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sábado, 23 de mayo de 2020

Baloncesto en Cine y TV (30): "El último baile"

Por Jorge

Aviso que las siguientes palabras sobre la serie documental “The Last Dance” (El último baile) pueden contener algún detalle que quizás destripen su contenido para aquellos lectores que no la hayan visto. Hecha esta advertencia, escribo sobre mis impresiones y el debate generado entre la gente del baloncesto.

“El último baile” está disponible en la plataforma de Netflix y consta de 10 episodios que relata que sucedió en el último curso de Michael Jordan en los Chicago Bulls (1997-1998). Además se repasan otros momentos de su carrera y de otros protagonistas del equipo de aquella temporada.



Michael Jordan

Jordan es el protagonista absoluto del documental hasta el punto que si se emitió ahora fue gracias a su visto bueno una vez que se cumplieron una serie de condiciones fijadas por él. Y todo y con eso parece que no le faltaba razón cuando avisaba de que quizás los aficionados iban a cambiar la visión que tenían de él una vez que vieran el documental, porque éste muestra una cara b de Jordan que no todos conocieron en su momento.

Muchos deportistas profesionales, especialistas, y aficionados ven como normales las formas que tenía de ser con sus compañeros, vehemente y exigente hasta el punto de llegar a las manos en algún caso (con Steve Kerr, por ejemplo). Quienes defienden ese comportamiento se escudan en que los grandes deportistas sólo alcanzan la cima gracias a ese nivel de exigencia consigo mismo y con los demás.

Discrepo que sea necesaria esa manera de actuar cercana al “buylling”, y hasta enfermiza a la hora de motivarse llegando a inventarse piques que realmente no existieron (el caso de LaBradford Smith). El liderazgo con el ejemplo en los entrenamientos y partidos, y también con las palabras (y los gestos y silencios) en determinadas ocasiones me parece que bastan para exigir la concentración y esfuerzo necesarios para conseguir los objetivos deportivos.

También llama la atención que sus enfrentamientos fuera con jugadores “menores” con quienes tenía muy poco que perder alguien de su nivel deportivo. Y es que tenía claro a quienes podía presionar y a quienes no, como parece que le dejo claro una temporada antes (1996-1997) el también legendario Robert Parish cuando compartió vestuario con él.

Continuando con la imagen que se muestra de Jordan, muchos personajes públicos son tomados como modelos de conducta, y eso también le pasó en su momento a él gracias a sus habilidades en el baloncesto y a su popularidad por las numerosas campañas publicitarias que protagonizó. Todavía vivimos tiempos en los que a muchos les cuesta separar al deportista de la persona, y una cosa es tomarlo como modelo de juego, y otra muy distinta por su comportamiento fuera de la pista. No olvidemos que todos, los deportistas excelentes también, son de carne y hueso.

En cuanto a su vida fuera de las pistas todos conocimos sus problemas con el juego, avalados en buena medida por su inmensa cuenta corriente, y que también aparecen en el documental, sorprendiendo que sea incapaz de reconocer su ludopatía justificándose por su afán competitivo. Por cierto, ese problema con el juego parece que se lo “contagió” a sus hijos mayores, como cita Antoni Daimiel, reputado comentarista del baloncesto NBA en España, en un reciente capítulo de “Colgados del aro” (a partir del minuto 01:54:45).

Por terminar con el Jordan deportista, cuando estaba en activo todos queríamos imitar su manera de jugar. Y bien que aprovechó eso uno de sus patrocinadores en una campaña publicitaria. Ahora bien, aquella imitación no sólo lo era por su juego, también por su estilo. Por ejemplo en mi caso tengo que reconocer que en alguna ocasión jugué con su característica muñequera roja en el antebrazo izquierdo. Por no hablar de quienes jugaban con algún modelo de sus zapatillas o con alguna camiseta para parecer más molón y hasta pensar que así jugaban mejor.

Seguro que todavía hay chavales, y no tan chavales, que siguen imitándole y hasta puede que algunos se animen a hacerlo ahora a raíz del éxito de este documental. Esperemos que no vayan más allá, y también lo hagan en su manera de comportarse con amigos y compañeros de baloncesto. Esa competitividad sólo es entendible, aunque insisto que a mi juicio no deseable, cuando tienes el nivel que él tenía jugando al baloncesto.

En cualquier caso parece que no era tan fácil ni divertido ser como él tal y como se ve en uno de los capítulos que muestra un rodaje (de uno de esos vídeos que luego comercializaba la NBA) donde se le ve hastiado de repetir una y otra vez una toma buscando la perfección. Por no hablar de esas secuencias en las que se le ve perseguido y agobiado por aficionados y periodistas.

Otros protagonistas

Como en toda película el documental tiene héroes y villanos. Y entre los primeros algunos salen mejor parados que otros. Por ejemplo Scottie Pippen queda marcado por aquella acción decisiva de un partido en la que se negó a jugar porque Phil Jackson marcó la jugada para Toni Kukoc. Mientras que si bien se muestra la particular conducta de Dennis Rodman, en su caso sí se reconoce su categoría e importancia en el funcionamiento de aquel equipo. También salen bien reconocidos Phil Jackson y Steve Kerr, aunque por sus trayectorias como entrenadores no lo necesiten.

