Buscar en BA-LON-CES-TO

Mostrando entradas con la etiqueta Colaboraciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Colaboraciones. Mostrar todas las entradas

sábado, 2 de agosto de 2014

Fallos o errores: que está bien o mal jugado

Por Jorge

A veces, viendo baloncesto amateur, uno se pregunta si todo el mundo entiende y sabe reconocer exactamente qué está bien o mal jugado. Y cual es la diferencia entre un fallo y un error.

Chavales que deciden mal y que tienen una lectura errónea del juego más allá de que tengan dificultades técnicas o físicas. Y por supuesto no me refiero a minibasket, donde la inexperiencia propicia los errores, sino a jóvenes que llevan años de práctica en diferentes equipos federados y con distintos entrenadores.

Buena parte de la culpa de esas dificultades para entender la diferencia está también en los entrenadores que no saben distinguir cual debe ser la esencia de la enseñanza deportiva a temprana edad, y que se dedican a pensar más en si mismos y el corto plazo (ganar partidos) que en los chavales y su avance en el baloncesto (véase “Ganar de cualquier manera”).

Los entrenadores tienen una gran responsabilidad en el futuro devenir de los chavales en el baloncesto, y si bien son multitud los detalles que tienen que tener en cuenta, desde el punto de vista del juego cuanto más pequeña es la experiencia deportiva de los jóvenes más se debe hacer hincapié en la técnica individual, en el cómo jugar, y también en la táctica individual, es decir, en dejar claro cuál es la mejor manera de jugar en función de la situación del juego.

Igual que el baloncesto profesional que se ve por la televisión o en directo puede ayudar a que los jóvenes mejoren (véase “La televisión puede hacerte mejor jugador de basket”) también se debe vigilar que no cometan los mismos errores. Veamos algunos ejemplos de lecturas erróneas del juego:


Visto el video y en descargo de esos jugadores habría que decir que si un entrenador considera que un tiro exterior sin rebote y en un ataque de menos de cinco segundos en una jugada viable para su equipo (en este caso se trata de baloncesto profesional, no lo olvidemos), no se hable más, el jugador estará legitimado para hacer ese tipo de tiros pese a que la ortodoxia de la táctica individual (la toma de decisiones en el juego) diga que no parezca la mejor opción.

Un par de ejemplos de situaciones que se dan con frecuencia en cualquier partido de baloncesto de formación y que de no mediar un comportamiento y correcciones adecuados por parte del entrenador pueden dar lugar a equívocos en los jugadores son los siguientes:

En lo que a técnica individual se refiere lo tenemos las entradas a canasta con la mano no dominante: jugador que botando por el lado izquierdo de la pista anota una entrada con la mano derecha. En cuanto a táctica individual podría considerarse los casos en los que un jugador se va al aro frente a tres adversarios y de chiripa, por cuestiones físicas o por demérito defensivo consigue anotar.

Tanto en un caso como en otro, los compañeros en el banquillo, y los padres en la grada suelen aplaudir cual fanáticos aficionados debido al resultado (canasta). Sin embargo el entrenador tiene dos opciones: reforzar esa acción aplaudiendo y reconociendo el acierto del joven jugador o remarcar el error y seguir exigiéndole una correcta ejecución técnica y táctica que le permita la mejora que le ayude a seguir compitiendo en el futuro.

En ocasiones muchos entrenadores dejan de serlo cuando se convierten en aficionados aplaudiendo y reconociendo a los jugadores por el resultado sin tener en cuenta el camino (la técnica y táctica individual), utilizar la mano izquierda en el primer caso, y dividiendo la defensa y doblando el pase a un compañero desmarcado para un tiro abierto “cómodo” en el segundo.

La situación se puede volver aún más confusa para los jugadores cuando exigiendo que se tome una decisión correcta (el pase doblado del ejemplo anterior) se regañe al jugador que luego toma el tiro abierto por fallarlo. En ese caso el entrenador debería dejar claro a los jugadores que está bien jugado y que el resultado fue un fallo pero no un error.

Conclusión, entrenadores del mundo, en el baloncesto de formación dejen bien claro a sus jugadores qué está bien/mal jugado, es decir, cuando se está aplicando correctamente la técnica y la táctica individual. Y enseñar para que la progresión del jugador sea adecuada sabiendo distinguir lo que es un error (mal jugado) de un fallo (desacierto), entendiendo que la diferencia no depende sólo del resultado final.




Publicado el 17 de marzo de 2014 en la web de baloncesto JordanyPippen.

Leer más

miércoles, 23 de julio de 2014

Ganar de cualquier manera

Por Jorge

El baloncesto de formación parece que está tendiendo peligrosamente hacía una “profesionalización” excesiva con unos niveles de exigencia que muchas veces no están acorde con la edad de los jóvenes jugadores. Y todo para ganar.

El exceso de competitividad desde cada vez más temprana edad lleva a ver escenas que provocan vergüenza ajena. Padres vociferando en la grada contra el árbitro que en la mayoría de los casos es un chaval que también está aprendiendo y cuyo interés más allá de ganarse unos euros para sus gastos cotidianos consiste en intentar hacerlo bien. Y lo peor es la ansiedad que esos excesos competitivos suponen para los jóvenes jugadores, con unas exigencias que no se entienden ni en aras de descubrir al nuevo niño prodigio del baloncesto.

Algunos padres no sólo creen que su hijo es el mejor sino que casi hacen cábalas sobre la futura carrera profesional de sus vástagos (véase el cortometraje del artículo “Los Padres en el Baloncesto”) como si esa fuera la esencia del deporte infantil sin entender que el objetivo en la base debe ser afianzar valores que además de en el deporte tengan sentido para la futura vida de esos jóvenes: el respeto por compañeros y adversarios, el trabajo en equipo, tomar el esfuerzo y concentración como las bases de la mejora deportiva y personal, aceptar y comprender la existencia de unas reglas del juego, inculcar la actividad deportiva como parte de una vida saludable, y muchos más.

También tenemos a entrenadores que tomando como ejemplo el baloncesto profesional tratan de poner en practica con sus equipos de formación aquello que ven por la tele cada fin de semana como si sus jugadores tuvieran las habilidades de esos grandes atletas que nos deleitan cada día por las canchas de la NBA. Así se podrá ver como jóvenes que todavía están aprendiendo y apenas saben botar y pasar, sin embargo sí hacen la jugada x o y que les marca el entrenador desde la banda cual estratega en plena “Final Four” de la Euroliga. Todo vale con tal de ganar.

Y no todo acaba con esos conocimientos tácticos que algunos tratan de demostrar en la base, sino que incluso en ligas de minibasket en las que el reglamento obliga a que jueguen todos los jugadores, los entrenadores tiran de argucias varias como fingir lesiones durante los partidos o simplemente realizar convocatorias para tratar de mantener en pista a sus “mejores” jugadores a fin de ganar como si ese debiera ser el objetivo principal de esos equipos. Y pongo las comillas porque hablar de mejores o peores cuando apenas se tienen 10-11 años es una aberración, y es que no parece edad para ir realizando ya una selección pues el crecimiento deportivo de chicos/as tan jóvenes es muy variable a esas edades, y quien ahora parece torpe y con escasa proyección puede mejorar mucho con el tiempo (y sobre todo con actitud y entrenamiento). Un ejemplo en edades más avanzadas (junior) fue Pau Gasol, que no era el más destacado entre sus compañeros de generación cuando se proclamó campeón de Europa y del mundo con la selección española, y sin embargo evolucionó hasta ser el mejor jugador de la historia del baloncesto español.

