Por Jorge
Tiempos muertos
Antiguamente cada entrenador disponían de un tiempo muerto por cuarto. Ahora son dos en los dos primeros y tres en los dos últimos, más otro por cada prórroga extra que se juegue. No parecen muchos, pero si a esos se añaden los tiempo muertos de televisión que vinieron para quedarse…
¿Son realmente necesarios tantos tiempos muertos? Y vaya por delante que lo dice un entrenador, pero si uno se fija bien, y a riesgo de equivocarme, la mayoría de ellos son innecesarios e improductivos. Muchas veces vemos, o esa impresión tengo, que después de un tiempo muerto en el que el entrenador se desgañita con todo tipo de instrucciones, todo se va al garete porque el sacador de banda o fondo la pifia, o quien lleva la pelota se la bota en el pie o da un pase errático que se pierde. Ahora que hay estadísticas para todo, tal vez las haya del porcentaje de éxito de una jugada tras tiempo muerto, pero insisto, me parece que debe ser bajo.
Conclusión, ¿por qué no reducir los tiempos muertos de entrenador a uno en la primera parte y dos en la segunda?
Como esa posibilidad se antoja que sería difícil que se acepte entre el gremio de los entrenadores, vayamos con la duración del tiempo muerto, que según se dice en el artículo 18 de las reglas oficiales, será de un minuto comenzando “cuando el árbitro hace sonar su silbato y realiza la señal de tiempo muerto” y que “finaliza cuando un árbitro hace sonar su silbato e indica a los equipos que vuelvan al terreno de juego”.
Animo a cualquier aficionado a tomar cronómetro en mano el tiempo que pasa desde que se para el juego hasta que se vuelve a reanudar. Fácil dos minutos y normalmente más, y si por minuto de tiempo muerto consideramos sólo las instrucciones que dan los entrenadores, igualmente se supera ese tiempo, y tampoco hace falta contarles tantas cosas a los jugadores... porque además es contraproducente.
Al respecto de esa duración excesiva de los tiempos muertos, las interpretaciones del reglamento dicen que “los equipos deben regresar sin demora al terreno de juego después de que el árbitro haga sonar el silbato. Si un equipo se excede más de un minuto, está obteniendo una ventaja al prolongar dicho tiempo muerto y está ocasionando también un retraso en el partido. Un árbitro debe comunicar un aviso al primer entrenador de ese equipo. Si el primer entrenador no reacciona al aviso, se cargará otro tiempo muerto al equipo infractor por retrasar el partido. Si el equipo no dispusiese de más tiempos muertos, puede sancionarse al primer entrenador una falta técnica por retrasar el partido”.
¿Alguien recuerda alguna sanción de este tipo en algún partido? Más allá de algún aviso, no recuerdo ninguna, sólo lo vi en partidos de formación. Así que no estaría de más un mayor control y que se empezase a sancionar todas estas pérdidas de tiempo.
Revisiones arbitrales y pedidas por los entrenadores
Lo que en su momento fue visto como todo un adelanto aprovechando la tecnología para revisar las jugadas dudosas, ahora se ve con otros ojos cuando dichas revisiones se aplican a casi todo. Basta con pasarse por el apéndice F del reglamento para ver que la casuística es tan amplia que hace que cada partido esté lleno de revisiones continuas que aburren a los espectadores y cortan el ritmo del juego, especialmente cuando se demoran por más tiempo del que parece necesario.
Además a las revisiones arbitrales “de oficio” tenemos que añadir las solicitudes de cada entrenador, que según las reglas FIBA “puede solicitar solo una durante un partido, independientemente de si le es favorable o no”. Por cierto, en la liga ACB se va más allá, y cada entrenador tiene dos opciones, y si encima “acierta”, mantiene esa opción. Y la única restricción es que en los dos últimos minutos de partido y subsiguientes prórrogas, sólo dispondrá de una petición aunque no hubiese “gastado” antes ninguna.
Total que entre unas cosas y otras el tiempo que se va en revisiones es excesivo (no estaría mal hacer un estudio al respecto) y ese dato podría mejorar reduciendo todas las situaciones susceptibles de revisión así como el número de peticiones de los entrenadores.
Entiendo que una jugada dudosa al final de un partido igualado lleve al uso de la revisión de vídeo porque cuando el resultado está muy ajustado, una decisión errónea puede desnivelar el marcador para un lado, y ayudarse de la tecnología en ese caso parece razonable.
Sin embargo, vuelvo a decir aquí como dije tantas veces y no me cansaré de hacerlo, los árbitros pueden equivocarse, y jamás, sí, jamás, serán culpables de la derrota de un equipo. ¿Cuánto fallan los jugadores porque hacen una mala selección de tiro? ¿Cuántos tiros libres fallan en un partido? ¿Cuántos errores defensivos cometen facilitando una canasta sencilla al adversario? ¿Cuántas veces equivoca un entrenador su estrategia de partido o sus cambios? Y así podíamos seguir “ad eternum”, pero la culpa de una derrota parece que sólo puede ser del trío arbitral. Pues no. Y no digo que no me queje a veces o que no acepte que se puedan lamentar los entrenadores, jugadores y aficionados. Pero no, insisto, la culpa nunca es ni será de los árbitros o al menos exclusivamente de ellos.
