martes, 2 de junio de 2015

Historias de un Entrenador de Formación (14): Entrenador-jugador

Por Jorge

Cada temporada está llena de detalles, novedades y situaciones vividas por cualquier entrenador que darían para escribir un libro. En este caso rescato una peculiaridad que hizo distinta esta temporada para mí.

Durante este curso entrené un equipo cadete en formación, con poca base y experiencia en relación a la edad de los chavales (ya me referí a ellos en un texto anterior), y fue un placer ver su evolución, pues aunque queda mucho por aprender y crecer, uno se queda con la satisfacción del trabajo bien hecho por su parte y sobre todo con las caras de diversión y contento que tuvieron los chicos durante los partidos y entrenamientos.

Pero además de ese equipo, por primera vez entrené a un equipo senior, tan particular o más que el cadete y cuyo entrenamiento era un reto que afronté al principio con dudas y del que por desgracia no acabo todo lo contento que me hubiese gustado. Las circunstancias llevaron a hacer entrenamientos con muy poca gente y además no parecían tener en ocasiones todas las ganas que a mi me hubiera gustado, aunque esto el algo que nos pasa siempre a veces a todos los entrenadores.

La competición de este equipo era federada aunque en una categoría menor, y pese a estar bien avenidos sus componentes, hubo que adaptarse a un grupo de gente que quiere seguir jugando teniendo que hacer frente a eventualidades personales (laborales y familiares principalmente) que están por encima del juego, como no puede ser de otra forma, claro. En definitiva que las circunstancias mandaron teniendo que echar una mano también en la pista, ejerciendo así las funciones de entrenador-jugador en algunos partidos, algo que hoy en día no se ve en la elite y difícilmente en el baloncesto federado salvo casos como éste en el que un grupo de veteranos jugadores quieren seguir jugando para matar el gusanillo.

Entre los casos que recuerdo de entrenador-jugador en el baloncesto profesional están Bill Russell y Dave Cowens en los Boston Celtics de los 60 y los 70 respectivamente. Russell ejerció de entrenador-jugador en los Celtics que ganaron los títulos de la NBA en 1968 y 1969. Y Cowens cumplió las mismas funciones durante 68 partidos en la temporada 1978-79 consiguiendo 17 puntos y 10 rebotes de media en la pista, y ganando 27 partidos desde el banquillo. Llama la atención, sobre todo en el caso del primero, que pudiera rendir a buen nivel en la pista e incluso que esos equipos acabaran alcanzando la conquista del campeonato.

Evidentemente no puedo compararme con esos mitos del baloncesto a cuya altura no llego además de porque lógicamente las circunstancias eran otras, si bien imagino las dificultades que tuvieron que pasar para separar las facetas de entrenador y la de jugador en cada partido y comportarse con el resto de jugadores según el rol que correspondía en cada momento. Obviamente ellos tendrían una estructura con ayudantes de entrenador que les haría más fácil todo, cosa que no era así en mi caso, pero con ayuda o sin ella, cambiar la mentalidad con la que se afronta un partido a mi particularmente me pareció difícil.

Jugué partidos en los que ya sabía de antemano que me tocaría hacerlo por falta de jugadores, y los afrontaba como jugador más que como entrenador de tal manera que imbuido del juego a veces desatendía cuestiones relativas a la dirección del equipo, y en otros casos, las circunstancias sobrevenidas (ausencias inesperadas, eliminaciones por faltas personales) me llevaban a tener que jugar pero entonces sin las ganas y preparación mental que se requiere para ello, pensando más en la dirección como entrenador que lo que tenía que hacer como jugador.

Si me refiero a todo esto es por la particularidad de que habiendo jugado horas y más horas, y las que me quedan, jamás jugué una liga federada, ni tuve un entrenador. Así que por primera vez he jugado baloncesto federado, siendo mi propio entrenador, debutando a una edad a la que la mayoría de la gente ya no juega (sin duda en profesionales se cuentan casi con los dedos de una mano quienes llegaron a jugar a mis años). Y permitirme que me sienta orgulloso de haberlo hecho jugando por momentos hasta bien y sin desmerecer del nivel medio del resto de jugadores de la liga anotando algunos triples (hasta 15 puntos en poco más de dos cuartos en una ocasión) y aguantando el tipo pese a mi defensa “inteligente” como yo la llamo, enfrentándome en algunos casos a chavales que bien podrían pasar por mis hijos, y con un nivel físico que no tuve a sus edades y ni mucho menos tengo ahora.

Sin duda este debut federado será una anécdota que guardaré como buen recuerdo de esta temporada 2014-2015, aunque espero no repetir experiencia, pues aunque me sentí a gusto jugando, mi papel principal debe pasar por centrarme en la dirección como entrenador, que para disfrutar del juego como tal siempre me quedaran las pachangas o algunos tiros con los chavales durante los entrenamientos.

Ahora que la temporada tocó a su fin es momento de pensar ya en la próxima, con nuevos retos, con ideas por desarrollar, con ilusiones que cumplir, y esperando nuevas sorpresas pero sobre todo con ganas de seguir disfrutando del baloncesto.

2 comentarios:

Marcos dijo...

Matar el gusanillo !!. En Asturias hay varias competiciones para "viejas glorias" o simplemente para "viejos" fueran o no glorias en su día ;-). La liga Maxibasket, que creo que está auspiciada por las federaciones, y otras ligas amateurs como la "pachangueril" muy bien organizadas (tienen hasta draft).
A mi me propusieron este año participar en la Maxibasket, precisamente por lo que comentas de falta de gente en determinados partidos, familia, trabajo ...y precisamente por eso mismo no creo que pueda llegar a participar nunca en ella.
No se trata ya de poder ir o no a un partido concreto, se trata de tener una rutina de entrenamientos mínimos para poder aguantar en cancha sin mirar de reojo al desfribilador.
Me conformo con poder jugar mi partidito los domingos, 1x1, 2x2, 3x3, 4x4 ó 5x5 dependiedo de la cantidad de gente del momento ...Con eso mato yo el dichoso gusano ...aunque si es cierto que luego me cuesta recuperarme hasta el miercoles o jueves, con lo cual supongo que en breve tendré que prescindir de jugar. Pero por Dios que mientras tenga un mínimo de salud seguiré aunque sea solo, acudiendo a hacer unos tiritos para disfrutar con el tacto, el olor, el sonido ...Somos unos enfermos. :-D

Jorge dijo...

Un pequeño matiz Marcos, esas competiciones no son para viejos, sino para gente menos joven ;-)

Te entiendo perfectamente. En el caso al que me refiero los jugadores no son conscientes tan claramente de su caso como tú del tuyo, y uno padece la frustración de no poder aplicar al entrenamiento aquello que mejor le convendría al equipo. Eso sí, siendo consciente de la situación en todo momento y adaptándome a las circunstancias personales que rodean al equipo.

En mi caso particular, anécdota aparte de mi debut federado, siempre he jugado con los amigos y ahora también sigo divirtiéndome jugando todas las semanas, como bien dices, a veces en media pista y otras en pista entera en función de la gente que baja. Y ahora que se acerca el verano volverán las pachangas míticas.

Te mando el mejor de mis ánimos para que sigas disfrutando tú también del baloncesto a nuestra manera. Ah, y no somos enfermos, simplemente amamos el baloncesto.

Saludos Marcos.

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