El villano por excelencia desde el principio es Jerry Krause, director deportivo que construyó aquel equipo de los Bulls, y del que no parece que guarde muy buena opinión el propio Michael Jordan. Eso sí, hay que reconocer que pese a ser la superestrella que era y por muchas que fueran las discrepancias, Jordan no dejó de ser un ejemplo a la hora de centrarse en jugar, y no en forzar una salida del directivo, algo muy típico del deporte de hoy.

Por desgracia Krause falleció en 2017 y no podía defenderse en este documental, pero ese mismo año ingresó en el “Hall of Fame”, reconocimiento que demuestra la categoría de su trabajo, y para cuya ocasión la NBA elaboró un vídeo retrospectivo de su carrera en el que muchos de los miembros de aquel equipo (Jordan no, por supuesto) ensalzaron su figura.



Los deportistas de elite a veces no reconocen la realidad debido a la nube en la que viven debido a su grandeza, y les cuesta ser conscientes del descenso de su nivel. Para eso están los directivos y entrenadores, que a veces se equivocan, por supuesto, pero que tienen que lidiar con la dura tarea de ver más allá del presente y pensar en la renovación de los proyectos deportivos. Y en este caso ese papel le toco a Jerry Krause, y sólo por eso se le toma, injustamente para mí, por el villano de la película.

En el documental Jordan deja entrever que aquel equipo podría haber ganado otro título la temporada siguiente, y ahora algunos aficionados le dan la razón. Tengo mis dudas. Ese equipo alcanzó su punto más alto aquel curso 97-98 ganando al límite. No dudo de que hubiese sido competitivo como para ser candidatos a ganar el campeonato otra vez, sus posibilidades hubiesen tenido, pero no habría sido fácil y ni mucho menos estaba garantizado.

Mejor jugador de la historia

Como dije, cuando Jordan jugaba no había cancha a la que te acercabas en la que no vieras a alguien imitando sus movimientos. Y aunque muchos se parecieron, sólo uno, al que se le hace un guiño en uno de los capítulos, fue su mejor imitador: Kobe Bryant. Algo por lo que es "condenado" por muchos. ¿Qué tiene de malo tratar de jugar como uno de los mejores jugadores de la historia? Para otros, sin embargo, fue una versión mejorada del astro de Chicago, y seguramente sea así.

Cualquier pretexto es bueno para volver a sacar la discusión de quien es el mejor jugador de la historia, y de si se jugaba mejor antes de lo que se juega ahora, y este documental volvió a destapar este debate.

Si alguien espera que dé una opinión categórica al respecto puede saltarse este apartado. Todos los aficionados tenemos nuestros favoritos, pero decidir quién fue el mejor siempre será un ejercicio de baloncesto ficción porque es muy difícil, por no decir imposible, definir criterios objetivos que determinen una elección como esa, y porque también es muy difícil comparar objetivamente el baloncesto de diferentes épocas.

¿Es el juego un criterio objetivo para discernir al mejor de la historia? No. En los orígenes del baloncesto no se jugaba como en los 70, los 80, los 90 ni por supuesto como en el siglo XXI. Para mí con el paso del tiempo el juego evolucionó a mejor y siguiendo esa idea los jugadores de ahora serían mejores. Pero sólo es mi opinión.

¿Es el palmarés un criterio objetivo para decidir quién es el mejor jugador de la historia? Podría ser, pero no olvidemos que por ejemplo los premios de MVP son concedidos por periodistas, es decir, de manera subjetiva, y no pocas discusiones se generó entre los aficionados con algunos que se dieron a lo largo de la historia. Además el premio de mejor jugador de las finales se empezó a dar en 1969 y no para los más de veinte equipos anteriores que fueron campeones.

La mayoría de los aficionados para este tipo de elecciones nos decantamos por aquellos jugadores que nos llegaron al corazón cuando nos aficionamos al baloncesto, y eso nos lleva a idealizar unas épocas frente a otras, y así por ejemplo esto hace que algunos consideren que el baloncesto de los 90, el que se ve en el documental, como más “duro”, y por tanto que quien jugaba entonces podría hacerlo ahora con igual o mejor resultado porque lo toman por más “blando”. Tengo mis dudas por no decir que eso no sería así. Ahora el baloncesto se juega de otra manera. El ritmo de juego es mucho más rápido (¿se fijaron que las anotaciones de los partidos de esos maravillosos Bulls de Jordan en muchas ocasiones estaban por debajo de los 90 puntos?), el rango de tiro cambió, antes se tiraba menos de tres (la mayoría del tiro exterior de aquellos Bulls era de media distancia), cambiaron algunas reglas, y en definitiva, es otro baloncesto.

Así siguiendo con esta idea de la evolución del juego, los mejores jugadores de la historia fueron en su día, probablemente, George Mikan, Bill Russell, Wilt Chamberlain, Kareem Abdul-Jabbar, el “Doctor J”, Larry Bird y “Magic” Johnson. Y cuando Jordan alcanzó su esplendor baloncestístico pasó a ser él el mejor jugador de la historia… de ese tiempo o hasta ese momento. Luego su puesto lo ocuparían Tim Duncan, Shaquille O´Neal, Kobe Bryant, LeBron James… y veremos quienes serán los siguientes: ¿Stephen Curry? ¿Kevin Durant?

