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martes, 23 de septiembre de 2025

Menos es más (IV): Caminar es muy sano

Por Jorge

La sociedad dejó de caminar, o lo hace menos. Eso me parece, pero quizás esté equivocado. Pondré un sencillo ejemplo de lo que veo a mi alrededor para ilustrarlo, aunque repito, puede ser que mi caso sea aislado… pero me temo que no.

Los autobuses escolares son una gran ayuda para muchas familias que viven lejos de los centros educativos. Comprendo que quienes se tienen que desplazar de un municipio a otro para ir al colegio o el instituto hagan uso de este servicio, o incluso cuando dentro de una misma ciudad o pueblo, se tengan que desplazar de una punta a la otra de esa localidad. Ahora bien, ¿qué entendemos por lejos?

Aprovechar esos autobuses cuando apenas se encuentra el colegio a un kilómetro (o dos a lo sumo), y se dispone de aceras, semáforos y todas las medidas adecuadas para ir caminando, me parece un error, porque se está “acomodando” a esos jóvenes a una vida que ya de por sí es suficientemente sedentaria. Por supuesto, cuando me refiero a esos autobuses también incluyo el “servicio de taxi” que ejercen madres/padres con su vehículo privado (incluso en aquellos sitios donde funciona perfectamente el transporte público, por cierto), dejando y recogiendo a sus hijos en la misma puerta de colegios, academias, polideportivos y demás lugares a los que se tengan que desplazar.

Supongo que no debería hacer falta escribir aquí cuales son los beneficios de caminar, pero por si alguien los olvidó, además de los relativos al ámbito físico (control de peso, prevención de enfermedades, mejora de la salud cardiovascular, etc.), también los tenemos relacionados con la salud mental mejorando el estado de ánimo y la función cognitiva, por no hablar de la ayuda a la socialización que implica caminar por la calle con amigos y junto al resto de la gente.

Muchos padres o madres ejercen de “taxistas” también porque sus hijos están saturados de actividades extraescolares (recuerden, tal vez menos es más), movidos por una comodidad mal entendida (a mi juicio), y también por un exceso de control/preocupación, que hace que no se les deje caminar a su aire, actividad más que saludable, repito, física, mental y socialmente.

Disculpen que haga aquí un inciso sobre la saturación de actividades, que a lo mejor habría que preguntarse si no es que la educación está tan mal gestionada, que hace necesario añadir multitud de actividades como idiomas, deportes, música y otras artes, a lo que sumar clases de refuerzo, porque el currículo académico y su desarrollo es lamentable. Que si todas (o la mayoría) de las familias consideran que el inglés, el deporte, la música, etc. son actividades fundamentales para el futuro de sus hijos, ¿por que no se les da más tiempo y valor durante la educación obligatoria? Por ejemplo, si el inglés se estudiara bien, con rigor, tiempo y exigencia durante la etapa escolar, a lo mejor luego no sería tan necesario acudir a una academia más que en casos puntuales.

Volviendo a la reflexión que se hizo este mes de septiembre sobre el menos es más, cierro haciendo hincapié que a lo mejor no es necesario entrenar tanto ni jugar tantos partidos, que se debe jugar en la calle, y que no hay necesidad de ir corriendo de una actividad a otra, que no pasa nada por caminar, y hasta podemos aburrirnos en algunos tiempos muertos, que divagar también es muy sano.

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lunes, 11 de septiembre de 2023

Ganas de mejorar, objetivos, adaptación y líneas rojas del entrenador

Por Jorge

Algunos dices que sólo existe un baloncesto, pero no es verdad. ¿Acaso es el mismo baloncesto el que vemos por la tele que el que se juega en el patio de un colegio? Por supuesto que se parecen, pero no son iguales. Sin embargo, todos los baloncestos tienen algo en común: jugadoras y jugadores. Ningún juego se puede jugar sin ellos. Y muchos entrenadores parece que se olvidan de eso cuando empieza la temporada.

Primera reflexión del curso sobre algunas ideas que quizás puedan ayudar a otros entrenadores de jóvenes deportistas (el baloncesto de la mayoría) a la hora de afrontar esta nueva temporada, haciendo especial hincapié en que los deportistas son la piedra angular de su trabajo.

Ganas de mejorar
Ahora que empieza un nuevo curso baloncestístico, raro es el entrenador que no llega cargado de ideas sacadas de esos partidos que pudo ver durante el descanso estival en aquel campeonato de selecciones cadetes, o de esas nuevas lecciones de estrategia vistas en la última copa del mundo. Ni que decir tiene de aquellas charlas de reputados entrenadores de élite a las que asistió, o que se pueden ver por internet, que también dejará caer por sus entrenamientos… aunque poco o nada tengan que ver con el baloncesto de su equipo.

Nada de malo hay en querer mejorar a los jugadores, pero volviendo a la pregunta inicial sobre los diferentes baloncestos: ¿Tiene que ser el baloncesto de un equipo de minibasket como el que juega una selección cadete? ¿Es el mismo baloncesto el que puede hacer un equipo cadete de un colegio que el del cadete de la cantera de un equipo profesional?

La clave para mejorar estará en saber adaptarse al nivel y las necesidades del equipo que se entrena, de sus jugadoras o jugadores. Conocer donde se está será fundamental.

Objetivos
Los clubes, colegios o entidades deportivas tienen sus objetivos antes de empezar el curso. Las madres y padres de los deportistas también. Pero los objetivos más importantes son los de los deportistas, y a veces ni sabemos ni nos preocupamos por saber cuáles son.

Muchos entrenadores piensan que los jugadores quieren mejorar tanto como ellos presuponen. Creen que todos quieren alcanzar su mejor nivel posible. Que les gustaría entrenar cuatro días en lugar de tres, y si el fin de semana no hay partido, añadir otro entrenamiento más. Y seguro que alguna jugadora esté en ese punto. Pero también habrá quien esté en el otro extremo, y si se entrena un par de días ya le llega, y si el fin de semana no hay partido, pues aprovecha para hacer otra actividad.

La casuística puede ser variada, por eso los objetivos de los entrenadores nunca se pueden elaborar sin tener en cuenta antes los de los jugadores, para luego ponerlos en común a la hora de establecer un objetivo colectivo.

Adaptación
Si una cualidad tiene que tener un entrenador es la adaptabilidad. Saber adaptarse a los deportistas que va a entrenar, sean jóvenes o no tan jóvenes, pero especialmente en edades tempranas, es fundamental. Cualquier error en ese momento, luego va a ser muy difícil de corregir, y es que la huella positiva o negativa de esos primeros años puede marcar la futura vida, al menos deportiva, de esas niñas o niños.

La mejor manera de saber los objetivos de las jugadoras o jugadores que se entrena es conociéndoles al principio de temporada. Preguntarles por qué están allí. Por qué juegan al baloncesto. Por qué se apuntaron a esa actividad.

La homogeneidad no es común en el baloncesto de base, por eso es importante que un entrenador sepa si esas chicas o chicos están allí obligados por sus madres o padres, si van porque están sus amigos o amigas, o si realmente son aficionados y existe años de experiencia previa.

También está bien saber si sus objetivos son ganar partidos o mejorar de categoría, o sólo pasárselo bien (muy importante en este punto que expliquen qué es eso porque no es lo mismo para todos) o hacer un poco de deporte (lo mismo les da hacer baloncesto que otro).