Que se premie con más tiempo de juego a quienes demuestran mejor actitud, es decir, esfuerzo e interés, no sólo es natural sino necesario si queremos inculcar en los jóvenes aquellos valores que aporta el deporte. Ahora bien, ¿cuántos entrenadores permiten al “bueno” del equipo que campe a sus anchas durante los entrenamientos (da igual si falta) para luego ser quien más juegue en los partidos? Y todo para ganar.

Por supuesto, los jóvenes no tienen culpa, y ésta corresponde a padres y sobre todo entrenadores que sólo se preocupan de sí mismos pensando que ganando se convertirán en entrenadores de éxito, teniéndose en cuenta sólo el presente y no el futuro deportivo y personal de esos jóvenes.

Recuerdo durante un curso de entrenador que uno de los profesores, había entrenado chavales de base en equipos de la elite del baloncesto español (llegó a ser ayudante en la ACB), se quejaba amargamente por haber “destrozado” la afición al baloncesto de algunos jóvenes al dejarles sin jugar por el afán meramente competitivo, es decir, todo por ganar.

El titular de este artículo coincide con la traducción que se hizo por aquí del título de la película “Blue Chips” (1994) en la que se contaba las vicisitudes de un entrenador que incumplía las reglas de reclutamiento para fichar buenos jugadores que reforzaran su equipo universitario. El “circo” mediático y económico además de la estructura organizativa que rodea aquel baloncesto, hace que estemos ante otro baloncesto “profesional” en el que la victoria está casi por encima de cualquier otra consideración.

Si no queremos sentirnos también culpables en el futuro como aquel profesor y el entrenador de la película, rebajemos las exigencias competitivas de los más jóvenes, enseñemos e intentemos que aprendan para que además de mejorar como deportistas lo hagan sobre todo como personas, y demos mayor importancia al aprendizaje de valores por encima de los resultados, porque aunque muchos se empeñen en ello, la esencia del baloncesto amateur no es ganar de cualquier manera.

“Lo más importante en la vida no es ganar, sino competir, así como lo más importante en la vida no es el triunfo, sino la lucha. Lo esencial no es haber vencido, sino haber luchado bien.” Barón de Coubertain



Publicado el 14 de febrero de 2014 en la web de baloncesto JordanyPippen.

Leer más

miércoles, 16 de julio de 2014

La mejora individual en el Baloncesto

Por Jorge


“Jamás esperes grandes resultados si nunca has hecho grandes esfuerzos.”

Parece obvio que el entrenamiento nos permite mejorar, pero quizás no lo sea tanto para muchos jóvenes jugadores a juzgar por el escaso trabajo individual que realizan hoy en día. Y es que es desgraciadamente habitual que a la vuelta de los periodos vacacionales de navidad o semana santa, preguntados éstos por el número de veces que jugaron al baloncesto o incluso que hicieron deporte durante ese tiempo, las respuestas son bastante descorazonadoras.

Hace tiempo leí unas palabras de Pepe Laso, padre del actual entrenador del Real Madrid y antiguo jugador y entrenador de la máxima categoría del baloncesto español, y luego también otras parecidas de Alfred Julbe, otro antiguo entrenador ACB, que venían a decir que el baloncesto era un deporte individual que se jugaba en equipo. Y en cierto modo estoy de acuerdo porque la influencia individual es lo que luego determina el rendimiento de cualquier equipo. Razón pues para que todo jugador dedique tiempo a mejorar individualmente más allá de los entrenamientos colectivos en equipo.

Otra voz autorizada en la materia es la del entrenador más laurdado del baloncesto europeo, Zeljko Obradovic, que el pasado verano durante una entrevista decía que sólo con el entrenamiento habitual no es posible que un jugador desarrolle todo su potencial:
“Nosotros, los entrenadores, estamos para ayudar a los jugadores pero todo depende de ellos. Nadie se ha hecho gran jugador trabajando sólo con el equipo, hay una parte que ellos tienen que trabajar solos.”

Es durante los primeros años de baloncesto, según se va avanzando de categoría, cuando se debe afianzar en los chavales ese trabajo de perseverancia individual si realmente se quiere alcanzar el mejor nivel posible. Si bien cualquier edad es buena pues nunca es tarde para mejorar a través del trabajo individual.


En otra entrevista a Juan Carlos Navarro, leída en la revista “Gigantes”, preguntado por el motivo que le había permitido (y todavía lo hace) destacar en el baloncesto sin unas condiciones físicas extraordinarias (apenas 1.90 m y de cuerpo liviano), el jugador del Barcelona lo tenía claro:
“…he trabajado más de lo que la gente pueda pensar, aunque no tenga un físico privilegiado. Son muchas horas, muchos entrenos, muchos entrenadores. Quizás en alguna etapa, los problemas físicos no me dejaron, me hubiera gustado entrenar un poquito más.”

Los jóvenes “poco trabajadores” suelen justificarse de dos maneras para no poner todo el empeño en su entrenamiento, una es a partir del resultado inmediato sin mirar a largo plazo (para que mejorar determinada habilidad técnica si con lo que tengo ya me vale para ganar en infantiles), y la otra bajo la premisa de que no van a llegar a la élite (por sus condiciones físicas, personales, etc.).

Los factores que determinan la llegada a la elite son muchos y no siempre dependen de uno mismo, por ese motivo, el objetivo no debe ser llegar a la élite, sino entrenar lo mejor posible para alcanzar el mejor nivel de juego independientemente de la categoría a la que se consiga llegar por el puro placer de mejorar y superarse a sí mismos. Y si después se dan las circunstancias que permitan alcanzar la máxima categoría, mejor. Y si no es así, se habrá intentado, y durante el intento se disfrutará del camino.


“A la cima no se llega superando a los demás sino superándose a sí mismo.”



Publicado el 19 de enero de 2014 en la web de baloncesto JordanyPippen.

Leer más

viernes, 11 de julio de 2014

El valor de un entrenador

Por Jorge


“Hay entrenadores que se creen más importantes que los jugadores. Cuando es así, es un problema.” Zinedine Zidane


A veces en el deporte de tanto repetirse algunos tópicos entre los aficionados acaban por convertirse en axiomas que se toman por verdades absolutas que ni mucho menos lo son. Un ejemplo: El equipo ganó gracias a los jugadores (cuando el equipo consigue una victoria). El equipo perdió por culpa del entrenador (en caso de derrota). Palabras que por supuesto no dejan en muy buen lugar al entrenador y que simplifican cualquier resultado.