Independientemente de esa teoría evolutiva y de mis preferencias (para mí, Jabbar siempre será el mejor), disfruté del juego de Jordan como todos, y sigo haciéndolo cuando vuelvo a ver sus partidos y sus reportajes, y animo a que todos los aficionados lo vean. Los jóvenes para conocerlo si no lo hicieron (difícil) y los veteranos para volver a disfrutarlo. Su técnica, su capacidad atlética, su conocimiento del juego, el hecho de jugar en los dos lados de la pista a gran nivel, y especialmente por su elegancia en cada uno de sus movimientos sobre la pista, hacía que no me perdiera uno de sus partidos y que siempre estuviera pendiente de él cada vez que salía por la tele.



Valoración final

Antes de cerrar la valoración sobre “El último baile” quiero aclarar que cuando se jugó aquella temporada 97-98 ya era aficionado al baloncesto, especialmente al de la NBA, y no precisamente como niño ni tan siquiera como joven adolescente, sino que ya llevaba varios lustros siguiendo la liga (en la medida que se podía hacer entonces) pendiente de cuanta información nos llegaba a los aficionados. Hago esta advertencia porque mi juicio no es el de alguien que se queda asombrado por el descubrimiento de un jugador y personaje como Jordan, sino el del alguien que ya sabía de qué iba la película.

Por supuesto que recomiendo el visionado de este documental, incluso para quienes como en mi caso vivieron aquella temporada en su momento, y a pesar de que el 90% de lo que se cuenta y del baloncesto que se ve, lo conocimos y lo vimos. Siempre gusta recordarlo y poder ver algunas interioridades de vestuario que en aquellos tiempos era más difícil de conocer porque no estábamos en la era de internet con youtube y las redes sociales.

Por cierto, al final del documental una periodista da más valor a la figura de Jordan porque en su momento no estaba engrandecida por esas redes sociales que ahora apuntan a cualquier detalle de los jugadores, y no estoy de acuerdo. Cierto que internet sobredimensiona todo cuanto pasa ahora, pero Jordan también jugó en su época con la ventaja de ver aumentada su carisma y popularidad (y su fortuna todo sea dicho) gracias a la televisión (y el cine, no olvidemos la película “Space Jam”) y la publicidad, convirtiéndose en un icono reconocible en el mundo entero hasta hoy.

Y si bien recomiendo verlo, me sorprende el excesivo entusiasmo que generó el documental, no sé si motivado por el “mono” que ha supuesto la ausencia de baloncesto en directo por culpa del coronavirus, hasta el punto de alcanzar una gran valoración a la que a mi juicio no llega. Y no porque dude de su buena factura y realización, que me gustó que no se siga una secuencia lineal de la historia haciendo saltos en el tiempo para revisar determinados temas, por ejemplo, pero me parece que faltan más testimonios críticos y de algunos rivales, y tampoco habría estado mal que hubiese tenido más baloncesto inédito teniendo en cuenta además el minutaje excesivo con el que cuenta, por mencionar sólo un par de pegas.

A mí me parece que son mejores documentales para los aficionados algunos de los que forman parte de una serie de la ESPN denominada 30 for 30 y que se realizaron con motivo del trigésimo aniversario de esta cadena, repasando acontecimientos deportivos destacados entre 1979 y 2009, lo que permite saber de temas y personajes menos conocidos pero igual de interesantes o más, y que por supuesto también incluye muchos capítulos dedicados al baloncesto, como por ejemplo uno sobre la rivalidad entre Lakers y Celtics (Best of Enemies).



Y sin ir muy lejos, en España gracias a “Informe Robinson” también podemos disfrutar de reportajes deportivos que aunque lejos del carácter cinematográfico de los documentales, por enfoque y sobre todo por duración, también tienen calidad (y muchos dedicados también al mundo del baloncesto), y tocan el corazón del espectador en multitud de ocasiones.

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jueves, 2 de abril de 2020

Juegos de baloncesto para los aficionados

Por Jorge

El confinamiento casero por la pandemia del coronavirus tiene como consecuencia pasar mucho tiempo (más todavía) navegando por internet, y particularmente, en las redes sociales, y los aficionados al baloncesto no somos una excepción. La semana pasada circuló por twitter un par de cadenas de mensajes que tenían como reclamo que cada aficionado dijera cual era su quinteto favorito de la liga ACB de los 80, y otra por la que se pedía nombrar a los cuatro jugadores que más te habían impactado.

No pude resistirme a contestar, aunque poco acostumbrado a estos juegos lo hice rápido y sin apenas pensar sobre ello nombrando los primeros nombres que me vinieron a la mente. Y lo cierto es que viendo luego las respuestas de cientos de aficionados, me di cuenta de que realmente se podían hacer no uno ni dos quintetos, sino hasta una docena, y por supuesto si hablamos de jugadores de impacto luego me salían casi una centena.



Aprovechando el efecto balsámico del juego en estos tiempos de encierro obligado por las circunstancias, voy a volver a responder otra vez a esos “retos virales”, pero esta vez permitiéndome la licencia de explayarme con algunos detalles sobre mis elecciones.

#QuintentoACBdeLos80

Aquí conviene aclarar que la ACB (Asociación de Clubes de Baloncesto) nació en septiembre de 1983, pero los aficionados más veteranos ya veíamos baloncesto antes, aunque poco teniendo en cuenta la oferta que existía entonces y que no era otra si no recuerdo mal, un partido de liga el fin de semana y el partido de Copa de Europa del Madrid entre semana.