Luego más allá de esa idea general habría que conocer después objetivos más concretos, y si no los tienen ayudarles a establecerlos pero siempre dentro de ese parámetro inicial apuntado por ellos que debe ser básico.

No se puede entrenar igual a un grupo que sólo quiere hacer un poco de deporte, que a otro que quiere ganar el campeonato, como no se puede entrenar igual al que está dispuesto a entrenar las horas que haga falta para mejorar su tiro, que al que con “cumplir” le llega. Nadie dijo que entrenar fuera fácil. Por eso saber cuáles son los objetivos de jugadoras y jugadores ayudará mucho.

Líneas rojas
Por supuesto, independientemente de que los objetivos sean más o menos ambiciosos por parte de los deportistas, siempre deben cumplirse con una serie de básicos que son imprescindibles para desarrollar cualquier actividad y que para mí son: respeto, atención y esfuerzo.

Cualquier entrenador que se precie no puede dejar que se pasen por alto esos tres requisitos que debe cumplir cualquier deportista. Sin respeto por el juego, sus reglas, y sobre todo, por las personas involucradas en él, no se puede jugar. Y sin prestar atención y sin esfuerzo, por mínimos que sean, tampoco se puede jugar.

Los entrenadores debemos dejar claro al inicio de la temporada que esas deben ser las líneas rojas que nadie (él tampoco, por supuesto) se puede saltar. Sólo así se podrá conseguir cualquiera que sea el objetivo que se tenga antes de empezar la actividad.

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domingo, 23 de abril de 2023

Libros de Baloncesto: "El Baloncesto Invisible"

Por Jorge

Nueva recomendación lectora de BA-LON-CES-TO en el día internacional del libro que seguro que sabrán apreciar los buenos aficionados a la lectura y al baloncesto, especialmente quienes se vean identificados con ese “otro baloncesto” que en realidad es el baloncesto mayoritario.

- “El baloncesto invisible” - Miguel Panadés

El autor que ahora ejerce como director deportivo de un club, trabajó como periodista para la mítica revista “Gigantes del Basket”, y también formó parte de la Federación española de baloncesto.

El libro (editado en 2018) es un compendio de detalles y reflexiones sobre la enseñanza del baloncesto y de la necesaria importancia del trabajo del entrenador, no solo desde el punto de vista estrictamente deportivo, con mucho sentido común y a partir de las experiencias del autor.

Defiende el rigor en la enseñanza, incluso en etapas tempranas de la educación deportiva, para conseguir que niñas y niños puedan “jugar mejor a baloncesto con el único y exclusivo fin de que sean más felices y durante más años con nuestro deporte”, y sin que eso esté reñido con el humor y la diversión. Y es que el buen entrenamiento inicial evitará defectos técnicos que difícilmente se podrán corregir en el futuro por falta de tiempo, ganas o capacidades.

Por ir a cuestiones más concretas, según el autor, los entrenadores deberán priorizar al principio de la enseñanza deportiva el trabajo sobre aspectos físicos (equilibrio y coordinación, por ejemplo) que ayudarán al posterior desarrollo de los gestos técnicos, entre los que destacará al tiro.

También considera que el entrenador tiene que tener la mente abierta para dudar y adaptar su metodología, entendiendo que no todos los jugadores son iguales, y que lo que vale para uno no tiene porque valer para otro. Y hace hincapié en la necesaria formación continua, destacando que más importante que la puramente baloncestista, es la referida a habilidades comunicativas, psicológicas y pedagógicas, porque el conocimiento del juego está muy bien, pero tan importante o más es el de saber relacionarse con las personas (jugadores, padres, directivos, etc.). “De ahí la transcendencia de medir lo que se hace y lo que se dice y, sobre todo, cómo se hace y cómo se dice.”

Como la vida del baloncestista puede ser muy larga aunque no se llegue a la élite, aboga por fomentar una buena base física que permita esa posibilidad al jugador que “pone de su parte en el cuidado de su salud dentro y fuera de la pista.”

El adjetivo invisible que aparece en el título del libro se utiliza por contraposición al baloncesto visible, que es el que aparece en los medios de comunicación, el baloncesto profesional, y que, sin embargo, es un baloncesto minoritario en comparación con el baloncesto común que vivimos la mayoría.

Invisible aparece por primera vez en el texto cuando se refiere al entrenador, ese primer entrenador que tuvo el autor. Uno de esos entrenadores que como la mayoría, trabajan de manera anónima como profesionales, con una dedicación obsesiva por mejorar el baloncesto (y lo que no es baloncesto) de sus jugadores, sintiendo el baloncesto “desde que abren los ojos cada mañana hasta que los cierran cuando se duermen.” Y todo por una compensación económica que sólo puede complementar la que se recibe por otra profesión…

Apunto por mi parte, que si todos asumimos de la importancia de la actividad deportiva para tener una sociedad mejor, ¿por qué no se retribuye como se merecen a los responsables de ella?, ¿cuándo se dará un paso al frente para exigir esa justicia económica?, me pregunto, consciente de que vivimos en un mundo tan injusto que será difícil que lo veamos algún día.

Libro de lectura fácil y amena (apenas 150 páginas) puede gustarle a cualquier aficionado que ame el baloncesto, pero también puede ser interesante para madres y padres que decidan apuntar a sus hijos al baloncesto y que desconozcan lo que puede significar para ellos este deporte.

Especialmente creo que debería ser lectura (y relectura habitual) obligada para esos entrenadores invisibles, que tienen una gran responsabilidad a la hora de intentar que la afición y amor por nuestro deporte continúe en el futuro.

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jueves, 16 de febrero de 2023

Una opinión diferente sobre la minicopa

Por Jorge

Hoy comienza el mejor torneo de baloncesto del mundo (sí, para mí, del mundo mundial): la Copa ACB. Sin embargo, ayer ya empezó su versión infantil, la minicopa, con la participación de ocho equipos de canteranos de clubes ACB como Barcelona, Real Madrid y Joventut.

La primera edición se celebró en 2004 en Sevilla, y desde entonces fue creciendo el seguimiento mediático del torneo fruto de la expectación que genera porque en su momento participaron jóvenes que al final llegaron a la élite. Ojo, la minoría, pues son más los que se quedan por el “camino”.

Ese crecimiento mediático no me gusta. ¿Es necesario conocer los nombres de los jóvenes que conforman las plantillas de los equipos participantes? ¿Deben tener el “privilegio” de perder días de clases a esas edades para asistir a este torneo (para qué tantos partidos)?

El lector puede intuir cuál es mi respuesta a esas preguntas. Chavales en edad infantil deben disfrutar del juego, y hacerlo en condiciones similares a las del baloncesto profesional seguro que es una experiencia fabulosa, pero siempre que se haga con cuidado y lejos del foco mediático que puede hacerles daño si pierden el norte, es decir, si se consideran por encima del resto de chavales de su edad por estar disputando un campeonato como este, cuando sus objetivos no deben ir más allá de estudiar y mejorar su baloncesto como jóvenes aficionados.

No me cabe duda de que los clubes participantes y las familias hacen un gran trabajo en la dirección adecuada, pero aún así es llamativo el crecimiento del “circo” que se monta alrededor, y más allá de ver personajes del baloncesto en las gradas de sus partidos como jugadores, exjugadores, entrenadores y periodistas, seguro que también habrá agentes deportivos (y hasta ojeadores NBA que vengan a ver la Copa de los “mayores”). Y eso seguro que no es fácil de asimilar. Y, no me canso de insistir, no olvidemos las edades de estos jóvenes, a quienes no les hace bien un exceso de presión que pueda hacer que no disfruten del juego, que es lo más importante.

