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miércoles, 11 de octubre de 2023

Cromos de BA-LON-CES-TO (5): Mark Aguirre

Por Jorge

Si pidiéramos a un aficionado veterano que nos hiciera un repaso a grandes jugadores de su tiempo, pocos se acordarían del protagonista de esta nueva entrega de “Cromos de BA-LON-CES-TO”. Sin embargo, Mark Aguirre fue uno de esos jugadores que si bien no tuvieron una trayectoria de gran estrella, sí fue un jugador notable con algunos momentos estelares.

La primera vez que tuve conocimiento de Aguirre fue gracias a la camiseta de un chaval de mi clase. En tiempos en los que era poco menos que un milagro ver a alguien con una camiseta de la NBA, un compañero que había ido a Estados Unidos, vino con una de Philadelphia del “Gordo” Barkley y otra de Mark Aguirre. Ni que decir tiene que aunque por entonces ya había visto algunos partidos de la NBA gracias a Fernando Martín, no tenía ni idea de quienes eran esos jugadores.

La verdad es que aquella camiseta verde de los Dallas Mavericks era preciosa, y llamaba la atención ese apellido español (concretamente vasco, supongo) en una camiseta de esa desconocida NBA. Luego, meses después, podría ver jugar a Aguirre gracias a “Cerca de las Estrellas” (también al “gordo”, claro) y así conocer de voz de su presentador, Ramón Trecet, que quien era Aguirre para nosotros era “Aguaia” (por la pronunciación) para los yanquis.

Y más tarde, incluso le veríamos en acción en un partido “All Star” en 1988, dándose la curiosidad que jugándose en Chicago, ciudad natal de Aguirre, este se casaría ese mismo fin de semana del partido de las estrellas, tal y como nos contó Pedro Barthe desde Estados Unidos, en la primera retransmisión en directo de un partido de la NBA en España.

En la ciudad del viento nació también su relación con su buen amigo Isiah Thomas, con quien se acabaría reuniendo a finales de los 80 en Detroit tras un traspaso por Adrian Dantley. Aquel reencuentro le permitiría conseguir un par de anillos con los Pistons.

Aguirre además de por ese traspaso, también tuvo otras vinculaciones con Dantley. La primera es que en 1984, en la mejor temporada anotadora del primero (29,5 puntos) sería superado por el segundo (30,6 puntos) cuando jugaba en Utah para ser el líder anotador de ese curso 83-84.

La otra conexión entre ambos es que tenían, para mi gusto, un estilo de juego similar. Los dos eran aleros no muy rápidos para jugar por fuera, y tampoco muy grandes para jugar en la pintura. Pero los dos se desenvolvían muy bien cerca del aro gracias a sus excelentes fundamentos entre los que destacaban un gran juego de pies, que unido a la fuerza que tenían, les permitían bailar a muchos de sus oponentes que eran más grandes que ellos. Y a eso le sumaban un tiro más que aceptable de media distancia. Incluso Aguirre llegaría a tirar de tres con cierta soltura: 36% y 40% en sus dos últimas temporadas.



Probablemente sus similitudes fueron las que permitieron que Detroit no tuviera que hacer demasiados ajustes después del traspaso que les involucró, y una vez que jugaron las finales de 1988 (perdidas contra los Lakers), pudieron volver a ellas en las dos temporadas siguientes para ganar sendos títulos con su estrella, Isiah Thomas, seguramente más contenta por contar en el equipo con uno de sus grandes amigos.

La trayectoria de Aguirre fue destacada desde sus tiempos universitarios liderando a la universidad de DePaul para llegar a la “Final Four” mítica de 1979, conocida por enfrentamiento “Magic”-Bird, entre Michigan State e Indiana State, pero en la que el equipo de Bird tuvo que ganar “por los pelos” al de Aguirre.

La buena carrera universitaria de Aguirre le valdría para ser elegido como miembro del equipo olímpico que hubiese participado en los Juegos de Móscú en 1980 de no ser por el boicot estadounidense (y donde hubiese podido jugar con Isiah Thomas), y después para ser seleccionado por los Dallas Mavericks como número uno del draft de 1981.

Su primera temporada NBA no fue muy buena por lesiones y la necesaria adaptación al baloncesto profesional, pero luego hizo una carrera sólida que destacó en Dallas a nivel individual con sus mejores números y sus elecciones como “all star” en 1984, 1987 y 1988, y a nivel colectivo después en Detroit con los mencionados títulos de 1989 y 1990.