Para jugar en este caso habría que tener cierta edad si se quiere opinar con fundamento, aunque gracias a Youtube, y ahora también a Teledeporte que está desempolvando su archivo durante esta reclusión, se pueden ver muchos partidos de aquella época, y así se tenga la edad que se tenga, se pueden atrever los más jóvenes a emitir su veredicto.

En mi caso el quinteto que marcó mi afición al baloncesto fue el que jugó (y perdió para desconsuelo mío) la final de la Copa de Europa de 1985 contra la Cibona de Zagreb de los hermanos Petrovic, y estaba formado por Juan Antonio Corbalán, Juanma López Iturriaga, Brian Jackson, Wayne Robinson y Fernando Martín.



Por supuesto vi baloncesto antes de la creación de la ACB, y como no, recuerdo al Barcelona de Antoni Serra con Juan Antonio San Epifanio (Epi), Chicho Sibilio, Nacho Solozábal… que luego se las tendría tiesas (llegando a veces a las manos) con el Madrid, y especialmente a la selección española que jugó el Eurobasket de Nantes (1983) que luego sería la base del equipo que conquistó la plata olímpica de Los Ángeles 1984.

Y así podría hacer otro quinteto ochentero con José María Margall (menuda muñeca la suya), Chicho Sibilio (pura elegancia en su juego), David Russell (siempre en el recuerdo con sus mates), Andrés Jiménez al que imitaba en su rutina de tiros libres botando con la izquierda antes de tirar, y el mismo Solozábal como base cerebral de efectivo tiro, por poner sólo otro ejemplo.

4 jugadores que me impactaron

Sin lugar a dudas los jugadores que elegí para responder a este reto virtual me influyeron claramente, pero haciendo trampas, ahora haré una clasificación particular que haga que pueda ampliar ese número de jugadores.

- Afición a la NBA

La lista de jugadores de esta liga que me dejaron (y me dejan) huella podría ser centenaria por multitud de motivos en cada caso. Así si me atengo al partido decisivo para mi afición al baloncesto NBA, aunque ya vi antes otros gracias al pionero español Fernando Martín que jugó en Portland, y que no fue otro que el sexto partido de las finales de 1987 que enfrentó a Celtics y Lakers, y que se decantó (y con ello mi afición por el equipo angelino) del lado del equipo de “Magic” Johnson.

Prácticamente todos los jugadores importantes de esos dos equipos me influyeron en la medida de que a partir de entonces no dejé de buscar información sobre ellos a través de revistas y viendo más partidos. Pero si tuviera que elegir un cuarteto estarían a la cabeza “Magic” Johnson y Larry Bird. El primero por quedar alucinado al ver a un tipo de mas de dos metros jugando de base, y el segundo por alucinarme también que un tipo tan poco atlético destacara en aquel baloncesto.

Y a esa pareja tendría que sumar a Kareem Abdul-Jabbar y Robert Parish. El primero por esa combinación peculiar entre su look (cabeza afeitada y gafas protectoras) y ese tiro en gancho, el “skyhook”, que luego me dediqué a imitar, por supuesto sin su elegancia y efectividad, como seña distintiva de mi juego. Y el segundo también por su gesto hierático imperturbable, y el número que lucía a la espalda, y es que para los aficionados ver a jugadores que llevaban números más allá del 4 al 15 que se veía en el baloncesto europeo, eran una novedad, pero ¡el doble cero! era lo más de los más.

- NBA de los 80

Estableciendo una nueva categoría de la que sacar a los cuatro jugadores mencionados, que por supuesto me marcaron en esta década, abro el abanico a otros cuatro que durante este periodo me impactaron en cuanto a que estaba pendiente de ellos influyendo en mi juego aumentando mi afición.

Anthony “Spud” Webb. Este jugador me impactó antes de verle jugar. Como joven aficionado le descubrí a través de un poster que tenía un conocido con el que fui a jugar en una ocasión, enterándome entonces de que había ganado el concurso de mates de la NBA midiendo sólo 1´70. Como podréis imaginar ver esa imagen y escuchar aquello hizo que estuviera pendiente de cualquier detalle que me llegara de “Spud”.



Isiah Thomas. El conocimiento sobre este jugador me llegó después de las finales de 1987 mencionadas, y el impacto fue brutal después de verle a él en acción en las que protagonizó también contra los Lakers en 1988. Su actuación en el tercer cuarto del sexto partido, lesionado en un tobillo y haciendo tiros a una pierna, me pareció la mejor exhibición individual que había visto hasta entonces en mi vida.



Charles Barkley. Nuevamente el impacto de un jugador por su condición física y su tamaño que llamaba la atención porque era uno de los mejores reboteadores de la liga, sino el mejor (máximo reboteador en la temporada 1986-87). Ahora que se habla mucho de Zion Williamson, Barkley fue su versión anterior.



Michael Jordan. Si bien la mayoría lo conocimos gracias a los juegos olímpicos de Los Ángeles (1984) al jugar contra la selección española, su impacto se produjo durante esta década al llegar a las pantallas de televisión españolas desde ese baloncesto estelar de la NBA. Esa elegancia atlética y técnica nos enamoró a todos. Y recuerdo con gran agrado sus duelos anotadores con Dominique Wilkins, otro clásico de aquella época.



