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miércoles, 23 de septiembre de 2026

Recomendaciones para entrenadores de formación en los partidos

Por Jorge

Si en la anterior entrada se recogían algunas recomendaciones para los entrenamientos, ahora toca referirse a otras cuantas más para los partidos, ahora que queda poco para empezar las competiciones de baloncesto de formación, sino es que comenzaron ya.

Antes de ir con las sugerencias propiamente dicho, la primera idea que hay que destacar y tener muy claro es que el baloncesto de formación no es baloncesto profesional, aunque sus entrenadores tengan que ser muy profesionales a la hora de hacer su trabajo... sin que sus emolumentos se correspondan con esa responsabilidad (y, por desgracia, llevemos “siglos” sin resolver este problema).

Y es que salvo excepciones que se pueden contar con los dedos de las manos, la mayoría de los equipos de formación no tienen los resultados como su principal objetivo… aunque todos queramos ganar, pues ¿acaso alguien juega para perder?

Sólo unas pocas canteras de equipos de élite, y principalmente a partir de cadetes como pronto, basan su trabajo en intentar conseguir jugadoras o jugadores para un primer equipo. El resto intentando la máxima mejora de chicas y chicos, sólo pueden llegar ahí por otros caminos que no tienen que ver del todo con las características propias de la “aristocracia” del baloncesto.

Todo esto relativo a resultados tienen que tenerlo claro, directivas antes y entrenadores después, para que las familias sean consciente de ello. Insisto, siempre se juega a ganar, eso es intrínseco desde niños, pero hay que saber que no se puede ganar de cualquier manera, porque una victoria hoy puede ser una derrota mañana. Mientras que crear unos cimientos sólidos de educación deportiva en los jóvenes siempre tendrá valor a medio y largo plazo.

Ahora sí, toca ir propiamente con las recomendaciones que pueden ayudar a entrenadores más jóvenes o inexpertos que forman parte del baloncesto formativo, y que no olvidemos que es el mayoritario en nuestra sociedad.

Todos juegan
Una chica que no juega o un niño que no pisa la cancha en un partido, especialmente en la iniciación deportiva, son susceptibles de cambiar de deporte buscando eso, jugar. Y no es malo de por sí que eso pase, pero de primeras un entrenador de baloncesto de formación en las primeras etapas, si tanto ama su deporte y si realmente quiere tener éxito, éste pasará por hacer que las niñas o niños que entrena quieran seguir en el baloncesto, y, a su vez, esto pasa por jugar.

El reglamento pasarela (con diferentes matices según la comunidad autónoma, en el caso español) ya se encarga de asegurar que en el minibasket todos jueguen, y sólo el entrenador decidirá quién podrá hacerlo más o menos. Sin embargo, voy más allá, ese “todos juegan”, que aparece encabezando este apartado, lo extendería a todas las categorías de formación independientemente de la edad. Y, sí, sé que esto puede llevar a opiniones enfrentadas y hasta cierta polémica.

Y es que en este punto otros entrenadores podrán decir, sin que les falte parte de razón, que cómo se va a hacer jugar, por ejemplo, a quien falta a entrenamientos en detrimento de otras compañeras o compañeros de equipo que no faltan. Y, ahora viene el matiz, una cosa es que jueguen, y otra que lo hagan por más tiempo que las que sí van a entrenar.

Para un entrenador es muy sencillo dejar sin jugar a quien no va a entrenar. Y así, un quebradero menos de cabeza a la hora de cuadrar rotaciones llegado un partido. Sin embargo, esa o ese que no juega, va al partido, y si esta situación se repite en el tiempo, la probabilidad de que abandone el baloncesto (y hasta puede que el deporte) crece de manera notable. Mientras que si juega aunque sea cinco minutos en la primera parte y otro par en la segunda, seguirá sintiéndose parte del juego, y cuando quiera más minutos, bastará con decir que entonces tendrá que entrenar más días para tener opciones de conseguirlo… sin que ello garantice nada si todas en el equipo van a entrenar, en cuyo caso habrá que valorar otras circunstancias como esfuerzo, compañerismo, deportividad… y en último término, rendimiento.