Recientemente en una entrevista de “Marca” a Xavi Pascual, entrenador del Barcelona, éste se quejaba de que siendo el entrenador un actor principal dentro del baloncesto no se le da valor, y sólo se tiende a resaltar los errores y los resultados, jamás nada referido al juego y el buen trabajo realizado. Incluso va más allá y “reclama” que igual que se destacan las mejores jugadas de los jugadores, se podía hacer también algo parecido con los entrenadores.

En este ejemplo, simplificando, el tópico supone que si el Barcelona pierde la culpa es de Pascual, y si gana lo es de que Navarro haya hecho un partidazo.

Que levante la mano quien haya visto o escuchado al público en una grada, padres de chavales en categoría de formación, o aficionados en general, criticar a un entrenador por no sacar a fulano, por no jugar de tal manera, por no hacer tal o cual cosa…imagino que la mayoría. Todos somos entrenadores en potencia, da igual de que deporte o categoría, y tenemos el cuchillo entre los dientes para arremeter contra aquellos que hacen o dejan de hacer lo que creemos conveniente como si el mero hecho de seguir un deporte a través de la pantalla o de los periódicos significara que conocemos un deporte y tenemos patente de corso para despotricar de los entrenadores.

No es una profesión con la que se suela ser agradecido, y con el tiempo, menos. También es verdad que saber encajar las críticas forma parte de la profesión, pero la mayoría de las veces son injustas o desproporcionadas (ojo, también lo son cuando van dirigidas a los jugadores).

Por mucha que sea la información que tiene el aficionado sobre la actividad de un equipo, existen multitud de detalles que le rodean que se desconocen, y que muchas veces determinan decisiones de un entrenador que vistas desde fuera no se entienden. Por no hablar del día del partido y todos los factores (no olvidemos que el otro equipo también juega) que afectan a las medidas que se tienen que tomar, y que vistas desde fuera y sobre todo a posteriori son muy fáciles de juzgar, pero que en el momento de la verdad no dejan mucho margen de actuación a la hora de tomar una decisión.

Cierto es que en el baloncesto, por su formato, se hace más fácil la influencia del entrenador en el juego: mayores posibilidades de cambios de jugadores, y tiempos muertos y parones que permiten realizar ajustes tácticos. Pero que nadie olvide que pese a ello al final todo está en manos del jugador/a y de su acierto. La decisión última siempre, como debe ser siendo como son los protagonistas del juego, es de los jugadores/as.

No me va la “notoriedad” que reclama el entrenador del Barça, y creo que la mayoría prefieren pasar desapercibidos, así que no querrán verse ni en pintura en ningún ranking de jugadas que resalte su figura, ahora bien, como deporte de equipo que es el baloncesto parece claro que la influencia de entrenadores y jugadores se reparte sino a partes iguales si en un buen porcentaje, de tal manera que igualmente se tendrán que repartir los elogios en las victorias y los palos en las derrotas aunque los protagonistas del juego sean siempre los jugadores.

¿Qué importancia tiene el entrenador en la dirección de un partido y el valor que tiene en el resultado?




Publicado el 11 de noviembre de 2013 en la web de baloncesto JordanyPippen.

Leer más

miércoles, 2 de julio de 2014

La televisión puede hacerte mejor jugador de baloncesto*

Por Jorge

La última entrega de esta sección versaba sobre aspectos que están fuera del entrenamiento habitual pero que inciden de manera notable en el rendimiento y la mejora del jugador de baloncesto. Continuando en esa línea, considero que ver baloncesto, también es un buen modo de aprender y mejorar cuando nos fijamos en los detalles que hacen grandes a los jugadores profesionales.

El baloncesto FIBA suele ser más rico en cuestiones de táctica colectiva, aunque también se pueden ver matices muy interesantes de táctica y técnica individual. Sin embargo en el baloncesto NBA es donde se pueden apreciar mejor gracias sobre todo a las excelentes retransmisiones de las televisiones estadounidenses capaces de captar todos los detalles que luego se ven muy bien en las repeticiones.

¿A qué detalles se puede prestar atención?

Dejando a un lado la táctica colectiva, las jugadas y sistemas concretos que no deben ser importantes en las primeras etapas de formación de un jugador joven, haré hincapié en la táctica y la técnica individual.

En cuanto a la táctica individual, destacaría el juego sin balón. La colocación de los jugadores en función del balón tanto en ataque (respetando espacios) como defensa (situaciones de ayuda defensiva). Y también los tiempos de acción de esos jugadores sin balón en ataque respetando el balón, es decir, sin estorbar el juego del jugador con balón.

Cuantos más jóvenes son los jugadores más ansias tienen de participar del juego de ataque, que en su caso lo entienden como tener el balón. Parece que sin él no se puede jugar cuando en realidad se pueden hacer multitud de acciones: mejorar líneas de pase, cortes hacia el aro, bloqueos indirectos o directos, alejar ayudas, etc.

Una buena idea para que los entrenadores hagan ver la importancia del juego sin balón a sus jóvenes deportistas es pedirles que se fijen durante un partido en aquellos jugadores que no tienen el balón, y como de ellos dependen en muchas ocasiones las buenas acciones de ataque.

Desde el punto de vista de la técnica individual son muchos los detalles a observar, pero algunos podrían ser:

- Los apoyos en el suelo: paradas, salidas, pivotes

- El trabajo de recepción: cambios de ritmo, fintas.

- El tiro: gesto técnico y todo lo que conlleva, además de los diferentes tipos de tiro.


- El cierre del rebote defensivo.

- Los bloqueos directos e indirerctos: como se toman y que se hace antes, durante y después de los bloqueos.

- Las fintas con balón: en bote, pase y tiro.

Hoy en día las posibilidades de ver baloncesto se multiplican gracias a Internet, y sin embargo, los más jóvenes dedican poco tiempo a ver baloncesto. Y en muchos casos más que ver, miran sólo los “hihglights” que en la mayoría de los casos están fuera de su alcance, y que en realidad perjudican más que benefician a su juego.

El joven jugador puede tener iniciativa propia, y a partir de lo que vea por televisión o en directo tanto a los profesionales como a los amateurs (compañeros de club de otras categorías o amigos durante entrenamiento y pachangas) puede luego dirigirse a la cancha y practicar.

Y también el entrenador puede utilizar el video haciendo montajes cortos de algún detalle técnico apreciado en los partidos, para luego verlo durante un entrenamiento y que los jugadores lo tomen como modelo intentando imitarlo.




Publicado el 20 de mayo de 2013 en la web de baloncesto JordanyPippen.

Leer más

sábado, 11 de enero de 2014

Los Padres en el Baloncesto*

Por Jorge

Algunas veces, demasiadas, el principal caballo de batalla de los entrenadores de formación no está en las dificultades que les presentan los chavales que se acercan al baloncesto sino en la falta de educación deportiva de algunos padres que ven los partidos de sus hijos como si fueran deporte profesional y no amateur o infantil/juvenil.

Raro es que los entrenadores, incluso en minibasket, no se hayan topado con el famoso padre manager que en la grada anota con precisión las estadísticas de su hijo, o que cámara en ristre se dedica a grabar los minutos de su muchacho sin importarle lo que haga el resto del equipo.

