Por Jorge
Vivimos días convulsos, alegres y excitantes en el mundo del baloncesto.
Convulsos por la reciente destitución del hasta ahora seleccionador nacional Pepu Hernández. Sirva el título de esta bitácora como pequeño homenaje de agradecimiento por haber podido disfrutar bajo sus órdenes de un equipo nacional repleto de buen juego y sobre todo de grandes sensaciones.
Días alegres para el Baskonia (Tau Vitoria) al que felicito por su título de liga ACB. Estas finales me han despertado una reflexión acerca de las dificultades que puede tener un equipo profesional para superar una desventaja inicial por mínima que sea salvo en contadas excepciones. ¿Exceso de riesgo para remontar? ¿Excesiva rigidez táctica? En todo caso, para aquellos desentendidos que consideran que en baloncesto sólo interesan los últimos minutos de los partidos, quizá en estas finales más de uno se haya perdido la esencia.
Y por último días excitantes gracias a la final de la NBA, y no sólo por la participación por primera vez en la historia de un español, Pau Gasol, sino por los recuerdos que me traen como aficionado la vuelta a la vieja rivalidad Celtics-Lakers.
Todavía recuerdo como después de ver el sexto partido de las finales de 1987 (en diferido por TVE, nada comparable a las actuales posibilidades televisivas), bajaba a la calle alucinando y con ganas de comentar con los amigos las maravillas que acababa de ver de un baloncesto que para nosotros era extraterrestre.
Alucinaba con un tipo grande y calvo con aspecto de sabio, y con unas gafas de marciano, que además tiraba un tiro que llamaban skyhook: Kareem Abdul-Jabbar.
Alucinaba con otro jugador que dominaba el juego con una sonrisa de inocencia y desde su puesto de base midiendo 206 cms. ¡Pero si aquí nuestros pivots apenas llegaban a esa estatura!: Earvin “Magic” Johnson.
Y por supuesto alucinaba con un tipo blanco con pinta de granjero que parecía poco rápido, poco fuerte y que apenas se levantaba del suelo, pero que donde ponía el ojo ponía la bola: Larry Bird.
Supongo que mi fidelidad a los Lakers se debe a que aquel partido supuso la cuarta victoria y por tanto el título para el equipo angelino. Pero eso no quita para que sienta simpatía –algo que parece incompatible en el deporte actual– por la mística de los Celtics, y probablemente si la victoria hubiese sido de ellos, ahora sería fiel al orgullo celta.
Aprovechando que 21 años después se repite la final, muchos periodistas y aficionados hablan de la vieja rivalidad entre estos equipos, aunque no todos lo vivieron y eso puede llevar a cometer errores como querer comparar el pasado con el presente.
El tiempo tiende a idealizar los recuerdos de aquellos momentos maravillosos que todos hemos vivido. Sin quitar mérito a la calidad baloncestística de aquella época, ahora se juega en otra dimensión física. La técnica y sobre todo el entendimiento del juego que tenían los grandes jugadores de aquella época (Kareem, Bird, Worthy, Magic, McHale, Parish, etc.) les permitiría jugar ahora, pero físicamente…Los jugadores actuales (Bryant, Garnett, Pierce, Gasol, Ray Allen, Odom, etc.) también hubieran podido jugar en el pasado por su técnica pero además con una superioridad física propia de las mejoras en la genética y en la preparación deportiva actuales.
En todo caso no es momento para comparaciones deportivas y si para disfrutar del juego. La intensidad y la calidad están garantizadas en las finales NBA 2008. Ojalá, los jóvenes aficionados de hoy puedan disfrutar (Cuatro retransmitirá todos los partidos) del espectáculo y la calidad de estas finales, y quizá dentro de más de dos décadas algunos recuerden estos momentos como el espaldarazo definitivo para su afición por este maravilloso deporte.
¡Que disfrutéis!
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