Dicho todo lo anterior, alguien puede pensar que estoy en contra de este torneo (y otros similares), y no es cierto, del todo. Simplemente hay que tener claro qué es lo importante, y lo demás son tonterías. Así se podría hacer una balanza con los bueno y con lo malo de una campeonato así.

Malo:
La personalización demasiado temprana sobre chavales tan jóvenes (¿es necesario destacar jugadores públicamente con el premio MVP? No digamos ya del uso de las estadísticas). Si no fuera imposible acabar con los galardones, tal vez sería mejor un premio al jugador más solidario por esfuerzo y deportividad, o al mejor estudiante por alguna actividad educativa paralela al torneo.

Presión innecesaria por el seguimiento mediático que se hace, que mal llevado, puede ser una losa para unos jóvenes deportistas que no deberían cargar en su mochila con piedras que ya tendrán tiempo de llevar encima en el futuro.
br /> La mayoría de los entrenadores conocen cuál es su función a estas edades, pero siempre se observan casos de algunos que pregonan la necesaria formación deportiva de los jóvenes, pero luego durante los partidos sólo juegan los “buenos” o utilizan tácticas que tal vez no sean las más apropiadas a estas edades, hasta el punto de que a veces se observan demasiadas similitudes entre el baloncesto que desarrollan y el de los equipos profesionales, algo que me parece un sinsentido. No sé quien dijo una vez, que quienes pronto juegan como profesionales en el futuro jugarán como niños, y viceversa. Es decir, a veces se echa en falta más cancha abierta, más riesgo defensivo, más juego de uno contra uno arriesgando y lejos de limitaciones tácticas.

Parecido a lo anterior es el caso de las madres/padres, que la mayoría entienden en qué consiste este torneo, pero luego llegan los partidos y se escuchan abucheos a chavales o protestas a los árbitros por parte de minorías que hacen mucho ruido y mucho daño alejándose del espíritu deportivo que debe imperar en un campeonato así.

Por supuesto, esa pérdida de espíritu por la búsqueda de la victoria a toda costa quizás se deba a rivalidades de procedencia “profesional” que quizás se podría evitar si el torneo en lugar de disputarlo equipos canteranos de clubes ACB, lo hicieran clubes o colegios de barrio, modestos y en clara fase de aprendizaje, donde lo importante está más lejos de ganar, y para quienes este escenario si sería un verdadero premio.

Bueno:
Jugar contra, a priori, grandes jugadores de su edad en un gran marco deportivo siempre es un aliciente, y me imagino los nervios y las ganas de estos jóvenes, para quienes la experiencia puede ser enriquecedora.

Disfrutar como aficionados del sano ambiente de la Copa ACB, que además en este caso se celebra en una de las cunas del baloncesto español, Badalona, que respira este deporte por todos sus poros todos los días del año. Ganar o afianzar aficionados siempre es positivo.

Las posibilidades tecnológicas permiten que otros muchos chavales puedan ver cómo juegan otros chicos de su edad. Y eso también puede ayudar a los entrenadores para servirse de la técnica y táctica individual que se vea durante el torneo para utilizar el vídeo con ánimo de enseñar y motivar a sus jóvenes jugadores. Pues a veces muchos piensan que la técnica de los superestrellas mundiales es muy difícil de hacer, y en estos partidos seguro que se pueden ver gestos de mucha calidad que podrían servir de ejemplo para todos esos jóvenes que juegan a lo largo y ancho del país.

Minicopa sí, pero no de cualquier manera. Vista como una oportunidad de afianzar la afición por el baloncesto a esas edades está bien, más allá de eso, me parece excesiva la atención mediática que reciben tan pronto, y más en tiempos de redes sociales donde todo se magnifica, para bien y para mal… Eso sí, quiero destacar para bien la viralización del caso de un joven deportista que pese a ser diabético demostró en la fase previa de este torneo que se puede hacer deporte, y ese puede ser un ejemplo para otros chavales que se encuentren en una situación similar.

No será fácil, pero animo a todo el mundo a ver algunos partidos a través del canal de youtube de la ACB para disfrutar del juego con ojos de aficionado, centrados en el presente y lejos de pensar en un futuro difícil de adivinar y que no sabemos qué deparará. En definitiva, intentar mirar estos partidos como miraríamos los que se juegan en la cancha del parque de cualquier barrio, por pura diversión.

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miércoles, 11 de enero de 2023

Encuestas de BA-LON-CES-TO (6): Cuánto baloncesto ve el aficionado

Por Jorge

Quien quiera ver baloncesto hoy en día lo tiene fácil. Internet acerca competiciones de todo tipo, profesionales principalmente, pero también amateur. Y no sólo pagando alguna de las plataformas de streaming que existen, así basta con acudir a Youtube y algunos canales televisivos para ver unos cuantos partidos por semana.

Con esa idea en mente, hace varias semanas formulé una encuesta en twitter. El resultado fue este:



Lógicamente no soy un “influencer” para llegar a multitud de posibles votantes, y tampoco di la brasa mencionando cuentas que quizá habrían permitido llegar a más gente. En cualquier caso, aunque la muestra el baja el resultado no se aleja de lo que pienso que es situación habitual entre los aficionados, es decir, que lo habitual es ver en torno a un máximo de cinco partidos a la semana, cosa que no está mal si tenemos en cuenta la amplia oferta a disposición del seguidor del baloncesto.

Más tarde lancé otra encuesta para hacerme una idea de cuál es el seguimiento baloncestístico de los jóvenes. En ella preguntaba a madres/padres con hijos/as que juegan al baloncesto si veían partidos a tutiplén de todas las competiciones, sólo resúmenes y “highlights” en las redes sociales, algún partido de vez en cuando pero sobre todo “highlights”, o simplemente nada.

En ese segundo caso mi “éxito” de público fue menor todavía, así que no merece la pena que ponga aquí el resultado. Tan sólo diré que mi impresión particular por la experiencia que tengo a la hora de preguntar a la “chavalada” que tuve y tengo la suerte de entrenar, con el paso del tiempo, cada vez ven menos partidos, y todo queda en manos de las redes y sus “highlights”.

La encuesta unida a la idea que tengo del visionado de baloncesto tanto por los aficionados más veteranos como sobre todo por los más jóvenes, me lleva a pensar una breve reflexión acerca de la necesidad de educar la vista que compartiré con vosotros la próxima semana en la siguiente entrega del blog.

Hasta entonces, ¿qué opináis? ¿Se ve más partidos de baloncesto que antes? ¿Los jóvenes ven partidos o se limitan a los resúmenes?

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miércoles, 11 de septiembre de 2019

¿Qué entrenadores queremos para el baloncesto de formación?

Por Jorge

Septiembre es el mes de la vuelta al cole y con ella se vuelve al baloncesto de andar por casa, el de formación, el que la mayoría vivimos en nuestros clubes de barrio y de colegio. Y BA-LON-CES-TO comienza el curso 2019-2020 con una reflexión sobre qué tipo de entrenadores queremos para este baloncesto.

