viernes, 23 de enero de 2015

El marcador no justifica el juego en formación

Por Jorge

La pasada semana en las redes sociales apareció una información que llamaba la atención por curiosa pero que esconde un debate necesario acerca de un problema a resolver en el deporte formativo y que suele darse todas las temporadas para aquellos que vivimos en ese mundo.

Un entrenador de baloncesto fue sancionado por antideportivo después de que su equipo (un instituto estadounidense) ganara un partido por 161 a 2. Para aquellos que vemos el deporte como una posibilidad de complementar la formación de los jóvenes entendemos esa sanción, para quienes todo el deporte es competición pura y dura tal vez no. Seguramente la visión de éstos últimos se deba a la imitación del deporte profesional, pero también por la poca educación deportiva general, por supuesto, siempre hay excepciones (de hecho hay más de las que la mayoría de las veces creemos), pero el aliento de algunos padres y entrenadores en pos de victorias para hoy que luego no tienen ningún valor para el mañana no tienen sentido cuando lo importante es la mejora deportiva y personal más allá del resultado.

Los dos únicos puntos en los que a mi juicio el deporte de formación debe poner sus miradas en el profesional están, más allá de los detalles técnicos, en la necesaria exigencia de esfuerzo y concentración de los chavales para tratar de aprender y mejorar… eso sí, acorde con sus edades. En el siguiente video que también circula por Internet se puede ver imágenes del entrenamiento de un chaval de 12 años que me parece excesivo ya que por su exigencia parece más propio de un jugador profesional que de un infantil:


Aquellos que no ven con malos ojos que un equipo claramente superior “machaque” al adversario gracias a su superioridad técnica, y seguramente y sobre todo por la física, mediante una presión a toda pista durante todo el partido muchas veces se justifican en la necesidad del esfuerzo al 100% y que de no hacerse así si que se está realmente faltando al respeto del equipo rival. Sin embargo creo que ese esfuerzo compete al entrenador que debe centrarse en aquellas áreas del juego en las que sus jugadores, sin dejar de esforzarse, más tienen que mejorar independientemente del resultado que va a ser de todos modos favorable para su equipo.

¿Cómo puede aprovechar el partido un equipo tan superior sobre otro sin machacar al adversario? Jugando más tiempo los jugadores menos buenos para que también pongan a prueba sus habilidades. Practicando detalles tácticos y sobre todo técnicos que tienen que mejorar para su desarrollo deportivo: uso de la mano no dominante en pase, bote o entradas a canasta, la circulación del balón, el juego sin balón, el tiro desde determinadas posiciones o tras un movimiento concreto, poner a los jugadores más grandes a defender a los jugadores que manejen el balón en el equipo rival para mejorar su movilidad, etc.

Presionar para no dejar pasar al contrario del medio campo anotando multitud de puntos fáciles sin oposición bajo canasta de manera continua no tiene mucho sentido si se pretende mejorar.

Insisto, hablamos de deporte formativo. Y por supuesto también es justo distinguir incluso dentro de éste los diferentes tipos de baloncestos que existen, tanto por edad como por objetivos pues no es lo mismo la cantera de equipos de élite que los equipos de barrio en los que el deporte sólo es un medio de desarrollo deportivo y social y no propiamente competitivo de cara a una proyección competitiva y profesional.

Las competiciones en el deporte de base están divididas en función de la edad, el nivel da igual, así en una liga puede jugar equipos de dispar capacidad técnica y física que si sus jugadores comparten la misma edad, adelante.

En ese sentido los organizadores de las competiciones (federaciones, concejalías de deporte…) no tienen culpa del diferente desarrollo físico o de las capacidades técnicas de los chavales que propicien diferencias tan abultadas en los marcadores, pero ahora bien, y ¿por qué no hacer unas pruebas de nivel antes de competir para poder agrupar a los equipos en función de sus capacidades? Si eso ocurriese al menos en las fases iniciales la competitividad se vería mejorada por cierta igualdad que permitiría mejor progresión de los jugadores y equipos más allá del acierto ocasional en los partidos. Ya habría tiempo en las fases avanzadas de la competición para que los mejores equipos tuvieran que jugar entre sí para decidir el ganador.

Todos los chavales tienen derecho a jugar e incluso a competir, pero no todos desarrollan sus capacidades de la misma manera y al mismo ritmo por lo que igual que en normal que en los campus veraniegos de baloncesto se divida a sus participantes en función de su nivel para permitir la mejora progresiva de todos ellos, ¿por qué no hacerlo también para las competiciones más allá del criterio de la edad?

En un artículo escrito anteriormente ya dejé clara mi opinión sobre la temprana competitividad que nos rodea no entendiendo esas prisas porque niños benjamines (y ya lo estamos viendo incluso en baby basket) se lancen a la competición como si esa fuese lo único importante provocando en muchos casos que se asocie diversión con ganar cuando no tiene porqué, desviándonos de los objetivos que debe tener el deporte amateur y más a tan temprana edad: diversión y formación jugando.

Así otra posibilidad para evitar dar tanta importancia al resultado en minibasket podría estar en jugar sin marcador. Que cada equipo valore el resultado del juego según sus propios objetivos y entender así la “victoria” en función de haberlos conseguido pero sin que tenga que ver propiamente con el marcador del partido. Por ejemplo: número de pases realizados con la mano no dominante, entradas a canasta por la izquierda, número de cambios de mano en bote entre las piernas, y cualquier otro detalle técnico que se pueda contabilizar para ir viendo la evolución de tan jóvenes deportistas. Incluso a ello se podría sumar otro tipo de detalles formativos que estimen la puntualidad, deportividad y demás valores que están implícitos en la actividad deportiva.

Tal vez mi visión resulte algo quimérica y sin duda difícil es de llevar a cabo, pero pensar en estas posibilidades ya es un punto de partida a estudiar como lo pueden ser otros puntos para abrir un debate que evite situaciones como el abultado marcador que abría este artículo con la humillación que a veces lleva consigo, no de manera intencionada pero real, pudiendo provocar que los jóvenes de los equipos perdedores abandonen el deporte después de una experiencia negativa como esa.

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