- NBA desde los 90 hasta hoy en día

Dennis Rodman. ¿A quién no le gustaría hacer lo que le da la gana alguna vez en su vida? Pues esa era la sensación que tenía con “El gusano”, que hacía lo que le daba la gana… jugando extraordinariamente al baloncesto. Y es que muchos se quedaban, como no podía ser de otro modo, con sus extravagancias, pero lo cierto es que era un profesional que reboteaba como nadie (posiblemente el mejor reboteador de la historia), defendía a cualquiera (incluso a pívots más grandes y pesados que él como Mourning y O´Neal), y además pasaba muy bien la pelota.



Scottie Pippen. La mayoría era de Jordan, como no serlo, pero a mí me gustaron siempre los segundos espadas, y desde que Pip llegó a la liga siempre le seguí y le defendí frente a los que le acusaban de ser un paquete que destacaba por estar junto al mejor jugador de la historia en esos momentos. Para mi gusto puede que sea el mejor defensor exterior de la historia del baloncesto.



Shaquille O´Neal. Me llamó la atención cuando sin haberle visto jugar nunca, en una revista (“Gigantes” o la oficial de la NBA, no recuerdo) descubrí que le daban un peso de 136 kilos, y sin embargo luego le veías moverse con una gracilidad impropia de un jugador de su tamaño. El dominio de la pelota que tenía y su habilidad para el pase demostraron que su juego iba más allá de machacar el aro una y otra vez, y cargarse alguna canasta que otra…



Jason “chocolate blanco” Williams. Su juego altruista como pasador creativo supuso un aire fresco para la liga como representante del baloncesto dinámico y divertido de los Sacramento Kings. Imposible no caer rendido a sus habilidades.



- 4 Jugadores nacionales de la ACB

Alberto Herreros. Un tirador excelso desde sus inicios en el Estudiantes que tiene récord de triples totales de la liga, que fue máximo anotador con la selección española en un mundial y un europeo, y que se retiró con un triple ganador en su último partido con el Real Madrid. Para alguien a quien le gusta tirar, cómo no iba a influirme hasta el punto de que es al único jugador al que le pedí una foto… una vez retirado.



Jordi Villacampa. Potencia para entrar al aro y tiro de media y larga distancia con un físico envidiable en su época. Tiene el récord de puntos en un partido con la selección española (48). Y es todo un símbolo para los seguidores de la Penya. Compartir nombre llevaba a mis amigos a llamarme cariñosamente Jordi por él.



Juan Carlos Navarro. ¿Hace falta que diga algo de este extraordinario jugador? Sirva de ejemplo el vídeo que dejo con su actuación estelar en la fase final del europeo de 2011 en el que España ganó el oro y él fue elegido mejor jugador del torneo. Con la apariencia de un tipo corriente dejo exhibiciones una tras otra jugando con el Barcelona.



Raúl López. Líder (junto a Navarro) de la selección española que ganó el mundial junior de 1999, me volvió loco en su etapa en el Joventut, lástima que haya pocos vídeos de entonces, y por supuesto luego desarrollo una gran carrera que habría sido mejor de no tener varias lesiones graves.



- 4 jugadores extranjeros de la ACB

John Pinone. ¿Cómo podía jugar un tipo orondo en el baloncesto profesional? Muy fácil, porque era muy listo. Americano de otra época, cuando algunos extranjeros llegaban para quedarse y ser pieza fundamental sin ser propiamente la estrella del equipo.



Kenny Simpson. Quizá sorprenda la inclusión de este jugador, pero fue el mejor físico defensivo que vi en su momento, finales de los 80. Pura fibra de brazos alargados que tuvo dos versiones muy distintas en el baloncesto español, una primera en el Barcelona como jugador especialista, y luego en Manresa como un anotador compulsivo.


Oscar Schmidt. Sólo jugó dos temporadas en la ACB y ya bastante veterano, pero lo suficiente como para traer a una leyenda del baloncesto a este cuarteto. Algunas de sus exhibiciones triplistas con el mítico Forum de Valladolid se quedaron grabadas en nuestro recuerdo, como cuando batió el récord de triples en un partido (11) que perduró hasta que fue superado veinte años después.



Mike Anderson. Podría haber puesto aquí a otros bases pequeños que jugaron en la liga sobre todo en los 90 con un perfil similar como Andre Turner o incluso Elmer Bennet, pero a mí me encantaba verle jugar tanto en el Madrid como luego en Sevilla y Murcia.



- 4 Jugadores del baloncesto europeo

Vladimir Tkachenko. Imaginen a un joven aficionado que de repente ve a un jugadore gigante de ¡2,20 metros! con esa pinta de ogro, ¿cómo no quedar impactado? Y no es que le viéramos jugar mucho, la primera vez en mi caso probablemente sería en la final del mundial de Colombia de 1982 en la que la URSS ganó a Estados Unidos, pero la mítica de ese personaje nos ganó a muchos, y luego lo seguimos como pudimos…



Dino Meneghin. Los duelos italo-españoles de los ochenta (los más viejos los vivieron también en los 70) tuvieron a este pívot rocoso con gesto de mamporrero mafioso como protagonista al que todos recordamos, más por sus bloqueos y dureza que por su juego del que seguro que mejoraría nuestra opinión si repasamos ahora la videoteca. Luego además la longevidad de su carrera llevó a que le siguiéramos viendo triunfar en Europa avanzados los 80 con un par de títulos europeos compartiendo equipo con otro jugador impactante: Bob McAdoo.