A mí me parece que los directores o coordinadores deportivos se mueven entre dos extremos, los que sueñan con ganar el campeonato provincial (después de haberle arrebatado al rival a sus mejores jugadores este verano con alguna promesa dudosa), o los que se limitan a cumplir el expediente en una huida hacia adelante sin importarles el desarrollo deportivo (y lo que es peor, educativo) de los chavales que forman parte de su club. Lógicamente en esa horquilla hay una mayoría que se mueve en el término medio, espero, aunque seguro que existe mucha diversidad y hasta seguro que se mezclan las características mencionadas.

Y en cuanto a los padres, esos extremos estarían entre los que creen que tienen un campeón o campeona en su casa, que sus hijos son los mejores, y que faltaría más, ellos saben de baloncesto más que el coordinador, el entrenador... y la madre que los parió. Y por otro lado estarían los que colocan a sus hijos en el baloncesto como en cualquier otra actividad más que nada como guardería que por algún interés educativo y deportivo. Igualmente entre estas dos tipologías se extendería todo un abanico de posibilidades.

Cualquiera que tenga un mínimo de experiencia en el ámbito del baloncesto de formación de a pie, sabrá que existen varios tipos de entrenadores también. Y aquí expondré tres, aunque seguramente haya algunos más, y los matices diversos:

Al que le gusta mucho el baloncesto (por haberlo jugado o seguir haciéndolo) pero que en verdad no sabe cómo hacer bien su trabajo y se guía por su experiencia como jugador, haciendo lo que hicieron con él… aunque sea equivocadamente. Y todo porque le viene bien la poca pasta que recibe por entrenar por ejemplo a un equipo de minibasket.

También tenemos al que tiene alguna titulación (¿y conocimientos?), pero que aplica lo que sabe independientemente del nivel de los jóvenes que entrena, es decir, importa más sus objetivos que los que tienen realmente los chavales, y en lugar de adaptarse, entrena a todo el mundo por igual, independientemente de si es baloncesto de minibasket o de categoría júnior. Ah, y si la cosa no funciona, la culpa siempre será de los niños que no se enteran de nada.

Y por supuesto, aunque en menor medida me parece a mí, hay entrenadores que tienen conocimientos (y se siguen formando día a día), saben cómo aplicarlos, y además les gusta lo que hacen, poniendo el foco en los jóvenes que entrenan, dando más importancia al proceso educativo del entrenamiento a estas edades que propiamente al deporte. Auténticos profesionales del baloncesto de formación por interés, conocimientos, ilusión, horas de dedicación… aunque luego cobren como si su trabajo apenas tuviera valor.

Y volvamos al inicio. Con esta sencilla tipología de entrenadores, habría que preguntar a los coordinadores deportivos y a los padres: ¿Cuáles preferís para vuestros jóvenes jugadores/hijos?

La respuesta parece obvia, pero lo cierto es que a juzgar por el comportamiento de unos y otros, no siempre queda claro. Y por eso dejo aquí algunas de mis recomendaciones:

Coordinadores del mundo, invertid en la formación de vuestros entrenadores si realmente os importa la educación deportiva de los jóvenes de vuestros clubes, dad mayor importancia a la educación que al deporte (ni que decir tiene que los resultados nunca deben ser lo más importante en edades tempranas), y colocad a vuestros entrenadores con más experiencia en las categorías de menor edad para que la progresión sea la adecuada.

Padres, aseguraros que vuestros hijos forman parte de un club que pone su interés en el apartado educativo por encima del deportivo, y conoced a sus entrenadores para ver su comportamiento (no para juzgar sus conocimientos baloncestísticos, que seguro que son suficientes). Y si cumplen con lo que deseáis para vuestros hijos, apoyarles y animarles dejando en paz a los entrenadores.

Por último, valorad el trabajo de estos entrenadores, y recompensarles como se merecen, sí, también económicamente, para que puedan seguir formándose, y mejorando para hacer mejor una labor educativa y deportiva de base que será fundamental para el resto de la vida de esos jóvenes.

¡Mucha suerte a todos los que empiezan la temporada 2019-2020 del baloncesto formativo!

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domingo, 16 de octubre de 2016

Ganar es aprender, mejorar y divertirse

Por Jorge

Entrenar a deportistas jóvenes no es fácil, pero cuando no se tienen unos conocimientos básicos, y no me refiero a los técnicos precisamente (aunque también son importantes, claro), y sobre todo cuando no se tiene claro cuales son los objetivos principales que debe acompañar el deporte infantil y de formación, más todavía.

El siguiente diálogo está extraído de la divertida y recomendable película “Pequeña Miss Sunshine” (2006):
- Niña: Me da miedo lo de mañana.

- Abuelo: Eh, eso ni en broma.

(...)

- N: Abuelo, no quiero ser una fracasada.

- A: ¿De dónde has sacado esa idea de ser una fracasada?

- N: Porque papá odia a los fracasados.

- A: Alto, alto, rebobina un momento. ¿Sabes lo que es un fracasado? Un fracasado de verdad es alguien que tiene tanto miedo de no ganar que ni siquiera lo intenta. ¿Tú lo intentas, verdad?

- N: Sí.

- A: No eres una fracasada. Mañana nos vamos a divertir.
Esta es la conversación entre una niña que va a participar en un concurso de belleza infantil, una aberración a mi parecer, pero ese es otro tema, y su abuelo, en la noche anterior a dicho certamen.

La niña, influida por la opinión de su padre que ve el éxito, como ganar, es decir, basado puramente en el resultado, tiene miedo de que si no lo hace no colme así las expectativas del padre. Y el abuelo, más sabio sin duda, le da una lección que bien se podían aplicar muchos de los entrenadores con sueños de grandeza (que equivocadamente piensan que pasa exclusivamente por ganar) que cada fin de semana se dedican a juzgar y valorar a sus jóvenes deportistas por el resultado, y no por el esfuerzo ni por otra serie de valores inherentes al deporte (atención, respeto, deportividad, solidaridad…) que deben estar por encima, y en los que se debe hacer hincapié cuando se enseña/entrena en deporte de formación.

Siempre me saca de mis casillas ver a esos entrenadores que “maltratan” verbalmente a sus jugadores por no acertar durante el juego, mientras pasan por alto comportamientos reprobables que atentan contra los valores mencionados aunque a cambio se consiga el resultado deseado.

Entrenadores que gritan a sus jugadores, y no precisamente por problemas de atención de estos, o incluso de acústica (que no es fácil que te puedan oír en una instalación en la que se están jugando varios partidos a la vez), sino para criticar y en algunos casos hasta humillar a ese joven deportista cuyo único pecado fue errar pese a que se esforzó por hacerlo bien.

Y es que entendiendo que gusta más ganar que perder, todos los días deben ser ganadores independientemente del resultado. Ganar es aprender, mejorar y divertirse indique lo que indique el marcador, porque todo ello es posible aunque el resultado sea desfavorable, y hasta muchas veces no se mejora, no se aprende y no es divertido aún en las victorias.

Ahora que muchos jóvenes inician su andadura en el baloncesto, es buen momento, una vez más, para recordarles a ellos y a los entrenadores y padres, que lo importante es intentarlo, probarse a sí mismos, más allá del resultado. Y que una cosa es corregir y perseverar para tratar de hacerlo mejor, y otra que el resultado de ese intento marque y juzgue a cada uno de esos chavales que se acercan inicialmente al baloncesto para divertirse.