Cuántas veces un niño falta a un entrenamiento porque su madre no le puede llevar, o porque tiene una cita médica insustituible en tiempos de precariedad sanitaria, o porque tiene que ir a visitar a un abuelo, o ir al cumpleaños de un primo… Y podría citar otros ejemplos en los que quizás él quiera ir al entrenamiento, pero circunstancias ajenas le impiden hacerlo.

Y, por otro lado, cuando se justifican los minutos de juego por la asistencia al entrenamiento, en realidad, muchas veces todos conocemos casos en los que algunos “están de cuerpo presente” pero sus mentes y esfuerzo están muy por debajo de lo deseable. Y quien falta, sin embargo, cuando sí va a entrenar se esfuerza el doble que el resto. ¿No merece entonces jugar?

Además, en ocasiones se da el caso que quienes entrenan toda la semana a gran nivel, luego resulta que se lesionan o surge cualquier circunstancia que les impide ir al partido… y entonces sí, hace necesaria la participación de quienes no queríamos que jugaran. En definitiva, sea como fuere, todos tienen que jugar, otra cosa es que quienes más méritos hayan hecho durante la semana de entrenamientos deban jugar más tiempo. Y es que la única razón válida para mí que debería dejar sin jugar a alguien es la falta de respeto hacia cualquiera del equipo, y ya durante el partido, hacia los árbitros y adversarios.

Un partido dura más de 40 minutos
Al hilo del juego, los entrenadores tienen que enseñar cuanto antes que un partido ni empieza con el salto inicial ni termina cuando suena la bocina o el pitido del árbitro al final. Porque antes hay un calentamiento previo, que, por cierto, en todas las categorías, puede utilizarse casi como un entrenamiento más, que muchos se quejan del poco tiempo que tienen de pista para entrenar, y, sin embargo, luego lo pierden antes de cada partido haciendo una rueda sin sentido como la que hacen los equipos profesionales.

Aprovechemos el calentamiento para repasar detalles trabajados durante la semana, para reforzar conceptos que queremos poner en práctica luego en el partido, incluso para hacer juegos que rebajen la tensión de chicas y chicos antes del partido si fuera necesario. Pero aprovechemos ese tiempo para algo más que “calentarles la oreja” con charlas prepartido impropias no ya de un equipo de minibasket sino hasta de un equipo de élite porque de repente nos creemos que vamos a jugar el partido del siglo.

Igualmente, el descanso es otro buen momento para hacer algún ejercicio diferente, por supuesto, eso sí, igual que en el calentamiento, que no suponga un desgaste excesivo tanto física como cognitivamente, pero que pueda ayudar para cierta mejora concreta.

Y será importante que el entrenador haga hincapié siempre a sus chicos o chicas que ese tiempo de calentamiento o de descanso también forma parte del partido, como también lo es el tiempo que se pasa en el banquillo respecto del tiempo en pista, para que llegado el momento de que llegue alguna queja porque no se jugó o se jugó poco, recordar que al menos todos disponen de ese calentamiento y descanso para jugar.

Autonomía haciendo de todo
En categorías de formación todas las niñas y niños tienen que aprender a hacer de todo y a tener todo tipo de experiencias. No especialicemos a nadie desde el principio indicando quien tiene que marcar a quien, cual es el que saca, quien tiene que subir la pelota o si aquella no puede tirar o solo puede hacerlo desde cerca. Ya llegará en el futuro, si tocan el alto rendimiento, tiempo para que se especialicen en determinadas posiciones o para ejecutar determinados movimientos concretos.