Drazen Petrovic. Te podía caer mal (cuando jugaba en el rival) o bien (si jugaba en tu equipo), pero ningún aficionado ochentero puede negar el impacto de su juego… y su comportamiento en el baloncesto europeo. Una técnica magnífica al igual que una educación deportiva discutible, todos repasábamos su historia en las revistas de baloncesto. Particularmente quedé alucinado al conocer como en su etapa de estudiante tenía las llaves del pabellón de su pueblo para ir a encestar 500 tiros antes de ir a clase.

Arvydas Sabonis. Un jugador de los ochenta que se adelantó a su tiempo. Unión de físico y técnica dentro de un carácter reservado al que daba gusto verle jugar… antes y después de lesionarse gravemente. Los aficionados podríamos hacer un listado de decena de recuerdos del para muchos el mejor pívot de la historia del baloncesto europeo. Aquel tablero roto en un torneo de Navidad del Madrid, su bronca con Petrovic en una final de Copa de Europa, la multitud de títulos que atesoró en el viejo continente, pero sobre todo su juego, esa facilidad para el pase, su habilidad para anotar de fuera pero también en la pintura, su intimidación…



Estas listas de cuartetos extraordinarios que influyeron en mi afición podría crecer porque alguno se preguntará, ¿cómo puede ser que le impactara Hakeem Olajuwon? Por supuesto, como John Stockton, Karl Malone, Pat Ewing… Por no hablar que no cite a dos leyendas como Pau Gasol y Kobe Bryant a los que lógicamente les debo buena parte de mi disfrute como aficionado. Y qué decir de jugadores históricos de la NBA a los que no vi jugar o sólo en reportajes y algún partido esporádicos pero sobre los que luego investigué como Jerry West, Wilt Chamberlain, Bill Russell, Bob Cousy, Julius Erving…

Entre los jugadores nacionales no mencioné debilidades personales como Berni Rodríguez, José Antonio Montero, “Chichi” Creus (increíble final de carrera en Manresa) o entre los europeos a toda la pléyade de jugadores como el italiano Walter Magnifico, los griegos Nikos Galis y Panagiotis Giannákis, los lituanos Rimas Kurtinaitis o Šarūnas Jasikevičius, los balcánicos Toni Kukoc, Dino Radja y Dejan Bodiroga, y qué decir de un trío de jugadores argentinos de la generación dorada como Pablo Prigioni (capaz de ganar el MVP de una final de Copa anotando sólo 3 puntos), Andrés Nocioni y Luis Scola (enamorado de sus bailes al poste bajo), y jugadores internacionales como el gran Manu Ginóbili, o el alemán Dirk Nowitzki del que recuerdo su exhibición en la lucha por el bronce del Eurobasket de 2001, que por suerte no bastó para derrotar a la selección española.



Y para los que echen de menos a jugadores actuales, pues qué decir del gusto de ver en acción en la NBA al cuarteto formado por Joel Embiid, Trae Young, Luka Doncic y Donovan Mitchell, por citar a cuatro jóvenes, y James Harden, Kevin Durant, Stephen Curry y Klay Thompson por nombrar a cuatro veteranos. Y en Europa es un placer ver en acción todavía a los jugones de Dario Brizuela y Jaime Fernández, a Sergio Rodríguez, y a Bojan Dubljević al poste bajo, por citar sólo algunos ejemplos. Y por cerrar no puedo dejar de nombrar también a Ricky Rubio que sigue maravillándome ahora como lo hizo cuando empezó como profesional con 14 años en la ACB, una vez que ya le había visto jugar antes en la primera minicopa (2004).



En fin, como habrá visto el lector, es muy difícil para un aficionado quedarse con sólo cuatro jugadores, y si alguna vez somos tan categóricos como para limitarnos, no se confundan, porque un día diremos unos y otro día diremos otros... Hagan la prueba y comenten si quiere. Ah, y perdonen que aquí no acaba todo, porque el lagunero también jugará próximamente a nombrar sus quintetos y jugadores más impactantes de los Lakers.

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miércoles, 11 de noviembre de 2015

Frases de BA-LON-CES-TO (28): Paul Pierce

Por Jorge

El egoísmo es uno de los principales obstáculos para el desarrollo del juego en cualquier deporte de equipo. Acaparar la pelota, querer ser el protagonista una vez sí y otra vez también, no es la mejor manera de involucrar al resto de compañeros en el baloncesto.

Asumir la responsabilidad fruto de la habilidad y conocimiento del juego forma parte de la tarea de los líderes en pista de los diferentes equipos, pero también fuera de la cancha con sabias palabras que deben servir sobre todo para los jóvenes jugadores ávidos de protagonismo.

"Qué importa quien anotó más o quién lanzo el último tiro. Si ganamos, hemos ganado todos."
Paul Pierce

La frase del jugador de la NBA (ahora en los Clippers pero legendario por su paso por los Celtics) resume a las claras cual es el objetivo que marca el baloncesto profesional: la victoria.

Bien sabe Pierce cual es el valor de ese tipo de lanzamientos, pues él tuvo que anotar unos cuantos a lo largo de su carrera. Y por eso sabe reconocer que ese protagonismo que tuvo carece de valor ante una victoria que corresponde a todo el equipo.

