viernes, 16 de diciembre de 2016

Historias de un Aficionado (3): el exceso de confianza

Por Jorge

A aquellos aficionados que hayan jugado regularmente al baloncesto seguramente les sonara el extraño caso del amigo con exceso de confianza.

Cuando la gente con la que se juega tiene poca experiencia, es decir, poco tiempo de juego, se puede comprender la creencia de que se puede hacer cualquier cosa que se quiera en una pista de baloncesto. Sin embargo, con el tiempo, llama la atención la dificultad que tienen algunos para ser conscientes de sus limitaciones, y distinguir sus virtudes y aprovecharlas (si las tienen), y no estorbar o desaprovechar las que tienen aquellos con quienes juegan.

Recuerdo en mis inicios pachangueros la vergüenza y el temor que me propiciaba entrar a jugar con gente más mayor y experta a la que veía jugar, y que me parecía que lo hacían mejor que yo, o al menos con más soltura. Recreos donde te quedabas mirando como los jugones del instituto jugaban, y te fijabas en los detalles, anhelando el día en que fueras el que estuviese jugando en el patio. Y ese día llegó, te veían mirando, o tal vez estabas en otro aro, sólo, tirando a canasta y faltaba uno para completar equipos…

Y al principio te bastaba con poder jugar, esforzándote a tope, sobre todo en defensa, y pasando, pasando mucho la pelota, para que viesen que no querías protagonismo, que sabías aceptar tu papel de pipiolo hasta que alguien te daba la suficiente confianza para que te atrevieras a tirar a canasta, pero sin abusar, sólo de vez en cuando… hasta que con el paso del tiempo te convertías en el veterano que ya podía actuar a su antojo, y no digamos ya si encima jugabas bien.

Volvamos al comienzo, que me lío, el caso es que no hay pachanga en la que no falten esos que sin ser jugones se apropien de virtudes que no tienen, intentando jugadas que vieron el otro día en los “highlights” que da el telediario, sin darse cuenta que para ellos poder hacerlo sólo es posible con la consola de los videojuegos.


Y si traigo a colación esto es porque me acuerdo de un amigo, dudo que me lea pero mejor omitiré su nombre por si se siente ofendido, que siendo capaz de encestar algún triple de vez en cuando, era capaz de jugárselos con tal confianza que uno no acertaba a entender como era posible que no los anotara más a menudo dada esa seguridad en sí mismo. Y así lo sufrí en mis carnes pues compartiendo equipo, daba igual que tuviese a un par de buenos triplistas (triplero me llamaron en mis inicios) a cada lado totalmente abiertos, que se la jugaba irremediablemente en un afán de no sé que protagonismo acabando habitualmente ese tiro en un sonoro clon contra el aro o incluso si tan siquiera tocarlo en alguna ocasión.

Hace poco decía Iturriaga en un artículo sobre la seguridad que tiene en sí mismo Sergio Llull que “la confianza debe tener (…) una buena relación con la realidad. Porque si no, se convierte en temeridad. Nada hay más peligroso para un equipo que un jugador cuya confianza saque unas cuantas cabezas a su talento o porcentajes. Porque esto quizás le haga meterse en berenjenales para los que no está preparado, o para los que hay otros en mejor disposición”.

Afortunadamente el baloncesto es un deporte democrático que si bien favorece a algunos con mejores condiciones físicas, puede ser jugado por cualquiera… aunque no todos puedan hacer las mismas cosas sobre la pista. Así que para aquellos con exceso de confianza, por favor, bajen a la tierra, y dedíquense a hacer lo que mejor saben hacer, y dejen hacer a otros lo que ellos si saben hacer mejor.

2 comentarios:

David Saori dijo...

Me ha encantado lo del deporte democrático ¡¡¡¡ y lo de triplero si no te movías de la linea :) Abrazos un placer leerte

Jorge dijo...

Eso de que no me movía de la línea es un tópico como otros muchos... :P

Gracias David por tu lectura.

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