Ni que decir tiene que algunos de estos padres con muy poca vergüenza en ocasiones comentan detalles técnicos con los entrenadores sin cortarse a la hora de aconsejar o reclamar diferentes cambios así como que sus hijos jueguen más minutos.

Algunos de estos padres además de calentarles la cabeza a sus hijos por el resultado o por lo que hicieron o dejaron de hacer durante un partido (la vuelta a sus casas es un martirio para estos jóvenes), también se dedican a despotricar sin disimulo alguno de los compañeros de su hijo, del entrenador, de los rivales, árbitros y de cualquiera que se menee como si fuera necesario que todos tuvieran que bailar al ritmo de su chaval para que fuera la estrella del equipo/juego o tuvieran toda la culpa si no juega bien un partido.

En el cortometraje “Seis contra seis” se puede ver la presión negativa que puede ejercer un padre sobre la actividad deportiva de su hijo. Es un ejemplo ficticio que por desgracia se acerca demasiado a la realidad:


Lo peor de estos comportamientos es la influencia que ejercen sobre la educación deportiva (y la que no lo es) de los hijos con el consiguiente efecto negativo para estos jóvenes jugadores que sólo deberían ver, al menos a tan temprana edad sino siempre, las bondades de su deporte.

Así los chavales que padecen estos comportamientos están más pendientes de las instrucciones de sus padres que de las del entrenador, se contagian de las críticas que realizan éstos y se comportan de igual modo con los compañeros, protestando a los árbitros y perdiendo el respeto necesario que se tiene que tener por los demás.

La psicóloga clínica Lourdes Mantilla da algunas recomendaciones* para los padres a fin de mejorar la experiencia deportiva de sus hijos:

- Muestren siempre una actitud positiva, escuchando lo que cuentan de su práctica, apoyándoles y motivándoles.

- Eviten hacer críticas o juicios descalificativos delante de los hijos por el tipo de preparación, las decisiones del entrenador o los resultados, ya que, como en cualquier competición, hay tantos entrenadores como observadores.

- No convertirse en hinchas agresivos cuando presencien alguna competición de sus hijos; una cosa es animarles y otra llegar al insulto o a la falta de respeto a cualquier jugador, sea del equipo contrario o propio, o al árbitro.

A estos últimos consejos me permito añadir lo que escuché a un responsable de cantera de un conocido club ACB durante unas charlas dirigidas a entrenadores de base, sobre cual debería ser la aportación única y básica que los entrenadores deberíamos intentar conseguir de los padres de los jóvenes de sus equipos: ser taxistas (que lleven a sus hijos a los entrenamientos y partidos) y palmeros (que no les dejen de animar).


*Recomendaciones recogidas en “Educar con el deporte” de Lourdes Mantilla, publicado en la revista "Cuerpomente" Nº 212 en diciembre de 2009.



*Este texto corresponde a una colaboración que se publicó el pasado 16 de diciembre dentro de la sección "Reflexiones de un Entrenador" para la Web JordanyPippen.com

Leer más

sábado, 2 de noviembre de 2013

Aprender hasta de los niños pequeños*

Por Jorge

La pasada semana hubo una pequeña polémica porque TVE habló de baloncesto para referirse al debut en liga femenina de Iris Junio, joven jugadora (14 años) del Club Baloncesto Islas Canarias. Luego en las redes sociales se corrigió la información indicando que la jugadora más joven en debutar fue Anna Montañana en 1994 cuando todavía tenía 13 años:


Ese detalle me sirve para introducir un breve apunte sobre unas palabras de Iris Junio leídas en una reciente entrevista en el periódico gratuito “20 minutos”. Como buen aficionado, procuro estar atento a cuantas entrevistas se hacen a las diferentes gentes del ámbito baloncestístico y aunque por lo general suelen estar llenas de tópicos, en buena medida debido a la falta de preguntas interesantes, a veces te topas con alguna sorpresa.

Siempre hago hincapié en las posibilidades que tienen los jugadores de aprender y mejorar viendo baloncesto (ver “La televisión puede hacerte mejor jugador de basket“) y por lo que veo la joven jugadora canaria me da la razón.

Preguntada por sus ídolos, la jugadora del C.B. Islas Canarias menciona a jugadores consagrados como Navarro y Bryant (siempre me pregunto ¿por qué las chicas no ven baloncesto femenino?) pero añade que también ve partidos de niños “y si me gusta algún movimiento, lo pillo y lo practico. Puedes aprender de todas partes.”

Ni que decir tiene que la base del aprendizaje de ésta jugadora no está en ver baloncesto, pero seguro que sí complementa las enseñanzas que recibió con el tiempo de sus diferentes entrenadores, y demuestra el espíritu formativo con el que todos los jugadores, sea cual sea su edad, deben ver el juego de los demás. ¡Aprende hasta viendo a niños pequeños!

Luego durante la entrevista no esconde aquellos apartados en los que puede mejorar (dominio de balón y defensa) pese a estar ya jugando con las mejores jugadoras españolas. Actitud que se puede considerar normal ahora que es tan joven, pero que si sigue manteniendo en el tiempo le llevarán a ir mejorando año a año. Y es que no hay mejor camino para crecer que abordar tus propias cualidades con espíritu crítico para seguir entrenando para mejorar.

Finalmente las preguntas se centran en la influencia tan rápida de su ascenso en el baloncesto frente a su vida cotidiana y aunque consciente de no poder pasar todo el tiempo que quisiera con sus amigas “lo paso tan bien jugando al baloncesto que lo llevo bien”, para terminar refiriéndose a los valores positivos que lleva implícito el baloncesto. Sin duda toda una muestra de madurez pese a su juventud que la lleva a entender el necesario tiempo que hay que invertir si se quiere conseguir algo sin dejar de disfrutarlo mientras se hace con gusto.

Iris Junio, ejemplo para los jóvenes jugadores/as que cada semana afrontan con ilusión sus entrenamientos y partidos con el ánimo de divertirse, aprender y mejorar, quien sabe si para llegar hasta… la elite del baloncesto.




*Este texto corresponde a una colaboración que se publicó el pasado 21 de octubre dentro de la sección "Reflexiones de un Entrenador" para la Web JordanyPippen.com

Leer más

martes, 2 de julio de 2013

El baloncesto más allá del resultado: cuando ganar o perder no es lo más importante*

Por Jorge

“¿Qué habéis hecho?”. Todos hemos tenido que responder en alguna ocasión con más o menos ganas a esa pregunta después de un partido. Lo siento, pero desde hace tiempo me niego a contestar salvo por educación y seguramente porque no esté de humor o en verdad porque poco o nada me importe mi interlocutor, pues si es importante para mí, en realidad no responderé al menos como se supone para contar con pelos y señales como fue el partido para pasar de puntillas por el marcador final.

"A veces se gana, y otras se aprende." Robert Kiyosaki



A veces se juega mal y se gana, a veces se juega bien y se pierde. Para quien no lo entienda, si tu equipo juega al nivel que lo hace en los entrenamientos o incluso por encima, habrá jugado bien aunque se pierda el partido. Si juega por debajo de ese nivel pero gana el partido porque el rendimiento del adversario sea menor, en realidad habrá sido como si se hubiese perdido aunque el marcador diga lo contrario.