Y relacionado con lo dicho antes, un objetivo fundamental de un entrenador de formación consiste en conseguir que los jóvenes que entrena sean autónomos por sí mismos, es decir, que sean capaces de hacer aquello que entrenan, tomando decisiones por sí mismos sin que nadie tenga que decirles lo que tienen que hacer. Y para conseguir esto, en nada beneficia una práctica habitual en muchas pistas, que es la de “radiar los partidos”. Entrenadores que se dedicar a vocear a cada niño qué tienen que hacer en todo momento: cuando tienen que pasar o tirar, si tienen que salir botando o ir al rebote…

Los partidos no son un videojuego en el que el entrenador puede tocar un botón y hacer que cada jugador haga lo que se debería hacer, porque si se sigue esa “táctica”, cuando no se les diga lo que tienen que hacer… no sabrán hacerlo.

Por cierto, que esa “radio” tampoco provenga de la grada. El entrenador tiene que tener también entre sus objetivos para los partidos, que quienes juegan sólo presten atención a lo que pasa en el partido, y, en todo caso, a lo que les dice él, ignorando los comentarios que puedan llegar desde las gradas. En este punto será importante hacer a ese respecto cierta labor educativa con madres y padres.

Menos palabras y más observación
Relacionado con lo mencionado antes, en ocasiones se ven a entrenadores de formación desgañitándose en la banda para dar instrucciones… que a quienes juegan poco o nada les interesa. Qué quiero decir con esto. Pues que si las chicas o chicos están centrados en el juego, difícilmente van a hacer caso (o al menos no deberían), y las únicas oportunidades para dar alguna instrucción, siempre sencilla, breve y concreta, serán los tiempos muertos o cuando el tiempo de juego esté parado como pueda ser en una situación de tiro libre.

Algunos creen que el entrenador que está sentado en el banquillo sin apenas decir nada, observando cómo juegan no está haciendo bien su trabajo, y no estoy de acuerdo, al contrario, creo que esa es la actitud correcta, mirando que hacen para, eso sí, reforzar con gestos y algunas palabras clave puntuales aquello que hacen bien quienes juegan, o para animar cuando se comete un error o se tiene un fallo. Más allá de eso, todo lo demás sobra.

Errores y fallos
La siguiente recomendación es aplicable también a los entrenamientos, y tiene que ver con la necesidad de enseñar a diferenciar entre errores y fallos a quienes entrenamos y dirigimos en los partidos, y especialmente a no penalizarlos para que se atrevan e intenten mejorar, sobre todo cuando se pretende afianzar un gesto técnico o un detalle táctico.

Tenemos que enseñar que nunca habrá partido en el que no se cometa errores o se tengan fallos, pero no por ello hay que dejar de jugar y volver a intentarlo. Otra cosa será que debamos corregir y enseñar la manera correcta de ejecutar o decidir, pero insisto, jamás penalizar de tal manera que los más jóvenes luego no se atrevan a poner en práctica en los partidos aquello que están aprendiendo en los entrenamientos.

Al final… calma y gracias
Como se dijo al principio, siempre se juega para ganar… pero muchas veces se pierde. Incluso a veces se gana… jugando mal, y se pierde jugando bien. En cualquier caso, el entrenador debe ser ejemplo de autocontrol, y al final de los partidos deberá tener la serenidad suficiente como para estrechar la mano de los adversarios, sea cual sea el resultado.

Y ya habrá tiempo de correcciones y valoraciones sobre lo que se hizo en el partido en futuros entrenamientos. Después de un partido, en caliente, conviene, otra vez, ahorrar palabras y mantener la calma, agradecer al equipo su esfuerzo, desear un buen fin de semana o de resto del día, y como mucho recordar el horario y día del próximo entrenamiento.

Esta recomendación no sólo se refiere a la reacción respecto del equipo, sino también a la que pueda venir por alguna interacción de madres y padres al finalizar el partido. Si alguna vez se sufre algún “altercado” con los progenitores o tutores de las chicas o chicos tras terminar un partido, calma, y recordarles que siempre nos tienen a su disposición antes del próximo entrenamiento o después de fijar una reunión junto al director deportivo, por ejemplo. Pero jamás entrar en provocaciones ni responder a comentarios en caliente.