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viernes, 23 de enero de 2015

El marcador no justifica el juego en formación

Por Jorge

La pasada semana en las redes sociales apareció una información que llamaba la atención por curiosa pero que esconde un debate necesario acerca de un problema a resolver en el deporte formativo y que suele darse todas las temporadas para aquellos que vivimos en ese mundo.

Un entrenador de baloncesto fue sancionado por antideportivo después de que su equipo (un instituto estadounidense) ganara un partido por 161 a 2. Para aquellos que vemos el deporte como una posibilidad de complementar la formación de los jóvenes entendemos esa sanción, para quienes todo el deporte es competición pura y dura tal vez no. Seguramente la visión de éstos últimos se deba a la imitación del deporte profesional, pero también por la poca educación deportiva general, por supuesto, siempre hay excepciones (de hecho hay más de las que la mayoría de las veces creemos), pero el aliento de algunos padres y entrenadores en pos de victorias para hoy que luego no tienen ningún valor para el mañana no tienen sentido cuando lo importante es la mejora deportiva y personal más allá del resultado.

Los dos únicos puntos en los que a mi juicio el deporte de formación debe poner sus miradas en el profesional están, más allá de los detalles técnicos, en la necesaria exigencia de esfuerzo y concentración de los chavales para tratar de aprender y mejorar… eso sí, acorde con sus edades. En el siguiente video que también circula por Internet se puede ver imágenes del entrenamiento de un chaval de 12 años que me parece excesivo ya que por su exigencia parece más propio de un jugador profesional que de un infantil:


Aquellos que no ven con malos ojos que un equipo claramente superior “machaque” al adversario gracias a su superioridad técnica, y seguramente y sobre todo por la física, mediante una presión a toda pista durante todo el partido muchas veces se justifican en la necesidad del esfuerzo al 100% y que de no hacerse así si que se está realmente faltando al respeto del equipo rival. Sin embargo creo que ese esfuerzo compete al entrenador que debe centrarse en aquellas áreas del juego en las que sus jugadores, sin dejar de esforzarse, más tienen que mejorar independientemente del resultado que va a ser de todos modos favorable para su equipo.

¿Cómo puede aprovechar el partido un equipo tan superior sobre otro sin machacar al adversario? Jugando más tiempo los jugadores menos buenos para que también pongan a prueba sus habilidades. Practicando detalles tácticos y sobre todo técnicos que tienen que mejorar para su desarrollo deportivo: uso de la mano no dominante en pase, bote o entradas a canasta, la circulación del balón, el juego sin balón, el tiro desde determinadas posiciones o tras un movimiento concreto, poner a los jugadores más grandes a defender a los jugadores que manejen el balón en el equipo rival para mejorar su movilidad, etc.

Presionar para no dejar pasar al contrario del medio campo anotando multitud de puntos fáciles sin oposición bajo canasta de manera continua no tiene mucho sentido si se pretende mejorar.

Insisto, hablamos de deporte formativo. Y por supuesto también es justo distinguir incluso dentro de éste los diferentes tipos de baloncestos que existen, tanto por edad como por objetivos pues no es lo mismo la cantera de equipos de élite que los equipos de barrio en los que el deporte sólo es un medio de desarrollo deportivo y social y no propiamente competitivo de cara a una proyección competitiva y profesional.

Las competiciones en el deporte de base están divididas en función de la edad, el nivel da igual, así en una liga puede jugar equipos de dispar capacidad técnica y física que si sus jugadores comparten la misma edad, adelante.

En ese sentido los organizadores de las competiciones (federaciones, concejalías de deporte…) no tienen culpa del diferente desarrollo físico o de las capacidades técnicas de los chavales que propicien diferencias tan abultadas en los marcadores, pero ahora bien, y ¿por qué no hacer unas pruebas de nivel antes de competir para poder agrupar a los equipos en función de sus capacidades? Si eso ocurriese al menos en las fases iniciales la competitividad se vería mejorada por cierta igualdad que permitiría mejor progresión de los jugadores y equipos más allá del acierto ocasional en los partidos. Ya habría tiempo en las fases avanzadas de la competición para que los mejores equipos tuvieran que jugar entre sí para decidir el ganador.

Todos los chavales tienen derecho a jugar e incluso a competir, pero no todos desarrollan sus capacidades de la misma manera y al mismo ritmo por lo que igual que en normal que en los campus veraniegos de baloncesto se divida a sus participantes en función de su nivel para permitir la mejora progresiva de todos ellos, ¿por qué no hacerlo también para las competiciones más allá del criterio de la edad?

En un artículo escrito anteriormente ya dejé clara mi opinión sobre la temprana competitividad que nos rodea no entendiendo esas prisas porque niños benjamines (y ya lo estamos viendo incluso en baby basket) se lancen a la competición como si esa fuese lo único importante provocando en muchos casos que se asocie diversión con ganar cuando no tiene porqué, desviándonos de los objetivos que debe tener el deporte amateur y más a tan temprana edad: diversión y formación jugando.

Así otra posibilidad para evitar dar tanta importancia al resultado en minibasket podría estar en jugar sin marcador. Que cada equipo valore el resultado del juego según sus propios objetivos y entender así la “victoria” en función de haberlos conseguido pero sin que tenga que ver propiamente con el marcador del partido. Por ejemplo: número de pases realizados con la mano no dominante, entradas a canasta por la izquierda, número de cambios de mano en bote entre las piernas, y cualquier otro detalle técnico que se pueda contabilizar para ir viendo la evolución de tan jóvenes deportistas. Incluso a ello se podría sumar otro tipo de detalles formativos que estimen la puntualidad, deportividad y demás valores que están implícitos en la actividad deportiva.

Tal vez mi visión resulte algo quimérica y sin duda difícil es de llevar a cabo, pero pensar en estas posibilidades ya es un punto de partida a estudiar como lo pueden ser otros puntos para abrir un debate que evite situaciones como el abultado marcador que abría este artículo con la humillación que a veces lleva consigo, no de manera intencionada pero real, pudiendo provocar que los jóvenes de los equipos perdedores abandonen el deporte después de una experiencia negativa como esa.

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miércoles, 23 de julio de 2014

Ganar de cualquier manera

Por Jorge

El baloncesto de formación parece que está tendiendo peligrosamente hacía una “profesionalización” excesiva con unos niveles de exigencia que muchas veces no están acorde con la edad de los jóvenes jugadores. Y todo para ganar.

El exceso de competitividad desde cada vez más temprana edad lleva a ver escenas que provocan vergüenza ajena. Padres vociferando en la grada contra el árbitro que en la mayoría de los casos es un chaval que también está aprendiendo y cuyo interés más allá de ganarse unos euros para sus gastos cotidianos consiste en intentar hacerlo bien. Y lo peor es la ansiedad que esos excesos competitivos suponen para los jóvenes jugadores, con unas exigencias que no se entienden ni en aras de descubrir al nuevo niño prodigio del baloncesto.

Algunos padres no sólo creen que su hijo es el mejor sino que casi hacen cábalas sobre la futura carrera profesional de sus vástagos (véase el cortometraje del artículo “Los Padres en el Baloncesto”) como si esa fuera la esencia del deporte infantil sin entender que el objetivo en la base debe ser afianzar valores que además de en el deporte tengan sentido para la futura vida de esos jóvenes: el respeto por compañeros y adversarios, el trabajo en equipo, tomar el esfuerzo y concentración como las bases de la mejora deportiva y personal, aceptar y comprender la existencia de unas reglas del juego, inculcar la actividad deportiva como parte de una vida saludable, y muchos más.