Los partidos sirven a los equipos para competir, pero no sólo contra otros, sino, y más importante, consigo mismos, tratando de mejorar y ofrecer el mejor rendimiento colectivo e individual posible.

El entrenador de baloncesto en etapas de formación convive siempre con la disparidad que supone que no todos sus jugadores y sus alrededores coincidan al respecto de cual es el verdadero valor de la actividad deportiva de tal manera que el éxito o el fracaso venga determinado única y exclusivamente en la mayoría de los casos por el marcador final.

¿Ganar es sinónimo de éxito? ¿Perder lo es de fracasar? Muchos jóvenes viven en la eterna montaña rusa: ganamos estamos contentos, perdemos estamos tristes… Reducir la felicidad deportiva de un grupo al resultado es simplista y no parece que sea muy conveniente, sobre todo durante la formación deportiva.

Siempre he considerado que la victoria y la derrota cuando de verdad son vitales es en el baloncesto profesional. A los jugadores, entrenadores y demás personas implicadas en los equipos de elite les pagan por cumplir unos objetivos deportivos (además de otros muy relacionados) que pasan por ganar partidos. Así de sencillo.

Sin embargo, recientemente hemos visto en la liga ACB los casos de Obradoiro, Cai Zaragoza y Gran Canaria que tras perder partidos y caer eliminados en sus series de playoffs, lejos de recibir el escarnio y abucheo de su público, recibían el reconocimiento de su gente e incluso de los rivales. Y esto mismo ocurrió también en la NBA con los Golden State Warriors que tras quedar eliminador en los pasados playoffs por San Antonio Spurs se despidieron de su afición a pie de pista agradeciendo su apoyo y recibiendo el reconocimiento de su público:


En las categorías inferiores son muchos los casos en los que ves a jóvenes apesadumbrados después de perder un partido, y ya puedes insistir en el siguiente entrenamiento que se jugó bien, que se mejoró en tal o cual detalle, o incluso en recordar determinados valores que el equipo demostró, que no habrá consuelo posible y poco menos que te mirarán como si hubieses acabado de llegar del frenopático.

¿Por qué no saben distinguir qué es lo más importante de jugar un partido de baloncesto? Si es verdad que los jóvenes deportistas y sus entrenadores se ven influenciados por lo que ven por televisión, espero que también aprendan la lección que esta temporada nos dieron equipos como los Warriors o el Gran Canaria porque el baloncesto es algo más que el resultado que refleja un marcador:


¿Quién enseñó a los jóvenes deportistas que sólo importa la victoria? Se juega para ganar, pero sobre todo para mucho más… y recordad que el verdadero éxito se alcanza cuando haces todo lo que estaba en tu mano, y es que como decía el legendario entrenador John Wooden: “ganar es hacerlo lo mejor posible”.






*Este texto corresponde a una colaboración que se publicó el pasado 15 de junio dentro de la sección "Reflexiones de un Entrenador" para la Web JordanyPippen.com

Leer más

jueves, 2 de mayo de 2013

El entrenamiento invisible en el Baloncesto*

Por Jorge

En general existen jugadores para quienes el entrenamiento sólo es la hora y media o dos horas que van desde el calentamiento hasta el final de la sesión con el resto de su equipo. Sin embargo, existe otro entrenamiento que va más allá de la técnica, la táctica y la actividad física habitual, y que tiene que ver con hábitos saludables necesarios en el cuidado del cuerpo y la mente para evitar lesiones y mejorar el aprendizaje y el rendimiento deportivo.


El entrenamiento invisible es un concepto en auge en los últimos tiempos y por supuesto también debe ser tenido en cuenta por parte de los entrenadores de baloncesto a enseñar a sus jugadores incluso a edades tempranas para reforzar esos buenos hábitos.

Ropa y calzado

Una anécdota cuenta que John Wooden, legendario entrenador de UCLA, enseñaba a sus jugadores en el primer día de entrenamiento de la temporada a saber ponerse los calcetines, y a dar valor a este sencillo gesto.

En la distancia y desde fuera puede resultar un detalle infantil, pero lo cierto es que su mala colocación puede dar lugar a ampollas y rozaduras que como es lógico provocarán dolor limitando el rendimiento deportivo.

También las zapatillas son un elemento a tener en cuenta en el cuidado del jugador. Por lo general los jóvenes jugadores están más por llevar las zapatillas último modelo de un determinado profesional que por utilizar las que les conviene, y en ocasiones juegan con zapatillas que están muy desgastadas por superstición o lo dicho, porque son el modelo que calza su ídolo, provocando peores apoyos y mayor impacto para sus articulaciones con el consiguiente riesgo de lesión.

Tampoco conviene estrenar durante un entrenamiento o partido zapatillas nuevas (como en general ningún material nuevo) sin antes haber caminado con ellas las suficientes jornadas como para ablandarlas y amoldarlas a los pies para evitar roces y ampollas que luego limitarán el juego por el dolor.

Descanso

Como en cualquier orden de la vida, el equilibrio es la virtud que debe regir nuestra actividad, y si bien el entrenamiento y el esfuerzo deben ser perseverantes y regulares, también hay que reservar un valioso tiempo para el descanso.

Muchas veces, por no decir todas las veces, vale más la calidad que la cantidad del entrenamiento ya sea individual o colectivo, de manera que no por echar más horas en la pista se va a rendir necesariamente mejor.

¿Duermen los jóvenes y no tan jóvenes jugadores las horas necesarias? ¿Qué actividades preceden a la actividad deportiva? El deportista profesional suele tener bien medido sus tiempos cuando su actividad está controlada a través de concentraciones previas a los partidos, pero el control del descanso en los jóvenes es más complicado, y en ocasiones se recarga de actividades extraescolares y de ocio su jornada de manera que llegan ya fatigados a los entrenamientos y partidos con el consiguiente riesgo nuevamente no ya de dificultar su aprendizaje y mejora, sino de provocar una lesión fruto del cansancio.

Alimentación

En este apartado también el deportista profesional suele estar o al menos tener acceso al asesoramiento de nutricionistas y expertos en medicina deportiva que saben aconsejarle sobre aquellos alimentos más saludables así como para regular sus horas de comida.

En el caso del joven jugador tendrá que recibir el apoyo familiar que no siempre piensa en la actividad deportiva del chaval a juzgar por los siguientes ejemplos que seguro que todos los entrenadores de formación han vivido en alguna ocasión. A veces se termina de comer media hora antes de acudir a un partido, o se harta al joven deportista con un exceso de comida debido a un compromiso familiar, y otras veces se empieza un entrenamiento sin haber tomado por ejemplo una pieza de fruta a modo de tentempié a lo largo de la tarde, por no hablar de los malos hábitos de hidratación.

A modo de regla general y sin ánimo de sentar cátedra pues se puede acudir a médicos deportivos para ahondar en este tema, el sentido común dice que conviene terminar de comer tres horas antes de la actividad deportiva intensa, y por supuesto que es vital una buena hidratación (preferentemente agua) antes, durante, y después del entrenamiento o partido.

