jueves, 11 de enero de 2018

Deseos de BA-LON-CES-TO para los entrenadores de formación en 2018

Por Jorge

Enero es el mes de los buenos propósitos y de los deseos, aunque cualquier tiempo es bueno si se trabaja para consumar los primeros que dependen de uno mismo, y se ayuda para que se vean cumplidos los segundos.



No escribiré mucho aquí sobre mis propósitos que son muchos y variados, aunque si puedo decir que por lo que respecta al baloncesto mi intención no difiere, espero, de la de cualquier otro aficionado y entrenador de formación. Continuar formándome y mejorando, viendo baloncesto, leyendo de baloncesto, y hablando sobre baloncesto con otros, para reflexionar y poder ser mejor entrenador para los jugadores que entreno. Y por supuesto uno de mis propósitos siempre es seguir disfrutando como aficionado, viendo y jugando al baloncesto.

Dicho lo anterior, vayamos con tres deseos para 2018, que me atrevo a decir que no son únicos, ya que muchos entrenadores de formación imagino que estarán conmigo.

Deseo que este año tenga lugar una regulación definitiva del trabajo de entrenador de formación en baloncesto (como para el resto de deportes).

Hoy en día la mayoría de los entrenadores realizan su labor sin contrato, y en los pocos casos que existen "papeles", se cobra por una especie de voluntariado. Y esto me parece que además de ser una pobre relación entre equipos y entrenadores, es una manera de dar poco valor a la tarea que realiza un entrenador.

Ya va siendo hora de que la administración cree un régimen especial y específico para los entrenadores de formación, que sin ser profesionales en el sentido de no ejercer sus funciones en equipos de alto rendimiento, lo son por dedicación e importancia de su labor.

Y sé que no es fácil, porque muchos clubes, colegios y equipos pueden tener dificultades con esta regulación, y por eso es que tendría que ser específica y concreta para este tipo de casos de deporte de formación, para garantizar la mejora para el entrenador sin perjudicar a los diferentes tipos de equipos.

También deseo que de una vez este año se arregle la regulación de titulaciones de entrenador de tal manera que aquellos que hicieron los cursos en sus respectivas federaciones autonómicas, se vean cubiertos por la nueva regulación que pretende establecer la administración por los medios que sea necesario, ya que no se entendería que la mayoría de los entrenadores que sustentan la actividad deportiva hoy en día, tuvieran que empezar su formación poco menos que de cero.

Aquellos cursos así como la experiencia acumulada en este tiempo, por no hablar del desembolso económico que supuso aquella formación, no pueden caer en saco roto por cuanto además de tener un valor, afecta a multitud de entrenadores.

Por último, que se cumpliesen los dos puntos anteriores, regulación económica de la figura del entrenador de formación, y la solución a la regulación académica de aquellos que hicieron sus cursos durante este siglo, serían un buen punto para dar mayor valor a la figura del entrenador de formación.

La situación mejoró con el tiempo, por ejemplo en la mayoría de competiciones se exige una titulación para los entrenadores (antiguamente poco menos que el primero que pasaba por allí ejercía como tal), pero sigue existiendo gente (principalmente algunos padres) que aún hoy en día piensan en muchas ocasiones que cualquiera puede ser entrenador y dirigir un equipo de formación, y que para conseguir que un grupo de chicas o chicos pueda llegar a ganar partidos poco menos que basta con aplicar lo que ven en los partidos de baloncesto que dan por la televisión…

Como si ganar partidos fuera realmente lo más importante. Y es que más allá de la mayor o menor habilidad (siempre hubo profesores buenos y otros no tan buenos) del entrenador desde el punto de vista deportivo, éste debe ser reconocido como una figura muy importante desde el punto de vista educativo por los valores que transmite a niños, jóvenes y no tan jóvenes.

Resumiendo, deseo que este año mejore la valoración de la figura del entrenador de formación como pilar básico de la enseñanza no solo deportiva de los jóvenes, y que ese reconocimiento se vea reforzado por una adecuada regulación de sus titulaciones, y por un régimen laboral específico que se ajuste para que todos vean valorado su trabajo también desde el punto de vista económico.

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