Aprovecho aquí para otra digresión recordando el estupendo nivel que tienen (a mi juicio) los árbitros españoles (especialmente de la ACB), cuya calidad se aprecia cuando luego se ve el arbitraje de otras competiciones internacionales y hasta de la NBA. Y demasiada paciencia tienen, por cierto, como podemos ver y escuchar en esos vídeos que a veces nos ofrecen de sus actuaciones, con todos los jugadores y entrenadores “comiéndoles la oreja”, que otros por menos estarían “disparando” técnicas a diestro y siniestro cual pistolero del salvaje oeste, y que tal vez convendría que hiciesen, para que no termine por irse un paso más allá y que les rodeen, zarandeen y se rían de ellos en su cara como pasa recurrentemente en ese otro deporte que todos sabemos.
Volviendo a las pérdidas de tiempo de las revisiones arbitrales, me parece que una posible solución para reducirlas estaría en que sólo se pudiera acudir a ellas en los últimos cinco minutos de partido y prórrogas, siempre que el marcador tenga una diferencia de 5 puntos o menos. Y quizás añadir sólo las situaciones de tiempo en finales de cuarto para asegurar que una canasta o falta fue en tiempo.
Alguien puede decir que tampoco es para tanto revisar una fuera de banda o fondo en cualquier otro momento de partido, pero para eso ya existe como existió, una posibilidad, y es que si hay dudas, salto entre dos. Y así que vuelvan las “luchas” que me parece que eran momentos que agradaban a los aficionados, y que ahora no se ven en las competiciones FIBA (sí en la Euroliga), no se sabe muy bien porque motivo (¿problemas para lanzar la pelota arriba?).
Estos ajustes significará que luego a posteriori se reconozcan errores. Pero igual que aceptamos los errores de los entrenadores y los jugadores, aceptemos los de los árbitros. Pero dejemos que el juego fluya, o por lo menos que no sea interrumpido continuamente.
Tiros libres
El excesivo número de tiros libres que se lanzan en algunos partidos no es fácil de cambiar. El juego fue aumentando su nivel físico y en algún punto se tiene que parar, de tal manera que cobrar faltas es inevitable, aunque es verdad que a veces sorprende que algún mandoble no sea castigado y luego algún roce termine en la línea de tiros libres. Pero claro, nadie está a salvo de equivocarse.
Una posible solución para reducir el tiempo de los tiros libres es que se pase a tirar sólo uno, tanto para faltas sancionadas con dos tiros como por tres en los casos de las cometidas durante un tiro triple. Así ese tiro si se encesta valdría dos o tres puntos sin opción a más lanzamientos.
Esa medida puede ser excesiva especialmente para los malos tiradores de libres (que uno tiene la sensación de que va en aumento), pero a lo mejor les serviría de acicate para “trabajar” en su mejora. En todo caso, se podría estudiar que sólo se aplique en los tres primeros cuartos o durante todo el partido excepto en los últimos cinco minutos y posibles prórrogas, donde se volvería al “método tradicional”.
Como puede que esta solución para reducir el tiempo de los tiros libres sea difícil de aceptar por la mayoría, acudamos otra vez al reglamento como lo hicimos para los tiempos muertos. Y es que según el artículo 43 que es el referido a los tiros libres, se dice que el tirador “lanzará el balón antes de 5 segundos desde que el árbitro ponga el balón a su disposición”. Aquí vuelvo a reclamar al aficionado a que tome cronómetro en cualquiera de los partidos que vea, para comprobar que el tiempo que cada jugador dedica a cada uno de sus tiros libres está más cerca de los 10 segundos que de los 5. ¿Es necesario tanto tiempo para realizar una rutina de tiro libre? Evidentemente no.
Entonces, si en los saques de banda o fondo el árbitro que cede la pelota al sacador hace una cuenta de tiempo con su brazo, y si se llega a los cinco segundos la posesión pasa al otro equipo, pues que se haga igual con los tiradores de libres, anulando el lanzamiento, y hasta si me apuras, eliminando la posibilidad de lanzar el segundo o tercero de una serie de dos o tres tiros libres. Así veríamos como la gente se adapta a hacer un tiro “normal” fuera de algunos rituales excesivos.
El “jefe” de la NBA hizo hace poco unas declaraciones sorprendentes sobre que da igual que ahora no se vean los partidos completos, y que con ver resúmenes o alguna jugada ya está bien. Y no digo que no se pueda recurrir a veces a los “highlights” porque en una era en la que se tiene acceso a prácticamente todos los partidos, ni hay tiempo para verlos todos, ni es necesario hacerlo. Ahora bien, si no queremos reducir el baloncesto a un deporte seguido sólo por poco más de media docena de jugadas, se deberían tomar medidas para que los partidos duren lo que deben y no se alargan hasta el infinito por circunstancias que poco o nada tienen que ver con el juego.









No hay comentarios:
Publicar un comentario
Bienvenido a BA-LON-CES-TO.
¡Muchas gracias por hacer tu comentario!