Más entrenamiento invisible

Realizar ejercicios individualizados previos al inicio de un entrenamiento o partido es un paso previo en la prevención de lesiones, y también forma parte del entrenamiento aunque no esté dentro de la sesión colectiva de un equipo de baloncesto.

Por ejemplo, el jugador que sea propenso a tener molestias de tobillo le conviene realizar ejercicios individuales de fortalecimiento previos al inicio de cualquier entrenamiento o partido a modo de rutina preventiva para evitar lesiones.

Al final de una sesión de entrenamiento o de un partido, es necesario afianzar, sobre todo en los más jóvenes, hábitos saludables como utilizar la ropa de abrigo que evite enfriamientos, colocar hielo o aplicar calor a zonas lesionadas, así como a la posterior ducha higiénica que evite enfermedades.

Visto grosso modo lo que es el entrenamiento invisible, éste debe formar parte de la rutina de los jugadores de baloncesto incluso a edades tempranas porque el aprendizaje y la mejora deportiva no sólo dependen de lo que se hace dentro de la pista sino también de lo que se hace fuera de ella, y serán hábitos saludables que acompañarán al joven jugador toda la vida independientemente del nivel deportivo que se alcance.



*Este texto corresponde a una colaboración que se publicó el pasado 15 de abril dentro de la sección "Reflexiones de un Entrenador" para la Web JordanyPippen.com

Leer más

miércoles, 6 de febrero de 2013

El tiro, fundamento decisivo en el baloncesto

Por Jorge

Al final de la presentación de esta sección, el mes pasado, lancé al aire una pregunta que quizás no estuvo bien formulada, y es que más que saber cuál es el fundamento individual básico del baloncesto, la idea era conocer cuál creíais que era para vosotros, lectores, el aspecto de la técnica individual sobre el que se debería hacer mayor hincapié en los entrenamientos.


Entre los comentarios que suscitó la pregunta, más allá de un cierto debate con jugadores históricos de nuestro deporte de por medio, hubo división de opiniones entre el pase y el tiro. Ahora me toca responder a mí.

Sin pretender menospreciar la importancia del pase y teniendo en cuenta que todos son importantes, me parece que el tiro es el fundamento sobre el que más incidiría pues a fin de cuentas meter la pelota en la canasta es el objetivo básico del baloncesto. Ya lo dijo James Naismith en sus famosas trece reglas originales del juego, concretamente en la última: "El equipo que anote más canastas será el ganador".

Cuando los niños se acercan por primera vez al baloncesto les encanta botar, tener el balón, pero en cuanto comprenden que hay que meter la pelota por el aro, a todos les encanta la posibilidad de tirar, probar suerte a anotar, y desde cuanto más lejos, mejor.

Si se le pregunta a un chaval que tal lo hizo en un partido, hasta que no tiene cierta edad y es consciente de la importancia de otros muchos detalles del juego, siempre irá su respuesta en función de los puntos conseguidos, y de lo que más orgulloso estará es de haber conseguido encestar.

Y cuando crecemos, la importancia de los anotadores no disminuye, y si no, ¿cómo es que siempre son los puntos la parte de las estadísticas que se menciona primero al referirse a un jugador? Así no extraña que la mayoría de los jugadores más admirados por regla general sean aquellos que tiran y meten: los anotadores, los que encestan con facilidad los tiros (entrando a canasta, de media o larga distancia, abiertos libres de marca, etc.).


El juego de ataque tiene como principal objetivo conseguir buenos tiros, en posiciones que puedan llevar a un porcentaje alto de acierto. Y para que esa puntería mejore lo más importante es la práctica de todos los tipos de tiros que se van a poder ejecutar durante un partido: tiros tras bote, después de pase, en contraataque, con un defensor encima, con el tiempo a punto de terminar, con la mano menos buena, en gancho, en carrera, etc.

Si el fin del juego es meter canastas parece claro que el entrenamiento del tiro se antoja fundamental. Insisto, eso no significa que el resto de fundamentos carezcan de importancia o que se queden en un segundo plano…

En la próxima entrega de esta sección se continuará con el tiro, abordando algunos detalles y ejercicios para su mejora. Ya seáis entrenadores, o jugadores/aficionados que practicáis el tiro por libre: ¿cuánto tiempo dedicáis al entrenamiento del tiro? ¿Qué consignas o detalles se deben cumplir en la práctica del tiro?


*Este texto corresponde a una colaboración que se publicó el pasado 21 de enero dentro de la sección "Reflexiones de un Entrenador" para la Web JordanyPippen.com.

Leer más

lunes, 11 de junio de 2012

Kaunas, pasión por el Baloncesto

Por Juanlu Sánchez*

Kaunas es una ciudad lituana (400 mil habitantes) situada en el centro del país, y con poco o nada que atraiga visitantes salvo por albergar uno de los clubes de baloncesto más importantes de Europa: el Žalgiris, cuna de uno de los mejores pívots de la historia, Arvydas Sabonis.

Kaunas
Llegar a esta ciudad supuso para mí una odisea de doce horas (ocho de escala) en un avión semivacío que llegó a un aeropuerto moderno, pero no mucho más grande que una caseta, situado a unos 10 kms del centro de la ciudad. Coronando una de las paredes del aeródromo encontré el primer indicio (un mural enorme con la imagen de la plantilla) de lo que es una realidad: el Žalgiris es la religión en torno al cual gira la vida de los kaunenses.

Cogí un taxi conducido por un taxista (si es que a ambos se los podía denominar así), que por supuesto no sabía inglés, pero que pese a su olor y su forma de conducir suicida me llevó amablemente a la ciudad. Lo que ví no era
muy alentador: calles desiertas, carreteras en mal estado, aceras que parecen prados y edificios al borde de la ruina a lo largo y ancho de la urbe. Porque esa es otras de las características de esta ciudad y del país en general, Lituania se desarrolla poco a poco y todavía se está lavando la cara después de la independencia de Rusia.

Sus habitantes son gente callada, con aspecto triste y melancólico, debido seguramente a vivir en una ciudad que llega a los -34ºC en invierno y cuyo verano apenas dura poco más de tres semanas, y en la que no hay muchas cosas que hacer además de ir a ver jugar a su equipo de baloncesto.

Kaunas
Cada colegio, cada residencia, cada calle, tiene su cancha de baloncesto, la mayoría en mal estado, con aros sin redes que amenazan con caerse en cualquier momento de su tablero de contrachapado erosionado por el paso del tiempo y las inclemencias. Las calles en Kaunas por lo general están vacías, a excepción de sus campos de baloncesto, que cuando lo permiten las pocas horas de luz solar, están repletas. Además la celebración del último Eurobasket sigue presente por todos lados: enormes balones de baloncesto conmemorativos, pegatinas, carteles e incluso monedas de lita (moneda local) con emblemas que recuerdan la cita.

Mi hermana, que lo vivió en primera persona dice que jamás había visto la ciudad como aquellas semanas, una fiesta continua, el pabellón, el Žalgiris Arena, a reventar. Cabe destacar la idolatría que los lituanos sintieron por el equipo español, en especial con Navarro, al que harían alcalde de la ciudad bien gustosos si se diera el caso… No había diferencias entre sexo, edad o raza, cualquiera que estuviera esos días allí, se veía empapado de la passion por el baloncesto.

