la primera acepción que vimos al principio, y desde luego dando la sensación de que estaba muy poco concentrado en el juego.

Con su conducta Dorsey provocó que el partido avanzase en una continua pitada hacia él e incluso sobre su entrenador, que como se ve también en la segunda parte del vídeo, en todo el jaleo acabó por ser expulsado más tarde (cuando fue eliminado por faltas el jugador) por acumular dos técnicas, y así se enardeció aún más a un público que le devolvió la moneda al jugador con un comportamiento tan fuera de lugar como el suyo, gesticulando agresivamente hacia él, y propinándole todo tipo de lindezas verbales que no conviene reproducir aquí. Por cierto, ¿se atrevería alguno de esos espectadores a encararse en solitario con Dorsey? Lo dudo.

Para aquellos “valientes” que se agarran a la multitud para dar rienda suelta a su locura gestual y verbal, mucho ojo, porque no siempre la reacción del deportista es tan tranquila como en el ejemplo que vimos de Westbrook, y sino que miren la siguiente acción que los aficionados más veteranos recordarán de un partido de competición europea entre el Real Madrid y el Maccabi de Tel-Aviv:


La verdad es que como aficionado, y como persona que defiende el respeto y las buenas formas, me da vergüenza ajena este tipo de comportamientos y conductas sin sentido, tanto por un lado como por el otro. Y algunos justificarán a la grada diciendo que el público es soberano, y como paga su entrada, aquello se puede convertir poco menos que en un circo romano durante una lucha de gladiadores, pero no estoy de acuerdo. A mí me parece que también es reprobatorio el comportamiento de parte del público (no la mayoría, por supuesto) que sin embargo no paga por ello, pese a que buscando legislación sobre regulación de espectáculos públicos, en el Reglamento General de Policía de Espectáculos Públicos y Actividades Recreativas se dice que “el público habrá de mantener la debida compostura y evitar en todo momento cualquier acción que pueda producir peligro, malestar, dificultar el desarrollo del espectáculo o actividad”, y también se hace referencia a sanciones para los casos de “falta de respeto de los espectadores o asistentes a los artistas, deportistas y demás actuantes”, y aunque la autoridad en una cancha de baloncesto corresponde a los árbitros, lo cierto es que por allí había policías, y ninguno movió un músculo para al menos tratar de apaciguar los ánimos y llamar la atención de algunos de los exaltados de la grada, aunque tal vez eso hubiese sido peor.

La acción de Dorsey tuvo consecuencias deportivas y pagó por ello reglamento en mano (sobre esto continuaré escribiendo próximamente), y supuso una reacción del público que no fue a mayores, pero no por habitual en algunos espectáculos deportivos deberíamos de dejar de censurarla, porque una cosa es el enfado, y otra la agresividad que se desprende de él, y que desde luego no son ejemplo de comportamiento para nadie, en especial para los aficionados más jóvenes que acuden al baloncesto.

Por suerte, y tal y como indicaba, también se pueden ver gestos positivos en el baloncesto, la mayoría, y en este caso me quedo con los que vi en este partido protagonizados por Ante Tomic (Barcelona), y “Jota” Cuspinera y Moussa Diagné (Fuenlabrada). En el primero, antes de empezar el partido, cuando Tomic terminaba su calentamiento inicial y se dirigía a su banquillo, el entrenador del Fuenla salió del suyo para antes de empezar la charla inicial a su equipo, saludar (e imagino que desear buena suerte) a un jugador al que entrenó en su etapa como entrenador ayudante del Real Madrid, y con quien a buen seguro hizo buenas migas entonces. Y el segundo se produjo cuando en un lance del juego Diagné se llevó un golpe por el que se tuvo que detener el partido, y en este caso el pívot del Barcelona, compañero de éste la temporada pasada, fue el que se acercó amistosamente a interesarse por él. Gestos amistosos que suelen ser los más habituales en el baloncesto.

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domingo, 8 de enero de 2012

Historias de un Aficionado: mi vuelta al Palacio de los Deportes de Madrid

Por Jorge

Once años separan estas dos entradas para ver al Estudiantes en el Palacio de los Deportes de Madrid:

Estu-Barça 2001
Estu-Manresa 2012
La primera corresponde a un clásico Estudiantes-Barcelona jugado en el antiguo Palacio de los Deportes.
Un incendio lo arrasaría pocos meses después. La segunda era para un partido jugado hoy en el nuevo (es un decir, se inauguró en 2005) Palacio. Aquel en el que la selección española perdió una traumática final europea (2007) que por suerte pudo superar después dos veces.

Para el partido de entonces, el Barça era dirigido desde el banquillo por Aito, y ya contaba con un imberbe Navarro… y con Pau Gasol. Por el Estu jugaba también un joven Felipe Reyes (y su hermano), y en el banquillo estaba Pepu.

El partido se jugó entre semana (jueves 9 de enero de 2001) aunque se tenía que haber celebrado meses antes pues correspondía a la primera jornada (octubre) pero no recuerdo que problemas retrasaron su disputa.

Todo un gustazo seguir las evoluciones de esos casi presentes y seguro futuros cracks de la canasta. El partido no tuvo mucha historia.
Estudiantes aguantó tirando de casta, hasta que Jasiskevicius se puso las pilas y se comió fácil a los bases estudiantiles.

El partido de hoy, Estudiantes contra Manresa, no ha reunido a futuros cracks, y el juego ha tenido una muy diferente calidad comparado con aquel…

Estu-Manresa 2012
tiro libre Granger ...al menos el resultado a supuesto una importante victoria para que los del Ramiro respiren un poco en la clasificación, y quien sabe, quizás suponga un punto de inflexión para que el equipo vaya hacia arriba.

El caso es que me hacía ilusión volver al Palacio de los Deportes. Espero que no pase tanto tiempo para la próxima visita a una cancha mítica de nuestro baloncesto.

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