Y una buena idea para no llevarse el partido a casa en la cabeza, y rumiarlo hasta el punto de no dejarnos dormir, anota en una hoja todos aquellos detalles más destacados del partido (buenos y menos buenos), para cuando llegue el momento de analizarlo y evaluar como sigue el rumbo individual y colectivo del equipo, evitar olvidos, pero, sobre todo, permitir que descansemos sin darle vueltas una y otra vez a lo que pasó en el partido.

Confío que las reflexiones recogidas aquí puedan ayudar a algunos entrenadores más inexpertos o, en todo caso, abrir debate si así lo quieren otros, porque estos pensamientos fruto de mi experiencia y conocimiento están abiertos a cambios y mejora continua.

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miércoles, 16 de septiembre de 2026

Recomendaciones para entrenadores de formación en los entrenamientos

Por Jorge

Ahora que empieza la temporada en colegios y clubes de formación es buen momento para hacer algunas recomendaciones para esos entrenadores más jóvenes o inexpertos sobre algunos aspectos importantes a la hora de entrenar a niños y jóvenes.

Estas recomendaciones basadas en mi propia experiencia las dividiré en dos partes, esta primera relativa a los entrenamientos, y otra posterior sobre los partidos para aquellos que compitan. Y las sugerencias referidas a los entrenamientos se harán con una breve reflexión sobre una serie de conceptos: adaptación, conocimiento, comunicación y planificación.

Adaptación

El entrenador tiene que adaptarse al grupo que va a entrenar.

No es lo mismo entrenar a un grupo de niñas de 8 años que llegan de primeras al baloncesto, que hacerlo con unas infantiles que llevan varios años jugando… como tampoco es igual entrenar en el equipo júnior de un colegio o en una cantera de liga femenina. Todos pueden tener algunos puntos en común, pero también muchas diferencias que se tienen que tener en cuenta a la hora de entrenar.

Algunos entrenadores toman como modelo el baloncesto profesional, y el baloncesto de formación no es igual. El curso pasado, regresó al baloncesto ACB un reputado entrenador con la promesa de que a su fichaje también se sumarían la llegada de una serie de jugadores afines a sus necesidades. Es decir, en el baloncesto profesional, en muchas ocasiones, el entrenador tiene una manera de jugar, y los jugadores se tienen que adaptar a él y su “librillo” que diría aquel. En la formación no es así o no debe serlo.

Un punto en común puede ser la exigencia, porque incluso desde pequeños los niños tienen que entender que formar parte de un equipo implica cierta responsabilidad y que no pueden hacer allí lo que les dé la gana, por ejemplo. Lógicamente, esas condiciones tendrán que ajustarse en cada caso.

Igualmente, la adaptación del entrenador no sólo será en función del grupo de entrenamiento, también dependerá de cada niña o niño, pues la heterogeneidad es norma común en cualquier equipo, donde tienen cabida diferentes niveles de atención, juego, desarrollo físico, etc., de tal manera que los juegos, ejercicios o tareas tendrán que ajustarse en la medida de lo posible a cada cual, así como las correcciones y la manera de dirigirnos a cada uno. Y eso nos lleva al siguiente concepto.

Conocimiento

Cuanta más información y conocimientos tenga un entrenador, más posibilidades tendrá de hacer bien su trabajo.

Todos los entrenadores se presupone que salen de los cursos de entrenador con una serie de conocimientos técnicos y tácticos, así como de otras índoles, que les permiten entrenar, y si bien es recomendable no dejar de formarse continuamente a través de charlas, libros o mirando entrenamientos y preguntando a otros entrenadores con más experiencia, por ejemplo, porque uno no deja de aprender y formarse continuamente, el conocimiento que me interesa remarcar aquí es el del equipo. Un entrenador tiene que conocer a las niñas o lo jóvenes que va a entrenar, y no me refiero sólo a cuestiones “deportivas”, sino también personales, porque entrenamos personas.

Por cierto, mucho cuidado con los conocimientos que adquirimos de otros entrenadores, no te olvides que lo que te dice ese entrenador de ACB o NBA en esa magnífica charla en la que todo sale a pedir de boca, y que le funciona en su equipo, para nada tiene que valerte a ti, y en todo caso, nuevamente tendrás que seleccionar y adaptar aquello que pueda servirte para hacer mejores a las chicas o chicos de tu equipo.