El centro neurálgico de la ciudad es un centro comercial de reciente construcción, llamado Akrópolis en el que se se encuentra la tienda oficial del Žalgiris, donde se vende de todo: llaveros, toallas, camisetas, banderas, postales de los jugadores…incluso ¡chanclas!. La única pega, el precio. En un país donde el autobús cuesta una lita (30 céntimos de euro), una camiseta cuesta 95 litas, unos 30 euros, una gran inversion para los paisanos.

Pude hablar con pocos lituanos por cuestiones idiomáticas, así que la forma de vivir el baloncesto la descubrí a través de los estudiantes internacionales, pues aunque parezca contradictorio, Kaunas es una de las ciudades europeas con mayor número de estudiantes de Erasmus: españoles, checos, israelíes, italianos, libaneses, etc. Sus universidades son prestigiosas y sus instalaciones envidiables.

Algunos de estos estudiantes eran amantes del baloncesto antes de llegar a Kaunas, pero otros descubren nuestro deporte en una de sus mecas. Al final todos son asiduos del Žalgiris Arena, bufandas al cuello incluidas, para ver buen baloncesto a buen precio.

También lo normal entre ellos es llegar de la universidad, comer, echarse la siesta y jugar una pachanga. Muchos no saben ni botar, juegan chicas y chicos juntos, buenos y malos, da igual, además de en las fiestas propias del paso por una experiencia Erasmus, en Kaunas los estudiantes se relacionan jugando a baloncesto. Así cuando llegué a la residencia lo primero que me propusieron al enterarse de que jugaba al baloncesto fue bajar a una de tantas canchas a tirar unos tiros, y pese a que el juego no era para nada serio y hacía un poco de frío, disfrute de un buen rato de risas y bromas.

Nunca había visto una ciudad en la que el deporte que amo se viva de esta manera. Kaunas es sinónimo de baloncesto, y probablemente sería inconcebible una ciudad como ésta sin este deporte que representa esfuerzo y pasión. En Kaunas es imposible no respirar baloncesto.




*Juanlu Sánchez es estudiante de fisioterapia, y juega baloncesto federado.

Leer más

lunes, 13 de febrero de 2012

Imágenes de BA-LON-CES-TO (2): Chile

Por Fran Carrillo

Valparaiso
Cartel anunciador de un par de partidos de baloncesto a la entrada de un pabellón deportivo en Valparaíso (Chile).


* Más sobre el autor en
Sublet Literatur.

Leer más

viernes, 6 de enero de 2012

Imágenes de BA-LON-CES-TO: Puerto Rico

Por Fran Carrillo*

Cancha Puerto Rico

Cancha del barrio de La Perla, Viejo San Juan, Puerto Rico


* Más sobre el autor en Sublet Literatur.

Leer más

viernes, 4 de febrero de 2011

New York City: NBA Store

Texto y fotos: Fran Carrillo, enviado especial a Manhattan

A sólo unos pasos de la catedral de San Patricio, en plena 5ª avenida, frente a Rolex y a Ermenegildo Zegna se erige otra catedral con mayor número de peregrinos, sobre todo si preguntamos a los miles de turistas que trasiegan la zona: la de los frikis del basketball.

NBA Store
Al franquear la puerta, dos señores encorbatados y con pinganillo, que no se sabe si son seguratas de alto estanding o del turno de encargados, saludan al visitante con cortesía y le invitan a pasar. Por ahora no huele a incienso mientras se escucha la narración gringa del partido de basket que proyectan por las grandes televisiones del techo, remedo de las pantallas mágicas que cuelgan en el centro de las canchas.


Camisetas de colores por todos lados, posters de las estrellas, chandals oficiales… lo esperado, aunque dentro de una coreografía de luz y de color con la firma de algún gurú del diseño de interiores. Hay bastante animación, grupos de gente joven que ríen y hablan entre sí. Ya más cerca de ellos me percato de que se trata de empleados, de que, para ser más claro, ¡las decenas de personas que me rodean en la tienda son empleados de ella!

NBA Store
Parece ser que ese mismo gurú ha aconsejado que, ante la ausencia de clientela (después del descubrimiento de los empleados se podían contar con los dedos de una mano los clientes “reales”) contratasen a clientes ficticios que animasen aquello. No debe haber mejor trabajo en todo Manhattan que este de fingir de treintañero entusiasta de los tiempos de Bird, mientras miras en la pantalla el último partido de los Lakers. En la 5ª avenida se paga bien la hora, aunque el proceso de selección debe de ser todo un trial para estas decenas de elegidos.

NBA Store
También hay algunos jueguitos, como el de las fotos a tamaño real de Chris Paul (ni media hostia), Kobe Bryant (no te metas con él) y Nowitzki (dale lo que te pida), o el de los moldes con las manos de los jugadores que confirma, entre otras cosas, los límites físicos que nos separan de nuestros héroes modernos. La huella de Aquiles.

NBA Store
A todo esto, me marché como todo el mundo: sin comprar nada. Y allí siguieron los centenares de empleados en sus divertidas correrías para ambientar el local. Así que ya sabes, si eres de esos que envía preguntas al blog de Iturriaga, si recitas de memoria la alineación de la Yugoplástica o del Partizan de Belgrado, nunca es tarde para rodearte de por vida con las camisetas de Magic Jonhson y encontrar a tu media naranja a cinco minutos de Central Park. Sólo tienes que echar un currículum y, con un poco de suerte, ¡echarte a vivir!

Leer más

jueves, 19 de noviembre de 2009

Los del setenta y seis derrotan en los segundos finales a los gatos salvajes

Por el enviado especial, Fran Carrillo*

El creador y cabeza pensante de este blog me tiene frito desde hace meses: “cuando vayas a ver un partido de la NBA me haces una crónica”, frase que se suele acompañar de esta otra: “parece mentira que en cinco años en Filadelfia no hayas podido ir a ver a los Sixers”, mientras niega con la cabeza, indignado ante mi desasistencia. Pues ayer fui, Jorge, y esta es la crónica autobiográfica adeudada.

Entrada al Wachovia Center.

El partido es a las 7.00 pm, así que quedo con Noble en su casa a las 6.15 pm para ir desde allí juntos a la cancha. Él vive en Carpenter y la 10th, a unos diez minutos en bici del Wachovia. Al llegar me abre la puerta con su traje de guerra, una camiseta de algún antecedente de los Grizzlies, en la que pone “Memphis” en grande y, detrás, su apellido: “Novitzki”, como el alemán, pero con “i” latina.

Vamos con la hora justa, así que montamos en nuestras máquinas a pedal y bajamos por todo South Philly, a través de esas manzanas monocordes y algo sombrías, como si aún no hubieran salido del hollín de la revolución industrial. Primero a la altura de Pats y del barrio italiano de Rocky Balboa y los padres de Los Soprano, luego a la de Wolf St, Mifflin St o Reed St, en que se suceden los pequeños bares irlandeses y los tréboles en las ventanas de las destartaladas casas.