Recuerdo al también excelente jugador, Scottie Pippen, cuando se negó, en una metedura de pata de notables proporciones, a participar en los últimos segundos de un partido cuando su entrenador, el más legendario aún Phil Jackson, diseñó la última jugada para Toni Kukoc y no para él que por entonces (1994), tras la primera retirada de Michael Jordan, era la estrella de los Chicago Bulls.

Al final la jugada acabó así:


Al inicio del vídeo se ve al veterano Bill Catwhright como parece decirle al bueno de Pippen que esa no era la actitud. Y la canasta de Kukoc a pesar de que dio la victoria a su equipo no fue celebrada por el "despechado" como si la victoria no hubiese sido de su equipo.

Disfrutar de la victoria es posible independientemente de quien sea el máximo anotador. Muchas veces quien mete las canastas sólo es el ejecutor que concluye la faena que realiza todo el equipo en el resto de tareas a desarrollar durante un partido.

El protagonismo puede recaer en el jugador que mete la canasta ganadora, pero la victoria debe ser saboreada por todo el equipo. Como también podemos saborear y disfrutar aquí de algunas jugadas maravillosas del autor de la frase:

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jueves, 23 de mayo de 2013

Los mejores números 33 de la historia de la NBA

Por Jorge

Doscientos doce jugadores de la NBA y ABA utilizaron el número 33 en sus camisetas. Dorsal muy popular en los 80 y 90, ahora sólo lo llevaron diez jugadores durante la temporada 2012-13.


Las curiosidades con el uso de estos dígitos nos lleva a diferentes jugadores que pasaron por el baloncesto español: Jasiskevicius (Barça) en los Warriors, Reggie Johnson (Penya y León) en los Sixers, Pinone (Estudiantes) en los veinticuatro partidos que jugó en la NBA (Hawks), Leon Wood (CAI Zaragoza) en los Nets, y ahora Teletovic (Baskonia) en Brooklyn.

10. Hersey Hawkins

Tirador reputado desde sus años de NCAA eso le llevaría a formar parte de la selección estadounidense, entonces formada por jugadores universitarios, que jugó los Juegos Olímpicos de Seúl (1988), aunque por cierto, no estuvo en la famosa derrota frente a la URSS por lesión.

Luego desarrolló una dilatada carrera profesional con 15 puntos por partido (39% en triples) utilizando este número en los Sixers, los Seattle Supersonics con quienes jugaría la final de 1996, y en su última temporada en activo en los Charlotte Hornets. Elegido en el mejor equipo rookie en 1989 y seleccionado para jugar el All Star Game en 1991.


9. Mike Miller

Todavía en activo, jugó con este número en los Grizzlies con los que conseguiría el premio al mejor sexto hombre de 2006. Antes fue seleccionado para el equipo rookie de 2001 además de ser el rookie del año jugando para los Orlando Magic. Y en 2012 ganó el anillo con los Miami Heat.

Notable tirador, en sus primeros años también destaco por una buena capacidad atlética lo que unido a su manejo de balón le convertiría en un buen alero de la liga.


8. Marc Gasol


En activo, si continúa con su progresión, podría mejorar su posición en esta lista en el futuro. La ausencia actual de pivots en la NBA acrecienta su dominio en la pintura.

Siempre jugando para los Grizzlies fue seleccionado para el segundo mejor quinteto rookie en 2009, jugó el All Star en 2011, elegido mejor defensor del año y miembro del segundo mejor equipo defensivo de 2013.

Jugador de equipo, destaca por la inteligencia en su juego, buen pasador y manejador de balón, hábil en su colocación en la pista, y buena mano en la media distancia.


7. Grant Hill

Recientemente anunció su retirada después de diecinueve temporadas jugando siempre con el número treinta y tres en: Pistons, Orlando Magic, Suns, y Clippers.

Alero con buen manejo de balón podía ejercer funciones de base, buen pasador y tirador de media distancia.

Sus mejores años los pasó en Detroit Pistons y luego las lesiones limitaron su juego hasta el punto que entre los años 2000 y 2004 jugó un total de cuarenta y siete partidos para Orlando con la 2003-04 totalmente en blanco.

Siete veces all star, fue seleccionado en el mejor quinteto de novatos y rookie del año en 1995, cuatro veces en el segundo mejor equipo de la liga, y una en el mejor cinco en 1997. Elegido para formar parte del equipo olímpico estadounidense que ganó el oro en los Juegos de Atlanta en 1996.


6. David Thompson

Jugó con este número en los Denver Nuggetts tanto en la ABA como en la NBA donde tiene su número retirado. Alero afamado ya en su etapa universitaria en Carolina del Norte donde ganó el título universitario en 1974.

Destacó por su capacidad anotadora apoyado en un salto que le valió el apodo de “Skywalker”. Rookie del año y MVP del All Star Game en la ABA en 1976, también jugaría otros cuatro all star en la NBA siendo el MVP en 1979. Elegido para el mejor quinteto de la liga en 1977 y 1978. Forma parte del Hall of Fame desde 1996.


5. Alonzo Mourning


Estrella desde sus tiempos de High School, fue el último descarte de la selección olímpica estadounidense que jugó en Seúl siendo aún jugador de instituto.