Pero volvamos al conocimiento del grupo. Conocer a cada miembro del equipo significa saber qué les gusta, qué estudian, detalles familiares y mucho más, sin extralimitarnos pero facilitando que todos entiendan que nos importan más allá del juego. Por ejemplo, saber que vienen a entrenar en época de exámenes, o que una chica llega enfadada con un amigo, o que discutió con su madre, puede ayudarnos a la hora de gestionar el ambiente y el desarrollo de un entrenamiento mejorando el clima y la confianza dentro del equipo. Y para conocer todo esto pasamos al siguiente concepto.

Comunicación

Saber escuchar y hablar son virtudes que debe hacer por mejorar todo entrenador.

Las vías de comunicación de un entrenador siempre tienen que estar abiertas con todos los miembros de su equipo, y por supuesto también con sus madres y padres.

Como es lógico no se pueden dedicar todos los entrenamientos a charlas individuales continuas para tratar de resolver todas las situaciones… salvo que por su gravedad puedan implicar a todo el grupo y en cuyo caso entonces se necesitará una conversación grupal. Pero antes y después de cada entrenamiento la chica o el chico tienen que saber que disponen de su entrenador para al menos ser escuchados. Igualmente en el caso de madres y padres que tengan dudas o que quieran comentar algo importante. Y esto tiene que quedar claro incluso antes del primer día de entrenamiento.

Y ni que decir tiene que un buen entrenador tiene que tener los ojos y los oídos bien abiertos en todo momento para captar estados de ánimo, para rebajar tensiones si las hubiese con alguna gracia, y en definitiva, para no dejar de saber como “respira” su equipo.

Al inicio de una temporada, especialmente cuando se llega a un equipo nuevo que no se conoce, una opción puede ser la de hacer algún tipo de cuestionario previo a rellenar (adaptado según la edad del grupo) que nos permita conocer algunos detalles de cada componente del equipo. Más adelante también se podrá utilizar otros para evaluar el grado de contento en el equipo, pedirles que hagan sugerencias (que no se tienen porqué tener en cuenta siempre, pero que sí se deben al menos valorar), y en cierto modo, así conocer cuál es su opinión, para que entiendan que nos interesa lo que piensan.

También dentro del apartado de la comunicación, ésta es fundamental a la hora de hacer explicaciones y correcciones en un entrenamiento. Hay que ser breve y utilizar un lenguaje sencillo que sea fácil de entender, utilizar palabras clave de fácil entendimiento, y dejar claro en todo caso, que si no se entiende algo, que se diga para poder insistir y explicarse mejor.

Y para terminar, toda niña o niño se tiene que ir a casa con un refuerzo positivo como mínimo, porque por mal que lo hagan en un entrenamiento, seguro que todos dan algún motivo para mejorar su confianza y su autoestima con un refuerzo que afiance aquel gesto técnico, comportamiento o actitud que queremos que desarrollen.

Planificación

Un entrenador no puede hacer entrenamientos sin seguir un orden y con unos objetivos muy claros.

La planificación por muy pensada que esté sobre el papel (que lo aguanta todo pero luego la realidad es la que es), tiene que ser flexible y desarrollarla una vez que conozcamos al equipo. Sin olvidar que más vale que aprendan poco pero bien, que mucho… pero no tan bien. Así que paciencia.

Desde el punto de vista técnico y táctico, y me atrevería también a decir que a nivel de comportamiento, mi recomendación cuando se llega a un equipo de nuevas es hacer varios entrenamientos para conocer a las chicas o chicos por nosotros mismos, sin recibir prejuicios previos de otros entrenadores. Y es que es típico que con el ánimo de ayudar, cuando uno llega como nuevo a un club, algún entrenador o el director deportivo quiera decirnos que tal chaval, ojo que siempre se queja mucho, que tal otro es el mejor del equipo, que aquel juega bien pero es un vago… cuidado con las etiquetas que les pusieron otros.