También tenemos a entrenadores que tomando como ejemplo el baloncesto profesional tratan de poner en practica con sus equipos de formación aquello que ven por la tele cada fin de semana como si sus jugadores tuvieran las habilidades de esos grandes atletas que nos deleitan cada día por las canchas de la NBA. Así se podrá ver como jóvenes que todavía están aprendiendo y apenas saben botar y pasar, sin embargo sí hacen la jugada x o y que les marca el entrenador desde la banda cual estratega en plena “Final Four” de la Euroliga. Todo vale con tal de ganar.

Y no todo acaba con esos conocimientos tácticos que algunos tratan de demostrar en la base, sino que incluso en ligas de minibasket en las que el reglamento obliga a que jueguen todos los jugadores, los entrenadores tiran de argucias varias como fingir lesiones durante los partidos o simplemente realizar convocatorias para tratar de mantener en pista a sus “mejores” jugadores a fin de ganar como si ese debiera ser el objetivo principal de esos equipos. Y pongo las comillas porque hablar de mejores o peores cuando apenas se tienen 10-11 años es una aberración, y es que no parece edad para ir realizando ya una selección pues el crecimiento deportivo de chicos/as tan jóvenes es muy variable a esas edades, y quien ahora parece torpe y con escasa proyección puede mejorar mucho con el tiempo (y sobre todo con actitud y entrenamiento). Un ejemplo en edades más avanzadas (junior) fue Pau Gasol, que no era el más destacado entre sus compañeros de generación cuando se proclamó campeón de Europa y del mundo con la selección española, y sin embargo evolucionó hasta ser el mejor jugador de la historia del baloncesto español.

Que se premie con más tiempo de juego a quienes demuestran mejor actitud, es decir, esfuerzo e interés, no sólo es natural sino necesario si queremos inculcar en los jóvenes aquellos valores que aporta el deporte. Ahora bien, ¿cuántos entrenadores permiten al “bueno” del equipo que campe a sus anchas durante los entrenamientos (da igual si falta) para luego ser quien más juegue en los partidos? Y todo para ganar.

Por supuesto, los jóvenes no tienen culpa, y ésta corresponde a padres y sobre todo entrenadores que sólo se preocupan de sí mismos pensando que ganando se convertirán en entrenadores de éxito, teniéndose en cuenta sólo el presente y no el futuro deportivo y personal de esos jóvenes.

Recuerdo durante un curso de entrenador que uno de los profesores, había entrenado chavales de base en equipos de la elite del baloncesto español (llegó a ser ayudante en la ACB), se quejaba amargamente por haber “destrozado” la afición al baloncesto de algunos jóvenes al dejarles sin jugar por el afán meramente competitivo, es decir, todo por ganar.

El titular de este artículo coincide con la traducción que se hizo por aquí del título de la película “Blue Chips” (1994) en la que se contaba las vicisitudes de un entrenador que incumplía las reglas de reclutamiento para fichar buenos jugadores que reforzaran su equipo universitario. El “circo” mediático y económico además de la estructura organizativa que rodea aquel baloncesto, hace que estemos ante otro baloncesto “profesional” en el que la victoria está casi por encima de cualquier otra consideración.

Si no queremos sentirnos también culpables en el futuro como aquel profesor y el entrenador de la película, rebajemos las exigencias competitivas de los más jóvenes, enseñemos e intentemos que aprendan para que además de mejorar como deportistas lo hagan sobre todo como personas, y demos mayor importancia al aprendizaje de valores por encima de los resultados, porque aunque muchos se empeñen en ello, la esencia del baloncesto amateur no es ganar de cualquier manera.

“Lo más importante en la vida no es ganar, sino competir, así como lo más importante en la vida no es el triunfo, sino la lucha. Lo esencial no es haber vencido, sino haber luchado bien.” Barón de Coubertain



Publicado el 14 de febrero de 2014 en la web de baloncesto JordanyPippen.

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jueves, 23 de enero de 2014

Reglamento de Baloncesto (2): jugador lesionado durante el juego

Por Jorge

Viene siendo habitual que los fines de semana durante los partidos de baloncesto de formación se produzcan golpes y lesiones momentáneas de jugadores que suponen en algunos casos escenas excesivamente alarmantes de padres, entrenadores y banquillos en general que reclaman al árbitro a voz en grito para que detengan el juego. Y no comprendo ese comportamiento que a mi me parece copiado del fútbol.

La influencia de conductas que se trasvasan del fútbol al baloncesto no se queda en el mal comportamiento de algunos jugadores y espectadores, que por suerte no suelen ser lo habitual pero que a veces se producen, sino que afectan incluso al propio juego.

En fútbol suele rodear cierta polémica a aquellas acciones en las que un jugador queda tendido en el terreno de juego fruto de una lesión y el equipo contrario sigue jugando sin echar la pelota fuera del campo para que se pare el juego y pueda ser atendido. No digamos si la acción que transcurre en ese momento termina en gol. Por cierto, ¿cuántas veces ese jugador “lesionado” apenas se llevó un golpe se tiró al suelo para intentar que se parase el juego en beneficio de su equipo cuando en realidad tenía más cuento que otra cosa?

El caso es que en baloncesto se está tendiendo a resolver situaciones parecidas del mismo modo, sobre todo en la formación. Es decir, parando el juego de inmediato (incluso he llegado a ver como se tiraba el balón fuera a propósito). Y todo porque en la mayoría de los casos un jugador se lleva un golpe y se queda lamentándose sin bajar a defender o sencillamente se cae al suelo fruto de un lance del juego mientras el equipo rival ataca con total normalidad.

Veamos que dice el reglamento FIBA para el caso de jugadores lesionados en su artículo 5:
5.1 Los árbitros pueden detener el juego en caso de lesión de uno o varios jugadores.

5.2 Si el balón está vivo cuando se produce una lesión, los árbitros no harán sonar su silbato hasta que el equipo con control del balón haya lanzado a canasta, haya perdido el control del balón, se abstenga de jugarlo o el balón quede muerto. Si es necesario proteger a un jugador lesionado, los árbitros pueden detener el juego inmediatamente.

5.3 Si el jugador lesionado no puede continuar jugando inmediatamente (en, aproximadamente, 15 segundos) o si recibe asistencia, debe ser sustituido a menos que su equipo se quede con menos de cinco (5) jugadores en el terreno de juego.

5.4 El personal de banquillo del equipo puede entrar en el terreno de juego, con permiso del árbitro, para atender a un jugador lesionado antes de que sea sustituido.

5.5 El médico puede entrar al terreno de juego, sin el permiso del árbitro, si, en su opinión, el jugador lesionado precisa atención médica inmediata.
El primer punto exime de toda responsabilidad a los jugadores. Así que por favor, padres o equipos contrarios que reclaman a los jugadores rivales, déjenles seguir jugando. Ya está el árbitro para decidir si tiene que parar el juego.

Y el segundo punto demuestra que los árbitros no tienen porqué precipitarse a la hora de parar el juego, y sólo deben hacerlo para “proteger al jugador lesionado”. Ejemplo clásico de esto último: jugador que se tuerce un tobillo y quedado tendido dentro de la zona mientras se sucede un ataque con el consiguiente riesgo de que en una situación de rebote sea pisado por otros jugadores.