En la NBA siempre jugó con el treinta y tres en Charlotte Hornets, Miami Heat (en dos etapas) donde tiene retirado su número, y en los Nets. Siete veces all star, dos veces ganador del premio al mejor defensor del año (1999 y 2000), dos veces en el mejor quinteto de la liga y también en el mejor quinteto defensivo. Ganó el título con los Heat en 2006. Campeón olímpico con los Estados Unidos en 2000.

Notable taponador gracias a su corpulencia y su buen timming de salto, también tenía un buen tiro de media distancia, y en gancho.


4. Pat Ewing

Reconocido desde sus tiempos universitarios en Georgetown, es el máximo anotador en la historia de los New York Knicks, además de dos veces campeón olímpico con Estados Unidos en 1984 y 1992.

Jugó once all star game, formó parte del segundo mejor quinteto de la liga, seis veces, y una vez en el mejor (1990), del mejor quinteto de novatos y rookie del año en 1985, y elegido también dos veces en el segundo mejor equipo defensivo.

Pivot fuerte e intimidador en defensa, en ataque destacaba por el gancho y el tiro de media distancia. Fue elegido entre los cincuenta mejores jugadores de la historia de la NBA en 1996, forma parte del Hall of Fame desde 2008, y por supuesto tiene su número retirado en los Knicks.


3. Scottie Pippen


Toda su carrera la jugó con el número treinta y tres en los Bulls (en dos etapas), Rockets, y Blazers. Alero de condiciones físicas extraordinarias, sus habilidades defensivas le permitían defender a cualquier jugador de perímetro. Su manejo de balón y visión de juego le valieron para poder jugar de base, y también desarrolló un aceptable tiro exterior.

Considerado el escudero de Michael Jordan, lejos de amilanarse ante la presencia del astro de Chicago, lo aprovechó para crecer y mejorar hasta convertirle de un jugador desconocido en sus inicios a uno de los mejores aleros de la historia.

Ocho veces en el mejor quinteto defensivo de la liga, y dos más en el segundo. Tres veces en el mejor quinteto de la liga, dos veces en el segundo, y dos más en el tercero. Siete veces seleccionado para jugar el All Star Game y MVP en 1994.

Ganador de seis anillos con los Bulls, y de dos medallas olímpicas de oro con la selección de Estados Unidos (1992 y 1996). Fue elegido entre los cincuenta mejores jugadores de la historia de la NBA en 1996, miembro del Hall of Fame desde 2010 , y su número está retirado por los Chicago Bulls.


2. Larry Bird


Rookie del año y elegido en el mejor quinteto de novatos en 1980. Nueve veces seleccionado para el mejor quinteto de la liga (ya fue elegido en su primer año en la liga). Tres veces MVP de la temporada (1984-86). Dos veces MVP de las finales en 1984 y 1986. Doce veces All Star y ganador del MVP en 1982. Tres veces elegido en el segundo mejor quinteto defensivo.


Oro olímpico en Barcelona 1992, tiene tres títulos de campeón con los Celtics para quienes jugó toda su carrera, y quienes retiraron su número. Elegido entre los cincuenta mejores jugadores de la historia de la NBA en 1996, forma parte del Hall of Fame desde 1998.

Tras su retirada de las pistas ejercería de entrenador obteniendo el premio al mejor entrenador del año en 1998 con los Pacers a quienes llevó a las finales de 2000. Actualmente ostenta el cargo de presidente de operaciones de baloncesto en Indiana habiendo conseguido también el premio al ejecutivo del año en 2012.


No era rápido, no era fuerte, apenas saltaba, pero fue uno de los mejores jugadores de la historia. Gran tirador (ganó el concurso de triples en tres ocasiones), excelente visión de juego, reboteador, diestro era también muy hábil con su mano izquierda. Muy inteligente sobre la cancha, y como demostró tras su retirada, también fuera de ella.


1. Kareem Abdul-Jabbar


Ningún libro de historia de la NBA estaría completo sin dedicar al menos un capítulo a glosar la figura de Jabbar, uno de los mejores jugadores de la historia del baloncesto sino el mejor.

Dominador desde sus tiempos de instituto en New York, ganó tres títulos universitarios en UCLA (también mejor jugador de esas Final Four) dirigido por el maestro John Wooden. Baste con decir que en esos tiempos se creo una regla por la que estaba prohibido hacer mates pese a que esa no era la jugada que más puntos le hacía anotar.


En la NBA jugaría en Milwaukee Bucks donde ganaría un título (1971) y en Los Angeles Lakers donde ganaría otros cinco. Su calidad y longevidad en las pistas (veinte temporadas en la NBA) le llevan a poseer todo tipo de records siendo el máximo anotador de la historia de la liga.


Rookie del año en 1970, diez veces elegido en el mejor quinteto, dos veces MVP de las finales, seis veces MVP de la temporada regular (record), diecinueve veces seleccionado para jugar el All Star Game (otro record), cinco veces elegido en el mejor quinteto defensivo de la liga…


Elegido entre los cincuenta mejores jugadores de la historia en 1996, y miembro del Hall of Fame desde 1995. Tiene su número retirado en UCLA, los Bucks, y los Lakers.

Pivot con depurada técnica invidivual, era muy inteligente sobre la pista, anotador, pasador, taponador… y creador de su propia marca registrada en el lanzamiento de gancho, el skyhook:


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