En el límite de South Philly la 10th St, por la que seguimos bajando, se convierte en una carretera de varios carriles sobre la que se alzan, en un enorme complejo deportivo, primero el Citizens Park de los Phillies (Béisbol), con el regusto clásico que le dan los ladrillos, luego el Lincoln Financial de los Eagles (fútbol americano), que parece sacado de alguna secuela de Terminator, y por último el Wachovia Center de los 76ers, compartido con los Flyers (Hockey), justo enfrente del antiguo Spectrum, al que le quedan pocos días de vida.

Lo de ir en bici, aclaro, resulta una extravagancia absolutamente contraria al rito deportivo americano, demasiado asociado a la Pick up de guerra, la nevera llena de Budweiser y las provisiones interminables de algo grasiento empapado en ketchup. Aunque la ciudad está llena de atenciones para el ciclista, los estadios son un mundo poco friendly para los imitadores de Eddie Mercks (hace sólo un mes la gente se entretenía pitorreándose de nosotros a la salida del estadio de pelota). Pero nada, la vida verde y saludable exige de mártires, así que allí estábamos, preguntando a todo quisqui de nuevo dónde podíamos dejar las bicis, ante la mirada atónita de seguratas y controladores del parking.

Las cheerleaders también comen hotdogs.

La estrategia comercial del Wachovia está clara. Como a dos kilómetros a la redonda no hay edificio, ni bareto, ni chiringuito, ni carrito, ni chino con una socorrida cerveza y un bocata de jamón, te registran a la entrada para que no metas líquidos y te invitan a que uses la tarjeta de crédito en las asequibles franquicias del colesterol que hay dentro. A 8 dólares la cerveza y a 10 dólares el hotdog, de esos pobretones que uno puede hacerse en casa con la oferta de Oscar Mayer. Se aconseja ir comido y con el puntillo alegre de casa.

En los pasillos del estadio, muy modernos, muy limpios, con luces de centro comercial y sin rastro de olor a réflex, publirelacionistas uniformados te venden de todo, desde tarjetas de crédito (again) a planes telefónicos y hacen promociones de tiendas de ropa, restaurantes o franquicias de la electrónica. Por lo demás no parece que haya demasiada movida, pero es que los Bobcats de Charlotte no inspiran demasiado interés en esta parte del país, además de que tampoco se estilan las pandillas de incondicionales. Aquí el deporte es un espectáculo familiar, como ir a ver a Teresa Rabal.

La cancha impresiona. Accedemos por una bocana a la zona noble de las gradas, la de 75 dólares por barba, y entramos en esa lisérgica dimensión del entertainment… juegos de luces que se acompasan con el rap que suena a toda pastilla, el diseño de los trajes de calentamiento de los jugadores, los colores de la pista, la verticalidad de las gradas y el cálido ambientillo prepartido te meten un buen rollo en el cuerpo instantáneo. Primer pensamiento: “aquí pasan cosas” y segundo, “joder, qué grandes son estos tíos”. Esa sensación no me abandona cada vez que estoy cerca de jugadores de basket profesional, cuyos físicos parecen de otro planeta; imposible disputarles una bola sin ser aplastado como una hormiga. Pero viene Danny, eso pone en su chapa, y me saca de la ensoñación: que le enseñemos los tickets, así que nos obliga a confesar que no, que nosotros somos de los del gallinero.

Pregame.

Pues desde arriba no se ve tan mal. Ahí está la niña repelente que canta el “José can you see” (hay que levantarse), y luego, Iguodala, Louuuuu, Elton Brand, ahí cerquita, más o menos, corre que te corre, a vueltas con las transiciones rápidas contra unos incómodos gatos pardos de Charlotte que no dan su brazo a torcer. El juego transcurre rápido, lo propio de dos equipos jóvenes y nerviosos, aunque de fundamentos no andan mal, todo muy aseadito, buen juego colectivo y algunas buenas jugadas de Iguodala, que es el que parte el bacalao, con permiso de Brand. Conviene anotar, sin embargo, que el baloncesto es una cosa más de las muchas que ocurren en las tres horas que dura el partido. El marcador electrónico, devenido en macropantalla cuadridimensional en el centro de la pista, se encarga de convertir el partido en un espectáculo audiovisual donde parecería que esos diez tíos botando una pelota son el mero complemento a los sofisticados juegos de luces y sonido, bromas visuales en plan el día después, espectaculares imágenes a tiempo real de los jugadores o la animación en los tiempos muertos que transcurren por esa bola mágica que ríete tu de la de Gandalf.

Big brother.

Uno de los ganchos de más éxito es que la pantallita propone un juego a los espectadores: darse besos, tocar la guitarra o los bongós, bailar tecno, hacer el robot… y la gente se levanta de los asientos y comienza a ejecutar la chorrada mientras los más graciosos aparecen en primer plano sin ninguna vergüenza. Se lleva la palma un negro inmenso, como de 200 arrobas entregadas a cada performance, que obligan al realizador a hacerle chupar cámara sin parar. Hasta los jugadores, en pleno tiempo muerto, se mean de la risa y señalan al gran hermano que tienen sobre sus cabezas.

A todo esto, el partido sigue reñido, con diferencias que no pasan de los seis o siete puntos a favor de los Sixers hasta que, a fata de poco más de dos minutos, los gatos salvajes de Charlotte nos pegan un buen arañazo con un par de triples que les ponen por delante. 1:49 para el final y 3 puntos de diferencia para los forasteros. Llega el momento final y hay que hacer algo de emergencia. Tiempo muerto en la cancha y el cuerpo de animadores en el centro de la pista enarbolando una enorme bandera con el escudo de los 76ers, aquel que defendió Julius Erving. Se acabaron las chorradas, se precisan las armas de destrucción masiva filadelfinas. Silencio en la cancha, la bandera al viento y un video en la macropantalla: aparece Rocky cuidando a Marian, que está malita en la cama. El cuñado masculla algo a sus espaldas, Rocky consuela a Marian (no entiendo un carajo)…. y entonces mira a la cámara… ¡chan, chán! comienza el estruendo de las trompetas, Rocky corre, Rocky suda, Rocky pega, Rocky salta a la comba, Rocky machaca, Rocky hace abdominales y se bebe huevos crudos; surge el coro, siguen las trompetas… la mirada del tigre se extiende por el público que se levanta y grita enfervorecido ¡Todos en pie, el espíritu de Filadelfia sobrevuela la cancha, viva el cheesteak, las cheerleaders bobolonas y la constitución americana!!

En medio del delirio colectivo los jugadores saltan a la cancha y los Bobcats se convierten en gatitos remolones. En 1:49 les pasamos por encima: parcial de 6 a 0 y a otra cosa mariposa. El arma secreta funciona.

Calle otra vez. Pillamos las bicis y vuelta a la urbe de cemento. Enseguida toca meterse en uno de los bares irlandeses y someterse a la dieta local: hamburguesa y cerveza. En la tele aparecen las reacciones postpartido pero nosotros ya estamos a otra cosa. Que si Bush y Obama, que si reforma sanitaria, que si la camarera no está tan mal. Pasado mañana juegan contra los Grizzlies.



* Más del autor en
Zigzag

Leer más