En el siguiente video podemos ver algunos ejemplos de este tipo de circunstancias en partidos FIBA (selecciones y ACB) y NBA (donde se verá algún cambio en el proceder de los árbitros) donde no se ven escenas de alarma o exigiendo el paro inmediato del juego:


En la NBA el juego continúa pase lo que pase hasta que el tiempo se para por lo general tras una falta personal del equipo del jugador lesionado que continúa con la solicitud de un tiempo muerto (allí tienen un montón y hasta los jugadores pueden pedirlos) que permita atenderle. Como se ve en el video, incluso los equipos con balón siguen jugando y no pasa nada porque anoten frente a un equipo con un jugador menos.

Espero que esta aclaración del reglamento sirva para acabar con ese “nerviosismo” que se ve, repito, sobre todo en formación, y que lleva a ver escenas en las que banquillos, padres y público en general se ponen a vocear al árbitro que parece que más que un golpe o pequeña lesión lo que haya ocurrido sea poco menos que una tragedia.

Ninguna lesión leve debe alterar el juego hasta que el balón esté muerto que viene a ocurrir pocos segundos después de este tipo de percances. Así se puede evitar aberraciones como cortar un contraataque de 1x0 que va a acabar con canasta o incluso que un balón decisivo se quede sin posesión clara en el momento en el que el árbitro pitó para detener el juego simplemente porque un chaval se fue al suelo por un tropezón o golpe. Seamos pacientes y dejemos que el juego siga su curso habitual sabiendo distinguir lesiones leves de otras más graves (que afortunadamente apenas ocurren) si no queremos también que incluso fomentemos las triquiñuelas intentando parar el juego fingiendo o exagerando lesiones.

En caso de situación extrema, como bien dice la regla FIBA, jamás faltará tiempo para que un médico (o cualquiera en su sano juicio) puede entrar en el campo aunque no se interrumpa el juego si realmente hay que socorrer a un jugador gravemente lesionado.

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sábado, 11 de enero de 2014

Los Padres en el Baloncesto*

Por Jorge

Algunas veces, demasiadas, el principal caballo de batalla de los entrenadores de formación no está en las dificultades que les presentan los chavales que se acercan al baloncesto sino en la falta de educación deportiva de algunos padres que ven los partidos de sus hijos como si fueran deporte profesional y no amateur o infantil/juvenil.

Raro es que los entrenadores, incluso en minibasket, no se hayan topado con el famoso padre manager que en la grada anota con precisión las estadísticas de su hijo, o que cámara en ristre se dedica a grabar los minutos de su muchacho sin importarle lo que haga el resto del equipo.

Ni que decir tiene que algunos de estos padres con muy poca vergüenza en ocasiones comentan detalles técnicos con los entrenadores sin cortarse a la hora de aconsejar o reclamar diferentes cambios así como que sus hijos jueguen más minutos.

Algunos de estos padres además de calentarles la cabeza a sus hijos por el resultado o por lo que hicieron o dejaron de hacer durante un partido (la vuelta a sus casas es un martirio para estos jóvenes), también se dedican a despotricar sin disimulo alguno de los compañeros de su hijo, del entrenador, de los rivales, árbitros y de cualquiera que se menee como si fuera necesario que todos tuvieran que bailar al ritmo de su chaval para que fuera la estrella del equipo/juego o tuvieran toda la culpa si no juega bien un partido.

En el cortometraje “Seis contra seis” se puede ver la presión negativa que puede ejercer un padre sobre la actividad deportiva de su hijo. Es un ejemplo ficticio que por desgracia se acerca demasiado a la realidad:


Lo peor de estos comportamientos es la influencia que ejercen sobre la educación deportiva (y la que no lo es) de los hijos con el consiguiente efecto negativo para estos jóvenes jugadores que sólo deberían ver, al menos a tan temprana edad sino siempre, las bondades de su deporte.

Así los chavales que padecen estos comportamientos están más pendientes de las instrucciones de sus padres que de las del entrenador, se contagian de las críticas que realizan éstos y se comportan de igual modo con los compañeros, protestando a los árbitros y perdiendo el respeto necesario que se tiene que tener por los demás.

La psicóloga clínica Lourdes Mantilla da algunas recomendaciones* para los padres a fin de mejorar la experiencia deportiva de sus hijos:

- Muestren siempre una actitud positiva, escuchando lo que cuentan de su práctica, apoyándoles y motivándoles.

- Eviten hacer críticas o juicios descalificativos delante de los hijos por el tipo de preparación, las decisiones del entrenador o los resultados, ya que, como en cualquier competición, hay tantos entrenadores como observadores.

- No convertirse en hinchas agresivos cuando presencien alguna competición de sus hijos; una cosa es animarles y otra llegar al insulto o a la falta de respeto a cualquier jugador, sea del equipo contrario o propio, o al árbitro.

A estos últimos consejos me permito añadir lo que escuché a un responsable de cantera de un conocido club ACB durante unas charlas dirigidas a entrenadores de base, sobre cual debería ser la aportación única y básica que los entrenadores deberíamos intentar conseguir de los padres de los jóvenes de sus equipos: ser taxistas (que lleven a sus hijos a los entrenamientos y partidos) y palmeros (que no les dejen de animar).


*Recomendaciones recogidas en “Educar con el deporte” de Lourdes Mantilla, publicado en la revista "Cuerpomente" Nº 212 en diciembre de 2009.



*Este texto corresponde a una colaboración que se publicó el pasado 16 de diciembre dentro de la sección "Reflexiones de un Entrenador" para la Web JordanyPippen.com

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domingo, 24 de mayo de 2009

Padres: formación y competición

Por Jorge

Para algunos padres/entrenadores/chavales/árbitros cuesta distinguir entre formación y competición a la hora de ver las evoluciones de jóvenes deportistas cuando muchas veces se tienen en mente las imágenes de esos excelentes profesionales que vemos por la tele pero que no olvidemos que juegan por un resultado.

Los jóvenes tienen que aprender y disfrutar con el baloncesto.

Este artículo es un pensamiento en voz alta acerca del baloncesto de formación y no pretendo sentar cátedra ni justificar mi opinión, sólo quiero llamar a la reflexión a partir de algunas de mis experiencias. Ese genérico padres incluye a las madres (no seríamos nada sin ellas).

¿Qué entrenador de base no conoce al “padre manager”? Casi todos, y el que no lo haya hecho, tranquilo, llegará a conocerlo. Se caracteriza por aleccionar a su hijo desde la banda o la grada aunque no tenga conocimientos en baloncesto o crea que sí, aunque éstos no pasen de su mera afición e imitación de lo que ve por los campos/televisión durante los partidos de los profesionales.

En estos casos, el chaval/a está más pendiente de agradar al padre que de realmente disfrutar del juego y de llevar a la práctica las enseñanzas de su entrenador que tiene por única finalidad que mejore y pueda jugar en equipo con sus compañeros.

A veces es tal el caos que asume el chico, que ya no sabe si hacer caso al padre, al entrenador, al compañero o a su propio juicio, que créanme, lo tienen en la mayoría de las ocasiones más desarrollado de lo que creemos muchos adultos. Y lo que es peor, y que no siempre se ve, ¿alguien se imagina las broncas que recibe el chaval que no hace lo que quiere el padre? Afortunadamente para la mayoría que lea esto, eso será una rara avis, pero todavía ocurre, y esos niveles de exigencia/presión no son adecuados para nadie.