Mejor será que nos hagamos por nosotros mismos nuestra composición de lugar, y luego ya si tenemos alguna duda o necesitamos ayuda, conocer la opinión de otros. Y es que a veces lo que nos dicen algunos, no se corresponde necesariamente con lo que luego vemos, más allá de que sí pueda convenir conocer detalles importantes referidos a lesiones o enfermedades.

Si algún joven o inexperto entrenador llegó a este texto con la idea de encontrar trucos infalibles para entrenar como si del mago Tamariz me tratase, tal vez se haya decepcionado, pero es que entrenar no es una ciencia exacta, y conlleva reflexionar y darle vueltas a las ideas una y otra vez con el ánimo de ayudar lo mejor posible a los más jóvenes.

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viernes, 11 de diciembre de 2020

Mejora tu juego (20): Comunicación defensiva

Por Jorge

Cuando hablamos de mejora en baloncesto la tendencia es referirse al ataque. Y es lógico, cualquiera que se acerque a nuestro deporte lo hace para meter canastas. Nunca veremos (sería un milagro) a ningún niño que se apunte a baloncesto porque le gusta hacer desplazamientos defensivos.

Sin embargo, al igual que mejorar las habilidades ofensivas de cada jugador es esencial si queremos que avance el nivel de un equipo, cuando hablamos de defensa (que también necesita de una técnica individual básica, aunque las ganas y el esfuerzo defensivo muchas veces suplan esas carencias técnicas), la comunicación puede ser fundamental si queremos que el equipo también mejore su nivel.

No son pocos los entrenamientos o partido en los que los jóvenes (hablo de equipos de formación) no dejen escapar alguna comentario (por no decir tontería) por sus bocas, por ejemplo, cuando el entrenador está explicando algún ejercicio, o cuando están en el banquillo durante el partido. Y a la hora de la verdad, cuando el equipo necesita que hablen… se quedan mudos.

Uno de los hándicaps a los que tiene que hacer frente la mayoría de los equipos de baloncesto en formación es la falta de comunicación. Pero esto también se puede entrenar. Y en defensa debiera ser un apartado a tener en cuenta desde bien temprano, porque cuanto antes seamos capaces de crear el hábito de hablar en defensa, mejor podrá ser el nivel defensivo del equipo.

La timidez y el temor a equivocarse hacen que muchos jóvenes se vean incapaces de hablar en defensa, pero también el desconocimiento de que exista esa posibilidad, y el primer paso para que sean conscientes de que la comunicación defensiva es posible, pasa por mostrarles ejemplos de cómo hablan los equipos.

La mayoría de los jóvenes ven poco baloncesto, pero lo cierto es que el baloncesto de la pandemia que podemos ver ahora por televisión o por Youtube (atención al canal de la FIBA) se está jugando sin público o con muy poco, y esto está permitiendo que escuchemos todo lo que se habla y grita durante los partidos. Así que sería un buen momento para mostrarles algunos ejemplos de esa comunicación.



Por cierto, hay que dejar claro que una cosa es el uso de palabras clave durante esa comunicación defensiva, y otra apelar al “berreo” sin más que ejercitan algunos equipos para “amedrentar” al rival para así contribuir al error del ataque. Y en ese sentido, un clásico es la típica defensa en zona “estática” que a base de gritos (también del banquillo) y aprovechando la debilidad en el tiro lejano del adversario, consigue anular el ataque rival. Por desgracia esto se ve muchas veces en categorías de base (infantiles en sus primeros partidos en canasta grande) con poca base pedagógica, pero también incluso en partidos sénior como se puede ver en el siguiente video de un reciente partido internacional de selecciones:



Algunos ejemplos de palabras clave que utilizan algunos equipos para mejorar esa comunicación defensiva son:

¡TIRO!: cuando se puntea un tiro y para avisar así al resto de compañeras para poder estar pendientes de cerrar el rebote. Mucho ojo con gritar esta palabra demasiado cerca del tirador, porque en alguna ocasión vi pitar una técnica al defensor por este motivo.