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jueves, 11 de mayo de 2023

Laso, Doncic y algunas fabulaciones NBA

Por Jorge

Un mantra que se repite entre algunos aficionados es que la temporada regular de la NBA no vale de mucho, o mejor dicho, que el baloncesto que ofrece no merece la pena. Luego esos mismos dicen que en los playoffs, sí, que eso sí es baloncesto de primera categoría.

Eso también suelen decirlo algunos entrenadores europeos, y el último en hacerlo fue Pablo Laso en una reciente entrevista que le hizo Quique Peinado para el diario deportivo online “Relevo”.



“No haría por ver un partido de la NBA” en temporada regular. “Veo situaciones, hay situaciones de finales de partido, de saques de banda, de estilos de juego que te pueden gustar… Pero la liga regular se hace un poco repetitiva” (…) “Ahora en playoff es otro rollo. Ves más competitividad, más defensa…”.

No seré quien enmendé la plana a Laso (y a otros), porque cada uno tiene su opinión y no pasa nada por estar o no de acuerdo. Sin embargo, por sus palabras denota que más bien parece un seguidor de “highlights” como tantos en estos tiempos de consumo rápido de contenido audovisual. O tal vez, si como dice él, ve poco, por tanto su opinión entonces deja de tener mucho valor.

Por cierto, respecto de ese otro tópico de que en la NBA no se defiende, conviene recordar aquí unas palabras de Pablo Prigioni, exjugador de la NBA (después de jugar muchos años en la ACB) y actual técnico ayudante en Minnesota, que hace varios años dijo en una conversación en redes sociales que puede parecer que no se defiende, pero no es verdad, y que la realidad es que se juega tan rápido que es muy difícil defender, que es otra cosa.

Luego un año después de aquellas palabras, Facundo Campazzo, también exjugador de la NBA, volvía a insistir: “dicen que aquí no se defiende, pero se defiende mucho".

Continuando con la entrevista a Laso, que la competitividad aumenta en los playoffs es una obviedad. Eso pasa en cualquier competición. Es el momento de decidir el ganador del campeonato. Pero también hay que tener en cuenta que mantener la competitividad al máximo nivel durante 82 partidos es imposible, eso mismo pasaría en Europa, y en realidad va a acabar pasando porque cada vez se juegan más partidos, y eso no ayuda a mejorar rendimiento y juego.

El dinero que envuelve las competiciones nacionales, y sobre todo continentales (patrocinadores, derechos de televisión), obligan a jugar, jugar y jugar, y si para el aficionado es imposible seguir todas las competiciones en condiciones por exceso, a los equipos y los jugadores también se les hace excesivo, de tal manera que si quieren cuidar su salud y llegar en condiciones al momento decisivo, cada vez se va a jugar con la misma monotonía de la que habla Laso respecto de la NBA. Al tiempo.

Doncic y Dallas
El entrevistador aprovechando la relación de Laso con Doncic (debutó y triunfó en el Madrid con él como entrenador), le pregunta por la situación que vivió este curso en Dallas. Y sus respuestas demuestran, otra vez, que no sigue mucho la NBA o todavía cree en fábulas con final feliz.

En un momento dado dice que “muchas veces los equipos miran solamente a su estrella cuando en realidad deben tener un juego de equipo. Y tú debes integrar esa estrella en el equipo.” Estas palabras son una muestra de sentido común a este lado del Atlántico, desde luego, pero también demuestran el desconocimiento que tiene de aquel baloncesto, más individualista y centrado en las grandes estrellas.

Por cierto, tengo que corregir a Laso porque cuando habla de la selección eslovena campeona del Eurobasket con Doncic (y Goran Dragic como MVP) como ejemplo de juego en equipo, no ganaron hace dos años como dice, ya va para seis de aquel torneo, fue en 2017.

Peinado también le preguntó si los Mavericks le llamaron para pedirle consejo sobre lo que les pasaba, pero es tajante: “no me ha llamado nadie”. Y esa respuesta contrasta con una “información” de otro medio publicada varias semanas antes, en la que se afirmaba que el propio Doncic había pedido a los Mavs que contratasen a Laso como entrenador para el equipo.

Parece que Pablo Laso no está tan interesado en una NBA que no cuadra con su filosofía, si es cierto que apunta a que volverá a los banquillos la próxima temporada en el Bayern de Munich alemán.

Más allá de esas palabras sobre la NBA y Doncic, la entrevista es muy recomendable porque deja muy buenas perlas sobre asuntos que tocan aspectos del deporte menos habituales como la vida de un profesional cuando no se está en activo, de cómo es la relación de un entrenador con la actividad deportiva de un hijo (padres, tomen nota), y algunos detalles más.

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