Otro caso: ¿Qué entrenador no ha visto desgañitarse a padres en la grada que protestan una decisión arbitral contra sus hijas? Más de lo mismo, tranquilos, que lo veréis. ¿Es esa la enseñanza que busca un padre para su hija? Protestando como un energúmeno, “arrastrando” incluso al padre tranquilo que sólo quiere disfrutar viendo como juega el equipo de su hija, y no digamos ya cuando además de protestar se discute con los padres de las chicas del otro equipo.

No hay padres que en frío respondan afirmativamente a la pregunta anterior, pero todo parece caer en el olvido cuando en el “fragor de la batalla” no distinguimos entre el partido de una competición formativa frente al partido de los profesionales que vemos por la tele.

Pero volvamos al “padre manager” que tanto juego da. No conforme con “sus enseñanzas” este padre se encarga de buscar el “mejor equipo” para su hijo que curiosamente nunca está cerca de la gente habitual con la que se relaciona su hijo. ¿Qué criterios sigue este padre?: ¿Su mejora deportiva?, ¿la mejor organización y atención para su hijo?, ¿el mejor lugar para mejorar su FORMACIÓN deportiva y HUMANA?, ¿la cercanía espacial que permita un mejor aprovechamiento del tiempo (no nos olvidemos que los jóvenes también tienen que estudiar), a la vez que se mantiene junto a su grupo de amigos de siempre? Que cada padre dé sus propias respuestas.

¿Qué padre no desea lo mejor para su hijo/a? Creo que aquí la respuesta está clara y es unánime para todos los padres. Pero, ¿cuántos se paran a preguntar a sus hijos cuando toman esas decisiones? Muchas veces la mejora que se busca no está consensuada y obedece más a un sueño frustrado del padre que no al deseo real del hijo.

Ese “equipo ideal” tiene como único objetivo llegar a una elite que no está al alcance de cualquiera y así se cometen errores como alejar al joven de su entorno habitual (otra cosa es si su entorno es problemático, pero aquí entraríamos en otro tema), y se comenten auténticas burradas exigiendo sobreesfuerzos a jóvenes que acabarán odiando el deporte que a otros tanto nos gustaría que amasen.

Matices hay para todo. Y desde luego no tendremos que ser los adultos quienes cortemos las alas de la ilusión del joven que intenta ser lo mejor posible en el deporte o en cualquier otra actividad. Pero sí somos responsables de que mantengan su ilusión y deseo de hacer deporte como vehículo de salud y formación para el resto de sus días… aunque, insisto, no se alcance la elite. Al respecto de estas exigencias a veces excesivas animo a los padres para que lean “Bajo Presión” escrito por Carl Honoré y publicado en la editorial RBA, quizás alguno se vea retratado.

No escurro el bulto por la parte que me toca pues también existen muchos entrenadores que se “cargan” a jóvenes con el único pretexto de que “no valen” cuando algunos de ellos hacen muy poca autocrítica de si mismos. Entrenadores: todo el mundo puede jugar, algunos más, otros menos, en tal o cual competición pero todos tienen derecho a disfrutar del deporte.

Respecto del baloncesto profesional no quería dejar la imagen de que es perjudicial para los jóvenes. ¿Qué entrenador no alecciona a sus jóvenes jugadores para que vean baloncesto por la tele o en directo? Si alguno no lo hace, le animo a que lo haga. Ver el esfuerzo y la concentración que demuestran los profesionales puede ser una valiosa lección. Por no hablar de técnica, táctica e incluso reglamento. Eso sí, que nadie pretenda que un joven desarrolle tales habilidades de la noche a la mañana: paciencia y cada uno a su ritmo.

Aprender de la observación de un partido (de profesionales o también de otros equipos en formación) es básico por motivos de técnica y actitud. Pero la enseñanza de un partido acaba en ese punto. Quien gane o deje de ganar no debe ser transcendente más allá del deseo que todos tenemos porque gane nuestro equipo favorito. Todo lo más, otro apunte interesante sería ver como se acepta tanto la victoria como la derrota. Insisto, el problema viene cuando los adultos no sabemos distinguir entre los objetivos de los profesionales y los que deberían de tenerse en el baloncesto formativo: aprender y divertirse jugando.

Por desgracia, he tenido que soportar en los equipos de los que he participado, la frustración o la alegría cual montaña rusa tanto si se perdía como si se ganaba. Hablo de partidos de equipos en formación, claro, no profesionales cuyos sueldos dependen de un resultado. Y lo peor es que para algunos casi daba igual como se ganara. Apropiándome de un lema futbolístico, en el último segundo y de penalti injusto, pues da igual; pero no, no puede dar igual. Como tampoco tenemos que llegar al enfado (frustración para muchos jóvenes) por perder cuando se ha hecho un muy buen partido. Por favor, que nadie se confunda: mis equipos son competitivos y jugamos para ganar, pero ese no es nuestro objetivo y dudo que deba serlo en estas etapas. Nosotros queremos disfrutar del baloncesto, aprender y mejorar. Ganar será la guinda de ese pastel.

Para quien no me conozca, quizás crea que soy un idealista que en verdad cuando llega a la pista todo esto se borra y si no se gana, o si un chaval se equivoca se lleva una bronca monumental. No está bien que hable por mi mismo, pero puedo garantizar que he perdido muchos partidos para mejorar la formación deportiva y humana de los chavales, otra cosa es si realmente han aprendido la lección.

Tampoco habrá quien alegue que mis equipos no jugaban por “grandes campeonatos”, y lo admito así era, pero también puedo asegurar que mi comportamiento y mi forma de pensar no va a variar aunque este en juego algún título. El premio de mis equipos es que disfruten del baloncesto… ahora y siempre: jugando una competición o una pachanga, o simplemente como aficionados.

No quería terminar sin aportar mi receta que debería ser tomada por padres y entrenadores: los jóvenes deportistas tienen que aprender el valor del esfuerzo para mejorar y disfrutar del juego… con los amigos/compañeros. Si tenemos ese esfuerzo, los demás sólo tenemos que animarles valorando más su esfuerzo y dedicación que un resultado puntual. Eso sí, de los errores también se aprende y tampoco podemos caer en el proteccionismo excesivo ni la condescendencia que a la larga tampoco les beneficiará. Alabemos el esfuerzo, la concentración, la fuerza de voluntad por querer mejorar, el compañerismo, el trabajo en equipo, la autodisciplina necesaria y tantos valores que hacen grande el baloncesto.





P.D.: Me permitiré la licencia de aprovechar este texto para dar mi particular y público homenaje al EQUIPO Cadete del Baloncesto Aristos por su buen hacer durante toda esta temporada. Antonio, Sergio, José, Roberto, Eduardo, Aitor, Pablo, Héctor, David y Rubén: ¡Muchas Gracias por vuestro esfuerzo y entusiasmo! Y no me olvido de esos infantiles que han subido para hacer mejores nuestros entrenamientos y partidos: Diego, Alejandro, Daniel, Ricardo, Jaime, Adrián y Pablo. ¡Muchas Gracias! Por supuesto también mi agradecimiento a las familias y amigos que les han apoyado sabiamente en todo momento. Finalmente también querría agradecer a Raúl (entrenador jefe) y David (coordinador deportivo) que me hayan dado la oportunidad de ayudar a este EQUIPO. ¡¡¡Muchas Gracias a todos!!!

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