Otra cosa es que en ocasiones por despiste no se llega a puntear el tiro, y se grita de lejos con afán de descentrar al tirador.



¡BALÓN!: para avisar que se va a parar al jugador que va sin marca con balón, y así evitar que vaya más de un defensor a pararle. Esta situación es clásica también en algunas inferioridades defensivas como por ejemplo un 3x2 en el que un jugador tiene que parar el balón y otro debe “proteger” la canasta reculando hasta la zona.

¡BLOQUEO!: para avisar al defensor del balón de un bloqueo directo. También en este caso se puede ser más explícito indicando el lado por el que le llega: ¡IZQUIERDA! ¡DERECHA!



¡BOTÓ!: en situaciones de presión defensiva esta situación se produce cuando un atacante con balón agotó el bote, y a la vez que el defensor presiona su pase, con esta palabra se avisa al resto de compañeros para que aumente su presión en las líneas de pase.

¡AYUDA!: esta palabra la grita un jugador que es rebasado por el balón para activar el trabajo de ayuda defensiva del resto de sus compañeros mientras él trata de recuperar su posición. Pero también se puede usar para avisar de que se ayuda, como escuchamos en el siguiente video:



¡ÚLTIMA/O!: defensor que está más lejos del balón y cerca de la canasta en situación de ayuda defensiva, grita esa palabra para avisar a sus compañeros de que tienen al alguien por detrás pendientes de ayudarles, y por tanto se puede arriesgar más en una defensa en línea de pase o en robo al atacante que tiene el balón.



Esos sólo son algunos ejemplos y cada equipo puede utilizar otras palabras o tener regladas otras situaciones defensivas, pero la comunicación también puede ser “improvisada” con palabras sencillas en forma de gritos como un ¡SIGUE!, ¡LLEGA! y otras, que pueden ayudar a mantener en tensión la actividad defensiva del equipo.



Incluso en ocasiones basta con gritos e interjecciones que pueden servir para llamar la atención de alguna jugadora que se ha despistado, y en general, para mantener en tensión la actividad defensiva del equipo.



Y llegados a este punto, conviene dejar claro que la comunicación defensiva puede ser un punto clave que permita dar el salto a una defensa de buena a muy buena, pero que por supuesto no puede garantizar su éxito si entendemos éste como evitar una canasta y recuperar la pelota. No olvidemos que a veces se hace una buena defensa… pero el rival anota, al igual que se puede defender muy mal y sin embargo recuperar la posesión sin recibir canasta porque el adversario falló en su ataque.



La (buena) comunicación defensiva no es garantía para evitar una canasta, pero sin ella esa probabilidad es menor.

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sábado, 2 de junio de 2012

Comunicación en Baloncesto: hablar durante el juego

Por Jorge

La comunicación es una parte más del baloncesto que sólo se asimila cuando se alcanza cierta madurez en el juego, y que se adquiere a través de las explicaciones oportunas y viendo el ejemplo de los equipos y jugadores ya experimentados.

Pierce y Rondo hablando
Hablar en baloncesto permite resolver problemas ofensivos o defensivos, y favorece la buena química de los equipos animándose y apoyándose cuando las situaciones lo requieren.


La comunicación defensiva es una parte fundamental de la defensa. Los buenos equipos suelen tener regladas las palabras claves que se utilizaran en las diferentes situaciones que se puedan dar durante el juego, y que todos los jugadores que estén en la pista serán capaces de entender para llevar a cabo las acciones que en cada momento se precisen.

Avisar cortes (¡corte!), pedir cambios defensivos en desajustes o en situaciones de bloqueo (¡cambio!), cantar balón (¡balón!) en una situación de inferioridad y así evitar que dos defensores vayan a parar al balón, pedir ayuda (¡ayuda!) cuando se está en un emparejamiento con desventaja o cuando se ha sido desbordado por el balón, cantar tiro (¡tiro!) para que nadie se despiste y se pueda cerrar el rebote, etc.

En ataque, la comunicación es importante sobre todo para los directores de juego (bases) a la hora de mandar jugadas y de colocar a sus compañeros cuando hay cierto atasco ofensivo. Pero también en situaciones de bloqueo indirecto para avisar al compañero que lo recibe si se despista, a la hora de exigir que alguien se prepare para hacer balance defensivo o cargar el rebote de ataque, para avisar que hay que tirar si alguien se despista en un final de posesión, etc.

También los parones en el juego pueden ser un buen momento para hablar. Cuando se pita una violación del reglamento o una falta, durante la ejecución de unos tiros libres o de cualquier otra situación que no sea un tiempo muerto, los jugadores también pueden hablar para decidir emparejamientos defensivos o situaciones ofensivas a realizar en los siguientes ataques. He incluso deberían ser altamente receptivos en esos momentos porque es entonces cuando un entrenador puede hacerles indicaciones concretas sobre situaciones a corregir y mejorar sin necesidad de pedir tiempo muerto.

Un ejemplo de esa comunicación durante parones de juego lo hemos visto todos alguna vez con los corrillos que a veces forman los jugadores en situaciones previas a unos tiros libres en los que el base o un jugador de alto ascendente sobre el equipo reúne a todos para animarles o hacerles alguna indicación oportuna.

Todo esto está muy bien. Pero si tienes un equipo de tímidos, muchas situaciones que se podrían resolver con un poco de comunicación se irán al traste por no hablar. Y si tienes un equipo de jugadores poco receptivos, más de lo mismo. Es decir, que si son incapaces de jugar y escuchar a la vez, vale que a veces no sea fácil, pues nuevamente se perderán las ventajas de una buena comunicación.

Cuando se pide a chavales de baloncesto de formación que tienen que hablar durante el juego, o bien no se atreven, o bien no saben que decir, o bien no paran de hablar para mal.

La mejor manera de enseñar a hablar en el campo esta en el entrenamiento y viendo baloncesto profesional (aunque el ruido ensordecedor que acompaña sus partidos les lleva a una comunicación en ocasiones más gestual) o de otros equipos senior de menor categoría. Los más jóvenes cuando ven un partido por la tele rara vez se dan cuenta de todo lo que se puede llegar a hablar durante el juego. Luego cuando se tiene la suerte de ver un partido en directo desde una distancia próxima a la cancha alucinan con el run-run habitual tanto en ataque como defensa.

En el siguiente video se pueden ver algunos ejemplos de situaciones en las que los jugadores hablan en pleno juego o durante algunos de los parones que se dan en los partidos:


Conocido qué se puede hablar, cómo se puede hablar, y cuándo se puede hablar, para poder aplicar la comunicación en los partidos previamente debemos de haberla practicado durante los entrenamientos pues no se puede pretender que de la noche a la mañana un equipo de “mudos” se ponga a hablar por los codos cuando las situaciones del juego lo requieran.

El polo opuesto de la comunicación que se suele dar en los inicios del baloncesto es el típico pesado que está todo el partido ¡pasa, pasa, pasa! sea cual sea su posición en el campo y la situación del juego.

En el caso de la mala comunicación durante el juego protagonizada por los entrenadores de categoría de formación (también los hay entre los profesionales) se da cuando están “radiando el partido” indicando a los jugadores que tienen que hacer en todo momento. Así no se promueve que los jugadores tengan iniciativa a la hora de tomar decisiones que es una de las enseñanzas fundamentales que aporta los partidos durante la formación. Esto en ocasiones conduce a que los suplentes del banquillo también se apunten al juego y se dediquen a influir en las decisiones que deben tomar los jugadores de campo indicándoles que tiren o pasen según consideren oportuno.

Por último, la comunicación también debe existir con los árbitros. Por ejemplo cuando no se entiende el porqué de una falta u otra acción pitada. En esos casos preguntar permite mejorar el conocimiento del reglamento y corregir futuras sanciones. A esto deberían contribuir los árbitros que a veces son también poco comunicativos incluso cuando los jugadores se dirigen a ellos de manera educada (cuando no se hace así se entienden las negativas arbitrales, claro).

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